Sanguijuelas insaciables (de dólares y de poder)

Jun 26, 2026 | Política deportiva, Últimas Noticias

¿Hasta dónde es capaz de llegar el negocio mientras no lo contiene alguna clase de regulación?

Por Guillermo Monti

El fútbol ha mutado. Ya es algo distinto. Otra cosa. Podrá apasionar cuando Leo Messi revive la esencia del juego, captura la pelota y hace lo que sólo él sabe. Esos instantes, cada vez más fugaces, nos recuerdan todo lo que alguna vez fue bueno y que podría volver a serlo. Es como sumergirse en aguas mágicas. Las itálicas honran la cita, tomada del conmovedor parlamento final de James Earl Jones en “El campo de los sueños”. Toda la película se resume allí y quien no se emociona en ese pasaje tiene un adoquín en el lugar del corazón. Pero no estamos acá para hablar de cine, sino de sanguijuelas. Las sanguijuelas que propician la mutación del fútbol para drenarlo de la pulpa que lo hace tan universal y maravilloso.

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La pregunta siempre se refiere a los límites. ¿Hasta dónde es capaz de llegar el negocio mientras no lo contiene alguna clase de regulación? No es la FIFA quien está dispuesta a hacerlo, tampoco la Conmebol o la AFA en estos lares. Al contrario, son las instituciones y sus socios quienes marchan por la vida con los colmillos afilados e hincados en la piel del fútbol. Reyes del sanguijuelismo.

Durante siglos las sanguijuelas oficiaron de “médicos portátiles” de la humanidad. No son otra cosa que gusanos acuáticos, cuyo protagonismo se encumbró a partir de la “teoría de los humores”, cuando se creía que muchas enfermedades podían curarse extrayendo sangre del paciente. Y de eso se alimentan las sanguijuelas: de sangre. Decenas de miles de personas fueron sometidas a sangrías con la esperanza de aliviar toda clase de males; desde dolores de cabeza hasta afecciones graves. Pero lo único que consiguen las sanguijuelas es reducir temporalmente el volumen sanguíneo y, en muchos casos, provocar debilidad o anemia. Pues bien, aquella antigua fama de remedio universal quedó afortunadamente en el pasado, pero no el sentido metafórico, tan explícito como lo que cualquier sanguijuela representa. Un chupasangre.

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Ya hemos hablado de la farsa de las “pausas de hidratación”. Las introdujeron despacito, tanteando el panorama en partidos nocturnos de la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana. No tenían ningún sentido “refrescante”, pero la excusa fue acercar el micrófono y escuchar lo que dicen los entrenadores. Un plus para el espectáculo, tal vez un poco de picante. Puras mentiras. Preparado el terreno, el Mundial corrió el telón y exhibió la verdadera naturaleza de este escandaloso cambio en el reglamento. No es otra cosa que brindarle a la TV la posibilidad de pasar más publicidad, ¿y qué mejor momento que en pleno partido, con el espectador atado al desarrollo del juego? El fútbol ha mutado porque ya no se juega en dos tiempos, sino en cuatro cuartos, aunque la FIFA y sus acólitos continúen empleando eufemismos para disimular lo indisimulable. Las sanguijuelas han tirado por el resumidero una de las reglas básicas del deporte: dos tiempos de 45 minutos con un intervalo de 15. Y ya sabemos que el entretiempo de la final durará media hora.

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Pero algo más profundo y desagradable va unido a las “pausas de hidratación”, porque durante esos tres minutos se dispara el volumen de apuestas. Es más; el sanguijuelismo inherente al juego online está presionando para extender a cinco minutos esos paréntesis, en los que miles de millones de dólares van de los bolsillos de los ludópatas a las cuentas de las multinacionales. La información reunida en el cuarto previo -el resultado parcial, el rendimiento de los futbolistas, las urgencias de los equipos, las tendencias que se notan en la cancha- puede ser clave en ese sentido. Un ejemplo entre miles: si durante el primer cuarto un equipo usó como táctica el juego aéreo, tras la pausa de hidratación se multiplican las apuestas por los goles de cabeza.

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Claro que esto es avalado por la institucionalidad del fútbol -desde las federaciones a los clubes-, nutridos todos por el patrocinio de las casas de apuestas. Es muchísimo dinero, suficiente para cambiar la naturaleza del fútbol, pero no para saciar la sed de las sanguijuelas. Justamente, la publicidad mundialista de una de estas compañías está protagonizada por Diego Maradona, vía recreación de su rostro y de su voz por una inteligencia artificial. La propiedad de los derechos sobre la figura del ídolo abre puertas impensadas. ¿Cuánto falta para que una Marilyn holográmica promocione perfumes de Chanel? ¿O para que Carlos Gardel venda algún champú? Lo real es que ni Maradona, ni Marilyn ni Gardel pueden opinar sobre lo que las sanguijuelas de turno los obliguen a decir. Seguramente, muy pronto, cada quien deberá especificar qué quiere para su ¿existencia? post mortem. Será alguna clase de dique para las sanguijuelas.

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Las entradas al Mundial son prohibitivas y, además, de carácter “móvil”. Oferta y demanda, el ABC del negocio. A la FIFA no le interesa un fútbol popular e inclusivo, ya estableció que ir a la cancha es un privilegio. Una “experiencia”. Entonces que los estadios luzcan llenos podría leerse como un espaldarazo para Gianni Infantino y los suyos, por más que se trate de una evidente victoria de ese sanguijuelismo que deja afuera de la fiesta al futbolero de toda la vida. Condenado a ver el show por TV, “pausas de hidratación” incluidas.

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Hay más aristas oscuras en este Mundial. El maltrato propinado al plantel de Irán, obligado a “exiliarse” en Ciudad Juárez a causa del sanguijuelismo político, es una vergüenza. La FIFA mira para otro lado, abrazada como está a Donald Trump, a quien Infantino le dio un insólito “premio a la paz”. También se lavó las manos la FIFA cuando deportaron al árbitro somalí, a quien Estados Unidos había sometido antes a un humillante interrogatorio de siete horas. Nunca se había visto esto en una Copa del Mundo, hasta aquí sinónimo de fraternidad, ni siquiera en la Rusia de Putin o en la autocracia qatarí, regímenes que de libres y democráticos no tienen nada.

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Y están las sanguijuelas comunicacionales. Un magma de streamers, influencers (y varios periodistas) dedicados 24/7 a propagar odio en las redes sociales. El chiste está gastado, pero evidentemente quienes hicieron de sí mismos alguna clase de personaje han quedado prisioneros y no tienen otra salida que alimentar sus algoritmos con contenido basura. Marchan a la cabeza los antimessi: siguen denunciando que el Mundial 2022 estuvo arreglado y que Leo debió haber sido expulsado el martes por el pisotón -absolutamente casual- al defensor argelino. Gente patética, pero no inofensiva. Hay escaladas que suelen pasar inadvertidas hasta que estallan y se tornan inmanejables.

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Distinto fue lo sucedido con la noticia falsa de la muerte del padre de Messi, porque en ese caso lo que quedó en evidencia fue lo enclenque de un sistema carente de normas básicas de profesionalismo. Todo lo que declararon Luzu y sus personeros tras la inconcebible parrafada de Florencia Peña oscurece. Podrán divertir a muchos las pavadas que se hablan todo el tiempo en algunos streamings, pero el manejo de la información es otra cosa. No deja de ser gente también patética, pero en un sentido diferente.

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Ahí va el Mundial, con la ilusión albiceleste renovada. Es el pedacito de fútbol que se mantiene a salvo y lucha por sobrevivir, ese en el que sólo manda la pelota. El problema es cuando la cámara insiste en enfocar los palcos y, por ejemplo, aparecen Claudio Tapia y su staff de incondicionales. Pero dejemos el fútbol argentino para más adelante. Hablando de sanguijuelas.

Fuente: La Gaceta

https://www.lagaceta.com.ar/nota/1141871/opinion/sanguijuelas-insaciables-de-dolares-poder.html

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