UTEDYC conversó con el Dr. Norberto Outerelo, abogado especialista en Derecho Deportivo, Presidente de la Asociación Latinoamericana del Derecho del Deporte (ALADDE) y ex integrante del tribunal de disciplina de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Durante el reportaje, cuestionó la implementación de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) en los clubes y se refirió a la trascendencia social que tienen las asociaciones civiles como también la necesidad de profesionalizar las distintas áreas de gestión.

“El deporte en la República Argentina se creó por las asociaciones civiles, que fueron a lo largo de la historia los espacios de reunión y societarios que impulsaron diferentes colectividades como la española, italiana y polaca, entre algunas. Pero, además del fútbol, también fomentaron el vóley, el básquet, los palitroques, las bochas y la pelota paleta. Todos esos deportes fueron alimentados por estas asociaciones y eso hizo que la gente tuviera un sentido de pertenencia, además de unificar al pueblo. Por ello, su función social es fundamental”. Con esa frase, directo y con fuertes convicciones comenzó la entrevista el Dr. Outerelo, docente universitario y coautor de la Ley 27.211. Este instrumento legal que desarrolló de manera conjunta con otros letrados y la Diputada, Claudia Giaccone, es la única ley en el mundo sobre “Derecho de Formación Deportiva” el cual reconoce, entre otros aspectos, a los clubes formadores de todo el país a partir de una compensación por el tiempo trabajado entre los 9 y los 18 años del deportismo profesional.
-Para explicarles a los socios y a la comunidad en general, ¿qué son las SAD?
“Las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) nacieron en España con la Ley 10 del año ‘90 y son fruto de una crisis económica del fútbol de ese país. Después hubo una serie de reformas. Equivale a tomar un equipo de fútbol y dárselo a un señor con mucho dinero para que haga un negocio. Sin embargo, a raíz de esa situación, ocurrió algo curioso. Cuatro clubes decidieron seguir siendo asociaciones civiles: Real Madrid, Barcelona, Osasuna y Athletic Bilbao. Creo que, por sobre todas las cosas, no se atrevieron a decirles a los socios que no eran más socios. Por ejemplo, el Real Madrid, para cubrir la deuda de 36 millones de dólares que tenía en ese momento vendió la ciudad deportiva. Y los demás, que tenían un sentido de pertenencia muy fuerte, se negaron”.
-¿Cómo impactaría una eventual implementación en la función social de los clubes?
“El socio deja de tener poder de decisión. Pero, además, las SAD chocan de alguna forma con la regulación de FIFA, que es el Reglamento de Transferencias de Fútbol Profesional, el cual prohíbe el ingreso de capital extranjero, aunque nunca se opuso a las sociedades anónimas. Pero el problema en este caso es que el club deja de brindar el aporte social y se transforma en un shopping, en un negocio que vende un producto y obtiene dinero… Por ese motivo es la pelea, porque Argentina es el bastión del mundo en ese sentido. Hoy los clubes tienen escuelas primarias, secundarias y hasta universidades. ¿Una sociedad anónima haría eso? No, no le interesa. Sería un club para pocos. ¿Cuál es la idea que tiene el mundo hoy? ¿La captación de capitales y la individualidad?”.
-¿Ve factible la implementación de las SAD en el fútbol argentino?
“Creo que es muy difícil. La única posibilidad es legislativa. Es decir, abrir el estatuto de AFA”.
-¿Tiene un instrumento legal el gobierno para hacerlo?
“No. Las asociaciones civiles tienen un estatuto que es la ley que rige la actividad y que plasma cómo se integra. Para vulnerarlo, se necesita el consentimiento de la asociación civil y del grupo de personas que la constituyen. Es decir, que el gobierno debería, con una ley, pedir una modificación de esos estatutos y además conseguir el consentimiento de quienes están en ese estatuto. Además, en el Código Civil y Comercial tenemos una muy buena referencia de asociaciones civiles. Hay dos artículos, el 159 y el 160, que contemplan que si un directivo no cumple con lo que dice el estatuto ni con la ley y perjudica a la asociación civil, va a responder con su patrimonio”.
-En Argentina hubo antecedentes de SAD, ¿qué reflexión invitaría a realizar?
“La gente está muy engañada sobre este tema. Lo primero que debemos hacer es concientizar a las personas que no es lo mismo un hincha que un socio. Un hincha simpatiza con el club, va a ver el partido y puede disfrutar de los deportes. Un socio tiene otras responsabilidades como, por ejemplo, la elección de las autoridades, controlar los endeudamientos, que los órganos de la asociación civil funcionen, que el estatuto y las obligaciones sociales se cumplan. Pero en una sociedad anónima deportiva el socio no existe más: se ‘pilotea’ un deporte y solo alguien va a ganar plata. Por lo que es fundamental profesionalizar a las asociaciones civiles. ¿De qué manera? La directiva debe tener una serie de asesores en cada una de las tareas que enfrentan y dentro de las áreas contables, económicas y legales debe haber personas especializadas.
Creo que las asociaciones civiles y los socios debemos salir a la palestra y romper el circuito de la comunicación que ellos lograron para convencer a mucha gente; es muy importante que se empiecen a escuchar las voces y la verdad sobre este tema. Hay que salir a decirlo permanentemente y que la asociación civil no es el fútbol: es el fútbol, más el básquet, más el tenis, más la escuela, más los chicos… La sociedad anónima deportiva dura lo que el negocio brinda. Cuando no rinden económicamente, salen a la venta”.