Comienza una nueva etapa para la institución de la zona norte de Gualeguaychú. La semana pasada fueron condenados los cabecillas de la banda narco que operaba, hace más de 15 años, cruzando la calle. «Mi sueño es ver grande al club, y sé que lo vamos a lograr», dijo Albertina Delgado, su presidenta.

Pasaron los primeros quince minutos de las tres de la tarde del miércoles y todos están ocupados. Unos llenan la gran olla de leche -de esas que se utilizan para cocinar para muchos-, mientras que otros acomodan mercadería y algo de ropa sobre una mesa. Enzo se acerca y nos presenta a Albertina, su mamá y presidenta del club. Ella nos cuenta que en 2012 se encontraron con una institución vacía, en todo sentido. “Nos dejaron sólo las paredes y administrativamente no había nada”, dice, mientras repasa parte de lo hecho durante estos años.

Tigre supo ser un club del que muchas familias del norte de la ciudad fueron parte. Su fuerte, las bochas. Los torneos reunían a muchas personas en sus instalaciones de Victoria y Guido Spano. Pero, hace más de 15 años, esa esquina fue ganada por el narcotráfico y la venta de droga al menudeo. Y aunque nada tuvo que ver el club con esa historia -al contrario, la institución fue víctima de esa realidad-, durante muchos años se asoció su nombre con ese mundo oscuro al que parecía estar condenado el barrio.

Tal es así que días atrás este mismo medio, mediante un titular, asoció el nombre del club con las condenas a los cabecillas narcos. Posteriormente, la comisión directiva de la institución emitió un comunicado dejando claro que nada que ver tiene una cosa y la otra.

Esta nota busca mostrar, desde adentro, parte del trabajo que comisión directiva, socios y voluntarios vienen realizando. La charla con ElDía la realizamos el miércoles último, el día en que dan la leche a cerca de 150 niños.

“Una vez un vecino me dijo que, al fallecer mi papá, el club iba a desaparecer. Yo le dije que no, que el club va a ser grande el día de mañana. Mi gran objetivo es seguir levantándolo, hacerlo grande y que esté al servicio de la comunidad”, comparte Albertina, sentada al lado de su hijo, justo enfrente a una foto de su papá, Alberto Delgado, quien fue uno de los fundadores de la institución el 16 de julio de 1951.

“Me acuerdo que veníamos con mi mamá y mi papá, ellos levantaron el tapial de la cancha de bochas. Después, con la ayuda de amigos que también quieren el club, se cerró la esa cancha y se siguió construyendo adelante. Pero mucha gente se fue yendo, se fueron alejando, haciendo sus vidas por otros lados”, recuerda quien es presidenta de la institución desde 2012, tras el fallecimiento de su padre.

“Era un club muy familiar, los torneos de bochas atraían a mucha gente. Igual que los aniversarios, cuando se ponían tablones en la cancha de bochas para que entren más personas en el salón. Los almuerzos, los asados con cuero, eran hermosos”, recuerda, nostálgica.

Una nueva etapa

A los clubes de barrio los hacen las familias, y el Club Tigre no es la excepción. No sólo la familia Delagado, también los Odriozola, los Arriola, las familias Giménez, Marín y Egui, entre otras, dedicaron mucho tiempo de sus vidas a la construcción de este sueño colectivo. La actualidad no es tan diferente. “Tratamos de contagiar a amigos, a compañeros de trabajo, para que se acerquen, para que colaboren, ya sea con la merienda, con la cena de los sábados o con cualquier otra actividad”, cuenta Enzo Damer.

El joven de 20 años siente que, después de las condenas por narcomenudeo, comienza una vida nueva para el barrio y para el club. “Cuando mi mamá entró al club, nos encontramos con una institución social y deportiva administrativamente vacía; con una comisión que se fue y no dejó nada. Entonces, en ese momento, se comenzó a trabajar por el club, dando pasos pequeños pero fuertes. Con vecinos que estaban en contra del crecimiento del club, de que pueda desarrollar actividades”, cuenta Enzo y, sin decirlo explícitamente (no es necesario), hace referencia a una realidad bien conocida por las familias de la zona norte.

“Mantener la puerta abierta del club fue una lucha constante. Porque esto no favorecía a otros vecinos que estaban haciendo algo malo, para los gurises de nuestra comunidad, para todos los vecinos. Hemos pasado situaciones muy difíciles, robos, amenazas, pero en ningún momento bajamos los brazos”, destaca el joven, al tiempo que reconoce que todavía las familias del barrio conviven con el miedo.

Otras actividades

Son diversas las iniciativas que se vienen llevando a cabo en Tigre. Hace varios años comenzó a funcionar la escuela para Jóvenes y Adultos, a donde asisten en la actualidad 15 personas del barrio, actualmente tomando clases de manera virtual.

También supieron funcionar diversos talleres de oficios, como gasista, marroquinería, tejido y belleza integral. Este año, el club conformó su primer equipo de futsal. “Ahora estamos esperando el regreso de las bochas. En marzo habíamos arrancado con el trío de damas, pero con esto de la pandemia se cortó todo”, adelanta Albertina, entusiasmada, sobre el cierre de la nota.

Fuente: Diario El Día – Por Luciano Peralta26 setiembre 2020.

https://www.eldiaonline.com/al-otro-lado-la-calle-compromiso-y-solidaridad-marcan-fuego-el-presente-del-club-tigre-n1016160