Elsa Lidia Irigoyen nació el 18 de mayo de 1922. Fue su padre, un esgrimista de ley, quien al notar que ninguna actividad deportiva le atraía, la introdujo en el manejo del sable y el florete. Los maestros Cándido Sassone y Roberto Larraz fueron sus primeros instructores en el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, cuna histórica de campeonas de esgrima.

Con solo 16 años y representando al Club Atlético River Plate, Elsa conquistó su primer Campeonato Nacional de Florete en 1936, título que logró en cuatro oportunidades consecutivas: su reinado se prolongó en 1937, 1938 y 1939.

Paralelamente, Elsa practicaba atletismo. Y en 1937 se clasificó segunda de Tita Dreyer en la prueba de 200 metros del Campeonato Argentino. En 1939 integró la posta argentina ganadora en el Torneo Sudamericano de Atletismo en Lima, Perú, con Olga Tassi, Julia Druscus y Lelia Sphur.

En esgrima estuvo invicta por los cuatro años consagratorios, hasta que en 1940 fue derrotada por Josefina Braga. Aunque recuperó el título en 1941 ese año apareció quien sería su rival más peligrosa desde entonces: la notable Irma de Antequeda.

En 1943, Elsa integró un cuarteto atlético de leyenda junto con Noemí Simonetto, María Malvicini e Ilse Hammer, cuarteto que ganó la admiración generalizada a nivel nacional y logró igualar el récord sudamericano de Posta.

Luego llegaron las sombras. Por la muerte de su padre y como hija única con una madre enferma, debió ocupar el lugar de sostén de su hogar. Consiguió un trabajo de ocho horas en la Sección Subsidios del Ministerio de Marina. La falta de tiempo le obligó a abandonar el atletismo dedicándose solamente a la práctica de la esgrima.

Entrenando en su tiempo libre, conquistó el Campeonato Sudamericano de 1947 y el Rioplatense de 1948 y, junto con Irma de Antequeda, viajaron como representantes argentinas a los Juegos Olímpicos de Londres 1948, donde Elsa Lidia tuvo una buena actuación e Irma llegó hasta semifinales.

En 1950 retuvo, por décima vez, el título en el Campeonato Femenino de Florete, perdiéndolo en 1951, ante la tiradora del Club Obras Sanitarias, Lilia Rosito. Sin embargo ése sería el año de su mayor triunfo deportivo, al conseguir la medalla de oro en los Primeros Juegos Deportivos Panamericanos, disputados en la ciudad de Buenos Aires.

El 25 de febrero de 1951, en la cancha del Racing Club de Avellaneda y ante casi 100.000 personas que colmaban el estadio, escoltó al abanderado de la delegación argentina, el legendario maratonista Delfo Cabrera, en la ceremonia inaugural de estos Juegos. A la vez fue la mujer que tomó el “Juramento Deportivo” a todas las atletas participantes.

En 1952 recuperó el título argentino y participó como única representante de esgrima en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952. Al poco tiempo ganó la “Copa Eva Perón” e impulsó a la práctica de todos los deportes desde su flamante cargo de presidenta del “Ateneo Deportivo Evita”, de la Municipalidad de Buenos Aires. En este Ateneo trabajo junto a otra gloria del deporte nacional como la tenista Mary Terán de Weiss, exiliada por 4 años después de 1955, por el solo delito de que: “ella inició una escuela de tenis para chicos que no estaban en condiciones de adquirir raquetas y equipos, y estos elementos le eran proporcionados por medio de la Fundación Evita. El tenis siempre había sido un deporte para gente encumbrada y los de la élite no le perdonaron haberlo llevado al nivel del Pueblo”. Luego de su muerte en 1984 recién fue reconocida. Actualmente el estadio más grande de tenis de la Argentina lleva su nombre.

Elsa Irigoyen también incursionó en el periodismo escribiendo en la revista “La Cancha”, ya desaparecida, cuyo director era el periodista José R. López Pájaro (uno de los fundadores del Círculo de Periodistas Deportivos de Buenos Aires y padre del famoso periodista Julio Ricardo). “Tenía la nobleza de escribir que yo había actuado muy bien y que ella apenas me había ganado por un golpe” decía Irma Grampa de Antequeda, quien fuera destacada rival de Elsa en las pedanas,

En 1954, con el título de Campeona Argentina de Florete, Elsa Irigoyen se preparaba con esmero para defender su Medalla de Oro en los “Segundos Juegos Deportivos Panamericanos”, a disputarse en México entre el 12 y 26 de marzo de 1955.

Pero una grave lesión, sufrida durante una de las pruebas de la etapa clasificatoria, frustró su concurrencia. Fue reemplazada por Esther Romano, quien integró el equipo junto con Irma de Antequeda y Julia B. de Pomato.

Siguió compitiendo, sin embargo, hasta que en 1966, luego de 30 años en la práctica activa del deporte amateur, decidió retirarse. Ostentaba entonces un récord singular, que incluye nada menos que el haber ganado 20 campeonatos argentinos de Florete sobre los 22 en que participó, Elsa Irigoyen acumuló más de 200 distinciones (títulos argentinos, sudamericanos y panamericanos) expresadas en copas, medallas, trofeos y plaquetas ganadas en los distintos deportes que practicó.

Esta gran deportista comenzó a trabajar en relaciones públicas y en la Biblioteca del Comité Olímpico Argentino (COA). Gloria del deporte argentino, silenciosa y sin desbordes, regida por conceptos que hoy parecen olvidados como honor, lealtad y principios, nos dejó para siempre una frase breve y certera como era su toque con el florete: «Cuando se hace correctamente, todo deporte sirve para conducirse en la vida. Respetar las reglas, ése es el quid».

Elsa Lidia Irigoyen, gran mujer y deportista argentina, falleció el 5 de febrero del 2001.

Fuente: Libro “100 Ídolos Porteños” de Horacio del Prado y Víctor F. Lupo

Editorial Corregidor

Mayo 2021.

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