Batalla cultural del deporte

Ago 15, 2013 | Opinión

Por Jorge Becerra *

El deporte debe enfrentar hoy una nueva batalla cultural. Ha perdido, bajo las luces del espectáculo, bastante de sus valores primordiales, su capacidad de formación masiva de niños y jóvenes, su espíritu solidario, su capacidad de construcción de nuevas estructuras de la sociedad. Esta tarea no es imposible, vale entonces recordar otra batalla que libró el deporte contra costumbres firmemente aferradas en la sociedad: la de los pantalones cortos.

En el pueblo que me crié los niños siempre usábamos pantalón corto. Daba igual que hiciera calor o frío, las infantiles piernecillas siempre iban desnudas apenas cubiertas por unos calcetines eternamente caídos.  Eso que estoy hablando de frío de verdad, ese frío castellano que por la noche helaba los charcos y sembraba de carámbanos las faldas de los tejados. Daba igual, esta prenda no se relacionaba con la climatología sino con una cosa menos tangible como la madurez. El paso de pantalón corto a largo era el momento en que uno dejaba de ser niño y se convertía en hombre.

No había una fecha fija en tan trascendental cambio, para unos era la primera comunión, un tanto prematuro, pero ese día, muchas veces el primero, todos íbamos “de pantalón largo”. Para la mayoría era ese momento de aparición del primer vello en cara y sobre todo en piernas. Un día cualquiera y sin avisar, nuestra madre se fijaba en nosotros de distinta forma de la habitual, a partir de entonces y sin mediar palabra los pantalones nuevos serían ya y para siempre pantalones largos. Digo para siempre porque a nadie se le ocurría una vez conseguido el estatus de “hombre” retroceder a los infames pantalones cortos.

Esta resistencia fue fuerte el deporte soportó por mucho tiempo la incomodidad de los pantalones largos para realizar la actividad, y tal vez en los sectores menos pudientes, aferrados al orgullo de no parecer ridículos lo fue aún más.

“Hubo un tiempo en el que al tenis se jugaba con falda y pantalón largos. Días en los que los campeones no lucieron al aire sus gemelos, y en los que el decoro y las buenas maneras se impusieron por encima de la comodidad y la lógica de la práctica deportiva… En 1947, cuando Jack Kramer alzó la Copa de campeón de individuales en shorts, se armó un buen revuelo”.

Las clases pudientes empezaron a usar pantalones cortos, tenían más espalda para soportar el ridículo.

Hasta entonces el vóleibol había sido en Puerto Rico un deporte social, jugándose con pantalones largos. El «Pittsburgh YMCA» trajo a Puerto Rico el pantalón corto en el vóleibol, a la usanza del jugador de baloncesto. El primer voleibolista de Puerto Rico que usó pantalones cortos fue Facundo Bueso, que como era jugador de baloncesto, los tenía. Pero después de la serie con el «Pittsburgh YMCA», el uniforme del vóleibol cambió al uniforme de pantalón corto. Dicho sea de paso, esto motivó el retiro de unos cuantos jugadores que prefirieron retirarse a jugar con pantalones cortos, pensando que se verían ridículos vestidos así.

Hasta finales de los años 50 comienzo de los 60 (depende del lugar y las familias) era casi una ley inexorable que los niños que comenzaban a hacerse adolescentes cambiaran el pantalón corto por el largo. Esto ocurría entre los 13 a 15 años, dependiendo de las familias y del crecimiento del niño (por lo general era cuando se comenzaba a mostrar los pelos en las piernas). Era un momento (un día) importante, porque antes de esa fecha los niños casi no estaban autorizados a usar los pantalones largos (en mi familia ni aún en invierno) y después del «día D» ningún varón volvía a los cortos”

Este ejemplo, de las cosas que puede hacer el deporte, puede servirnos como aliciente para ayudar en este cambio cultural que los tiempos de hoy están exigiendo.

* Dirigente del Movimiento Social del Deporte (MSD

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