Este es un momento de grandes transformaciones en el ajedrez mundial y obviamente en el argentino.

Quizás, un momento ideal para reflexionar sobre los cambios imprescindibles que debemos realizar ante el acelerado avance de la tecnología, al que se suman los efectos indeseables de la pandemia.

Podremos aprovechar los cambios tecnológicos a favor del ajedrez siempre y cuando tomemos medidas adecuadas. En general miro la situación con optimismo, pero es irreal creer que los cambios positivos se producirán solos y sin ninguna decisión por parte de la dirigencia. Y no podremos avanzar organizadamente si no resolvemos algunos dilemas de larga data en el régimen deportivo argentino, del cual obviamente no estamos excluidos, aunque a muchos les pase desapercibido.

La política deportiva no suele ser del agrado de los deportistas aunque muchas veces no perciben claramente cómo las orientaciones dirigenciales influyen sobre su carrera deportiva y sólo se sienten tocados cuando se ven perjudicados directamente. Entonces, los dirigentes solucionan el caso particular y, satisfecho el deportista, aún con algunas quejas, todo sigue igual.

En el ajedrez desde hace bastante tiempo vienen confrontando claramente dos modelos:

a)  el histórico modelo nacional formado por clubes, federaciones y confederación (FADA), sobre el cual está basada nuestra tradición, estatuto y leyes nacionales (Ley de Nacional de Deportes Nº 20655/74 y modificatorias) y

b)  lo que se podría llamar una “asociación de jugadores”, en la que los clubes y federaciones dejan de ser necesarios y pasan a ser sólo asociaciones sociales, aunque no representativas.

El lento pero sistemático avance del segundo modelo sobre el primero, no sólo no es legal en el modelo nacional ni en nuestro estatuto, sino que profundiza el debilitamiento y el caos institucional que nos condenará al conflicto permanente y como consecuencia, al fracaso.

Aunque a muchos les parezca irrelevante o les pase desapercibido, esta dicotomía es el núcleo central del problema de la organización del ajedrez argentino desde hace algún tiempo y se agravó últimamente por ciertas decisiones y prácticas.

Aunque las federaciones votan las autoridades, en la realidad las decisiones las toma un núcleo cada vez más reducido y no en favor de fortalecer las instituciones, sino todo lo contrario. Son estas prácticas las que me llevan a creer que la idea subyacente es terminar en una “asociación de jugadores”. Como en muchas cuestiones en la Argentina, se disfrazan de problemas económicos, temas de política institucional, de organización y competitivos.

El resultado es el mismo que en el clásico ejemplo de la “rana en el agua caliente”: si se introduce una rana en el agua hirviendo, ésta reacciona y salta escapando del recipiente, pero si se la introduce en el agua fría y se la va calentando lentamente, la rana termina muriendo cocinada sin reaccionar. 

En el ajedrez argentino está ocurriendo esto desde hace mucho tiempo. Las instituciones lentamente están siendo vaciadas de poder real, dirigencial y deportivo y los individuos están llegando a FADA sin ninguna intermediación o participación de los clubes y federaciones, incluso en muchas oportunidades ninguneando a las mismas.

No creo en ningún plan maléfico, sólo que algunos sostenemos el sistema que rige hoy legalmente la FADA – y que además es la organización tradicional y legal del deporte argentino – y otros pretenden un sistema de asociación directa a la institución mayor del ajedrez y, obviamente, sus decisiones se toman en este sentido.

En un modelo se promueve el fortalecimiento de las federaciones provinciales o regionales compuestas por clubes. Por ejemplo: la ley nacional exige una federación provincial por deporte, e incluso una regionalización del país, el Comité Olímpico reconoce una organización nacional por deporte, la FIDE reconoce una organización por país y regionaliza muchos de sus eventos deportivos.

En el otro modelo se debilitan y desaparecen primero las Federaciones y luego los clubes, y existen sólo los jugadores que se afilian (y aportan) directamente a la organización nacional. Lo mismo ocurre con los dirigentes, árbitros y entrenadores que “colaboran” directamente con la FADA.

Sabemos que este último sistema genera una cúpula pequeña que toma todas las decisiones y los individuos terminan totalmente desprotegidos y a merced de esa élite. En muchos sentidos esto ya está pasando y no vemos ninguna reacción, porque como a la rana, al agua se la van entibiando lentamente, pero seguramente más tarde o más temprano terminaremos cocinados.

Las instituciones del ajedrez argentino están cada vez más debilitadas, y sólo basta hablar con sus autoridades para darse cuenta de esto. Y a la par se multiplican instancias más o menos organizadas por fuera de la FADA que desarrollan modelos de ajedrez comercial en beneficio propio.

A no confundirse, estas opiniones no son contra nadie en particular, no creo en ideas conspirativas ni maliciosas. Solamente son reflexiones sobre algo que advierto hay que resolver prioritariamente para poder debatir de manera coherente y ordenada los diferentes problemas competitivos e institucionales, que existen y son complejos, evitando que se diluyan como en charlas de café.

Pte. Confederación Chaqueña de Deportes – Dirigente MSD