Un Mundial caro, antipático y con sobredosis de fútbol

Jun 7, 2026 | Carta de Lectores, Últimas Noticias

El torneo en EEUU, México y Canadá – estos últimos como organizadores de segundo orden – genera un marcado rechazo por las políticas injerencistas de Trump, las deportaciones de migrantes, el costo de las entradas, los largos viajes que demandará moverse entre las sedes de los tres países organizadores, el miedo a las deportaciones y la saturación que provocan los 104 partidos en 39 días.

La fiebre mundialista no la detecta el termómetro. Está baja, ignora al mercurio, lo esquiva. Es puro marketing. Provocan rechazo las guerras de Estados Unidos en suelo ajeno, su presidente Trump, la FIFA y el genuflexo Infantino, los altos costos que demanda el torneo, el miedo a ser deportado, un evento inflado que sobrevive en base a anabólicos mediáticos. Tampoco da ganas de someterse a una sobredosis de fútbol que dura 39 días. Será el campeonato más largo de la historia.

  La Copa Mundial es estéril en simpatías. Un producto que agobia por su toxicidad publicitaria, sus McFernández, sus McAllister, sus McAlvarez, los avisos que nos taladran la cabeza 24 horas por día.

  Se dirá. La cita en Qatar también despertaba antipatías. Por las víctimas fatales que construyeron los estadios, las mujeres tuteladas con rigidez en una sociedad conservadora, las persecusiones a la comunidad LGBT +, las penas de prisión a homosexuales por el solo hecho de serlo. Es todo cierto. Pero ahora es mucho peor.

  Se trata de un Mundial organizado por una potencia (asociada a México y Canadá) que viola los derechos humanos, tiene una democracia limitada y amenaza invadir Cuba, su vecino, en el mismo momento en que está por empezar a rodar la pelota. La isla bloqueada hace 64 años por EE.UU se encuentra a una hora y diez minutos de vuelo de Miami, donde el 15 de junio jugarán Uruguay y Arabia Saudita. Los misiles y la bombas pueden convivir en el imaginario americano con el más popular de los deportes. Hay una razón que lo hace posible: el “Make America Great Again” (Hagamos a Estados Unidos grande de nuevo). Ese destino manifiesto que regula como un termostato el humor político de una potencia decadente.

  La Copa de Trump e Infantino, dos tipos que se necesitan, vinculados solo por sus ambiciones económicas, supone para la FIFA ingresos que rondarían los 13 mil millones de dólares. De esa suma 665 millones serán destinados a premios entre las 48 selecciones participantes y 50 millones embolsará el equipo campeón. La federación internacional está posada sobre una mina de oro, plata y diamantes porque sabe cómo monetizar su evento principal. Se vale de los estados que proveen infraestructura, logística, transporte, hotelería, comunicaciones y seguridad.

  No invierte casi nada y toma sus ganancias por sponsors, derechos de imagen, transmisiones y venta de entradas, por las que FIFA cobra dos veces. Al precio original y por la reventa. ¿Cómo es esto? Muy simple. La corporación del fútbol vende el ticket en el mercado primario y cuando entra al mercado secundario a través del FIFA Marketplace, recibe el 15 por ciento del vendedor y el 15 por ciento del comprador. O sea, cada 30 por ciento del total en la repesca, va a la federación. No importa cuál sea el precio final. En EE.UU esto es legal.

  Hay un indicio negativo de que el Mundial puede ser un fracaso en convocatoria. Las entradas para ver al seleccionado local en la primera fase tienen escasa demanda. Ni siquiera se completó la venta del primer partido en Los Ángeles contra Paraguay, con precios que se comercializan por arriba de los 2 mil dólares.

  La gran disparidad de valores en los tickets y la dinámica comercial en Estados Unidos provocó que las autoridades de Nueva York y Nueva Jersey investigaran a la FIFA por presuntas prácticas engañosas en la asignación y venta de entradas. El billete más barato para la final llegó a aparecer en venta por 16.000 dólares.

  Esta es la perspectiva económica del Mundial que se nos viene encima. Un Mundial que tendrá en pleno desarrollo los festejos por la independencia de Estados Unidos el 4 de julio. Se descuenta ese día la presencia de un invitado. El presidente Milei se sumará al 250° aniversario de EE.UU. Será su decimoctavo viaje desde que llegó al gobierno. Una marca muy difícil de igualar. Solo posible para un administrador colonial ansioso por participar en el Independance Day.

Fuente:

https://gustavojveiga.wordpress.com/2026/06/06/un-mundial-caro-antipatico-y-con-sobredosis-de-futbol/

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