Por: José Luis Ponsico (*)

El 16 de setiembre ´55 un golpe cívico-militar, reacción de la Armada, Fuerza Aérea y parte del Ejército, con vastos sectores de la Iglesia y la «clase media» fragmentada, caía el gobierno de Juan Domingo Perón, reelecto 1951. El ciclo justicialista, 1946-55.

En su libro «La fuerza es el derecho de las bestias», editado en República Dominicana 1958, el ex Presidente de la Nación, en su exilio por entonces, explicó varios ítems del derrocamiento. Perón escribe: «Las bombas caídas, 16 de junio, la evidencia del «estado de guerra». Existía una conspiración, fuerzas regresivas», se lee. «Una clase parasitaria, representada por la oligarquía contumaz, resentida, unida a los Curas, la Unión Democrática», decía «Se utilizó un panfleto insidioso, en que la calumnia, falsedad, alcanzaron límites

Insospechables. La «técnica del rumor» completó el cuadro. Así, originando en vastos sectores de la sociedad, «clase media», el elemento adversario», argumentó.

«La Armada en junio produjo el bombardeo criminal. Veinte bombas de trotyl dejaron más 350 muertos, ochocientos mutilados, dos mil heridos graves. La Marina campo fértil en setiembre del 55 para sembrar la cizaña antiperonista», sostuvo. «Los marinos, una parte, vivieron la descomposición. Durante mi gobierno se sancionó severamente el contrabando y en ésta actividad, delictuosa, estuvieron numerosos oficiales de la Marina. Prestaban barcos para el transporte clandestino», describió.

«Igual, la situación militar no resultaba desfavorable para el gobierno justicialista, en medio de los levantamientos. La gran preocupación nuestra, el Estado Mayor, la amenaza de bombardeos, otra vez, sobre la población», comentó en el libro.

«Miles de inocentes de la población civil, sin formar parte de la contienda, perderían la vida como ocurrió en junio. La matanza vivida con las bombas en Plaza de Mayo y calles adyacentes, resultó decisiva en la decisión», subrayó.

«No estaba perdida para el gobierno la asonada revolucionaria. En la Capital Federal quedaba aún sin emplear toda la división de Ejército, motorizada, fuerzas blindadas de Campo de Mayo, el Batallón Buenos Aires y otras fuerzas leales», destacó.

«Me preocupaba también la destrucción de la destileria de petróleo «Eva Perón», una obra de extraordinario valor para la economía nacional. Algo que consideraba como si fuera «hijo mío». Había puesto el primer ladrillo nueve años antes», evocó.

«En todo momento tuve presente la tragedia de España, guerra civil entre el 36 y el 39. La destrucción. Un país devastado previo a la Segunda Guerra en Europa. Los costos de las guerras, más de 45 millones de muertos hasta el 45», ilustró.

«Muchos me aconsejaron abrir los arsenales y entregar armas y municiones a miles de obreros que estaban ansiosos para utilizarlas. Hubiera dado lugar a una masacre y la destrucción de media ciudad de Buenos Aires. No, a la locura, dije», en otra cita.

En la cultura popular, el deporte con apoyo del gobierno peronista, ofrecía dos notables campeones mundiales: Juan Manuel Fangio en Fórmula Uno, en el 55 con Mercedes Benz, antes con Alfa Romeo, luego con Maserati. 

También en Boxeo, la hazaña en Japón el «león mendocino» Pascual Pérez, en el 55 también. En tanto el Presidente Perón honraba al autor Cátulo Castillo como titular en Cultura de la Nación. Otro país

En 1985, a treinta años de «la Libertadora», Roberto Gasparini, secretario general del Sindicato de Prensa Capital, un hermano no biólogico del autor de éstas líneas, dijo: «El 17 de octubre del 45, el hongo de la historia»

Evocando con dolor la caída el 16 de setiembre del 55, opinó: «Ibamos camino a ser una Nación. Pasamos a ser un país cualquiera». Roberto, fallecido en diciembre 08

se inscribe en una apretada nómina de dirigentes ejemplares

En la líneas del siempre evocado Amílcar González, dos veces titular del Sindicato de Prensa de Mar del Plata, 1971-76, tras ser detenido, secuestrado, torturado, luego exiliado, a su regreso en elecciones libres 1984-88. Fallecido junio 2004.

Como referente de ellos, el legendario Víctor «Moro» Álvarez, titular de la Federación de Trabajadores de Prensa, 1974-76 del que el laureado Hugo Gambini, fallecido no hace mucho, siendo anti peronista, rescató en su libro «Frondizi».

«En Radio Nacional, en el 73, cuando la vuelta del peronismo al Poder y todos los periodistas que no éramos de la causa, íbamos camino a perder el trabajo profesional intervino el «Moro» Álvarez. Produjo el rescate masivo. Inolvidable», escribió Gambini.

El recuerdo deportivo según el «Nene» Sanfilippo, 85 años, sobreviviente de aquél tiempo vivido: «Recuerdo la valentía del «Beto» (Norberto) Conde, figura en Vélez y la selección, públicamente nunca ocultó su condición de peronista», sentenció.

Al cabo, el repaso donde la historia no es solamente una revisión de «buenos» y «malos». Algunos van más lejos, describen al peronismo «perenne como la hierba»

(*) Columnista de La Señal Medios, Libre Expresión y Mundo Amateur