Nacido un 11 de abril de 1944 en la Capital Federal, Alberto Demiddi, hijo de Alberto, un italiano, que se vino rajando, antes de la fatídica Segunda Guerra Mundial, y de Sara Gabay, una rusa llegada al país cuando solo tenía 3 años de edad.

“A Papá le ofrecieron ser entrenador de natación en Newell´s Old Boys de Rosario cuando yo tenía 3 años y nos trasladamos hacía allá”, contaba el mejor remero de la historia argentina.

Desde muy chico practicaba waterpolo y natación, actividad donde logró ser campeón provincial en 400 metros libres y 5º en el ranking que encabezaba Luis Alberto Nicolao.

«Pero mi padre tuvo un altercado con la gente de Newell`s y se pasó al Club Regatas, cuyo presidente era Napoleón Sivieri, papá de Silvia, mi futura esposa. Yo asistía al colegio Dante Alighieri, y un día Napoleón le preguntó a mi padre ¿dónde está ese vago grandote que tiene buen físico para remar?”. Y así, por mi padre y mi futuro suegro, comencé a remar logrando ser campeón argentino, desde 1962 hasta 1972.

Ganó su primera regata en un ocho. Pero él quería ser singlista, pidiéndole al entrenador Mario Robert (técnico de Capozzo y Guerrero en los Juegos Olímpicos de 1952), quien aceptó inmediatamente.

Su ascenso fue rápido logrando los títulos en los torneos sudamericanos de 1964 (Laguna de Freitas – Brasil) 1965, 1968 y 1970, y el subcampeonato del mundo en Henley, Inglaterra, en 1964.

Fue medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, 1967 y de Cali, Colombia, de 1971.

Entre sus grandes triunfos se computan los torneos europeos de 1969 en Klagenfurt, Austria y, de 1971 en Copenhague, Dinamarca, dejando atrás al alemán Gotz Draeger y al neocelandés Murray Paul Watkinson. Logró el título en el Campeonato Mundial de 1970, en Saint Catherine, Canadá, ganándole muy bien al ruso Yury Malishev.

Demiddi participó en tres Juegos Olímpicos, logrando el cuarto lugar en Tokio 1964; y siendo medalla de bronce en México 1968 y de plata en Munich 1972, donde el deporte argentino había depositado en él todas sus esperanzas para conseguir nuevamente una medalla dorada, después de 40 años sin lograrlo, ya que en ese entonces se la habían colgado, dos remeros Capozzo y Guerrero.

Pero no pudo ser y aún todos los fanáticos del deporte estamos esperando ver en lo más alto del podio, a un atleta o equipo argentino.

Esta fue la peor frustración deportiva, porque me entrené a fondo para el oro”, declaraba Demiddi apenas finalizada la prueba.

El oro lo ganó el ruso Malishev por medio bote. Justo este remero que nunca le había podido ganar una competencia al argentino, en toda su carrera.

“Cuando el alemán oriental Gueldenpfenning se me acercó para saludarme y me dijó, tú debiste haber ganado, me dieron ganas de llorar…”, describía el remero argentino.

Eduardo Alperín, describió a Demiddi como “dueño de un carácter muy fuerte que se atrevió a desafiar con su fulminante mirada y cortante respuesta a la pregunta del General Roberto Levingston (presidente del país en la Dictadura Militar) a principios de los ’70, quien lo había interrogado por el largo de sus patillas. La contestación fue: ‘Mire que el General José de San Martín las usaba igual’…”.

Demiddi fue uno de los atletas que llegó a los máximos logros de un deportista amateur, trabajando solo, con su esfuerzo personal, sin ayuda de nadie.

Su relación con el entrenador era de gran respeto, nunca llegó a tutearlo, siempre lo trataba de Ud. “Con él no había término medio: o ibas para adelante o te mandabas a mudar y llegabas a la conclusión de que el remo no era para vos”, cuenta el gran campeón, quien luego como entrenador en el Club Regatas La Marina, (1974 a 1999) en Buenos Aires, trataba a sus alumnos como Robert lo trataba a él.

Él como “un grande del deporte” que fue, luchó denodadamente junto a Noemí Simonetto (medalla de plata olímpica en el ’48) y Eduardo Guerrero (medalla de oro en el ’52), para conseguir la “Ley de Pensiones para los medallistas olímpicos”(La Ley 23.891 se dictó en 1990 de Pensión a los Medallistas Olímpicos, por la cual quienes consiguieron una medalla olímpica o sus herederos se hacen acreedores a una jubilación especial. Por el Decreto 1008/91 se reglamentó esta Ley) sabiendo que no podía cobrar al no llegar todavía a la edad límite y que exigía dicha norma para ser depositario.

A la temprana edad de 56 años falleció el 25 de octubre del 2000, tras luchar, más que en el agua y durante tres meses, contra un cáncer de estómago.

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” (1610-2002) de Víctor Lupo

Editorial Corregidor

11 de abril de 2021.