El primer tucumano en una Copa del Mundo

“Para un futbolista, jugar una Copa del Mundo es el objetivo principal de su vida. José Rafael Albrecht se dio el gusto de actuar en dos torneos, el de Chile en 1962 y el de Inglaterra en 1966, lo que significó un doble motivo de orgullo, ya que se convirtió en el primer tucumano en participar en la máxima fiesta del fútbol y además ser una de las grandes figuras de ese plantel donde Argentina se ubicó en quinto lugar”, repite con insistencia el periodista José Luis Ponsico.

Albrecht, nacido el 23 de agosto del año 1941, se crió muy cerca de la cancha del “Decano” en su domicilio del Pasaje Atlético Nº 1434, en el barrio de Villa 9 de Julio. De origen muy humilde, tiene un recuerdo especial para su abuela Juana Gramajo y su madre Teresa Albrecht.

Cuando asistía a la escuela primaria “Ricardo Gutiérrez” de la calle Muñecas, era ya la mascota del primer equipo de los “decanos”. A los seis años jugaba en los infantiles del club. “Mi abuela a la que yo le decía mamá me hacía las famosas ´pelotas de trapo´ (que se hacían con trapos dentro de una media de mujer) para que juguemos con los changuitos vecinos en la calle de tierra de mi domicilio. Allí jugábamos hasta muy entrada la noche que nos salían a buscar nuestros familiares” nos cuenta Rafael para seguir agregándonos: “Ya más grande jugábamos en la cancha de Sportivo del Norte, a dos cuadras de casa, cuando nos dejaban los más grandes o no jugaba el equipo local que participaba en el ascenso de la Federación. Allí se armaban picados, donde participaban de los que recuerdo, los 4 hermanos Iñigo, que vivían frente a la cancha y luego fueron jugadores de primera División (David, que jugó en la selección nacional de los “Carasucias en 1957), Manuel (jugó conmigo en el Atlético campeón argentino del ’60), Ricardo y José. Yo de chico era hincha del equipo de Blas Parera en el ascenso”.

“Ichio” (como lo conocen sus amigos de Tucumán) Albrecht, conoce muy desde adentro el mundo de Atlético porque se crió en el club. Fue mascota albiceleste y durante más de una década vistió esos colores. En las divisiones inferiores comenzó jugando de delantero pero don Roberto Santillán (un forjador de cracks, acompañado por Ramón Páez y Osvaldo Luis Chalin en sus tareas) lo ubicó primero en el medio campo y después en la zona de zagueros. “Usted tiene condiciones para moverse por cualquier sector de la cancha”, le remarcó Roberto. Y no exageraba el “Maestro”.

Con apenas 16 años debutó Rafael en la división superior y fue campeón ese mismo año. Ya había logrado los títulos en Sexta, en Quinta y en Cuarta.

“El equipo de Atlético que más recuerda es aquel que integró con García, Acosta y Ginel, Amaya, Graneros y Albrecht, Canceco, Tejerina, Muñoz, Ortega y Ayunta, ganador del Torneo Anual de 1959” cuenta Rafael.

El ex delantero Miguel “Tanque” Muñoz, que hizo las inferiores “decanas” junto con Albrecht, contó alguna vez que éste fue un profesional ciento por ciento. “Desde muy chico dijo que se dedicaría al fútbol de manera profesional. Se cuidaba en las comidas y no salía de noche. Para aquellos tiempos, estas características eran totalmente revolucionarias y así le fue”, contó el “Tanque”.

“Me hice conocido cuando integre el equipo de Atlético que ganó un torneo nacional de clubes en el ´60. En ese Campeonato se destacaron Martín Canseco y el santiagueño Juan Carlos “Chango” Cárdenas. A mí me compró Estudiantes de La Plata y ellos fueron a Argentinos Juniors y a Racing, respectivamente”, señala Albrecht.

En los “pinchas” de Estudiantes jugó un par de temporadas y, con 19 años, fue llevado al seleccionado nacional en una gira que se hizo por Europa (Portugal, España, Checoslovaquia y Unión Soviética). “Fue una experiencia inolvidable para un pibe que no salía de su asombro”, reveló.

Albrecht confiesa que su vida cambió cuando pasó a San Lorenzo, que lo compró por 10 millones de pesos. Enseguida fue figura. Fuerte en la marca, gran personalidad para salir jugando. Mucha técnica y fuerte pegada. Además, llegada al gol.

En el 64 integró el equipo de los “Carasucias” con figuras de la talla del “Bambino” Veira, Doval, Telch, Casá y Areán. Fue un gran protagonista también con “Los Matadores”, bicampeón de la AFA en 1968. Este elenco, orientado por el brasileño Elba de Paula Lima (Tim), ganó invicto el Metropolitano, con la ofensiva más goleadora y la defensa menos vencida. Enormes jugadores como Villar, Rendo, Fischer y Veglio formaban aquel plantel.
En aquel tiempo, San Lorenzo jugó con tres defensores, porque Albrecht -que era el capitán- se iba permanentemente al ataque. “Ese año hice un gran partido contra River, en Núñez, donde metí dos goles de jugada y arrancando desde atrás. Sorprendí a la última línea de ellos que tenía grandes jugadores como el uruguayo Matosas, Ramos Delgado y Varacka”, observa el “Tucu” como lo llamaban los hinchas de San Lorenzo. Jugó en este entre el 63 y el 70.

Casado con Isabel Nilda Villagra, tuvo dos hijos Juan Rafael y Alejandro Rafael (que vive en México).

En 1970 es transferido al fútbol mexicano, donde obtiene tres copas nacionales con el Club León (1970/71 y 1971/72 y Supercopa mexicana 1970/71) y se despide de su carrera deportiva en el  Atlas.

El tucumano José Rafael Albrecht es el séptimo defensor con mayor cantidad de goles de la historia del fútbol mundial, convirtiendo 95 goles en 506 partidos. Fue un notable defensor – volante. De los que ganan partidos en cualquier cancha.

Era un jugador casi infalible en la ejecución de penales, fue un “rey”. Sólo dos veces falló desde los 12 pasos en su vida profesional. Y de los 30 goles que convirtió entre San Lorenzo y la Selección hubo dos bravos. Él lo cuenta así: “En La Bombonera, cuando Argentina le ganó a Bolivia y empató con Perú debí ejecutar dos penales casi calcados. Yo daba un paso y miraba de reojo a los arqueros; llegaba a la pelota y le daba fuerte, al palo opuesto al movimiento de ellos. Los arqueros me habían estudiado y ninguno se movía. Entonces, di dos pasos y en el último cambié la decisión, pegándole fuerte a media altura. Los dos remates, con diferencia de una semana y con 60.000 almas empujando, al final entraron. Pero no alcanzó y quedamos fuera de México 70”.

En México tuvo también una fugaz incursión como entrenador en León. “Me retiré antes  que pudieran cargarme con las culpas”, cuenta.

Templado en la adversidad, perdió a su esposa, Isabel, ya que falleció muy joven. Albrecht nunca se volvió a casar. Regresó enseguida a la Argentina.

En 1990 puso un restaurante en la calle Moreno al 1700, en la zona de Congreso. Es uno de los integrantes de Futbolistas Solidarios, una Mutual nacida en 1998 para ayudar a los ex futbolistas que la necesitan.

Actualmente vive en la calle Cachimayo, en Primera Junta, de la ciudad de Buenos Aires con su hijo Juan y uno de sus nietos (los otros dos viven en la capital azteca), al cual viaja varios meses al año a visitarlos.

Albrecht, un fenómeno de jugar y de persona, que se bañó de gloria en los ’50 y ’60, recorrió el mundo por su capacidad deportiva pero cosechó más elogios por su conducta. Rafael Albrecht, es ovacionado donde se anuncie su presencia, ya sea en Buenos o en su Tucumán querido.

El Mundial del ‘66

La fama internacional de Rafael Albrecht llegó con el Mundial de 1966 disputado en Inglaterra. La selección, atrás, tenía a Antonio Roma, Roberto Ferreiro, Roberto Perfumo, José Rafael Albrecht y Silvio Marzolini. Estos jugadores quedaron en la historia por su gran rendimiento pese a las desprolijidades de los dirigentes en los meses anteriores al certamen. El tucumano fue expulsado contra Alemania.

«El ´8´ del equipo alemán era Helmuth Haller, motor organizador del equipo y con cara de perro. Fuerte y encarador en ataque. Nos habíamos cruzado en varios pasajes en Birmingham. En una de ésas lo vi venir y le dí duro, arriba. Creo que le pegué con el botín y hasta con la cadera. Casi lo mato. El referí me decía a los gritos: ‘¡out, out, out…! y yo no le entendía nada’pero me imaginaba lo que quería”, contó en forma figurada en el lenguaje futbolero, luego del partido Rafael.

El testimonio de Albrecht remite a una nota del recordado periodista Julio César Pasquato. En «El Gráfico» desde Inglaterra «Juvenal» –que era su apodo periodístico- escribió: “Creo que Albrecht quiso conocer a un alemán por dentro».

Los técnicos en el recuerdo

“¿Cuáles son los mejores técnicos que tuve? Cuando se nombra a uno, automáticamente se deja de lado a los otros. Pero mencionaré a Alejandro Scopelli, cuando estuve jugando en Estudiantes de La Plata, y simbolizo en él a todos los que fueron verdaderos maestros para mí. También a don Roberto Santillán, que guió mis primeros pasos en Tucumán, y al ´Toto´ Juan Carlos Lorenzo en la Selección”, dice él.

La Fama de Duro

Su fama de tipo duro Albrecht la tiene bien ganada. Lo atropelló un auto en el año 1971 en México. Estuvo varias horas inconsciente y 45 días de rehabilitación. Y un tren en 1989 en la estación Caballitos de Buenos Aires -cerca de la calle Donato Álvarez- mientras se encontraba en el andén. Albrecht jura que no hubo intento de suicidio.[1] Y sobrevivió a ambos accidentes. Imagínense la roca que era en una cancha de fútbol. «Yo siempre respete al rival. No digo que no pegara, pero tenía una virtud, pegaba fuerte, pero de frente» expresa. El árbitro Luis Pestarino contó que cada vez que lo dirigía el tucumano le decía antes de empezar el partido: «una patadita, déjeme una antes de los cinco minutos».

«Poné que soy el único que choqué con un tren y zafé». La fuerza mía es la mente. Mis deseos de vivir”, subraya. Nadie puede ponerlo en duda.

Sus Distinciones

 “Rafael Albrecht, aquel de la larga fama”, como titularon alguna vez en un medio, recibió muchas distinciones de los clubes donde jugó. Atlético Tucumán lo puso en una lista de honor. Los hinchas de “los Gauchos de Boedo” lo ovacionan apenas escuchan su nombre. En México lo tratan como un embajador del club. Pero él modera los halagos que siente por los reconocimientos con su gran Humildad. El 20 Diciembre del 2001 el Superior Gobierno de la Provincia de Tucumán lo distinguió como “Tucumano Destacado” junto a la gran Mercedes Sosa, Tomas Eloy Martínez, Palito Ortega, el cantautor Paz Martínez (también nacido en Villa Nueve de Julio), el básquetbolista Carlos Romano, Leda Valladares, los Tucu – Tucu y Florencia Romano (pionera del arbitraje en la AFA) entre otros. La mayor ovación del salón se la llevó Rafael.

Albrecht está en el podio de la historia y de la Idolatría

Por: José Luis Ponsico (*)

Para los exagerados fanáticos de José Rafael Albrecht, el «tucumano», está en el podio de la historia con los ilustres comprovincianos políticos como Juan Bautista Alberdi y Julio Argentino Roca. O el “Rey de la música” Ramón Palito Ortega y la mujer del «Olimpo» que es Mercedes Sosa. Todos grandes protagonistas de la historia de la Argentina. El “Rafa” en el fútbol contemporáneo ganó un lugar de privilegio. El deporte se siente honrado. Es reconocido como uno de los «6» de la era profesional. Junto con Daniel Alberto Passarella y Federico Sacchi, entre otros notables. Los tucumanos lo idolatran.

(*) Uno de los periodistas que más sabe de la historia del fútbol argentino.


[1] Albrecht recibió un impacto demoledor. Llegó en coma 4 al Hospital Pirovano. En la guardia consideraron «imposible» salvarlo. Un médico joven, apellido Rivera, riojano de origen y célebre neurocirujano lo operó y le salvó la vida. Tiempo después el tucumano volvía al hospital vestido elegantemente y hubo una virtual movilización entre médicos y enfermeras «Es un milagro, es un milagro» repetían todos. Albrecht se reía y hablaba con todos ellos. (contado por el periodista Ponsico).

Fuente: Libro “100 Ídolos Tucumanos” de Víctor F. Lupo3 Mayo 2021