Mundial de Natación: La crítica de Grabich: «Se hace lo que se puede con lo que se tiene»

Ago 12, 2015 | Política deportiva

La selección viajó sin masajista y Grabich cuenta que nuestros nadadores tuvieron que pedir ayuda al equipo de Brasil

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Grabich exhibe la medalla, con la campera de los Panamericanos. 

«La pileta de Casilda es buena, pero este año se me hizo imposible por la temperatura del agua. La subieron tanto que hasta las señoras que van a hacer aquagym no aguantaban el calor. Mucho no le interesaba al club que yo entrenara ahí o que tuviera una buena condición, así que opté por ir a uno diferente, en Rosario, con una pileta de mejor nivel. Eso me ayudó muchísimo».

Para recibir la medalla me tuve que poner la campera que usé en los Juegos Panamericanos porque no tenemos ropa oficial de la selección

Cuando un deportista argentino consigue una hazaña como la que logró Grabich, es común que surjan anécdotas como ésta. Peleando contra los rivales, pero también con los contratiempos internos, muchas veces por falta de infraestructura o previsión. «Lo de la gente no jode, ¿eh? -aclara respecto de las señoras del aquagym -. Tengo un carril solo y a los costados está lleno de gente. Con la subcomisión se compraron los andariveles que rompen las olas. Me siento cómodo, pero era imposible por la temperatura del agua. Vengo a correr a un Mundial y el agua está a 27 grados. Lo ideal, en invierno, es que esté a 28 o 29, pero en Casilda llega a 33 o 34. Es como entrenar adentro de una pava».

-Con las mejoras que hubo en los últimos tiempos, ¿sentís que estás en igualdad de condiciones con tus rivales?

-No. Estoy muy lejos. Por lo menos te lo comparo con los otros siete de la final. No creo que necesite la mejor pileta del mundo para entrenar. Pero por lo menos una pileta que sea parecida a la de un Mundial, que en la Argentina no existe. El Enard mejoró mucho en cuanto al apoyo, los viajes, pero creo que queda mucho por hacer. Venir hoy a un Mundial sin tener equipos, sin masajista, algo que hasta los países no de tanto nivel tienen… Es un poco frustrante, porque uno nunca termina de saber hasta dónde podría haber llegado. Si arranco en el primer día con una contractura en el cuello y no tengo nadie que me la saque, cómo sé si no podría haber metido alguna marca de 47s… o lo que fuera. Pero uno se acomoda a lo que tiene. Sabemos que es así, que ojalá pueda cambiar, pero ahora nos toca esto. Uno trata de hacer lo mejor siempre, aunque a veces las condiciones sean adversas.

-¿Después de esto pueden cambiar algunas cosas?

-Es triste, pero el apoyo viene después de un resultado. No me quejo. El Enard ha mejorado muchísimo y sigue mejorando. Pero hay cosas básicas… como llevar un masajista. Es como ir a correr en atletismo sin zapatillas. Por primera vez en un Mundial corrimos con un gorro que tiene nuestra bandera y apellido, pero por un sponsor externo a la selección. Ni siquiera tenemos ropa oficial como equipo. ¡Somos seis los que vinimos, no 200! Son equipos que cuidaríamos como para que nos duren toda la vida. Como estos gorritos que nos dieron, son los únicos que vamos a tener, no hay que volver a comprar. A veces se gasta plata en tantas boludeces… Es una locura.

El que me hace masajes es el que está interesado en que le vaya bien a mi rival. Es la triste realidad

-¿Cómo te arreglaste sin masajista?

-Pido ayuda a los brasileños o a algún compañero. Pero lo busco después del dolor. No lo uso como prevención, sino ya como una búsqueda de solución a un problema. Tenemos que llegar a ese punto para que alguien nos ayude. Se hace lo que se puede con lo que se tiene. Nos acostumbramos. El que me hace masajes es el que está interesado en que le vaya bien a mi rival. Es la triste realidad. Confío en que esto mejore.

-¿El problema lo tendría que solucionar la Cadda?

-No creo que la Cadda haga mucho por llevar un masajista a un Mundial. Para el Enard el objetivo eran los Panamericanos, como si no hubiera vida después. Para nosotros esto es importante. Le dimos prioridad a Toronto, pero esto no es menos. Acá muchos chicos se juegan la marca A para Río.

Flaquezas del deporte detrás del gran logro de Grabich

PorGastón Saiz

Las quejas del nadador dejaron expuestas varias falencias a nivel dirigencial, el Enard argumentó que aprobó todo lo que le pidió la Confederación de Natación para el Mundial

 

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Los beneficios que obtuvo el deporte argentino tras la creación del Enard fueron tan grandes que transcurrieron seis años sin escucharse muchas quejas entre los atletas argentinos. Las mejoras en las becas, los viajes para cumplir giras internacionales en distintos deportes y el apoyo sostenido para los clasificados con miras a las grandes competencias, generaron un crecimiento exponencial. Pero necesitó llegar Federico Grabich a un podio en una prueba clásica del Mundial de natación, en Kazán, Rusia, para refrescar que la mirada debe ser mucho más amplia.

El casildense, tercero anteayer en los 100 metros libre, contó que tuvo una contractura en el cuello que debió aguantar sin masajista porque la Confederación de Deportes Acuáticos (Cadda) no incorporó a una persona para esa función en el seleccionado. Pero no lo usó como excusa: fue a ganar y se trajo una medalla de bronce. Aunque además recordó los problemas por falta de piscinas adecuadas en el interior del país y la imposibilidad de contar con ropa oficial como el resto de los equipos. Este último, tal vez un detalle menor, pero que hace a la prolijidad y a la dedicación de una dirigencia que por enfocarse en un lugar -los Panamericanos de Toronto-, perdió de vista el otro -el Mundial de Kazán-, según la mirada de Grabich.

Daniel Jacubovich, director general del Enard, respondió ante las críticas de la gran esperanza de la natación argentina con miras a Río 2016: «Es comprensible el reclamo de Grabich; es tan lógico que hace un año le propusimos no sólo a la Cadda, sino también a las federaciones de deportes de combate, que incluyan en sus pedidos a un médico, un kinesiólogo y un masajista. Lo concreto es que la Confederación no nos pidió nada en esta oportunidad. Es más, la solicitud para Kazán fue aprobada sin objeciones; consta en el expediente 3388 que se aceptaron los seis deportistas y los dos entrenadores solicitados. El Enard no puede hacerse responsable de las necesidades no requeridas».

El dirigente también contestó a otro concepto vertido por Grabich en la entrevista de ayer con LA NACION, aquel que decía: «Para el Enard, el objetivo eran los Panamericanos, como si no hubiera vida después. Para nosotros [el Mundial] es importante». Jacubovich apunta: «Si ésa hubiese sido la postura, el Enard no habría solventado la delegación para Kazán ni la participación en Sudamericanos. Los Panamericanos son un hito dentro del ciclo olímpico, pero nunca despreciaríamos un Mundial, al contrario, porque incluso es más comparable con los Juegos Olímpicos por su exigencia». En cuanto a las quejas de Grabich, no hubo forma de obtener una respuesta oficial de la Cadda.

 

EL AMATEURISMO NOCIVO

Es claro que el dinero no sobra. Hay más y se trabaja mucho mejor con el Enard. Pero eso no resuelve los problemas de infraestructura y la falta de capacitación de muchos de los dirigentes a cargo de las federaciones. En todo hay que hacer salvedades, porque algunas asociaciones deportivas tienen buenos dirigentes, de esos que se desviven por darle lo mejor a la disciplina que aman y lo hacen ad honorem. Puro esfuerzo amateur. Pero muchos otros aprovechan el dinero fresco para planificar ciclos de preparación de torneos favoreciendo a deportistas que pueden no ser los mejores, pero con los que tienen alguna afinidad. El abanico del deporte es tan amplio que, aunque lo intente, el Enard no llega a controlar todo. Los viejos vicios se siguen filtrando y es difícil erradicarlos.

Detrás de Grabich aparecieron los remeros para denunciar en las redes sociales que la Pista Nacional de Tigre es otra vez un despojo. Que cada día hay que arrastrar toneladas de basura para poder remar, en el mejor de los casos, en condiciones muy malas. Brian Rosso, medalla de bronce en single scull en Toronto, exhibió el desastre en una foto y reforzó con un tuit: «¡Así está hoy en día la Pista Nacional de Remo! Eso es una parte de lo que se saca… todos los días». A la par, otro medallista panamericano como Ariel Suárez mostró en dos imágenes lo que sería una pista normal en cualquier parte del mundo y «nuestra pista».

Según el Enard, hubo una propuesta hace un tiempo para mudar el escenario de entrenamiento de Tigre, idea que no fue bien recibida por el ámbito del remo. Y el organismo se defiende argumentando que «no puede hacerse cargo de la limpieza del canal aliviador».

Las quejas de los deportistas, una costumbre en otras épocas, estaban silenciadas por la gratitud entre tanto crecimiento en las últimas temporadas, pero es fundamental que vuelvan a escucharse con respeto y siempre que provengan de atletas profesionales como Grabich, Brian Rosso o Ariel Suárez.

Y también es necesario que la respuesta hacia ellos sea inmediata, como la de Gerardo Werthein, que luego de ver las fotos que los remeros subían en Twitter contestó en su cuenta @gerardowerthein: «Perfecto. Estoy llegando el domingo a Buenos Aires y me ocupo para ver cómo podemos ayudar».

Cuidado: hubo también deportistas que alzaron la voz porque en vez de dos botellas de agua le daban una en el comedor del Cenard. El verdadero crecimiento llega con reclamos serios y bien direccionados, sin dobles intenciones ni poniendo excusas por falta de resultados. Esa es una responsabilidad de todos.

Federico Grabich: «El año que viene puedo nadar abajo de los 48 segundos»

El santafecino ganó la medalla de bronce en los 100m libre en el Mundial de Kazan y se entusiasma con el progreso que puede mostrar de cara a los Juegos de Río 2016

Por Juan Manuel Trenado y Germán Leza

 

El festejo medido después de convertirse en el primer argentino de la historia que se sube a un podio en un Mundial. 

Después de un gran logro, las primeras horas son de excitación y de felicidad, de apuro y protocolo. Saludos, felicitaciones, ceremonia de premiación, control antidoping, etcétera. Luego, el regreso al alojamiento oficial y allí sí, el primer acto elegido por Federico Grabich fuera de la actividad programada. Es un llamado vía Skype, Kazan-Casilda, para hablar con su mamá, Liliana, y su papá, Sergio.

Con ellos todo es natural, no hay consideraciones extras. Allí habla sólo Fede, y no el primer argentino que se sube a un podio en una competencia de piscina en unMundial; el hombre que a los 25 años acaba de establecer un hito en la historia de la natación al ganar la medalla de bronce en los 100m libre, una de las pruebas más importantes del Mundial en Rusia.

«Lo primero que necesito ahora es volver para estar con mi familia, unos mates con mis amigos, salir a tomar a algo. Lo necesito. Realmente tiene que ser una semana de descanso. Un tiempo para descomprimir la cabeza. Algo que no sea agua», dice en una charla telefónica después del contacto familiar.

Grabich ya había conseguido un logro inesperado con sus dos medallas en los Panamericanos (oro en los 100m y plata en los 50m). Ahora, superó todas las expectativas.

-¿Esperabas algo así?

-Es una alegría muy grande y me motiva mucho en el último año previo a Río. El Panamericano fue muy parecido a los Juegos Olímpicos, había mucho nivel. Quería tirar mis mejores marcas en Toronto porque sabía que en el Mundial iba a ser más difícil correr más de una vez, entrar a semis o a la final. En el Panamericano había más chances de que me clasificara a la mayoría de las finales. La marca A ya me había salido mucho antes y fue mucho más relajado en busca de una medalla. Obviamente, venir a un Mundial dos semanas después de ganar un Panamericano es algo fantástico. Me agarró justo en mi mejor momento y ahí estuvo la clave.

-Te subiste al podio en competencias próximas y con un viaje entre las dos. Es algo que complica mucho a los nadadores. ¿Qué fue diferente esta vez?

-Tuvimos un viaje de Toronto a Europa que duró un día y medio. Pero hubo tiempo para recuperarnos. Fue muy acertado irnos directo a Europa, así no teníamos que meter un viaje a la Argentina. El desgaste estuvo más en lo mental. Encarar dos torneos de esta magnitud no es una cosa fácil. A mí nunca me ha salido bien encarar muchos torneos buenos seguidos. Toda la emoción que traía del Panamericano me ayudó a tener esta confianza acá.

-¿Qué cambió para que des un salto de calidad tan grande?

-Este último año y medio me entrené diferente y fuerte. Concentrado en lo que quería lograr. No lo atribuyo ni a la suerte ni a la casualidad. Me vengo preparando hace bastante.

-¿Qué cosas cambiaste?

-Entrenar a más nivel. Yo hacía más cantidad de metros y muchos al pedo. Ahora me entrené menos metros, pero con una calidad muy parecida a la prueba. Ahí estuvo la clave. Todos los días hacer algo que me acerque al nivel de Río o, en este caso, a los Panamericanos o el Mundial.

-¿Tenés margen para mejorar tus marcas?

-Siento que puedo mejorarlas bastantes. Que para el año que viene puedo nadar abajo de los 48 segundos. Ese es el objetivo, porque estoy ahí, a unas centésimas.

-Parecen cosas imperceptibles. ¿Qué te falta para hacerlo?

-Más laburo de gimnasio. Todavía estoy casi virgen en eso. Mi subacuática es pésima a nivel del que tuve hoy (por ayer), me sacan mucha ventaja. Mejorando esos pequeños detalles… No digo siendo el mejor en el subacuático, pero estando en un nivel relativamente mundial, creo que ahí puede estar mi ventaja. Al nado puro ya no le puedo exprimir más.

-¿Te gusta ese trabajo de estudio de tus videos o lo hacés como una obligación aburrida?

-No, no. Los miro mucho, incluso con un biomecánico argentino, que es preparador físico y también entrenador de natación, que se llama Germán Calvelo. Sacamos todos los cálculos: la velocidad, la mayor eficiencia. Me encanta realmente ver la parte donde fallé. No me sirve de nada ver lo que hice bien. Me sirve más lo que tengo que mejorar.

-¿Sos obsesivo?

-No. Justamente lo contrario. Si bien me cuido y me entreno muy bien, me encanta hacer otras cosas. Pienso en natación cuando estoy adentro de la pileta. Cuando salgo, tengo una vida completamente normal. Creo que esa también es una de las claves que me ha ayudado a seguir en este deporte. Me gusta mucho pescar, pasar tiempo con amigos, con mi familia. Un poco de todo.

-¿Cómo manejarás esta presión que se va a generar?

-Mantengo lo que decía antes de Toronto: mi objetivo es entrar en una final olímpica. Nadie la tiene asegurada antes de un Juego Olímpico por más que seas el N°1 del ranking. La meta es entrar en una final de los 100 libre y acercarme en los 200. Todos van por la de oro y yo sé que es una carrera difícil, pero voy entrenarme para que sea lo mejor para mí.

-¿Sos un caso aislado o hay un crecimiento general en el país?

-Sacándome a mí y a Santi (Grassi), que logramos las medallas en Toronto, el 90% del equipo ha mejorado su marca. Y si no la mejoraron, seguramente la van a mejorar. Falta mucho para decir «vamos a los Juegos a pelear por algo», pero con lo que se logró se puede ayudar al deporte en general y a la natación. Que los que me ven entrenar a mí, que son mis compañeros de selección, no piensen que es algo de otro mundo subirse a un podio mundial. Algún día puede tocarles a ellos.

48s12

fue el tiempo con el que Grabich terminó tercero en la final de los 100 m libre ayer, en Kazan. Quedó a sólo una centésima del récord argentino, que consiguió en el primer relevo de la posta 4×100 en los Juegos Panamericanos de Toronto.

0.67

fue el tiempo de reacción de Grabich en la final: «Siempre estoy entre 0.66 y 0.69», dice. Sobre su supuesta mala partida en Toronto (la planilla de la final indicó que fue 0.81), comentó: «Revisamos el video, no hay diferencias. Es un error de la placa en Toronto».

El vínculo con la familia Sampaoli

En Casilda, los Grabich son vecinos de Jorge Sampaoli, DT de la selección chilena. «La madre de él vive en frente de lo de mi abuela y son íntimas amigas desde hace 30 años. Jorge fue técnico del club donde yo entrenaba. Si mi abuela, iba a jugar a las cartas, me llevaba y yo jugaba a la Nintendo con los hijos de Jorge».

Más tarde respecto de los grandes

La plenitud de Grabich en el alto rendimiento se produce a los 25 años, en un contexto desfavorable respecto de los más grandes nadadores en sus respectivos países. La falta de infraestructura en la Argentina y un desarrollo de la actividad con un presupuesto histórico claramente inferior, provocaron el casildense explotara con más edad en comparación con los gigantes. El norteamericano Mark Spitz brilló a los 22 años, con siete medallas doradas en las siete pruebas de los Juegos de Munich ?72. Con apenas 19 años, su compatriota Michael Phelps ya descollaba con seis oros y dos bronces en Atenas 2004. Y el australiano Ian Thorpe sobresalió a los 17 en Sydney 2000 (3 oros y 2 platas).

 

 

 

 

 

 

 

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