Un grupo conformado por doce clubes poderosos de España, Italia e Inglaterra decidió promover una nueva liga por fuera de UEFA. Esto generó un terremoto en el fútbol. Te contamos quien es quien en el asunto y la razón nodal de toda la movida.

Por Nicolás Podroznik *

Hace casi cinco años, en un hecho inédito, el modesto Leicester se consagró campeón de la Premier League inglesa. El equipo había regresado a la máxima divisional la temporada anterior y contó con un presupuesto muy bajo comparado con otros clubes de la categoría. Como pudo, armó un equipo con descartes y jugadores libres. De la mano del italiano Claudio Ranieri – entrenador conocido por estar ajeno al espectáculo que se pretende en estos tiempos – Leicester le sacó diez puntos de ventaja al Arsenal. Un verdadero batacazo qué, sin quererlo, dio inicio a una operación sin precedentes.

El Big Six es el grupo conformado por los clubes más poderosos de Inglaterra. Allí están los dos equipos de Manchester (City y United), Chelsea, Tottenham, Arsenal y Liverpool. Todos estos clubes tienen dueños multimillonarios. Para las cámaras y dentro de la cancha, compiten. Pero en verdad se protegen entre ellos. Tras la consagración del Leicester, la voz del Big Six fue unánime: “Esto no puede volver a suceder“.

Esa sentencia fue la piedra basal de esta nueva e infame Superliga europea.

Con la aparición de la pandemia a comienzos del año anterior, estalló el problema de los derechos de TV. Ante la suspensión de las ligas, gran parte del dinero a repartir se vio disminuido. Esto determinó qué, de cara al comienzo de la temporada 2020/21, los clubes más poderosos no contarán con el capital necesario para contratar figuras – o en el peor de los casos – reforzar su plantel. Esto permitió mayor paridad con el resto de los equipos. Los números hablan por sí solos: por primera vez en mucho tiempo se ve una paridad en ligas donde hace años no existía.

En la Liga Española, a falta de siete fechas para el final del campeonato, sólo seis puntos separan al puntero Atlético Madrid del cuarto clasificado. No ocurría algo así hace veinte años. En la Serie A italiana, tras nueve títulos consecutivos de Juventus, el equipo turinés se encuentra en la cuarta posición y prácticamente sin chances de lograr el campeonato. En la Ligue 1 francesa sucede algo similar a España, con el Lille puntero sobre PSG (Tricampeón de Liga) y el Mónaco y Lyon acechando a cuatro y cinco puntos.  En Inglaterra, aún con el City puntero y el United escolta, nos encontramos con Liverpool y Chelsea fuera de la zona de clasificación a Champions League, mientras que Tottenham y Arsenal ni siquiera clasificarían a Europa League. En Alemania como siempre manda el Bayern Munich, pero en la Bundesliga es otro el cantar. Luego explicaremos porqué.

Ante ese panorama, en donde los clubes más poderosos de Europa vieron como mermaba su prepotencia económica, a fines de 2020 surgió un rumor que se fue agrandando con el paso de las semanas: la conformación de una Superliga Europea. En la misma competirán trece equipos fijos (el Big Six inglés, PSG, Real Madrid, Atl. Madrid, Barcelona, Juventus, Milán e Inter) más otros tres equipos invitados a gusto y parecer de los organizadores. La lógica de esta amenaza podría parecer meramente dirigida a la cuestión financiera. No obstante, el principal motivo de esta movida es la disputa por quién tiene el mango por la sartén en el fútbol europeo. Y el apuntado por este grupo de equipos es uno sólo: Aleksander Ceferín, presidente de la UEFA.

Tras el escándalo por corrupción que terminó con la separación de Michel Platini del cargo, Ceferín fue elegido en 2016. Abogado de profesión, fue presidente de la Federación Eslovena de Fútbol, dato que puede pasar desapercibido para muchos, pero no para Gianni Infantino, presidente FIFA. La razón no fue un capricho: Eslovenia tiene uno de los mejores porcentajes de PBI per cápita destinado al deporte. Desde 2007 han llevado adelante una fuerte política de apoyo al crecimiento deportivo, a punto tal que no sólo tiene figuras de renombre en varios deportes (Jan Oblak en fútbol, Luka Doncic en basket, Primoz Roglic y Tadej Pogacar en ciclismo, Tina Maze en esquí alpino, por dar algunos ejemplos) sino que además el gobierno estableció al 23 de Septiembre como Día Nacional del Deporte. La fecha no es antojadiza: fue el día que Eslovenia obtuvo su primera medalla de oro olímpica como país independiente, en los JJ.OO. de Sydney 2000. El deporte es sinónimo de integración y de identificación nacional.

Viniendo de un país con una cultura deportiva dominante (se estima que casi el 70% de los eslovenos practica algún deporte o realiza actividad física), Ceferín intentó trasladar esa idea a la UEFA, integrando a las selecciones de fútbol más débiles a la alta competencia. El primer paso fue la creación de la Nations League, una nueva competencia que permitió que selecciones de segundo o tercer nivel puedan disputar la Eurocopa. Fue así que Macedonia del Norte y Finlandia lograron por primera vez la clasificación a dicha competencia.

Pero el tema de fondo es el reparto del dinero. Ceferín determinó que dentro del coeficiente para calcular el dinero debía incluirse el de promoción de juveniles a los equipos profesionales, algo que no suele suceder en los clubes que poseen una billetera importante y que apuestan a la compra de figuras por cifras cuantiosas. El encono hacia Ceferín por parte de los poderosos comenzaba a hacerse más y más fuerte.

La gota que rebalsó el vaso fue el anuncio por parte de UEFA de la modificación del formato de Champions League. Sosteniendo la misma lógica con la cual se creó la Nations League (es decir, que los equipos de segunda o tercera línea participen de la gran fiesta del fútbol), se extendió la cantidad de participantes de 32 a 36. Así también la cantidad de partidos y rivales a enfrentar. Los clubes poderosos pidieron más dinero por la televisación de partidos, pero esa no es la verdadera razón: precisan del capital para adquirir jugadores y sostener así una competencia más larga y difícil. Por supuesto, desde la UEFA se negaron rotundamente. La respuesta no tardó en llegar.

En las primeras horas del lunes pasado, el mencionado grupo de equipos poderosos de Inglaterra, España, Italia y Francia anunciaron con bombos y platillos la creación de la Superliga Europea, desconociendo la actual Champions League y aseverando tener ya el capital necesario para financiar la organización de la misma a través de la JP Morgan. Un verdadero fútbol para unos pocos, en donde los mejores futbolistas del mundo se enfrentarían entre sí y sólo podrían ser disfrutados por los hinchas de esos únicos clubes. Un disparate monumental que habla de la avaricia que manejan quienes son dueños de estos equipos y de, por supuesto, quien sería el presidente de la Superliga Europea: Florentino Pérez, uno de los dirigentes deportivos con mayor impunidad y protección política del mundo.

Esta situación tuvo inmediata resonancia. La primera declaración pública la hizo Gary Neville, ex jugador y emblema del Manchester United: “estoy asqueado de esto. El United se creó hace más de 100 años gracias a trabajadores de la zona y quieren llevar al equipo a jugar un torneo sin competencia alguna. Son impostores llenos de avaricia y poco tienen que ver con la historia de nuestro fútbol y de nuestros hinchas. ¿Van a permitir que el Leicester no pueda jugar la Champions League por derecho propio? ¿Van a permitir que sí la jueguen el Tottenham o el Arsenal, que no están clasificando? Es un acto criminal”.

Por la tarde, comenzaron a pronunciarse las diferentes federaciones y clubes de Europa. Casi en su totalidad condenaron la creación de la Superliga Europea, algo que era de esperarse. Lo que sí sorprendió fue la actitud de dos de los clubes poderosos de Europa, el PSG y el Bayern Munich. El equipo parisino, impulsor de esta nueva competencia, abruptamente cambió su parecer y se despegó del grupo disidente. La información que circula es que el presidente de Francia, Emmanuel Macron, mostró su desacuerdo con la idea. Al enterarse de esto, los jeques qataríes dueños del PSG -de fuertes vínculos políticos y económicos con el actual gobierno francés- decidieron retractarse y no acoplarse a la Superliga. Por el lado de los alemanes, la historia es otra: la Bundesliga es el torneo con el reparto más equitativo de dinero entre los equipos de Primera y Segunda División. De hecho, ante la pandemia, los cuatro clubes más poderosos de Alemania (Bayern Munich, Dortmund, RB Liepzig y Leverkusen), crearon un fondo de ayuda de más de 80 millones de euros para ayudar al resto de los equipos. “Sin ellos no habría Bundesliga, no habría competencia”, informaron en su momento desde la organización. Era de esperarse que, ante este panorama, ningún equipo alemán demostró interés de sumarse al grupo disidente.

Se fueron sumando más y más voces. Todas ellas contrarias a la Superliga Europea. Desde Boris Johnson, primer ministro británico, hasta Bruno Fernandes y Joao Cancelo, jugadores del United y del City respectivamente. Pero la declaración más esperada era de quién se había mantenido en silencio hasta entonces: la de Aleksander Ceferín.

“La clasificación a las competiciones europeas se define por méritos en una competencia de todos contra todos. Todo aquel futbolista que dispute la Superliga Europea no podrá disputar partidos con sus selecciones nacionales, incluyendo la Eurocopa y el Mundial. La UEFA no sólo se mueve por dinero y ha desarrollado el fútbol. La Superliga es un negocio al que sólo le interesa llenarse los bolsillos. El fútbol tiene otros valores y no vamos a permitir esto”, declaró el presidente de UEFA.

La pandemia rompió la economía de éstas grandes empresas deportivas. FC Barcelona tiene obligaciones de deuda por 1.200.000.000 euros. La exigencia de un campeonato en el cual todo el dinero se lo queden los clubes más poderosos desnuda la burbuja del capital financiero especulativo en el fútbol.

Cuesta creer que se podría alcanzar mayor nivel de avaricia y poder. Hemos visto el accionar de FIFA de la mano de Havelange y Blatter. Pareciera ser que Infantino ya no es un enemigo y quiere realmente un negocio global, pero para todos. De todos modos, en esta guerra de poder, desde este lado del mundo nos preguntamos: ¿Podría ocurrir esto en Sudamérica y que se organice un torneo con los equipos más poderosos al margen de la Copa Libertadores? ¿Podría incluso un equipo argentino participar y competir en una Superliga con equipos europeos? En principio da la sensación que no, que en estas tierras aún la pasión y el arraigo en la cultura popular hace fuerzas para que no gane la avaricia y la sed de dinero. Porque si hay algo lindo que tiene nuestro fútbol, es que cualquiera le puede ganar a cualquiera.

Y eso es lo que no quieren. Ellos quieren ganar y perder entre sí, pero más quieren que pierdan los que no son como ellos.

(*) Periodista. Miembro del staff de Abrí la Cancha (Lunes a viernes, de 20 a 21hs y Domingos, de 23 a 00hs)

Fuente: Radio Gráfica

20 abril de 2021