La cuerda embarrada

Oct 20, 2015 | Opinión

 

 

20102015Nota de Ezequiel

Se sabe. Una vez que se empieza a tirar de la cuerda, y la cuerda siempre anduvo por el barro, podrá explicarse acaso cuándo comenzó todo. Pero no podrá explicarse cuándo ni cómo terminará. Es lo que sucede hoy con la FIFA. El malo era Joseph Blatter. Pero el bueno, Michel Platini, también hoy es malo. El malo era el Mundial de Qatar 2022. Pero ahora también es malo el Mundial de Alemania 2006. La cuerda lleva décadas embarrada. Pero Blatter pasó los límites en 2010, cuando la FIFA asignó dos Mundiales seguidos (Rusia 2018 y Qatar 2022). Fue una polémica doble votación que, para complicar el cuadro, humilló las pretensiones de dos potencias como Inglaterra y Estados Unidos, que también aspiraban a esos Mundiales. Fue demasiado.
La última bomba fue lanzada desde Alemania. Der Spiegel es una de las mejores revistas del periodismo mundial. Todavía recuerdo su portada en plena Copa de México 86. Mostraba a una selección alemana metida dentro de una caja de botines Adidas. “El deporte comprado”, decía el título. El informe se metía contra una de las marcas intocables del prestigio alemán, como lo era Adidas hasta antes de ser vendida a capitales extranjeros. La historia de Adidas, en realidad, estaba llena de manchas. De incidentes de espionaje y marketing desleal para reinar en el deporte. Hay que leer el reciente libro FIFA-Mafia, del periodista alemán Thomas Kistner. Informarse por qué la agencia de marketing ISL, creada por Horst Dassler, terminó siendo una agencia de sobornos. Pero la Adidas de Dassler, aún así, era intocable cuando Der Spiegel se animó a publicar esa tapa.
Der Spiegel publicó el viernes pasado que Alemania ganó la sede del Mundial 2006 gracias a una supuesta “caja negra” del Comité Organizador que lideraba Franz Beckenbauer y que permitió comprar el voto de cuatro representantes asiáticos del Comité Ejecutivo de la FIFA. Fueron claves para terminar ganándole la puja 12-11 a Sudáfrica, que era la favorita porque Blatter quería regalarle el Mundial a Nelson Mandela y a los votos que le daba Africa. El artículo, y este es el dato nuevo, habla de cómo se le devolvieron 10,3 millones de francos suizos (unos 6,7 millones de euros) a uno de los aportantes a la caja negra, Robert Louis Dreyfuss, que entonces era jefe de Adidas. Apenas publicado el informe, el actual presidente de la Federación Alemana de Fútbol (DFB), Wolfgang Niersbach, tuvo que admitir que ya en 2005 la entidad tuvo “indicios” de “impurezas” sobre el destino de un dinero que le giró a la FIFA (el dinero que había que devolverle a Dreyfuss). Pero era Alemania, con todo su poder, y la denuncia se agotó rápido. No indignó a los patrocinadores ni a la gran prensa mundial.
Un repaso de Alemania 2006 nos permite ver que ya en 2003 el propio Beckenbauer tuvo que desmentir rumores de corrupción. Una buena prensa alemana señaló especialmente a Slim Chiboub (Túnez), Worawi Makudi (Tailandia), Joseph Mifsud (Malta) y al inefable Jack Warner (Trinidad y Tobago), aunque otros indicaban como cuarto hombre de la historia al qatarí Mohamed Bin Hammam o a surcoreano Cheng Song Joon. Se hicieron giras de Bayern Munich a cambio de votos, gestiones con la empresa suiza CWL del exjugador alemán Gunter Netzer, cesión sin cargo de derechos de TV y giros de dinero a los interesados. Buena parte de esta historia me la había contado en 2007 en Alemania el propio Kistner. Y él mismo la escribió en su libro de 2015 FIFA-Mafia. Kistner habló de los millones que planeaba ganar el magnate de TV Leo Kirch, luego quebrado. De la “tarea sucia” encomendada a Fedor Radmann, ex director de Publicidad de Adidas. Y contó que todavía faltaba un voto, el detalle de una última maniobra que puede parecer ridícula, pero que intentaremos contar seriamente.
En la medianoche del 5 de junio de 2000, en el Dolder Grand Hotel, de Zurich, a sólo horas de la votación de la sede del Mundial 2006, apareció un sobre con un fax debajo de la puerta de la habitación de siete miembros del Comité Ejecutivo de la FIFA. El neozelandés Charles Dempsey, de 86 años, presidente de la Confederación de Oceanía, se asustó. Ya había recibido llamadas telefónicas de Mandela pidiéndole que votara por Sudáfrica y del canciller Gerhard Schroeder por Alemania. Horas después, Dempsey fue a la votación. En la primera ronda, Alemania recibió 10 votos, Sudáfrica 6, Inglaterra 5 y Marruecos 2 (quedó eliminada). En la segunda hubo empate en 11 entre Alemania (apoyada por Europa y Asia) y Sudáfrica (Conmebol, Concacaf y Africa). Inglaterra, con 2 votos (Dempsey y el escocés David Will), fue eliminada. En la tercera ronda, se sabía, Will votaría por Alemania y Dempsey tenía órdenes de la primer ministro de Nueva Zelanda, Helen Clark, de votar por Sudáfrica. Pero desapareció de la sala. Así como lo leen. Dempsey desapareció de la sala en plena votación. La prensa lo encontró en Singapur, primera escala de su huida a Nueva Zelanda. Afirmó que sufrió “una presión intolerable”. La propia FIFA añadió que hubo “amenazas de muerte”. Lo cierto es que, sin Dempsey, Alemania ganó 12-11. Channel 4, de Inglaterra, denunció que el sobre de la medianoche era un soborno alemán. El problema sucedió horas más tarde, cuando se conoció el detalle del soborno: salchichas, jamón y “un hermoso reloj cucú”. La “amenaza” estaba firmada por Martin Sonneborn, director de Titanic. Una revista satírica. Una Barcelona alemana.
No hay nada peor que el periodismo cuando pretende dramatizar situaciones que la gente misma advierte que son ridículas. Channell 4 preguntó a Sonneborn si su carta podía interpretarse como un intento de soborno: “seguro, si tienes hambre”, se burló Sonneborn, que fue demandado por la FIFA. “Una traición para Franz Beckenbauer”, afirmó en tapa el diario Bild, el más popular de Alemania. Cientos de sus lectores llamaron indignados a la redacción de Titanic para insultar a Sonneborn, hoy un eurodiputado que hasta escribió un libro con su “broma”, llamado “Lo hice por mi país”. La broma, en rigor, sirvió para tapar el soborno en serio. Y la FIFA no actuó porque el propio Blatter, que había dicho públicamente que votaría por Sudáfrica, no quería irritar a Alemania. La huida de Dempsey evitó el empate en 12 que lo hubiese obligado a votar a él para desempatar. La FIFA terminó jubilando a Dempsey con una mención de honor y Blatter compensó a Sudáfrica dándole el siguiente Mundial de 2010. Andrew Jennings, otro gran investigador del Mundo FIFA, afirma hoy que Dempsey se llevó además 250.000 dólares.
Los elementos están entonces desde hace tiempo sobre la mesa. Pero el FBI se interesó por Latinoamérica. Y la justicia suiza por las Copas de Sudáfrica 2010 y Brasil 2014. Acaso en algún lugar se pensó que así podría finalmente echarse a Blatter y controlar a la FIFA. No se imaginaron que Blatter, o quien fuere, vendería cara su derrota. Que si la solución era Platini aparecería un papel complicando a Platini. Que si el problema era Qatar aparecerían pruebas también sobre Alemania. La UEFA midió el jueves pasado a Platini, su presidente, con una vara distinta con la que midió a Blatter. Pero, si ya no puede defender más al francés, aparece ahora como posible candidato alternativo el jeque Salman bin Ebrahim al-Khalifa. Organismos de derechos humanos denunciaron que el jeque ordenó torturas años atrás a deportistas que participaron en manifestaciones de protesta. El jueves pasado también anunció su postulación el príncipe jordano Alí, que comenzó en el fútbol como presidente de la Federación de Jordania. Tenía 23 años. Lo eligieron porque era hijo del Rey. ¿Será esa la nueva democracia FIFA?

Fuente: La Gaceta – Ezequiel Fernández Moores

18 octubre de 2015

http://lgdeportiva.lagaceta.com.ar/nota/657765/deportes/cuerda-embarrada.html

 

 

 

 

 

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