En Milán volvió a maravillar la actuación de Noruega, país con poco más de cinco millones de habitantes.

Una nueva edición de los Juegos Olímpicos de Invierno finalizó en Milán con la participación de 92 países.
Se sabe que en los Juegos de Verano las posibilidades de obtener medallas son muy bajas para más del 50% de los países participantes, que por ejemplo fueron 206 en París 2024, debido a que para llegar a la élite internacional además de las condiciones del deportista se necesitan los recursos económicos. Además, también el conocimiento por las autoridades del alto rendimiento deportivo, y por supuesto, la voluntad política medida en inversiones, de la mano de una sociedad conciente de los valores e importancia de la práctica deportiva.
En tanto en los Juegos de Invierno, a estos requerimientos se le puede sumar que los escenarios aptos para la práctica de muchas de sus especialidades, no se dan en todo el planeta y resultan de muy difícil y costoso mantenimiento, por lo que los países con medallas apenas fueron 28. Es decir, alrededor del 30% de los que participaron.
En Milán volvió a maravillar la actuación de Noruega, país con poco más de cinco millones de habitantes, pero con una enorme tradición en esos deportes, que se impuso a Italia y a Estados Unidos, que fueron sus más cercanos rivales en el medallero.
También fueron destacadas como casi siempre, las actuaciones de Países Bajos, Alemania, Suiza, Japón, Austria y Suecia, entre otros. Todos estos países que además de brillar en el deporte invernal, tienen algunos de los mayores PBI del mundo, y en general ostentan un elevado nivel de vida de sus clases medias.
No es casualidad, no son precisamente deportes baratos, ya que un equipamiento simple de esquíes, chaqueta y pantalones impermeables, casco y fijadores, puede costar bien por arriba de los cinco mil dólares. Y si se personalizan los insumos como hacen las estrellas, a sus medidas corporales, algo que es ya casi indispensable para tener chances en el alto nivel, el precio simplemente para poder empezar a competir puede multiplicarse enormemente.
La presencia de sponsors privados es muy común en estos deportes, pero por supuesto que el apoyo se dirige en general a los talentos ya confirmados. A los costos básicos antes descriptos, se debe unir el de la práctica deportiva para entrenamiento y competencia, que para ciertas pruebas se debe realizar generalmente entre el hemisferio norte y el sur. Eso implica además un elevado costo de traslados.
En definitiva, no son precisamente actividades pensadas para países periféricos o menesterosos, sino deportes practicados en función de las geografías regionales y también por las élites económicas en menos del 50% de los países del mundo.
También los deportes de invierno son sumamente atractivos visualmente para el espectador común, y le sirven al Comité Olímpico Internacional (COI) y a las organizaciones deportivas locales, para tener otra presencia televisada a los países más importantes, para captar a los mecenas de la nieve.
Nuestro país participó con pocas chances en estos deportes que no se han desarrollado todavía, con alguna masividad en sus zonas geográficas de práctica. Quizás como consecuencia de los costos antes descriptos y de la falta de continuidad o interés de las políticas, ya sean nacionales o regionales y federativas para darlos a conocer.
Pero, por supuesto, esta poco virtuosa conjunción ocurrió casi siempre con muchos de los deportes, salvo tal vez con el fútbol y algunos más de disciplinas de equipo.
Sucede que en la vital práctica del deporte, ya sea ausente, silenciada o cooptada la voz de buena parte de los involucrados en ella, se está volviendo de acceso cada vez más difícil para la población, que ojalá no comience a creerla, engañada por medios y personajes, como simplemente una descarga hormonal de jóvenes ociosos.
* Ex Director Nacional de Deportes.