El 11 de septiembre se conmemora el Día del Maestro. Muchos maestros de nuestro deporte han quedado olvidados por el paso del tiempo y la inmediatez mediática: León Najnudel, Osvaldo Suárez, el coreano Sohn o Amilcar Brusa, entre otros. En Abrí la cancha recordamos a Felipe Locícero, descubridor y maestro y Guillermo Vilas, un parteaguas del deporte argentino.

Por Carlos Aira (*)

Guillermo Vilas fue un parteaguas del deporte argentino. Una explosión inmensa que acercó al tenis, un deporte elitista, hacia los barrios. Pero detrás de Willy hubo un maestro. Olvidado, como otros. Felipe Locícero fue vital en la carrera de uno de los deportistas más importantes en la historia argentina. Por eso la importancia de éste testimonio.

Mar del Plata, 1961. Felipe Locícero, junto a su mujer e hija, dejaron Rosario para instalarse en la ciudad balnearia. Peluquero de oficio y formador de tenistas juveniles por vocación, consiguió trabajo entre peines y tijeras en el Club Náutico, tradicional reducto de la alta sociedad marplatense. El presidente del club era el escribano Roque Vilas, padre de Guillermo.

El periodista marplatense José Luis Ponsico conoció de cerca la historia. En diálogo con Abrí la cancha recordó el génesis del fenómeno del tenis argentino: “A fines de los 50s, en Mar del Plata había crecido la propiedad horizontal. Roque Vilas era el escribano del Banco Hipotecario. Todos los créditos y planes de construcción de edificios, si había crédito, debían ser protocolizados por el banco. Vilas pasó a ser una figura importantísima porque todo el mundo debía ir a su escribanía”.

“El establishment local lo honró con la presidencia del Club Náutico. Luego de navegar, los socios le comentaron que necesitaban un peluquero para estar presentables en la confitería. Fue así que Roque Vilas contrató a Felipe Locícero. En ese tiempo, Guillermo Vilas era una criatura de diez años que jugaba todo el día en el frontón del club. Horas y horas. Este detalle no le pasó desapercibido a Locícero quien consultó al presidente del club por el pibe rubio, zurdo que veía pegarle a la pelota una y otra vez. Vilas le dijo que era su hijo. Fue allí que Locícero le comentó que tenía experiencia con juveniles y le gustaría entrenarlo”, subrayó Ponsico.

Guillermo Vilas era una criatura de diez años que jugaba todo el día en el frontón del club. Horas y horas. Este detalle no le pasó desapercibido a Locícero quien consultó al presidente del club por el pibe rubio, zurdo que veía pegarle a la pelota una y otra vez. Vilas le dijo que era su hijo. Fue allí que Locícero le comentó que tenía experiencia con juveniles y le gustaría entrenarlo”

Vilas se sometió a un entrenamiento tan férreo como metódico. Comenzaba a las 9 de la mañana frente al mar, en invierno, con temperaturas bajo cero. “Con ese nivel de disciplina, Locícero construyó al fenómeno del tenis argentino y vale rescatar que Guillermo Vilas lo amaba”, recordó Ponsico.

“Cuando tenía 14 años, Locícero dejó de entrenarlo. Le aconsejó a Roque Vilas que Guillermo diera todas las materias libres y se dedicara al profesionalismo. En 1970, con 18 años, Vilas ya era un fenómeno que todos hablaban. Guillermo está en el Olimpo grande del deporte argentino pero nadie se acuerda de Locícero y es una gran injusticia“.

Con los años, Guillermo Vilas recordó a su maestro: “Mi maestro fue Felipe Locícero. Me trasladó su sabiduría con un libro de Bill Tilden. Era complicado porque hablaba de la esencia  y las bases del tenis. Pero la técnica es la misma siempre, lo que cambia es la aplicación”. El 20 de agosto pasado, en su cuenta de Twitter, el gran Willy publicó: “Sé por lo que pasan los profesores argentinos al no poder trabajar. Un abrazo y un recuerdo a mi único profe, Felipe”.

Introductor del top-spin en detrimento de los golpes planos, Felipe Locícero formó infinidad de chicos en el tenis hasta su fallecimiento, en abril de 1988.

(*) Periodista. Conductor de Abrí la Cancha.

Fuente: Radio Gráfica

12 Setiembre de 2020