Les podrá ir muy bien allá en las Uropas, pero saben – sienten que la consagración es acá. En circunstancias distintas, siguen siendo parte del piberío que día a día labura en esta Patria, con todo el talento y el esfuerzo puestos en la subsistencia; y por ahí, en alzar la cabeza para atisbar un poco más allá.

Por Gabriel Fernández * 

A muchos no los conocemos.

Salieron del país muy pibes y es posible inferir, por eso, que su identidad tiene radicación lejana.

Sin embargo, si seguimos el rastro de aquellos que figuran en nuestro radar, como Lionel Messi, podemos palpar la hondura de un sentir que los liga afectiva y culturalmente con esta tierra.

Les podrá ir muy bien allá en las Uropas, pero saben – sienten que la consagración es acá.

En circunstancias distintas, siguen siendo parte del piberío que día a día labura en esta Patria, con todo el talento y el esfuerzo puestos en la subsistencia; y por ahí, en alzar la cabeza para atisbar un poco más allá.

Vuelven a quedar fuera de juego las frases como “ya no se juega como antes”, “no aparecen jugadores de talento”, “este fútbol es inferior a aquél”.

Conceptos vertidos, desde hace unas siete décadas, para referirse a idealizados tramos previos.

Dislates de quienes confunden el fútbol con el básquet y mientras observan las síntesis de los torneos europeos, piensan: “esos sí que juegan bien”.

El fútbol argentino de cada domingo es tan bueno como el de cualquier otrora.

Este país es cabeza, desde siempre, junto a Brasil y Alemania, en el orden planetario.

Por suerte lo afirmamos antes de este título y no dependemos, para la valoración, de un partido más o de un resultado menos.

Pero el fútbol argentino de cada domingo se debe disfrutar entero, no en grageas.

Quien pretenda un juego “divertido” desconoce aquello que los chicos saben: los buenos juegos son en serio, no se realizan para reír a carcajadas sino para sentir el placer de evidenciar el talento y la sencilla satisfacción de celebrar con los propios.

O llorar con ellos.

Se disfruta entero.

Cuando hay un gol, pero también cuando el balón se desplaza hacia fuera en mitad de cancha y el rival se acerca al tranquito, para que el tiempo corra.

Se valora cuando un relevo funciona y un central cierra en tiempo.

Cuando el cambio se produce en el momento justo.

Cuando el arquero llega donde nadie imaginó.

Cuando la triangulación funciona al borde del área.

La derrota de Brasil puede ser dramática para el interesante proceso liderado por Tité.

El técnico brasileño formó un gran equipo, con jugadores de manejo en todos los puestos.

Pero después de la primera ronda habrá observado aquello que tantos visualizamos: Neymar está demasiado acostumbrado a la marca liviana que el Viejo Continente le reserva a las estrellas.

La levantada parcial del 10 verdeamarillo en el segundo tiempo de la final no alcanzó para revertir una imagen deslucida, poblada de teatralidades y pletórica de zambullidas en piletas verdes.

Y si falla el articulador ofensivo, un equipo como el que encarna al país vecino padece dificultades muy especiales.

De todos modos, la campaña brasilera resultó importante.

Eso realza la victoria albiceleste.

Brinda esa formidable sensación de haber vencido al que figuraba, legítimamente, como banca en la contienda.

La Argentina se fue desarrollando.

Ya las eliminatorias permitieron palpar una noción contundente que, al mismo tiempo, admitía la reformulación asentada en los errores propios y los rivales que se venían.

Leonel Scaloni acertó en las modificaciones de partido a partido, con una lucidez envidiable; y erró bastante en los cambios durante el trámite de cada cotejo.

Hasta que, en la final, acertó por duplicado.

La titularidad de Di María fue tan atinada como la integración de Tagliaficco en el segundo período.

En conjunto, consolidó un plantel y en su seno un equipo sin camarillas fijas intocables y con circulación de nombres según las necesidades puntuales.

Para construir esas instancias –plantel y equipo- se mostró como un gran seleccionador, un “descubridor” de jugadores talentosos que no habían sido tomados en cuenta.

Y, puertas adentro, en un respetado formador de alineaciones que no necesitaban consultas con factores de poder en el vestuario.

A lo largo de la Copa América Messi halló su mejor nivel histórico.

Y lo encontró precisamente porque el equipo funcionó Con Él, no Para Él.

Así, deambuló entre el medio por derecha y el sendero del 9 vertical, generando, asistiendo y concretando.

También demostró que la estelaridad conseguida en España no afectó su garra a la hora de plantarse ante golpes y desafíos.

Esta victoria, frente a los embates para imponer otro entrenador, fortalece a Scaloni.

Y también consolida al Chiqui Tapia como jefe de la Asociación del Fútbol Argentino.

Un conductor eficaz, educado en el seno de las dos instituciones más democráticas e inteligentes del país: los clubes del ascenso y el movimiento obrero organizado.

Tapia fue desdeñado por un sector de la dirigencia –ajena, pero también propia- que no admite que nuestra gente se configure como gran organizadora.

Gracias a él, el técnico tuvo aire para seguir adelante.

Como en todo el torneo, el ahora campeón jugó un muy buen primer tiempo.

Fue contundente y aprovechó la ocasión.

Esos períodos permitieron disfrutar un conjunto que aceleraba en la zona de gestación para abrir surcos por dos grandes vías: el carril de los volantes interiores y las diagonales. En cada partido, estuvieron los hombres exactos para cada función.

Deberá resolver el retroceso apurado y las espaldas del lateral izquierdo.

Deberá resolver la irregularidad de los dos cinco que entraron y salieron sin convencer a pleno.

Pero tiene un año para zanjar esos problemas, es decir, tiempo justo y una Copa en la mano.

Finalmente.

Siguen surgiendo talentos de las nuevas generaciones.

El sistema de inferiores del fútbol argentino, que debe mucho a miles de dirigentes de base, entrenadores de pibes, preparadores físicos y bastante a Julio Grondona, pervive con un vigor inusitado.

Quienes se acercan a las divisionales juveniles, lo saben.

Quienes miran las síntesis de los torneos europeos y pretenden que el fútbol sea distinto a lo que es, no lo sospechan.

La selección argentina fue considerada un fracaso por llegar a las finales en los dos torneos más importantes del planeta.

No sólo arribó a esos cotejos, sino que los empató y –apenas- perdió por un penal.

De allí que tantos periodistas estimen que lo que vivimos este sábado 10 de julio resulta una grata excepción en medio de 28 años de amargas derrotas.

A no entusiasmarse con algunos de los festivos de la inmediatez: ante cualquier traspié, volverán a dar vuelta carnero.

Este fútbol debe ser disfrutado.

Merece ser disfrutado.

Desde hace mucho tiempo.

Y hoy, también. Es que la identidad que referimos al comienzo, es una base potente que trasciende las eras. Somos parte de un pueblo.

No todos los lugares de este globo pueden decir lo mismo.

* Director La Señal Medios / Área Periodística Radio Gráfica / Sindical Federal

Fuente: Nac&Pop

11 julio de 2021

https://nacionalypopular.com/2021/07/11/este-messicanazo-es-continuidad-del-gran-futbol-argentino/?s=03