La Ley Bosman cambió el mapa del fútbol mundial. En la división internacional, Argentina quedó reducida a productora de materia prima. Para poder reducir nuestra impronta se trabajó el complejo de inferioridad argentino. Razones para comprender un problema que atraviesa varias generaciones de argentinos.

Por Carlos Aira*

Jean Marc Bosman jamás imaginó su trascendencia en el destino del fútbol. Mediocre delantero de la segunda división belga, su opaca carrera tuvo un parteaguas en 1990. Bosman tenía una oferta para llevar sus goles al Dunkerque francés pero su club (RFC Lieja) no quiso dejarlo antes de finalizar contrato. Bosman judicializó su situación. El 15 de diciembre de 1995, un tribunal de Luxemburgo falló a favor del futbolista en un juicio curioso: todos los implicados esperaban el mismo fallo. Nacía la Ley BosmanEl fin de las fronteras en la Eurozona.

Con el inicio de la era de las comunicaciones globales, el fútbol europeo sin fronteras internas se transformó en una orgía de pasaportes truchos, sociedades deportivas fantasmas y transferencias millonarias con dinero nunca muy bien explicado. Esos fueron los cimientos del gran espectáculo global. El planisferio perdió su multipolaridad futbolera y al fútbol argentino le correspondía ceder. Dejar de ser una nación potente para transformarse en una marca y un mero productor de la materia prima del espectáculo.

El histórico proceso de autodenigración nacional se profundizó. El fútbol argentino debía ser humillado, agachar la cabeza y aceptar las nuevas normas globales. Un complejo de inferioridad alimentado por una prensa cómplice. Bombardeo cultural por goteo que permitió que un pibe argentino sienta más cercano Barcelona que Núñez o Avellaneda. Fútbol para todos permitió revertir esta situación permitiendo el acceso gratuito del fútbol argentino a los hogares. Desde hace cuatro años es más sencillo y económico acceder a un partido del Manchester City que a un encuentro de Boca Juniors por el campeonato.

El histórico proceso de autodenigración nacional se profundizó. El fútbol argentino debía ser humillado, agachar la cabeza y aceptar las nuevas normas globales. Un complejo de inferioridad alimentado por una prensa cómplice. Bombardeo cultural por goteo que permitió que un pibe argentino se sienta más cercano Barcelona que Núñez o Avellaneda.

Rafael Ton es un reconocido pensador del campo popular. Autor del Síndrome de Doña Florida, obra impecable para comprender al medio pelo argentino. Hincha de Gimnasia, futbolero apasionado, expresó en Abrí la cancha su visión sobre el inducido síndrome de inferioridad al cual sumergieron a los hinchas argentinos:  “Nos han enseñado que en Europa todo funciona bien. Hay una película que se llama Gol donde un presidente de club europeo es sabio, líder y está capacitado para manejar todo en forma brillante. Sabemos que nos quieren imponer un modelo que no es tan maravilloso ni eficiente como dicen.  Sin embargo el problema está cuando tenés más información del Real Madrid que de las inferiores de tu club”.

Para el escritor platense, la industria del entretenimiento ha calado muy profundo: “La industria la manejan los dueños del negocio. Una serie puede determinar cuestiones muy fuertes. Hace unos años, Adrián Suar hizo una película que se llama “El fútbol o yo” donde muestran a los hinchas como tarados. También está Puerta 7, de Netflix, donde se hace una exacerbación de una mujer que vela por la seguridad en el marco de un fútbol corrupto con dirigentes impresentables, barras bravas y otras cosas que sabemos que no son así pero nos acomplejan culturalmente con estos materiales”.

El síndrome de inferioridad también llegó al campo de juego. Los hinchas festejan las transferencias de los mejores futbolistas de sus clubes como si fueran goles. El inagotable semillero del fútbol argentino propone todos los fines de semana fútbol de jerarquía pero el bombardeo mediático fue terminante: el fútbol argentino es mediocre. Si el fútbol tiene algo maravilloso es que equipara con táctica y coraje las diferencias técnicas. El fútbol argentino tiene ejemplos: Vélez Sársfield que venció al Milán de Arrigo Sacchi en 1994 o Boca Juniors en 2000. Las últimas experiencias en los Mundiales de Clubes han sido nefastas.

La narración televisiva – salvando excepciones – alimenta la humillación cotidiana. River Plate juega un gran primer tiempo ante San Pablo en Independiente. Diego Latorre analiza: “Muy bien River. Primer tiempo europeo“. Nicolás Podroznik nos dice: “Este River tiene cosas del Argentinos de los 80s. También del River de Ramón. Hasta diría la intensidad del Newells de Bielsa. Un poco de todo pero lo suficiente para marcar época. Pero para Latorre es un equipo Europeo“.

Pero existe una resistencia por ahora infranqueable. Los socios no desean que sus clubes se transformen en Sociedades Anónimas Deportivas. Si en España se hizo por decreto en 1992, Mauricio Macri no logró su objetivo siendo presidente de la República.

La información que llega a la Argentina de las SAD europeas es edulcorada. Casi siempre, larvada. “Los hinchas son bombardeados por información romántica sobre las SAD europeas“; expresó Rafael Ton y agregó: “En nombre de la modernidad y la eficiencia comienzan diciendo que hay que cambiar el color de la camiseta por negocio, luego se llevan la localía a cualquier otro lado y finalmente son capaces de perder un campeonato, siempre en nombre del negocio. Total, el club es de ellos”.

Mauricio Pellegrino prendió la luz de alarma. Ídolo en Valencia CF donde sus hinchas padecen a la hija de Peter Lim magnate singapurés dueño de gran parte de la SAD. En los últimos años el club se transformó en una mera unidad de negocios sin rumbo deportivo. Ante el descontento de los hinchas, Lim expresó en sus redes sociales: : “¿No lo entendéis? El club es nuestro y podemos hacer lo que querramos”.

El entrenador de Vélez Sársfield fue expeditivo: “En las Asociaciones Civiles hay anónimos que dan la vida por su club. Gente que vive y respira por su club. Eso no sucede en otras partes del mundo.  Ojalá que podamos profesionalizar las areas sin perder algo que es muy poderoso: los clubes son de sus socios y los hinchas. Eso es muy poderoso. Imagines que venga alguien de un país muy lejano y diga que esto es mio. Tal vez tendríamos mas millones pero perderíamos todo”.

Estas declaraciones no fueron levantadas por Clarín, TyC ni otro medio con intereses económicos en el fútbol argentino. Los archivos no mienten.

Jean Marc Bosman, el hombre que propició las grandes fortunas alrededor del fútbol, cayó en el alcoholismo y sobrevive gracias a subvenciones estatales del gobierno belga.

(*) Periodista. Conductor de Abrí la Cancha.

Fuente: Radio Gráfica

1° Octubre 2020.