Por: José Luis Ponsico (*)

El impacto por el fallecimiento de Diego Armando Maradona, uno de los mejores de todos los tiempos, «cabeza a cabeza», estilos distintos, con Alfredo Di Stéfano, «Pelé» Johan Cruyff y ahora Lionel Messi. En cinco, tres argentinos. Cien años de historia.

Ahora bien, sólo uno haciendo «todo» con una sola pierna, la izquierda, un metro sesenta y cinco, estatura, retacón. Lejos del físico de atleta de «Pelé» raza negra; de la «Saeta Rubia» y hasta el cuerpo espigado del holandés Cruyff, «pez volador».

Francisco «Francis» Cornejo, «descubridor del siglo» dice la gigantografía en un mural frente al estadio de Argentinos Juniors. Una imagen del formador de inferiores en 1970. El que iba, camioneta «Rastrojero», guiada por un amigo a Villa Fiorito.

El dato que tenía para llevárselo al club de La Paternal giraba a través del «Negrito»

Carrizo, otro «crack» de «la villa» amigo de «Pelusa», Niño «prodigio» un año menor

Cornejo quedó deslumbrado por «el Enano de rulos». «Africa Look», calles de tierra.

Pudo ser 1970. Se iniciaba una de las historias futboleras más cinematográficas

Para una réplica de Armando Bo, «Pelota de trapo» o «Con los mismos colores»,

«Los Cebollitas de La Paternal», ciclo de cien partidos. Hasta 1973, 74.

Córdoba, Embalse Río Tercero, «Torneos Infantiles Evita y Hombre Nuevo» una primera versión de la magia que recorrió el mundo. La anécdota del periodista conocido como «el Negro Hernández», diario «Crónica».

El «dream team » Capital Federal, pierde un partido imposible con chicos de 13, 14 años. Algunos con mucha estatura para la edad, siendo dominados. Llevan a los capitanes al podio. El pibe santiagueño, celebridad en los´90, siendo empleado bancario.

«Dieguito, no llores. Nosotros ganamos el partido, pero vos serás el mejor jugador del mundo», del pibe santiagueño a Maradona, ambos recibiendo las medallas. Hernández lo tradujo como único enviado que recogió el testimonio. El «Negro» vivió corta fama.

En el 75 en «entretiempos» de los partidos de Argentinos Jrs. hacía un show de magia con la pelota. Jueguito, tenerla atada al pié izquierdo. La subía a los hombros. La gente enloquecía con Dieguito, no con los encuentros de la Primera.

La noche de fin de agosto´ 75 cuando River ganó uno a cero a Argentinos Jrs. En medio de la huelga de los profesionales, todos jugando con Cuartas divisiones. En el «Viejo Fortín» de Vélez, 60 mil personas disfrutaron el arte del pibe «Pelusa».

Argentinos Jrs. con Diego tuvo un ciclo fenomenal: en el Metro 80 en cancha de

Atlanta, cuatro a River, campeón. En el Nacional 80 a Boca, cinco en Vélez y cuatro en «La Bombonera». Maradona y diez más. Felicidad infinita en La Paternal.

El año en Boca, 1981, la gloria «xeneize», el tres a cero a River en «La Bombonera» bajo la lluvia. Desparramó en el área chica, Ubaldo Fillol y Alberto Tarantini, en el piso

Luego la selección en España.

Antes el llanto por quedarse afuera del Mundial 78, César Menotti no lo llevó. Tuvo revancha, duro invierno argentino, plena dictadura cívico- militar, miles de muertos, el genocidio, cuando Argentina gana en Japón el Mundial Juvenil´79.

Maradona figura mundial y el primer contrato -Líneas Aéreas Austral- la casa para sus padres en Villa Devoto, la fama, el dinero, Claudia Villafañe, el Dios del fútbol en La

Paternal.

Imagen del cronista: un auto Taunus negro, Diego sentado en la puerta del lado del acompañante. Manejando uno de sus cuñados, tiempos de Jorge Cysterpiller, rumbo al viejo estadio de Juan Agustín García y Boyacá. El «Templo» de La Paternal.

La curiosidad llevó al cronista a seguir con un Citroén 2CV la procesión futbolera en medio de plegarias cuasi religiosas. Señoras que salían a la vereda con chicos en brazos arrojando flores a la pasada de la caravana.

Así, a paso de hombre, viajaba Diego unas veinte cuadras desde la casa de la calle

Helguera hasta el estadio de Argentinos Juniors. El recibimiento fenomenal. Calles cortadas. Vallas. Policías. Controles. Llegaba Diego al estadio. 1980.

Hace 40 años Maradona alcanzaba dimensión mundial. En España 82 falló para muchos el sistema de juego. Nombres sobraban. No sólo Diego, estaban Kempes

Passarella, Ardiles, Fillol, Olguín, Gallego, Tarantini, Ramón Díaz. Undécimos.

Barcelona Fútbol Club con buenas y malas. En el primer año un golpe con alevosía del defensor vasco Andoni Goikoetxea, Athletic Bilbao, gran «villano» en España. En septiembre del 83 Diego Maradona visitaba el quirófano. Tobillo roto.

Otra curiosidad que nunca explicó el «Flaco» Menotti DT del Barsa: la directiva aceptó ofrecimiento del Nápoli y por una cifra superior a 8.500.000 de dólares viajó al Sur de Italia. El entrenador argentino no se opuso. Una rareza nunca explicada.

Maradona en Nápoli, antes Enrique Omar Sívori, hicieron felices a todos los «tifosi».

Genio del fútbol mundial. De estar en el medio de la tabla Diego lo llevó a los primeros planos. Títulos de la Liga italiana, el «Calcio». También la UEFA. Unión Europea.

Todo lo que siguió fue muy conocido: la gloria eterna en el Mundial México 86. Que para los allegados a Carlos Bilardo, «el Mundial que escondió Clarín por tres décadas».

Aún hoy, Oscar Ruggeri, Nery Pumpido, Ricardo Giusti, Julio Olarticoechea, repasan.

«Salimos temprano -decía Bilardo-  un vuelo de línea antes de las 7, para evitar que en Ezeiza la gente en disconformidad con la selección, llegará al insulto y los jugadores respondieran», testimonio repetido del «Narigón» al regreso con gloria.

Diego estuvo mucho tiempo sin dar entrevistas a «Clarín». Más curiosidades: la plana mayor del diario propuso al periodista deportivo Pablo Llonto de buena relación hasta personal con Maradona, para «negociar» la reconciliación. Hubo un acercamiento.

Llonto, a poco, electo delegado gremial por la Redacción de «Clarín», cinco años más tarde despedido, sin poder ingresar al diario en que trabajaba desde los 80, algo más de doce años antes, rodeado de trabajadores que pedían su reingreso.

Nunca pudo volver. Ni siquiera por pedidos de Maradona. En las curiosidades están las mismas personas. De pronto, la vida que expone «a unos» «y otros». Maradona luego volvió a Boca, otro acontecimiento. Corría 1995. Pintado de azul y amarillo.

El final quizá escrito como una trampa del destino: después de viajar por el fútbol de Arabia, de México, idas y vueltas con temas sentimentales, muchos escándalos, las

«parejas» que no pudieron con él, recaló en Gimnasia y Esgrima La Plata.

En un año y medio se reencontró con el pueblo futbolero. En todas las canchas el héroe del fútbol mundial. Excedido de peso, con una rodilla en mal estado, un «Cid

Campeador» de este tiempo. Brazos en alto. Tal vez, una despedida.

La cuarentena, obligada por la pandemia, no perdonó. Como antes con Amadeo Carrizo, «Trinche» Carlovich, Silvio Marzolini, Osvaldo «Chiche» Sosa, el «Dios Diego» encerrado, rodeado, médico, allegados, sin poder estar con los jugadores.

Perdió la contención futbolera, «Estancia Chica», predio de Gimnasia, ver los pibes de inferiores. Dar indicaciones a los mayores. Las bromas del «Gallego» Méndez, el tercero del grupo, Adrián González, cayó en un pico depresivo, «stres». Todo mal.

La trampa del destino: un paro cardio-respiratorio se lo llevó lejos de los que había sido su grupo futbolero. Rodeado de sus hijas mujeres en un vaivén que no sirvió al final del guerrero.

Vivió 60 años. Muy intensos. Un cierre digno de Maradona: uno de sus biógrafos

Daniel Arcucci comentó por ESPN en medio de la congoja de Oscar Ruggeri, junto al panel de especialistas, algo que lo pinta para siempre.

Dijo Arcucci: «Pudo ser Navidad 2015, casa de la familia de Diego, estaban todos y todas. Hubo música y regalos. Se esperaba la palabra de Diego, en medio de una gran celebración de familia», describió: tomó el micrófono y ante el silencio, expuso: «Habla Diego Armando Maradona, una de las pocas personas que sabe lo que pesa una Copa del Mundo. Por tenerla en las manos. Felicidades para todos». Un «crack»

No habrá ninguno igual

(*)   Columnista de La Señal Medios. Libre Expresión. Mundo Amateur

25 de Noviembre 2020.