Por: José Luis Ponsico (*)

En la madrugada del 4 de septiembre de 1960, a poco de la largada de «Las Mil Millas Argentinas», (ACA) Avellaneda, puntaje Turismo Carretera, Alberto Logulo, ídolo de Mar del Plata, estrellaba su Ford. Una curva, tierra, paraje de Fátima, cerca de Pilar.

Logulo nacido en La Plata, 1920, en el 55 ya estaba entre los cinco pilotos «más ganadores». Radicado de niño en «La Perla del Atlántico» -así se conocía antes «La Feliz»- siendo joven se entreveró con los «fierros». Corría con «el pié a fondo».

En 1952 con 32 años ganó su primera carrera, «Vuelta del Chaco». Ya «pintaba». Muy veloz. Valiente. Tiempos de Juan y Oscar Gálvez con Ford, los hermanos Dante y Torcuato Emiliozzi también Ford. Marcos Ciani y Félix Peduzzi, con Chevrolet.

Entre 1954 y 59 ganó otras 7 ganadas, dos etapas en el Gran Premio´57, Ciani con Chevrolet. Logulo ganó etapas Gral. Pico-Mar del Plata, 10 mil personas a la vera de la ruta para verlo pasar al crédito local y también ganó la última: de Mar del Plata-Autódromo de la Ciudad de Buenos Aires

En la oportunidad doble acontecimiento: Marcos Ciani pudo con los hermanos Juan y Oscar Gálvez, algo poco frecuente en la época y Carlos Menditeguy con Ford ingresó al Autódromo en tres ruedas. Inolvidable. 

Curiosamente, el acompañante de Logulo, el legendario mecánico Agustín el «Negro» Linares que preparaba el motor, talleres de «El Inca» de Rabellino y Cía. una marca registrada hace cinco décadas, en el 57 no imaginaba que luego estaría con «Charles»

Linares se salvó milagrosamente, como Raúl Cottet, acompañante de Juan Gálvez el 3 de marzo del 63, «la Vuelta de Olavarría» que ganaron los Emiliozzi y al tiempo, ya recuperado resultó llamado por «Charles» Menditeguy

Los «velocistas», aquél tiempo dorado, además de Oscar Gálvez -Juan, cerebral; aplicaba inteligencia por sobre cualquier otra táctica o estilo- Dante Emiliozzi, con  otro recordado Ernesto Petrini, a ellos se inscribía Alberto Logulo.

En el 59 ganó dos carreras: el Circuito «Mar y Sierras»,  tradicional combo desde el balneario «taquillero» del Atlántico (Mar del Plata) a las Sierras de Balcarce y Tandil. Un tramo velocísimo, Ruta 226 con promedio superior a los 170 kilómetros por hora

De costumbres sencillas, dos hijos, uno de ellos, Mario Logulo siguió los pasos de su padre célebre. No tanto como piloto de pruebas. Se destacó como dirigente de distintas asociaciones. Uno de los miembros de «las Cupecitas»

Las anécdotas de la niñez de una generación que hoy está pasando los 70 años de edad remiten a la trágica muerte de Logulo. Mar del Plata tenía algo más de 350 mil habitantes y recién en diciembre del 60 llegaría la televisión: «Canal 8».

Juan Carlos Morales, ícono del periodismo deportivo local, relator destacado entre fines de los´60 y finales de los´ 90, transmisiones de la Capital Federal, cierta vez evocó: reunión de colegas y amigos, mítica Redacción del diario «La Capital»

«En mi infancia, tendría diez años, viviendo con mis padres en Av. Colón y Mitre, asistí desde un balcón al sepelio de Logulo», comentó. «Creo que cayeron lágrimas al ver una caravana de carrozas y gente a pié, quizá 40 cuadras» siguió.

«El impacto de silencio por el acto fúnebre no lo olvidaré. Más de un millar, callados, cabezas gachas, cuadras enteras con el servicio fúnebre a marcha lenta», describió el colega y amigo.

Vaya un homenaje a los grandes del campo popular. Apenas cuatro años después se mataba Juan Oscar Facchini en otra tragedia, ocho años menor que Logulo, caía el 15 de noviembre del 64, «Vuelta de Tandil». Otro recuerdo triste del deporte local.

(*) Columnista de La Señal Medios. Libre Expresión y Mundo Amateur