El medallero mentiroso: Argentina no tiene política deportiva

Oct 9, 2026 | Opinión, Últimas Noticias

Esta historia cuenta con varios capítulos, la mayoría decepcionantes. Uno de ellos se escribió en diciembre de 2017, cuando el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Enard) perdió su autonomía por decisión del Gobierno de Mauricio Macri. Hasta ese momento, la financiación del organismo -creado en abril de 2010- corría por cuenta de un impuesto del 1% sobre la telefonía celular. No le costaba ni un centavo al Estado y producía un efecto insignificante en el bolsillo de los usuarios. Un modelo, vale subrayarlo, que se replica exitosamente en numerosos países. La gestión de Cambiemos se amparó en una reforma tributaria para justificar el hachazo al deporte, aunque de lo que se hablaba en aquel momento era del lobby ejercido por las empresas. Un escenario por demás enrevesado, teniendo en cuenta que Gerardo Werthein era al mismo tiempo presidente del Comité Olímpico Argentino y dueño de Telecom. En concreto: desde ese momento todo fue barranca abajo, producto de un deporte de alto rendimiento desfinanciado, raquítico en lo que a becas, planificación e infraestructura se refiere. Los fondos que recibe el Enard, condenado desde 2017 a depender del Estado, son exiguos. El resultado es un país carente de una política deportiva capaz de mirar el largo plazo.

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Esto contrasta con los resultados obtenidos hasta aquí en los Juegos Suramericanos, una fiesta repartida en tres ciudades santafesinas (la capital, Rosario y Rafaela). La delegación nacional superó holgadamente las 70 medallas de oro, en el marco de una vibrante pulseada con Colombia por el segundo puesto. El ganador es Brasil, cuyo liderazgo en el continente es tan abrumador que se dio el lujo de no presentar equipo en algunas disciplinas y en otras de haber traído planteles “B” o juveniles. Es que, en materia deportiva, Brasil es una potencia que se sienta a la mesa de Estados Unidos, China y Europa. Pero si en algo coinciden los protagonistas -atletas, entrenadores, dirigentes, prensa especializada- es que se trata de un medallero mentiroso, para nada adecuado a la realidad del deporte argentino. Lo resaltan cada vez que encuentran un micrófono presto a recoger los testimonios.

¿Cómo se explica entonces este medallero? Las causas son diversas, empezado por la tradicional fortaleza argentina en los deportes por equipos (con el hockey y el rugby a la cabeza); la inclusión en el programa de los Juegos de disciplinas en las que nuestro país es potencia (como el pádel); por supuesto que la condición de locales. Y está, claro, la tradición deportiva nacional, una historia riquísima de la que se nutren las nuevas generaciones, por más que muchos de esos laureles ya estén demasiado marchitos. Los talentos siguen fluyendo, aún en un contexto que los obliga a luchar en dos frentes: contra los rivales y contra la escasez de medios para desarrollarse. Se trata, en gran medida, de esfuerzos personales, de patriadas familiares, del goteo de pequeños patrocinadores, de lo que puedan sumar becas vergonzosas en calidad y en cantidad. Y detrás de esos talentos aparece el componente clave de esta ecuación, que son los clubes.

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No se entiende al deporte nacional sin los clubes que constituyen su cuerpo y su sangre. Pues bien, salvo contadas excepciones, de los clubes (grandes y chicos; en especial los barriales) nadie se ocupa seriamente. Si la base de cualquier política deportiva apunta a fomentar una sociedad sana y físicamente activa, el sistema educativo y los clubes constituyen las piezas fundamentales. En los clubes, jóvenes que no tienen satisfechas sus necesidades básicas pueden recibir un soporte alimenticio y darse una ducha caliente. Y a la vez salen de la calle. Y a la vez hacen deportes. Los clubes funcionan como la epidermis de un tejido social que luce hoy sostenido por alfileres. En los clubes no se gasta; se invierte. Allí, en la base de la pirámide, están esos potenciales talentos que detecta y capta el alto rendimiento. Clubes fuertes, saneados, bien equipados, sostienen el andamiaje de los medalleros. La carencia de políticas orientadas a fortalecerlos es el inicio del problema. Una parte sustancial del todo.

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En muchísimos sentidos, el protagonismo del deporte argentino es un milagro. Lo injusto es quedarse sólo con el acta de defunción que Cambiemos le firmó al Enard en 2017, porque los ejemplos son muchos a lo largo de las últimas décadas. Por eso, tomando como punto de partida el regreso a la democracia, en 1983, no quedan dudas de que el déficit en políticas deportivas es transversal al color partidario de los Gobiernos. Lo espasmódico es una de las normas en este recorrido histórico, porque el deporte nacional recibió potentes inyecciones de recursos cuando le tocó albergar grandes citas (Juegos Panamericanos en Mar del Plata, 1995; Juegos Olímpicos de la Juventud, 2018; por citar un par). Fue la oportunidad, sobre todo, del crecimiento en infraestructura, pero determinada por la urgencia de cumplir con los compromisos más que de pensar a futuro. Lo que nunca se consiguió fue un proyecto integral, inmune a los cambios en la Casa Rosada, porque cada administración llegó con su librito y, como una constante, el deporte lució invariablemente como una nota al pie de página.

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El Enard se constituyó cuando Cristina Fernández era Presidenta de la Nación. Macri lo desfinanció, con la promesa incumplida de que el Estado se encargaría de compensar el lucro cesante. Quedó para el recuerdo la foto que varios deportistas de elite se sacaron en la residencia de Olivos abrazados con Macri, en explícito respaldo a aquella decisión que vaciaba el Enard. Varios de ellos querrían que esa imagen desapareciera para siempre. Pues bien, después de Cambiemos volvió el kirchnerismo al poder, con CFK como Vicepresidenta. ¿Por qué no se repuso entonces la ley original? No figuró en la agenda de Alberto Fernández, por lo que terminaron siendo otros cuatro años de notorio retroceso. Desde el año pasado retornó al Congreso la propuesta de devolverle la autarquía al alto rendimiento, pero choca con la negativa del bloque de La Libertad Avanza. Es curioso, ya que la base del credo de Javier Milei es achicar el Estado y reducir el gasto público. No obstante, sus alfiles parlamentarios tienen la orden de rechazar una legislación que representaría un ahorro para el erario y un efecto ínfimo para los usuarios de la telefonía celular y sus derivados.

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Lo engañoso del medallero de los Juegos Suramericanos podrá comprobarse en los Panamericanos del año próximo y en los Olímpicos de 2028, cuando la jerarquía de la competencia se mida en otro nivel. Pero también se verifica en certámenes mundiales, continentales y regionales, en los que cada representación argentina llega al cabo de un ciclo de sangre, sudor y lágrimas. Eso cuando consiguen los fondos indispensables para acudir. En síntesis; que Chile, Colombia o Paraguay cuenten con más recursos para el deporte que nuestro país ya no sorprende. Lo extraordinario es cómo nuestros atletas siguen dando la talla.

Fuente: La Gaceta

https://www.lagaceta.com.ar/nota/1155549/opinion/medallero-mentiroso-argentina-no-tiene-politica-deportiva.html?utm_source=Whatsapp&utm_medium=Social&utm_campaign=botonmovil

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