26/02/1918 – Carlos Enrique Díaz Sáenz Valiente: Campeón Mundial de Tiro

Feb 8, 2022 | Deportistas en el Recuerdo, Últimas Noticias

Junto a Carlos Menditeguy lucharon “imaginariamente”, palmo a palmo, para ser el digno sucesor de Jorge Newbery (el primer sportsman argentino).

Nacido en la ciudad de Mar del Plata, el 26 de febrero de 1918, Enrique Díaz Sáenz Valiente sobresalió  como tirador y corredor de automovilismo, y también practicó aviación y motonáutica.

“Apenas tuvo edad para entrar al colegio su madre lo envió a estudiar en Europa, donde vivió hasta 1934. Apenas regresó al país fue internado como pupilo en el Colegio Word de Ramos Mejía” y allí nos conocíamos. (Cuenta Julio Gatti, que fue compañero inseparable hasta su muerte)

El tiro, es el deporte donde Díaz Sáenz Valiente más se destacó con logros de récords argentinos, sudamericanos, panamericanos, mundiales y olímpicos.

Las primeras armas en el automovilismo, Sáenz Valiente las hizo, como tantos otros grandes campeones, en las “picadas” de Palermo, aquellas especies de carreras “ilegales” que se disputaban por las noches, hasta que llegaba la policía y el desbande se generaliza. Para participar de ellas se venía desde Mar del Plata en su coupé Ford, para las picadas que se hacían desde la Av. Casullo (hoy Figueroa Alcorta) en los pilotones de Obras Sanitarias hasta donde luego se construyó la cancha de River Plate.

Corría el 23 de marzo de 1939 y desde Buenos Aires, bajo una intensa lluvia que hacía recordar el Diluvio Universal, se larga la primera etapa del “Gran Premio Internacional del Sur” (Ida y vuelta a Chile, con 7.200 Km.). Cerca de la ciudad de 9 de Julio (Bs. As.) el coche Ford Coupé Nº 50, preparado por Félix Arauz y comandado por un corredor con el seudónimo de “Patoruzú”, que llevaba como acompañante a Ernesto Petrini, toma la punta para llegar en ese lugar al final de la etapa, con un promedio extraordinario, ya que era inferior a 50 minutos del ganador del año anterior, Ricardo Risatti.

“Patoruzú” no era otro que Enrique Díaz Sáenz Valiente, (un ferviente lector de la historieta Patoruzú, personaje del escritor Dante Quinterno) quien antes de largar la carrera había manifestado públicamente que iba a ganar la primera etapa y regresar inmediatamente a la Capital Federal porque tenía problemas de carácter personal. Fiel a su estilo, cumplió su promesa abandonando la prueba, que finalmente ganaría Ángel Lo Valvo.

El Gran Premio Internacional del Norte en 1940, lo tuvo nuevamente como protagonista, logrando un récord en la primera etapa hasta la ciudad de Rosario: 2 horas 46 minutos. En la ciudad de Concepción, Tucumán, cuando estaba aún en los primeros puestos, sufrió un vuelco espectacular por lo que tuvo que abandonar la prueba. Disputó algunas pruebas más y se aleja de este deporte hasta el año 1953, dedicándose exclusivamente al tiro.

Ganó varios campeonatos argentinos y sudamericanos en distintas categorías hasta que en 1947 en la ciudad de Estocolmo, Suecia, se clasifica campeón mundial individual en estilo Pistola Tiro Rápido. En este mundial Argentina obtuvo otros tres títulos.

En los Juegos Olímpicos de Londres 1948 Argentina consiguió su mejor posición histórica en el medallero general y Enrique Sáenz Valiente logra la medalla de Plata, en Pistola en Velocidad, detrás del húngaro Károly Takács.

Por esta época sucede un hecho poco conocido sobre la relación entre Sáenz Valiente y el presidente Juan Perón“Enrique había ganado una medalla en los Juegos Olímpicos 1948 y en el Mundial, entonces Perón concurrió, como otras tantas veces, a un agasajo en el Tiro Federal Argentino de Buenos Aires. Sáenz Valiente era antiperonista y Perón lo sabía. Varios dirigentes, entre ellos el general Adolfo Arana, director general de Tiro, estaban preocupados porque Perón y Díaz Sáenz Valiente nunca se habían encontrado y temían por la reacción del temperamental Enrique. Entonces, Perón, con su sabiduría, dijo: ‘Déjenlo, no le digan nada’. Luego se fue acercando mientras el campeón se servía una copa en una de las mesas, hasta llegar a ponérsele detrás. Al darse vuelta Sáenz Valiente, fue tal su sorpresa que sólo atinó a decir: ‘¡Uy, mi general!’. Ante lo cual Perón, cálidamente lo tomó del brazo y comenzando a caminar le dijo… ‘Me encantaría que usted me instruya en el arte del tiro…”. Ante tal pedido y dado el asombro que le provocó, Enrique Díaz Sáenz Valiente se «convirtió» en el más ferviente tirador peronista, incorporándose al nuevo Movimiento como lo hicieron muchos deportistas en esa época. (Historia contada por el licenciado Ricardo Río, actual entrenador de Tiro)

Entusiasmados por los resultados conseguidos en los distintos torneos internacionales, los dirigentes del tiro consiguen el apoyo del Gobierno Nacional para realizar el Mundial de 1949 en Buenos Aires. En el torneo llevado a cabo en el club Tiro Federal, Sáenz Valiente repite el título, esta vez en el equipo que integró con Oscar Cervo, Dionisio Fernández, Enrique Furtado y José Roger.

El 17 de diciembre de ese mismo año, en el estadio Monumental de River Plate, ante una multitud recibió la “medalla peronista” de manos del Presidente de la Nación, junto al otro campeón mundial, Pablo Cagnasso.

Durante marzo de 1951, en los Primeros Panamericanos de Buenos Aires, en el Tiro Federal y en los stands de Lomas de Zamora, los tiradores argentinos consiguieron una gran cantidad de medallas con varias marcas mundiales y Sáenz Valiente se hizo acreedor a dos medallas (oro y plata) en las competencias de Tiro Rápido sobre silueta Individual y por Equipos, acompañado por Cervo, Furtado, Fernández y Gillón.

Nuevamente participó en los Juegos Olímpicos que se llevaron a cabo en Finlandia, Helsinki 1952, sin llegar a obtener medalla pero con una buena actuación.

En 1953 y 1954 los dirigentes de la Federación Argentina de Tiro (FAT) se enojaron bastante con Enrique, porque se había dedicado casi por entero al automovilismo, tanto en la “cupecitas” como en los autos Sport.

“En el ’53 estábamos por largar una carrera en el Autódromo de Buenos Aires y vino el presidente Perón a ver los autos y conversando con nosotros nos dijo: Muchachos, ustedes están corriendo con fierros viejos y hay que actualizarse. Vengan a verme el lunes y voy a darles a cada uno una orden para traer un auto nuevo”. Perón tenía razón. Yo corría con una Bugatti Type 35B, Schwelm Cruz con un viejo Alfa y había hasta un vetusto Mercedes Benz SSK. Allí fue que Enrique pidió la Ferrari 375 de cuatro litros y medio y yo la chingué con el Porsche 1500”, cuenta Julio Gatti.

En 1954, Sáenz Valiente corrió seis carreras ganando cinco y clasificándose campeón de la categoría “autos Sport “. En 1955, en la Vuelta de Tres Arroyos de Turismo Carretera, abierta ese año a los autos sports, con una Ferrari de 5.000 cc. logra el récord mundial de velocidad en ruta abierta (para esa época) a un promedio de 234,742 kilómetros por hora, siendo el primer argentino en lograr superar los 200 Km. por hora en un automóvil. Ese mismo año establece el récord argentino de kilómetro lanzado en la autopista a Ezeiza superando al poderosos Mercedes Benz 300SL de José María Ibáñez. Se le cronómetro 255 kilómetros.

En marzo de ese mismo año, durante los Segundos Juegos Panamericanos en la ciudad de México, Sáenz tuvo el honor de ser el abanderado de la delegación argentina, siendo sus escoltas, la tenista Edda Buding y la nadadora Liliana Gonzalías.

Enrique Díaz Sáenz Valiente fue una de las grandes figuras de estos Juegos al lograr una medalla de oro en pistola Individual (estableciendo un récord mundial) y una medalla de plata por equipos.

Pero después del Golpe Militar de septiembre de 1955, con su forma de afrontar la vida, no tuvo problemas en declarar, ante el Presidente de la “Comisión Investigadora de irregularidades deportivas” de la Revolución Libertadora, Héctor F. Musitani, que él “con orgullo había recibido como premio de Perón, permisos de importación de automóviles para correr en los Grandes Premios”. (Hugo Gambini en su libro “Historia del Peronismo”)

El 14 de febrero de 1956 practicando otro de sus deportes favoritos, la aviación, y mientras piloteaba una avioneta perdió la vida como le había sucedido a su ídolo y primer sportsman argentino, Jorge Newbery.

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” (1610-2002) de Víctor Lupo  Capítulo XXIX – Editorial Corregidor (2004)

Febrero 2022.

victorflupo@gmail.com;

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