“Que el objeto del deporte es perfeccionar la salud y no formar campeones, quienes por el hecho mismo de sus condiciones excepcionales, no pueden tomarse ni como modelos ni como objetivo para el numeroso grupo de hombres y mujeres jóvenes que se dedican al desarrollo físico de su persona…”. “CONTRA LOS MALES COLECTIVOS TIENEN QUE VENIR LOS REMEDIOS COLECTIVOS”… (Ramón Carrillo)

“Yo no sé cuánto tiempo más voy a vivir, posiblemente poco, salvo un milagro. También puedo quedar inutilizado y sólo vivir algo más. Ahora estoy con todas mis facultades mentales claras y lúcidas y quiero nombrarte el albacea de mi buen nombre y honor. Quiero que no dudes de mi honradez, pues puedes poner las manos en el fuego por mí. Ahora vivo en la mayor pobreza, mayor de la que nadie puede imaginar, y sobrevivo gracias a la caridad de un amigo. Por orgullo no puedo exhibir mi miseria a nadie, ni a mi familia, pero sí a un hermano como vos, que quizá –conociéndome–  puedas comprenderme. Si yo desaparezco queda mi obra y queda la verdad sobre mi gigantesco esfuerzo donde dejé mi vida”.

Esta carta con fecha 6 de septiembre de 1956 fue dirigida por el doctor Ramón Carrillo a Segundo Ponzio Godoy (su gran compañero), desde su exilio en Brasil, luego del Golpe de Estado de 1955 que derrocó al gobierno constitucional del presidente Perón.

En 1939, Carrillo se había hecho cargo del Servicio de Neurología y Neurocirugía del Hospital Militar Central, lugar al que incorporaría a un discípulo muy joven llamado Raúl Matera, con quien construiría una sólida amistad.

En el país sólo un Departamento Nacional de Higiene era el encargado de paliar las enfermedades de los desprotegidos desde el Estado Nacional, donde además estos debían superar un verdadero laberinto burocrático, para ser atendido. Carrillo, gran lector de Leopoldo Marechal, siguió su ejemplo de que “de los laberintos sólo se sale por arriba” y el médico santiagueño así lo hizo. Todo esto cambió el 23 de mayo de 1946, cuando ese Departamento pasó a convertirse, por la lucha de Carrillo, en la Secretaría de Salud de la Nación. Carrillo, durante el gobierno peronista, sería nombrado como el primer ministro de Salud de la República Argentina, cargo que ejerció durante nueve años.

Carrillo, era morocho, como la mayoría de sus comprovincianos de Santiago del Estero y de buena parte del interior del país. A ellos los había visto el futuro ministro cuando emprendió su definitivo viaje a Buenos Aires. «Mientras avanza hacia la capital cosmopolita», recuerda el escritor Alzugaray, «va dejando atrás caravanas de carros, balanceándose lentamente por las huellas polvorientas. Son carros […] de obreros «golondrinas», criollos enjutos y sufridos que con sus familias recorren la propia tierra como parias, en busca de pan y de trabajo. Esas imágenes no se le borrarían nunca de la conciencia. Y tendrían mucho que ver, luego, con su sensibilidad siempre abierta y atenta al sufrimiento de su pueblo».

En el mismo 1946 creó la Oficina de Ayuda Médica Integral del Ministerio de Salud y nombra a su cargo al Dr. Raúl Matera. Este organismo era un adelanto de lo que luego sería el área de acción sanitaria de la “Fundación Evita”. El 8 de agosto se crea el área de Medicina del Deporte.

Junto a Perón, Carrillo y sus colaboradores elaboraron el “Plan de Salud para los argentinos”, bajo el lema  Contra los males colectivos tienen que venir los remedios colectivos”.

Carrillo también realizó el “Plan Analítico de Salud Pública” (1947), un estudio completo y orgánico de 4.000 mil páginas, con los principios y acciones de su Ministerio, hasta en sus mínimos detalles. Esas normas incluyen estudios sobre Teoría del Hospital, con sus respectivos tomos sobre Arquitectura y Administración.

Esta gran obra de la medicina preventiva, por causa de aquellos tiranos que quisieron borrarla de nuestra historia, recién pudo ser editada veinte años más tarde por EUDEBA, cuando está fue presidida por Don Arturo Jauretche, en la década de 1970.

Carrillo desde su cargo, logró cumplir todo lo que había escrito, erradicando enfermedades endémicas de la época en nuestro país, como el paludismo y el mal del chagas.

“En los 8 años mágicos de Ramón Carrillo, durante un Gobierno nacional que luchaba por la Justicia Social, se construyeron numerosos hospitales (de los cuales aún el 50% de las camas hospitalarias actuales son de aquella época) y se bajó enormemente la mortalidad infantil y la materna”, señaló hace muy poco tiempo, el ex Ministro de Salud de la Nación, Dr. Gines González García.

Carrillo tuvo mucho que ver con la introducción de las residencias médicas en 1951, cuando el Dr. Ricardo Finochietto convocó desde EE.UU. al Dr. Augusto H. Moreno, quien se hizo cargo como jefe de Cirugía del Policlínico Evita de Lanús y implantó las residencias en nuestro país.

José Luis Fernández Erro cuenta que Carrillo “vio el avance de la medicina asistencial a la social no sólo para curar enfermos, sino también para enseñar al pueblo a vivir en salud”. A partir de este concepto impulsó políticas para lograr que “los hospitales argentinos no sean sólo casas de enfermedades sino casas de salud”, como solía explicar.Por eso durante su gestión construyó a lo largo y ancho del país cientos de establecimientos dedicados a la salud, que aún siguen funcionando. Es de destacar que recién en 1958 la Organización Mundial de la Salud definió el concepto de Salud como: “El complemento de bienestar físico, mental y social y no sólo la ausencia de enfermedad”.

Como gran humanista que era, Carrillo escribió sobre la arquitectura de estas construcciones: “El estilo colonial nuestro es hermoso, grato, optimista, diría. Las galerías son criollas y acogedoras; el jardín, el verde del césped, el rojo de las techumbres, son regalo para la vista y recreo para el espíritu. El pequeño hospital local y el gran hospital ciudadano deben inspirar el arte de nuestros arquitectos según lo bello, máxime cuando lo bello es también auténticamente nuestro”.

Carrillo, junto con su esposa Susana Pomar, (Hija del dueño de una farmacia muy conocida en Haedo «Farmacia Pomar») solía visitar estas “casas de salud” acompañado de su gran amiga Evita y de artistas populares, a los que se convocaba para alegrar la permanencia de los internados, como Tania, Discepolín y Fanny Navarro. A esta última la ayudó para la filmación de su película “Marihuana”, designando como asesor técnico del film al doctor César Castillo, director del Departamento de Psicopatología Social de la Nación, para que tuviese un carácter educativo.

Ramón Carrillo, neurólogo santiagueño, había nacido el 7 de marzo de 1906, fuepadre de dos hijos, Ramón y Facundo. Desde el Ministerio de Salud Pública de la Nación impulsó inicialmente “el plan deportivo”, que permitía hacer un reconocimiento médico completo a los participantes de los famosos Campeonatos Infantiles.

Mediante la Resolución 4497 de 1947, creó el Organismo Técnico de Fisiopatología del Deporte y por el Decreto Nacional 32.912 de 1948, se declaró obligatorio el Examén Médico Predeportivo a todos los argentinos que practiquen una actividad física.

Carrillo escribió en los considerandos de este Decreto lo siguiente: “Que el objeto del deporte es perfeccionar la salud y no formar campeones, quienes por el hecho mismo de sus condiciones excepcionales, no pueden tomarse ni como modelos ni como objetivo para el numeroso grupo de hombres y mujeres jóvenes que se dedican al desarrollo físico de su persona…”.

Este es el único concepto válido de quienes defendemos la filosofía peronista del Deporte, aplicado luego magistralmente en la Ley del Deporte 20.655/74.

Sobre las presiones de la política, el historiador Daniel Chiarenza cuenta en su libro “Ramón Carillo, el olvidado de Belem”, charlas con el médico santiagueño: “En ésto no nos poníamos de acuerdo con Susana (la esposa). A mí me gustaba la actividad que desarrollaba, aunque reconozco que era desgastante, en cambio Susana pensaba que la política era un tremendo engranaje triturador de hombres. Después, bastante tiempo después, ella misma me pondría el ejemplo de Evita que entregó su vida hecha jirones en pos de un ideal político y por amor a un hombre y su pueblo”.

“Carrillo era profundamente católico. A medida que se fueron agudizando los conflictos entre Perón y la Iglesia, comenzaron a gestarse internas dentro del movimiento que gobernaba al país, identificando a Carrillo como más católico que peronista. En 1954 retiró su proyecto de Ley de Profilaxis, al que se oponía la Iglesia. En realidad lo hizo para no agudizar más el conflicto, pero le valió la acusación de hombres como el vicepresidente de la nación, Tesaire, y un paulatino alejamiento de Perón”, cuenta Alzugaray, R. en el libro Ramón Carrillo, el fundador del sanitarismo nacional”.

La persecución sufrida por quien tanto había hecho por la salud de sus compatriotas, especialmente de los más humildes, no terminó con su muerte, ocurrida el 20 de diciembre de 1956, luego de un derrame cerebral en Belem do Pará, un pueblito cerca de la desembocadura del río Amazonas, al norte de Brasil, adonde había llegado con su familia para trabajar, el 1º de noviembre de 1955, desde un humilde barrio de Nueva York.

Diez años más permanecerían interdictos todos sus bienes y aún más tiempo debería transcurrir, hasta el 1972, para que su cuerpo pudiera ser repatriado para reposar en la paz, como él lo había pedido, en su querido Santiago del Estero.

“Es muy difícil entender tal ensañamiento, si es que no se incluye, al menos como una de sus motivaciones del odio, la furia que generó, entre los sectores del privilegio, la obra que realizó para los más necesitados, que era la mayoría de la población argentina”, describe Rodolfo Alzugaray, en su trabajo “Ramón Carrillo o Salud Pública”, estableciendo una relación entre su generosidad y la venganza que recibió como respuesta.

Desde el exilio español, años después de su muerte, recordaría Perón a su funcionario y la extraordinaria obra realizada: “Era Carrillo un hombre maravilloso, de inteligencia grande, genial en todo. Él era morocho y siempre estaba de buen humor. Recuerdo que cuando Josephine Baker trataba de hacer los Institutos Antirracistas en la Argentina, yo le dije: «Bueno, lo dejo todo en manos del doctor Carrillo». Y éste se paró y riéndose dice: » ¿No será porque soy el único negro del gabinete?». Pero Carrillo no era negro. Era morocho. Lo dijo por chanza. Siempre estaba de buen humor». (Contado por el escritor Pablo Hernández)

Sin temor a equivocación alguna, podemos decir que Ramón Carrillo, además fue uno de los mejores médicos deportólogos del país. Muchos hospitales a lo largo y ancho del país, hoy llevan su nombre al igual que el Laboratorio de Antidóping del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD), inaugurado en 1990, con motivo del Campeonato Mundial de Básquetbol desarrollado en nuestro país.

Los argentinos de bien hoy lo recuerdan en las palabras pronunciadas por el prestigioso doctor Raúl Matera: “Desde su labor ministerial, puede dividirse la política nacional sanitaria en dos épocas, antes de Carrillo y después de Carrillo. Y ésto ya es historia”. La mejor historia.

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” (1610-2002) de Víctor Lupo –

Capítulo XXI – Página 203 – Editorial Corregidor (2004)

20 diciembre de 2019