1-

Mucho antes que el hombre apareciera, el juego ya existía. No es muy difícil de imaginar: dentro del Cañón de Talampaya, cachorros de dinosaurios jugando en el triásico antes que homo erectus decidiera evolucionar por África. El juego es más viejo que la cultura dice Huizinga, y tiene razón.

Desde su origen fue importante en el proceso de construcción social. Jugando, sabemos quién es quién. Las ganas de competir caracterizan la verdadera personalidad de los contendientes, las máscaras caen (o aparecen). Los jugadores se concentran gustosos en el juego y suspenden por un instante la ingrata realidad. Sin juego, cualquier cultura es incompleta.

La socialización nómade se complicó a partir de la Revolución Agrícola. Quedarnos quietos, sin movernos para conseguir comida, trajo buenas y malas noticias: el progreso atado a la comodidad y al sedentarismo, un combo letal. Nos volvimos personas distintas, contrajimos enfermedades insospechadas. Las relaciones fueron otras, las diversiones también.

Más tarde, en la Antigüedad, griegos y romanos dieron la nota. Los Juegos Olímpicos marcaron el punto saliente; para muchos, el comienzo de la historia deportiva. Competir en pruebas físicas con espíritu agonístico tenía como intensión honrar a los Dioses del Olimpo. Participar era el ritual más valorado por los griegos, daba la posibilidad de luchar por el honor, de ser mejor.

Por el contrario, actuar no le gustaba a los romanos, en el Imperio el deporte fue todo un espectáculo. Juegos Fúnebres en honor al héroe y combates circenses entre gladiadores para narcotizar a las masas. Los hombres como Máximo Décimo Meridio, General de las Legiones Medias, fiel servidor del verdadero Emperador, Marco Aurelio, etc, etc… eran en realidad esclavos VIP obligados a combatirEl trabajo consistía en evitar que el pueblo asociara sus penurias a la grandeza de Roma.

2.

El modo de producción esclavista dejó paso a la religiosidad oscura y feudal. Durante mil años (Medioevo), el cuerpo fue perseguido brutal y obsesivamente por hereje y pecador. La tortura no logró hacer mella en la ideología humana: jugar caballerosamente, en cualquier terreno. A escondidas, profesionalmente o por placer. Ni en las peores circunstancias nuestros mayores abandonaron el legado prehistórico.

Con el Renacimiento, ciencia, educación y arte volvieron a florecer. Los Juegos Agrícolas, proto- deportes ligados al trabajo diario, vieron acción en la Edad Moderna gracias a la creatividad campesina. Cualquier excusa pareció buena para divertirse y competir; fue el antecedente más cercano a las disciplinas deportivas tal cual las vemos hoy.

Al fin, el advenimiento del Industrialismo produjo distintos eventos. Las relaciones sociales tomaron formas nuevas y debieron acostumbrarse a otros espacios. Crueles migraciones observadas durante la Modernidad tuvieron  dirección obligada: desde el campo a la ciudad.

James Watt inventó la máquina a vapor y al proletariado no le quedó más remedio que aceptar acuerdos leoninos para vivir peor. La involución psíquica y corporal se evidenció en las masas hambrientas y desprotegidas; el proceso se esparció velozmente por Europa. Se consolidó sin oposición.

3.

De inmediato, el capitalismo impuso desarraigo, hacinamiento, sedentarismo y desvalorización de la energía obrera. El trabajo pasó a ser una carga. El juego campesino original, un albur. La cultura del interior se mezcló con la urbana mientras paliaban la deshumanización con moneditas.

Gracias a la mixtura conocimos nuevos sabores, pegadizas tonadas, danzas y juegos con pasado rural que se adaptaron esforzadamente al poco tiempo y a espacios chicos. Recreados por estudiantes acomodados, fueron evolucionando line outs, scrums y tries. Complejas reglas creadas para suavizar lo salvaje y posibilitar actividades reducidas. Transformaron los juegos en deportes presentables. Tiempo y espacios acotados son los culpables de dejarnos fuera de juego al explicar la ley del off side.

Acumulando trabajo alienante y enajenado, el sistema económico generó plusvalía y la enésima reducción espacial. Resultó dificultoso hallar terrenos ociosos; las estrategias didácticas se pusieron a prueba.

La YMCA nació precisamente como un excelente paliativo para el conjunto de estos males. Allí, al cobijo de la palabra de Dios, la educación y la actividad física recreativa, miles de personas encontraron algo de consuelo para sus amargas historias. Los Centros de la Asociación Cristiana proliferaron y funcionaron estupendamente como cemento social. En ellos, se crearon juegos innovadores que dentro de galpones y  gimnasios supieron evitar el mal clima y la apatía general…

4.

El de Springfield fue la cuna del basket ball. Una creación in- door del Profesor canadiense James Naismith en 1891. Aceptó el desafío a pedido del Rector, quien estaba cansado de las inconductas estudiantiles. La ecuación pudo ser resuelta cuando James recordó el juego que de niño lo atrapó en Ontario.

Inspirándose en duck on the rock (pato en la roca),calmó a los revoltosos y transformó la clase para siempre. Naismith dijo: “Colgué las 2 cestas, separé los equipos y lancé la pelota al aire. En ese instante, se acabaron los problemas…” Gracias a la Asociación Cristiana de Jóvenes y al protagonismo docente, el mundo fue mejor; más amigable y divertido…

Entonces, tratar de embocar la pelota ganó adeptos en el mundo. La YMCA y los marines norteamericanos fueron los responsables del marketing. En cada puerto hubo una cancha; por ejemplo, en Bahía Blanca.

La brillante idea, llegó a Buenos Aires hacia 1912. El introductor fue Philip Paul Philips, profesor de la Asociación porteña. Hubo encuentros semanales y se organizaron giras desde la vieja sede de la calle Paseo Colón. En el Centro, los muchachos “cogotudos” practicaron básquet a la salida del trabajo o para despejarse de la Universidad. El gimnasio, denominado “La piecita”, fue testigo de apasionados Torneos Internos que dejaban a los seguidores al borde del colapso.

La pasión desmedida demostrada por los adeptos inspiró al Profesor Federico W. Dickens, reemplazante de Philips en 1919, a empujar la creación de muchas de las Asociaciones Deportivas Argentinas. Apenas se hizo cargo del Departamento de Educación Física de la YMCA de Buenos Aires, Dickens estimuló a los activistas para que gestionaran la creación de clubes. Dado el primer paso, seguidamente los animó a que fundaran la FABB (Federación Argentina de Básket- ball) en 1921. Por su denodada labor, se lo recuerda como el “Padre del Deporte Argentino”.

5.

Dickens es el fiel representante de la Corriente Deportiva Inglesa, que actúa por aquí desde las Invasiones de 1806 (dentro de ella se puede percibir a la YMCA, los clubes de Rugby, Fútbol, Hockey, Golf y Tenis que están ligados, invariablemente, al tendido del Ferrocarril). Otras son: la Corriente Militar (Gimnasia y Esgrima del Ejército, la Sociedad Sportiva, los Clubes de Gimnasia y Esgrima desparramados por toda la Argentina, los Rowing, las cátedras de Gimnasia y de distintos deportes enquistadas en  los profesorados de Educación Física, etc); la Corriente Religiosa (la YMCA, San Lorenzo, Ateneo Popular de Versailles, Náutico Hacoaj, etc); la Corriente Higienista (cuyo referente máximo es el Dr. Enrique Romero Brest, promotor de la actividad física racionalista y del deporte inducido con modelo nacional) y finalmente la Corriente de los Clubes Sociales y Deportivos que fueron  fundados por aquellos muchachos que no estaban dispuestos a mirar la fiesta desde afuera.

Ante la falta de escenarios, los mejores exponentes deportivos de Argentina brotaron de las instituciones barriales fundadas por  los hijos del pueblo inmigrante. Que no tenían dinero para asociarse a lugares “cajetillas”, ni ganas de ir a ningún templo. Tampoco de experimentar un modelo gimnástico innovador y mucho menos, de hacerlo dentro de cuarteles. El objetivo de los amigos de la esquina siempre fue apropiarse del terreno vacío para poder jugar al fútbol, (luego básquet), refrescarse en verano haciendo una pileta y tener al fin, un lugar de pertenencia donde armar la milonga, el garito, el bar. Cualquier deuda se cubría con una kermese o un baile de carnaval.

Eran tiempos en que los jóvenes iban a la escuela para educarse y al club para no ser tontos. Así, la creatividad popular  reemplazó la falta de previsión estatal. El Estado conservador nunca tuvo en cuenta ni los lugares de esparcimiento para la clase trabajadora, ni los espacios para la actividad física de su prole. La epopeya del Dr. Romero Brest no logró garantizar patios aptos para una Educación Física de calidad. El peronismo deportivo sí: avanzó con los clubes de barrio.

6.

El mayor enemigo de la Educación Física es la arquitectura escolar. Muy pocos, a la hora de soñar escuelas pensaron en nuestra materia. Sin espacios adecuados para sobrevivir, la actividad depende exclusivamente de la creatividad y motivación de los docentes del área. Los que pelean contra el menosprecio y el mástil en medio del patio; todo junto y a la vez.

La Educación por Competencias, (facilitar que los niños sean motrizmente competentes para resolver problemas cotidianos), debería ayudarlos a que tomaran buenas decisiones. La inteligencia kinética y el Deporte Escolar son parte de este proceso. Si el deporte en la escuela no sirve para educar, esto es, para que los chicos se lleven al menos dos ideas por clase que los ayuden en su vida diaria, no estaríamos cumpliendo nuestra misión.

Podríamos ayudar a desarrollar habilidades y pericias sin dificultad, pero la realidad, es bien distinta. Pareciera que estamos montados en una bicicleta fija, malgastando energía vital; una pena.

La escisión que en la Argentina existe entre Educación Física y Deporte Federado es insólita. La hora pide a gritos articulación y el deporte es un contenido más de la Educación Física que podría ayudar a lograrla. Si no lo entendemos, pereceremos oponiéndonos al progreso. Direcciones Educativas y  Federaciones Deportivas deberían enfocar este conflicto. Un lío que crece y debemos intentar disolver de la única manera posible: acordando estrategias que tengan a los niños como destinatarios…

Transitamos la cuarta Revolución Industrial: globalización, inteligencia artificial, robotización e internet de las cosas. Un modelo que no tendrá piedad con quienes desatiendan la continuidad educativa. No importará tanto lo que el alumno sepa, sino, que tipo de problemas y desafíos será capaz de resolver o afrontar con lo que sabe. Los que no puedan realizar labores innovadoras o interactuar en equipo, quedarán al borde del camino. Son los desafíos que la nueva tecnología plantea. Las tareas repetitivas estarán reservadas a las máquinas. Esto, realmente huele mal.

Sin embargo, veremos que hay posibilidades de reacción. En Deporte Escolar por ejemplo, no tengo dudas que la respuesta a nuestros males es una: el 3×3. Creo que este viejo juego, que vuelve recargado, es una bendición. Un contenido invalorable para quienes trabajan en minibasquet por ejemplo.

“Los reductos de juego ocupan el espacio posible y se juega la cantidad de minutos que dispongamos, relajadamente, con reglas sencillas”.

Los reductos de juego ocupan el espacio posible y se juega la cantidad de minutos que dispongamos, relajadamente, con reglas sencillas. Y lo mejor: al ser solo 3 jugadores (4 o 5 en total con los sustitutos), los chicos están obligados a tomar muchas decisiones, a correr más, saltar más, involucrarse más… El desafío los invita.

Aun es pronto para calibrar el potencial educativo al que podría llegar. Es un ejercicio que no tiene techo dentro del espectro didáctico y así mismo, muchos entrenadores lo combaten con un entusiasmo propio de talibanes binarios. Es algo que  no se puede entender.

La única seguridad que tenemos es que el cambio es seguro. Los clubes sociales dejaron de serlo junto a la gratuidad; hace rato. La actividad física pasa por gimnasios privados que garantizan una configuración a medida. Para quien no tiene plata, más barato o más caro, da igual. Aquellos niños y muchachos que el club del barrio supo cuidar, hoy deambulan sus ganas de jugar por escuelas y polideportivos. La calle parece peligrosa; la “compu” muy atractiva.

En vez de maldecir por tener que adaptarnos, deberíamos esforzarnos por entender el paradigma y luego tratar de protagonizar algún papel dentro del nuevo esquema. Los niños necesitarán aprender a tomar decisiones, trabajar en equipo, tolerar los fracasos. En este contexto, ninguna herramienta lúdica tiene mejores perspectivas que el 3×3 escolar. Un juego fascinante que ignora los diseños arquitectónicos molestos y es capaz de cumplir holgadamente con las modernas metas curriculares en el escaso tiempo del que disponemos

¡Basta de dudas por favor! ¡Dejen de sufrir…! El 3×3 está aquí  y tiene tantas propiedades beneficiosas como el aloe vera. El momento amerita practicarlo sin mayores dilaciones. Jugando, los chicos se divertirán y desarrollarán habilidades psicomotrices, capacidades técnico/ tácticas, activarán su sistema circulatorio o cualquier grupo muscular y como si esto fuera poco, ensamblarán socialmente con naturalidad.

7.

Una mañana de domingo, tomando mate en la vereda del Club Social y Deportivo y Biblioteca Popular Imperio JuniorsLeón Najnudel sentenció señalando al frente: “Estaremos bien cuando los chicos que van a ese colegio usen las instalaciones ociosas de Imperio, todos los días, hasta las 5 de la tarde”. Veinte años después, los actores de este drama, no pudimos lograr que los chicos de la Escuela N° 8 del D.E. 12, Quintino Bocayuva, crucen la calle. Carecimos de estrategia…

Este ejemplo es solo uno. ¿Porque culparnos? El plan no salió mal, ni siquiera hubo uno. Las probabilidades que en Buenos Aires deporte y escuela sean simbióticos son bajísimas. Y aunque es inevitable empatizar con la Generación Dorada, creer que el modelo se instalará en nuestra sociedad sin gestión escolar o barrial, un grave error.

Cuando en 1956 la historia del básquet mundial nos concedió cita, la CABB respondió sancionando alevosamente a los Campeones del ‘50. Suspendimos a 36 de los mejores jugadores solo porque Perón los premió; renunciamos a los JJ OO de Melbourne sin sentido, perdimos el micro. Recuperar el ritmo nos costó más de cuarenta años.

En cambio, el día que Manu Ginobili se retiró con pelota y gloria en Río de Janeiro, lo que partió fue un tren. Si las estadísticas al respecto existieran, veríamos  que la cantidad de adeptos en edades tempranas no varió. Durante el período más ganador del básquetbol argentino el amperímetro no se movió con respecto al tiempo en que vagamos por el desierto pre- Liga Nacional. Pensar que uno de los mejores equipos del deporte mundial surgió en el país y su ejemplo no lo capitalizamos, da tristeza y mucha bronca.

Ahora, que transitamos un largo interregno, no podemos sentarnos a esperar otro Mesías sin organización. Para eso, antes de plantear objetivos, deberíamos contar con un diagnóstico.

8.

Veamos: indudablemente, algo hay que cambiar. Haciendo las mismas cosas (o sea nada), obtendremos  como vaticinó Einstein, los mismos resultados. Por ende, si alcanzar el tren de la historia llevó décadas, ahora, con tiempos acelerados, espacios ínfimos y niños digitales, lo que necesitaremos es un jet.

El único atajo que encuentro esperanzador en este panorama es el 3×3. Además de lo ya mencionado, nos garantizará romper con la confrontación deporte federado/ deporte escolar y participar exitosamente en la restringida oferta del deporte social. Una de las actividades lúdico/ urbanas mejor posicionada para convivir con las características propias de la “hiper- modernidad”. Es inclusivo (los distintos cuerpos y edades pueden tener un rol dentro del juego) y absolutamente democrático (no discrimina genero, raza, credo o religión).

Estoy convencido. El 3×3 es el último bastión antes que los chicos terminen adoptando la “wii» como solución recreativa. Muchos creen que al probar drives, voleas, cabezazos o fajas virtuales, están practicando deporte en el garaje. Evidentemente, los problemas psíquicos aparecen y son una amenaza.

El 3×3 debe ser prioridad. Claudicar, ni opción. Hacer que los niños en edad escolar consuman un embuste como el “Delegado” es nutrirlos de kriptonita verde. Es un juego aparentemente recreativo en el que pocos la pasan bien y muchos miran. Donde para ganar, inexplicablemente… ¡hay que huir de la pelota!

Basta compañeros: ¡3×3 mata Delegado!

9.

Ante este panorama, el Profesor Jorge Canavessi, entrenador del equipo argentino campeón del mundo, diría: – Estamos en crisis. ¡Hay que atacar! Y espor eso que ahora necesitamos más que nunca del talento de los “Profes” argentinos; de su compromiso y dedicación tenaz.

Para que en cada pueblo intenten formar el mejor equipo 3×3 posible, sin banderías políticas. Debemos tratar que los encargados de la Salud, la Educación y el Deporte municipal trabajen mancomunadamente y hagan uso de esta invalorable herramienta de construcción masiva. Para que pueda ser posible el derecho que los niños tienen a practicar deporte, a tomar clases de Educación Física de calidad, a recibir una Educación por Competencias actualizada.

Desde su creación, la YMCA no deja de promover valores. Allí, hace apenas 128 años, Naismith pensó que había que dejar el mundo un poco mejor y creó el Basket- ball. No puede ser casual que hoy, dentro de la Asociación Cristiana de Buenos Aires, hablemos de las propiedades y beneficios que el 3×3 puede aportar.

Y si alguien piensa que no es así y Ud. amigo lector, duda que se adapte a la complejidad del siglo, entonces, despreocúpese. Le digo más. Si todavía hubiera entrenadores que sienten al 3×3 como una amenaza para el básquet convencional y Ud. coincide, por favor, olvídese de este texto. Como el tango y el Aloe Vera, el noble  juego, sabrá esperar…

Estará expectante, al alcance de quien pueda descubrir en él una oportunidad didáctica y lúdica para cientos de niños y adolescentes. Compatriotas  que merecen todo nuestro esfuerzo en este momento tan particular. Ojalá nos atrevamos  a soñar, salgamos del “modo avión” y les prestemos al fin, un poco de atención.

*  Lic. Prof. Emilio J. Gutiérrez (UBA)

Profesor de Educación Física/ Entrenador de Básquetbol/

Licenciado en Sociología (UBA)