16032015romulo

En este breve cuento, intento mostrar las vivencias de un dirigente deportivo, un santo loco o un delirante soñador, llamado Rómulo.

 

Por Pedro R. Bonnettini *

Terminaba el mes de octubre y en ese largo y tedioso domingo las luces de la tarde dibujaban sombras gigantescas que se confundían con la oscuridad que ya estaba instalada bajo los enormes mangos del fondo del patio.

Don Rómulo, meditaba, sentado en la galería, cómodamente tirado en su destartalado sillón, al que todas las semanas añadía una nueva atadura de alambre, amaba tanto a su sillón porque según él “ya tenía su molde”. Culpa del sillón discutía  con Doña Cora, porque ella lo quería tirar y cambiarlo por uno moderno  de caño y tiritas plásticas, esos que vendían barato los fines de semana en la rotonda de entrada al pueblo.

Don Rómulo, tenía los años  necesarios para hacer un balance de lo vivido, en  eso estaba estos últimos tiempos, cuando más pensaba y recordaba, más se molestaba, porque llegaba a la conclusión que en el balance debía poner “como tiempo perdido”, todo el trabajo, esfuerzo y sueños invertidos en los años que estuvo al frente de su querido club.

Lejos de llevar al estrellato sus sueños, estos se estrellaron contra la realidad, vio nacer muchas generaciones de chicos, los vio crecer y los vio irse, ilusionados con un futuro mejor lejos del pueblo, mientras que él se quedaba con el sabor amargo del sueño sin cumplir.

Cuando más joven y los sueños intactos, puso toda la voluntad en la idea de darle a los chicos alguna alternativa que les dé un mejor pasar, pensó que lo mejor era hacerlo a través del deporte y en su entusiasmo, embarco en la idea a muchos de los padres de los chicos, a él la vida solo le dio nenas y como gente de antes, pensaba que el deporte no era para las mujeres.

Con mucha insistencia logro que los muchachos más grandes se empiecen a  interesar y a trabajar en el futuro y pretencioso “campo de deportes”, también logro que los sábados por la tarde  viniera a trabajar con los chicos el polaco Benítez, ilustre figura deportiva del pueblo que supo brillar en la liga regional.

 Como en todo inicio, eran muchos los que estaban entusiasmados, surgían ideas geniales, otras muy locas y promesas de todo tipo;  recuerda con alegría  que el primer día de trabajo para empezar a limpiar el terreno prestado para nuestro futuro campo de deportes, estuvieron todos, los padres, los chicos y algunos vecinos solidarios.

Después del segundo día de trabajo, sucedió algo curioso, “la mala suerte” se presentó  y aparecieron problemas laborales, enfermedades propias o de parientes desconocidos y otras cuestiones que atacaron a casi todos los que se habían comprometido a trabajar, de última quedo él, los chicos y dos vecinos más.

Pese a todo, el proyecto, estaba en marcha y un sábado a la tarde, justo después de semana santa, llamo a reunión general de padres y simpatizantes porque se tenía que fundar el club legalmente o al menos intentar darle una forma parecida, se tenía que nombrar un presidente, un secretario y un tesorero, ya que había que empezar a caminar para buscar recursos.

Como siempre, en la mira estaban los comerciantes de la zona y la gente influyente con llegada a los políticos de la ciudad, “esos” que tanta veces nos visitaron en época de campaña y nos dijeron “cualquier cosa que precisen, me hacen avisar nomas”.

Hoy en su balance de 22 años, solo tiene para mostrar pilas de horas acumuladas esperando que lo atiendan, pirámides de copias de notas presentadas, una gran cantidad de tarjetas de funcionarios y varios pares de zapatillas gastadas de tanto trajinar por las oficinas públicas

De esa gestión de años, solo consiguió un viaje a Cataratas como premio para los chicos, viajaron en un viejo y descolorido Mercedes 11/12, para peor tuvimos la mala suerte de agarrar en la ruta un temporal de lluvia  y había más agua adentro que afuera y a pesar de la buena voluntad del chofer que metió bolsas de plástico por todos lados.

Recordó también que en todos estos años consiguió seis pelotas de muy mala calidad, dos juegos de camisetas con la propaganda de una candidata a diputada, me daba pena ver a los chicos que parecían más un afiche que un jugador y pocas cosas más, pero es como decía el verdulero del pueblos cuando te vendía fruta pasadas “es lo que hay”.

Pero lo importante, lo que tanto quería, jamás lo pudo conseguir y eso que no eran cosas raras,  pero si imposibles, todos esos años persiguió la posibilidad “que el profesor de educación física que venía de Obera a la escuela rural, tenga unas horas dedicadas al club” y que al menos una vez al año en la salita de salud pública, “un médico se dedicara a los chicos y les hiciera una buena revisación física”.

A pesar de que hable con cuanta autoridad pude, no conseguí respuestas  y eso que hasta el cura que venía cada quince días al pueblo en su destartalado 3 CV nos dio una mano en los pedidos.

La respuesta recién la entiendo ahora, nuestro pueblo, es apenas  un poco más que una colonia y como es lógico tiene pocos votos y la otra es que los profesores de ahora no tienen el compromiso de los profes de antes, ahora son “personal trainer” y si no hay efectivo, no aparecen y lo peor es que no teníamos ninguna comodidad, estamos lejos de todo y hacemos deporte en el campo entre los tacurú y la capuera.

En todos estos años de voluntariado, pasaron por el club todos los chicos del pueblo, desde su más tierna edad, hasta que se fueron a estudiar a la ciudad – casi  ninguno volvió – ahora aparecen para las fiestas de fin de año y suele venir alguno por casa a saludar.

Es lo único que me quedo “el reconocimiento de los chicos”  y es lo que más valoro después de tantos años de lucha, porque los padres de los chicos me dejaron solo y ni que hablar de los políticos, a ellos nunca le importo nada.

Por eso el otro día, con mi edad, que justifica “tener pocas pulgas” me desacate mal en un acto político de la ciudad, al que fui para hacer bulto y aprovechar el paseo, me calenté cuando el candidato dijo:

“Mi compromiso es trabajar por nuestros niños y jóvenes a fin de darle alternativas que lo alejen del vicio, de las drogas y de la calle, les pido que trabajemos juntos para que a través del deporte logremos ese sueño de una sociedad mejor”

Demasiada bronca me dio y no pude evitar gritarle “mentiroso, sinvergüenza”, si era el mismo tipo, que durante años me hizo juntar orín y nunca me dio soluciones, es más la mayoría de las veces, ni siquiera me atendió y ahora agarra la guitarra y viene con ese verso de campaña.

Conclusión, se armó un bochinche por que varios me siguieron con la puteada, fui del forro a la comisaria con un buen lavado de cabeza del comisario y después aguantar por días el rezongo de la patrona – pero bueno – una vez me di el gusto.

Fue una satisfacción inútil, porque la verdad no cambio nada, quedaron en la memoria miles de empanadas, cientos de pollos y montones de rifas que no pudieron darles a los chicos un lugar como ellos se merecen tampoco tuvieron mínimamente los elementos deportivos dignos de su niñez. 

Seguramente la culpa es mía y el fracaso fue consecuencia de mis limitaciones, mi falta de cultura o porque nos estaba preparado para gestionar.

A pesar de que ninguno de ellos llego a ser una figura en el deporte, estoy seguro que todos salieron buenas personas, con un buen recuerdo de su niñez en un modelo que los formo en las buenas costumbres y en los valores y eso me llena el pecho de orgullo.

Su niñez transcurrió “con falta de olla, sin zapatillas nuevas y mucho menos de marca, pero les sobro amor”, les pude dar contención,  dedicación y compromiso, cosas que parece se traen de la cuna y no se aprende en ningún profesorado. 

Amor y compromiso, elementos básicos en la vida de los santos locos o delirantes soñadores que somos los dirigentes deportivos o líderes sociales, me queda la tranquilidad de que no soy el único, que son muchos los que todos los días caminan tras las soluciones – que nunca llegan – .

Lo único que es parejo, es que este mal, es igual para todos, desde el más pobre club rural  hasta el más humilde club de barrio y ahora la malaria le está llegando hasta a los lujosos clubes de la ciudad.

Ya pasaron muchas generaciones de chicos, perdimos cientos de posibles talentos y todo sigue igual y por lo poco que me queda de vida, seguro no voy a ver cambios en el deporte que vengan desde el estado.

No importa, estoy seguro que seguirán apareciendo santos locos para seguir trabajando tras el sueño del servicio social a través del deporte y a pesar del balance negativo, “si es cierto que existe otra vida” seguro que en mi próxima vida vuelvo a ser dirigente deportivo.

Dirigente del Movimiento Social del Deporte (MSD)

Marzo 2015.

pbonnettini@hotmail.com