Camila Giorgi: el triste final deportivo de una gimnasta argentina

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Lesiones constantes, infiltraciones, picos de estrés, y hasta convulsiones fueron los motivos que la obligaron a retirarse a pocos días de Toronto. “Mi cuerpo no podía más, por el bien de mi salud necesitaba parar”, confesó.

 

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En situaciones límite, el instinto del ser humano prioriza la supervivencia, aunque ello, a veces, implique privarse para siempre de ciertas cosas, como las que se aman. La gimnasia rítmica, o la vida misma, puso en aprietos a Camila Giorgi, quien por graves problemas de salud, y con sólo 20 años, no tuvo otra opción que alejarse del deporte que la hizo feliz y que prometía hacerlo aún más. “Me faltaban días y no llegué, me está costando mucho afrontar esto”, cuenta Camila en diálogo con Clarín. “Toronto era mi sueño, mi 'olímpico'”, agrega, emocionada, con respecto a los Juegos Panamericanos 2015 que comenzarán el 10 de julio.

Sus primeros destellos, a los cinco años, fueron en el Polideportivo Carlos Cerutti, en Córdoba, donde rápidamente empezó a destacarse. Su profesora le vio condiciones y la pasó a una categoría mayor. Ya en época de juniors, entre el 2007 y 2011, fue campeona nacional. En el Sudamericano 2012, en Cali, obtuvo el tercer puesto (elemento maza) y salió primera por equipo, premio que repetiría un año más tarde. Y en 2014, antes de la debacle emocional, consiguió su mejor proeza: medalla de bronce en los Juegos Odesur, en Santiago de Chile.

Sin embargo, su historia deportiva -sin final feliz- no la construyeron todos esos títulos, sino el esfuerzo que hizo para imponerse, una y otra vez, a las lesiones. “A los 14 me operaron de los meniscos. Dos años después, mientras me entrenaba en España, donde se iba a definir el equipo para el Mundial y el de los Panamericanos de Guadalajara, me fracturé el peroné y tuve que volver a Argentina. Fue un bajón anímico muy grande”, detalla la cordobesa hincha de Instituto.

“Ese tipo de lesiones, por más dolorosas que fueran, cuando me recuperaba no me afectaban en los entrenamientos”, explica. No obstante, su situación física empeoraría, con el agregado de las repercusiones en lo anímico. En 2014, a causa de una fractura por estrés en un dedo del pie, fue sin entrenarse al Pre Panamericano porque ya la habían inscripto, y porque sin ella su delegación no alcanzaría el puntaje necesario para clasificar. Al regresar, la esperaba (¿o la desesperaba?) el Mundial, donde finalizaría 97°. “Fui infiltrada y cuando volví, los estudios revelaron que además de ese dedo, me había quebrado dos más. Terminé usando botas”, expresa Camila sobre el momento en el que aparecían las primeras dudas, los primeros planteos de si valía la pena continuar o no. Pero hacer lo que uno ama, que es muy distinto a amar lo que uno hace, la ilusión de Toronto, la familia y su entrenadora, Anahí Sosa, influyeron para que siguiera adelante.

Lamentablemente, ya no pudo avanzar. Volvieron los problemas con el estrés, con la ansiedad, y hasta llegó a tener ataques de epilepsia. “Venía entrenándome con un desgaste muy grande, noté que ya no lo estaba disfrutando. Tenía muchos dolores y siempre pasaba algo. Los médicos no me autorizaron a seguir: uno de ellos me dijo que tanto corticoides me afectaba el sistema nervioso. Era lesionarse, infiltrarse y competir. Era un volver a empezar todo el tiempo”, admite, con total sinceridad. Y agrega, en referencia su decisión final: “Mi cuerpo no podía más, por el bien de mi salud necesitaba parar”.

Ahora vivo con dolor, a veces me cuesta agacharme, o bajar las escaleras. Es muy frustrante”, asume con tristeza. Para luchar contra ello, Camila Giorgi cuenta con su equipo de psicólogos, con la familia y con Anahí, que hoy la contienen y son su sostén.

Camila ya no se deslizará divirtiéndose con la pelota y el aro, sus elementos preferidos en la gimnasia rítmica. “Ese lugar donde me podía reflejar a mi misma, era como un arte”, describe, con las palabras justas, denotando una formación envidiable, que tiene un porqué: es amante de las novelas y las biografías. Camila ya no tendrá que levantarse de lunes a sábados para entrenarse cinco horas de corrido, no hará doble turno ni tampoco irá a ninguna concentración. Se enfocará, como se lo pide su cabeza, en otros rumbos. “Voy a estudiar Periodismo y Nuevos Medios, me gustaría viajar más, y sin duda que iré más seguido al cine, como hacía los domingos. Mi deporte es muy individual y me llevó a hacer ese tipo de cosas”, cierra Camila, adjudicándose el deporte, hablando como si fuese de ella. Con esa melancolía a la que le escapaba cuando hacía sus movimientos en los tapices mientras dominaba su cuerpo indómito, ese mismo que ya no tendrá que visitar de urgencia a los médicos.

Fuente: Clarín - Por Gonzalo Arias

(Instagram: giorgicamila)

2 julio de 2015

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