Ciudad de Buenos Aires: Por ley, buscan regularizar a más de 100 clubes de barrio

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La norma les crea una figura propia en el Código Urbano. Tras Cromañón, este tipo de instituciones tuvo los mismos controles que clubes grandes, boliches u hoteles. Y no aprobaban las inspecciones.

Una ley que se votó recientemente en la Legislatura porteña podría otorgarle a los clubes de barrio un reconocimiento vital para que muchos puedan volver a funcionar con todos los papeles en regla. Se trata de la incorporación de una nueva figura al Código de Planeamiento Urbano (CPU). Así muchas de estas instituciones barriales y centenarias serán inspeccionadas en relación a su realidad y no con los parámetros que se aplican para clubes de la magnitud de Boca Juniors, River Plate, San Lorenzo o Vélez Sársfield, que poseen mega infraestructuras y decenas de miles de socios.

Según datos de la Subsecretaría de Deportes porteña, hay en la Ciudad alrededor de 300 clubes, entre federaciones y grandes instituciones con deportes profesionales. Unos 250 son clubes de barrio y 180 están habilitados. “El valor social de lo que representa un club de barrio supera al de la habilitación, es lo que explica que sigan funcionando sin los papeles en regla”, opinó el subsecretario del área, Francisco Irarrazaval. Pero aclaró: “Funcionan siempre y cuando no haya riesgos para los chicos y los vecinos”.

Después de la tragedia de Cromañón (en diciembre de 2004, en donde murieron 194 personas), las leyes cambiaron y los controles para habilitar locales se intensificaron. Así los clubes de barrio quedaron englobados en una serie de controles que los iguala con clubes masivos, con boliches bailables, como Pachá, con hoteles e incluso con restaurantes. En el club Amigos de Villa Luro –con casi 100 años de historia– recuerdan cuando una inspección los obligó a quitar el viejo telón que se usaba en el teatro: “Pretendían que lo cambiáramos por uno ignífugo, pero para nuestro presupuesto era imposible. Al final nos quedamos sin telón y el teatro, convertido en una cancha multipropósito”, recordó Roberto Sío, presidente del club.

La ley fue impulsada por la legisladora Karina Spalla (PRO) y contó con 48 votos positivos. Pero como se trata de una modificación al CPU, se necesita una audiencia pública, que está citada para el próximo 3 de diciembre, y una segunda lectura de la norma, que se realizaría en los primeros meses de 2014. “La ley busca que por un lado se regularicen las obras de ampliación que ya están hechas, pero también que los clubes puedan hacer un uso más intensivo del suelo. Las limitantes existentes en alturas y ocupación terminan siendo un escollo para la inversión de infraestructura y también para el crecimiento de las instituciones”, explicóSpalla. Con la nueva ley los clubes podrían construir hacia arriba tanto como esté permitido en la zona que ocupan.

Alejandro Bodart (MST) se abstuvo de votar la ley: “Puedo compartir que se regularicen las ampliaciones ya hechas, pero la ambigüedad de la ley habilita futuras obras que podrían perjudicar a los vecinos de los clubes ”, explicó el legislador porteño.

“Finalmente quien va a reglamentar esta ley es Deportes. Y no permitiremos que se construya cualquier cosa –aseguró Irarrazaval–. Es vital dar vuelta una ecuación insólita, en donde se multaba a los clubes y luego se los subsidiaba. Es una lógica perversa. Hay que incentivarlos para que encuentren la fórmula que les permita subsistir, sin transformar el club en un emprendimiento gastronómico o cualquier otra cosa”.

En las primeras décadas del 1900 llegó a haber más de 600 clubes. Para subsistir algunos agregaron salas de juegos, estacionamientos, salones de fiesta, bares y restaurantes o alquilan sus espacios como locales partidarios. Pese a los cambios, siguen siendo el centro de reunión de miles de familias, el primer lugar en el que muchos chicos comienzan a entender el sentido de un deporte o el de pertenencia a un grupo. Por eso buscan adaptarse para continuar su historia como parte de la Ciudad.

Pelea contra la pérdida de terrenos y socios

En los 90 el Club Italiano llegó a tener 9.000 socios. Hoy tiene unos 3.000, pero sus dirigentes y su masa societaria luchan a brazo partido para mantenerlo a flote. “Cuando asumimos la presidencia, 8 años atrás, teníamos $ 15 millones de deuda. Nos sentíamos solos contra el mundo”, cuenta Luis Pino, el presidente.

En diciembre el club cumplirá 115 años. En su origen funcionó en Recoleta, pero en 1910 la sede se mudó primero a un terreno que era una quinta de frutas y verduras y luego a su ubicación actual, en Rivadavia al 4700. Entonces Caballito venía a ser como las afueras de la Ciudad, por eso contaban con un magnífico edificio – que aún se conserva– y un parque formidable, que se fue vendiendo a medida que las crisis arreciaban y que las torres comenzaron a copar el horizonte del barrio.

“Ser socio del club era un símbolo de pertenencia. La sede tenía un teatro para 350 personas y un salón blanco para eventos al estilo de los que se construían en los palacios”, contó Alejandro Mac Gaul, gerente comercial. El club tiene un campo de deportes en el Bajo Flores y una importante infraestructura: canchas de hockey (el equipo está en primera), de rugby (en segunda división) y de tenis, que usan 400 jugadores.

“Estamos en un fuerte proceso de modernización. No recibimos subsidios y aprendimos a hacer todo a pulmón, los socios y los dirigentes” le dijo a Clarín Luis Pino. Ahora comienzan con las obras de reconstrucción del Salón Blanco que se incendió hace 6 años.

Inclusión plena entre muchas carencias

En medio del entramado de torres que componen el complejo Lugano 1 y 2, en Villa Lugano, los chicos tienen un lugar donde pasar el día, entre juegos y deportes. “Jóvenes deportistas”, en Soldado de la Frontera 5230, es uno de los clubes más jóvenes de la Ciudad; nació en 1994 y el objetivo principal que promueve es la inclusión plena, en un barrio con muchas carencias.

Si bien lo que identifica a los clubes de barrio es justamente la inserción social en el entramado del barrio, en “Jóvenes deportistas” hacen una bandera de esta política: “Aquí trabajamos con la población más vulnerable, que son los chicos en la primera infancia. Pero no dejamos afuera a la familia, porque no perdemos de vista el medio de donde provienen”, explicó el profesor Javier Demarco, presidente del club.

Tienen 2.000 socios que pueden tomar clases de hockey, fútbol, handball, boxeo, artes marciales, patín, teatro, danzas, tango y talleres y cursos de capacitación, como armado y desarmado de PC, informática y cortos. Para integrar a las familias, organizan bingos familiares, torneos de truco, bailes. Y antes y después de las actividades deportivas, los chicos pueden tomar un desayuno o la merienda.

Días atrás, las categorías 01/02 y 07/08 del club ganaron un torneo del Campeonato Amistad de Fútbol Infantil. Más allá del trofeo Demarco valoró el trabajo en equipo: “Damián y Guido, los profes, fueron chicos que pasaron por nuestro club. Es un orgullo, el mejor campeonato es verlos dirigir. Me dan muchas más ganas para seguir construyendo este sueño”, contó emocionado Demarco. Es que en estas instituciones los vínculos valen mucho más que cualquier torneo.

Fuente: Clarín - POR SILVIA GÓMEZ

26 noviembre 2013.

http://www.clarin.com/ciudades/ley-buscan-regularizar-clubes-barrio_0_1036696374.html

http://www.clarin.com/ciudades/Pelea-perdida-terrenos-socios_0_1036696375.html

http://www.clarin.com/ciudades/Inclusion-plena-muchas-carencias_0_1036696376.html