Opinión
OPINIÒN: Políticas deportivas y olimpismo -- Por RODRIGO DASKAL*

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20160810Daskal

Los Juegos Olímpicos modernos nacen con el Barón de Coubertin, francés de origen aristocrático impactado por las derrotas bélicas de su país e influenciado por la gimnástica alemana y el modelo del deporte inglés de fines del siglo XIX, a la luz del cosmopolitismo de época y regidos por las normas del deporte moderno. Los antiguos juegos eran centralmente un encuentro religioso, y un deporte como práctica limitada a los ciudadanos griegos, sin esclavos ni mujeres, y sin cuantificación, récord o reglas formales y universales.

En Argentina y como fruto de conflictos en los sectores de la elite para representar a nuestro deporte, nacen en 1921 la Confederación Argentina de Deportes (CAD) y por decreto presidencial en 1923 el Comité Olímpico Argentino (COA), fusionándose en 1927 como CADCOA. Durante el primer peronismo la CADCOA se convirtió en la institución rectora del deporte nacional, y parte de ello puede verse en los logros olímpicos: fruto centralmente de esfuerzos individuales, en los treinta y cinco años anteriores nuestras representaciones obtuvieron, cuantitativamente, menos preseas que en el periodo 1945/55 si analizamos todas las competencias de categoría “olímpica”. 

El golpe militar de 1955 y su continuidad en 1976 son momentos oscuros también para el deporte olímpico, otra vez más librado al mero esfuerzo de sus atletas y asociaciones deportivas hasta el año 2009, cuando con la elogiada creación del ENARD el Estado vuelve a garantizar apoyo continuo al deporte olímpico. En el medio, es sancionada la Ley del Deporte en 1974, nunca puesta en funcionamiento en forma plena y concreta.

Como cada juego olímpico, a su término veremos debatir sobre la cantidad de medallas obtenidas con relación al pasado. Más allá de lo cuantitativo, quizás deberíamos atender a lo cualitativo, y no sólo en vista de ciertas variables como la cantidad de deportes representados, sino hacia el futuro con relación a las políticas estratégicas. Para ello, resulta indispensable pensar entre otras cosas, en cómo ampliar la base de deportistas en niños/as y jóvenes en tanto derecho; en la concreción de centros regionales de mediano y alto rendimiento y el financiamiento de infraestructura deportiva; en el reconocimiento a los distintos actores del deporte con voz y voto en las organizaciones deportivas, y en su cobertura social y previsional. También, en un registro estadístico profundo que permita planificar políticas deportivas nacionales y locales, vinculadas también al sistema educativo.
Todo ello fue debatido en los años 2014 y 2015 en lo que fue la sanción de las leyes 27.201 de creación del Enaded (Ente Nacional de Desarrollo Deportivo) y 27.202, de actualización de la Ley del Deporte de 1974, leyes que no fueron puestas hasta el momento a rodar. Tal vez la discusión de fondo sea también, cómo dejar de pensar el deporte como un instrumento (que también lo es) para posicionarlo como un derecho social con sus distintas variables económicas, de salud, educación, etc. y desde allí, el rol del Estado y de los distintos actores deportivos. Probablemente desde ese lugar de las políticas públicas tengamos mayores certezas sobre el futuro del campo deportivo y cuyo resultado sea también, cualitativa y cuantitativamente, observable en el deporte olímpico.

* Sociólogo. Centro de Estudios del Deporte /UNSAM

Fuente: El Cronista

05/08/2016

http://m.cronista.com/Mobile/nota.html?URI=/contenidos/2016/08/05/noticia_0018.html

 
FUTBOL: Nadie votó a Menem, nadie votó a Grondona… Todo pasa

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20160726grondona3

Resulta que Julio Humberto Grondona ejerció una dictadura entre 1979 y 2014, que permaneció al frente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) por imperio de designios divinos, no por los votos de buena parte de los mismos actores -o vecinos, amigos, allegados- que hoy se golpean el pecho despotricando por “la herencia recibida”. El culto a la hipocresía de la pelota no desentona, de cualquier modo, con la del ejemplo emanado desde la entidad madre internacional, la FIFA, de la que aún se ignora hasta dónde caló la corrupción.

 

Dirigentes mediocres, oportunistas, de refinados gustos, salvo un puñadito de excepciones, disfrutaron de las mieles del fútbol durante añares, a la par que desde diferentes gobierno nacionales de turno acompañaban bajo el paraguas del “siga, siga”.

 

La Argentina global es una caja de sorpresas. Tanto que cada vez que se produce un hecho rimbombante, no pocos piensan que más que eso sería imposible y al rato nomás, alguien canta “quiero retruco” y dobla la apuesta. Al fútbol, por tanto, hay quienes creen que se lo debe envolver con el mismo papel.

 

Don Julio, como se lo conocía y se lo llamaba desde los cuatro puntos cardinales de la dirigencia futbolera nacional, en tono de respeto, básicamente, dejó una huella tan profunda en la AFA, como inentendible para aquel observador que se esmera desde la distancia a procurar desentrañar por qué el descalabro reinante en una de las potencias que tiene el balompié mundano.

 

¿Cómo se llegó a la instancia de que se tenga que encarar esta nueva etapa empezando por determinar con qué fondos se pagará la cuenta de la luz? Tal cual lo expresó el titular del comité regularizador, Armando Pérez.

 

¿Cómo se logra pasar al olvido así nomás el empate 38 a 38 en la frustrada elección presidencial de la AFA de diciembre pasado? Había 75 asambleístas, pero resulta que a la hora del conteo de votos el ex presidente Luis Segura y el vicepresidente de San Lorenzo y estrella de la TV argentina, Marcelo Tinelli, cosecharon la misma cantidad de papelitos.

 

¿Qué sucedió un día que ya estaba lista la denominada Superliga y de pronto quedó bajo un manto de neblina? Si hasta fue traído un especialista español para que contase las bondades de ese esquema organizativo en el mundo. Sólo le faltó almorzar con Mirtha Legrand al presidente de la Liga Profesional de Fútbol de España(LPF), Javier Tebas; por lo demás, derramó verba por doquier.

 

¿Quiénes vendían clandestinamente entradas especiales durante el Mundial de Brasil 2014? ¿Algunos de los actores que siguen siéndolo hoy?

 

Aplaudidores del Fútbol para Todos hoy se ubican en la primera línea de quienes sostienen que el Estado “no debe poner un peso en el fútbol” y hasta se chocan a los codazos para levantar la bandera de que “siempre el hincha pagó, en definitiva, porque veía el fútbol por el cable”.

 

A diferencia de otros escenarios de la sociedad, en el fútbol argentino no se observa una “grieta” que separe a unos de otros, más bien casi todos están de un mismo lado.

 

Sobran preguntas sin respuestas y también, sobran respuestas para otras preguntas, pero en este caso, incómodo, prevalece el “yo… Argentino”, o el “yo no fui”.

 

La fragilidad de la memoria sustentada muchísimas veces por la conveniencia, seguramente volverá a hacer las suyas a partir de que se oficialice el DT nacional que sucederá a Gerardo Martino, o cuando convenzan a Lionel Messi para que dé marcha atrás con su renuncia al equipo, o cuando… Sobrarán las ocasiones.

 

Es el fútbol que nos toca ¿Qué hubiera sucedido si el seleccionado nacional hubiese ganado la Copa América en Estados Unidos? Sabe Dios ¿no? Todo pasa, decía Don Julio.

 

Fuente: Block

 

23 julio de 2016

 

https://delgadomoralesblog.wordpress.com/2016/07/23/nadie-voto-a-menem-nadie-voto-a-grondona-todo-pasa/

 

 

 

 

 

 

 
 
El club, legado y modelo -- Por Verónica Moreira* y Rodrigo Daskal**

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20160721foto frente a AFA

Dos puntas de un mismo hilo histórico, aunque también distinto, las que vemos en dos temas de hoy en el tapete: el alza de las tarifas de servicios y sus estragos en los clubes de barrio por un lado, y la posibilidad (esbozada por el presidente de la Nación) de que los clubes puedan transformarse de sociedades civiles sin ánimo de lucro en sociedades anónimas deportivas, por el otro. ¿Qué separa, en apariencia, a ambas cuestiones? El caso de los clubes de barrio muestra, en su afección a actividades deportivas y culturales, un golpe a espacios habitualmente considerados de participación social, comunitaria y vecinal, con énfasis en niños y adolescentes que encuentran en ellos contención mediante el deporte. El segundo punto, en cambio, parecería en principio destinado a los clubes con fútbol profesional, originado en la crisis institucional del mundo del fútbol y las dificultades económico-financieras de la mayoría de esas instituciones. Sin embargo, hay un hilo que las une, aunque se muestre oculto y muchas veces naturalizado en el sentido común: es el modelo de club “argentino” basado en su carácter intrínseco de capital social y red cívica, plasmado en un tipo legal de asociación civil no lucrativa.

Nuestros clubes, los que hicieron posible tanto el desarrollo del espectáculo futbolístico con sus especificidades, como su dimensión multifacética con sus actividades deportivas, sociales, culturales y políticas; con continuidades, rupturas, conflictos y debates en tanto modelo de organización social y deportivo, se han sostenido a lo largo del tiempo, han modificado paradigmas respecto de su propio status institucional y de las formas de la (y su) acción política, se han vinculados a la esfera estatal y reaccionado a las tensiones de la propia realidad social y política. Hijos del modelo del deporte inglés, la sociabilidad cultural francesa y la resignificación criolla, este formato privado en manos de sus socios exclamó históricamente su rol de constructor institucional del deporte y subsidiario del Estado: en sus instituciones se cobijaron los argentinos y creció el deporte en el país, así como el fútbol profesional y con él, el espectáculo comercial. ¿Qué es, entonces, lo que estaría en juego de modificarse legalmente este status legal producto de la crisis en el fútbol profesional? Por un lado, los clubes con fútbol podrían mutar en meras sociedades anónimas comerciales desterrando su carácter comunitario y social y el bien público que implica su cultura de club para los que le dan vida; sus bienes patrimoniales y simbólicos, usufructuados como botín de guerra. De la misma forma, estarían en (mayor) peligro los clubes de barrio, acosados por el alza de costos pero también por la competencia privada comercial y la garra del negocio inmobiliario. Es que si detrás del fútbol y de algunos otros pocos deportes está el negocio, más detrás aún del negocio está el club como soporte institucional, y con él la tertulia del bar y la sociabilidad del asado, la complicidad del deporte compartido así como la salud y la educación.

Las contradicciones y conflictos que generan los clubes con fútbol en su crecimiento proceden de la hiperprofesionalización de dicho deporte a cargo de dirigentes amateurs y de la existencia de actividades que no dan ganancia económica. Fueron dos dimensiones que coexistieron y coexisten en estas instituciones, incluso en ciertos clubes que disponen en los últimos años de mínimos recursos para el amateurismo y la recreación de su comunidad bajo el principio de la racionalidad económica. ¿Cómo cambiar la identidad de los clubes de fútbol basada en la idea de que los dueños de las instituciones son los socios, y que en tanto socios/ hinchas en los estadios, los creen y sienten como su segundo hogar? El crecimiento y el desarrollo de las prácticas deportivas y recreativas se traducen en el día a día en experiencias de socialización, de relaciones cara a cara en un mundo actual que sobreestima el individualismo y los bienes materiales. Ello, como hemos dicho, a la vez que conservan y estimulan espacios de reunión y debate: una vida asociativa donde se ejercen virtudes democráticas y prácticas de participación y representación.

Salir de sus respectivos laberintos, tanto a clubes de barrio como a los “de fútbol” en sus diferentes tipologías, debería implicar entre otras cosas la capacitación y honestidad dirigencial y el compromiso de los socios. Pero estos cambios necesarios, tan epocales como frutos del conflicto en la arena política, pueden volverse derrota si lo que se afecta –modificando la ley de asociaciones civiles y el estatuto de AFA, centros de poder políticos diferentes pero entrelazados– es el corazón mismo de los clubes en sus principios y basamento de origen, aquello que iguala a un gran club de fútbol con otro humilde de barrio o pueblo: su carácter de bien social y patrimonio cultural.

* Antropóloga.

** Sociólogo.

Fuente: Página 12

14 julio de 2016

http://m.pagina12.com.ar/diario/deportes/8-304176-2016-07-14.html

 

 

 

 

 

 
 
Un club no es una guardería social -- Por Egidio Luis Jacobi

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20160718Jacobi

Los mortales pagamos por todo: seguros de salud, previsión social, entretenimiento, por si chocamos el automóvil, por la educación de nuestros chicos, para la asistencia espiritual, y hasta aseguramos nuestro sepelio, pero curiosamente muchos creen que los clubes son hadas madrinas que deben hacer de sus hijos buenos deportistas y ciudadanos, a costa del sacrificio de otros.

Los seguidores del fútbol del interior del país no hemos comprendido totalmente la importancia de una institución social y deportiva. En las grandes ciudades es un privilegio y una oportunidad muy cara enviar a los hijos a un club que los contenga, les enseñe, les permita desarrollarse en su deporte preferido. En el interior provinciano muchas veces da la impresión de que muchos, no todos,suponen que el club es una especie de guardería que tiene la obligación de sacarles a los chicos de la casa y cuidárselos durante algunas horas por día. Y cuando tienen que aportar trabajo o dinero, no lo entienden. Muchos ni siquiera van al club para alentar a sus hijos en la práctica deportiva o en una competencia, donde para un chico no hay nada más estimulante que sus padres lo estén mirando y se muestren interesados en su juego.

Es para analizar. Pagamos preventivamente para el cuidado de nuestra salud (obras sociales), de nuestra vejez (aportes previsionales), para nuestro alimento espiritual (cuando colaboramos con la iglesia), para nuestro entretenimiento (mensualmente el cable), para la educación (la cuota en el colegio), por si chocamos el automóvil (seguros), para mantenernos informados (diarios y periódicos), y muchas cosas más. Podría decirse que hasta pagamos por nuestra muerte porque en la mayoría de las ciudades están los servicios sociales a los que se abonan cuotas para asegurar un futuro servicio fúnebre a la hora de partir de esta tierra. En cambio los clubes, que con altos costos de mantenimiento ofrecen espacios y oportunidades para que nosotros y nuestros hijos y nietos se desarrollen sanos y bien entretenidos… ¿No merecen que se les pague una cuota mensual o unas horas de trabajo un fin de semana? ¿Acaso el club y el Estado tienen la obligación de darnos todo gratis mientras hacemos “la plancha” en casa?

20160718para el Club

Miles de chicos practican deportes en las canchas de los clubes de pueblos chicos, pero eso no se traduce en más socios o más colaboradores a la hora de recaudar fondos. Es triste ver que muchos padres están ausentes mientras trabajan personas que ni siquiera tienen a sus hijos usufructuando el club. Lo hacen solo por amor a la institución, a la camiseta. Otros podrían hacerlo por amor a sus hijos.

El amateurismo es caro. Se haría extenso hablar de lo que cuesta mantener un club, un campeonato, un partido amistoso que requiere traslado, la vestimenta, además de los riesgos que asumen sus directivos porque alguien se puede accidentar y los padres probablemente estarán atentos a demandarlos.

Duele escuchar cuando alguien critica a los directivos porque las instalaciones del club están deterioradas, sus baños en mal estado, etcétera, como si no costara dinero repararlos, y como si los seres humanos no tuviéramos ese lado salvaje que nos lleva a no cuidar, romper, escribir o rayar sobre lo limpio.

La sociedad toda, pero también las empresas tienen una responsabilidad social;no pueden quedarse en la queja de que los jóvenes se vuelven peligrosos y mal entretenidos, tiene que colaborar para que los conviertan en grandes hombres y mujeres a través del deporte y la sana convivencia.

Fuente: Paralelo 32

http://www.paralelo32.com.ar/secciones/notas.php?id=25262


OPINIÒN

El club, legado y modelo

 

 

 

Por Verónica Moreira* y Rodrigo Daskal**

 

Dos puntas de un mismo hilo histórico, aunque también distinto, las que vemos en dos temas de hoy en el tapete: el alza de las tarifas de servicios y sus estragos en los clubes de barrio por un lado, y la posibilidad (esbozada por el presidente de la Nación) de que los clubes puedan transformarse de sociedades civiles sin ánimo de lucro en sociedades anónimas deportivas, por el otro. ¿Qué separa, en apariencia, a ambas cuestiones? El caso de los clubes de barrio muestra, en su afección a actividades deportivas y culturales, un golpe a espacios habitualmente considerados de participación social, comunitaria y vecinal, con énfasis en niños y adolescentes que encuentran en ellos contención mediante el deporte. El segundo punto, en cambio, parecería en principio destinado a los clubes con fútbol profesional, originado en la crisis institucional del mundo del fútbol y las dificultades económico-financieras de la mayoría de esas instituciones. Sin embargo, hay un hilo que las une, aunque se muestre oculto y muchas veces naturalizado en el sentido común: es el modelo de club “argentino” basado en su carácter intrínseco de capital social y red cívica, plasmado en un tipo legal de asociación civil no lucrativa.

Nuestros clubes, los que hicieron posible tanto el desarrollo del espectáculo futbolístico con sus especificidades, como su dimensión multifacética con sus actividades deportivas, sociales, culturales y políticas; con continuidades, rupturas, conflictos y debates en tanto modelo de organización social y deportivo, se han sostenido a lo largo del tiempo, han modificado paradigmas respecto de su propio status institucional y de las formas de la (y su) acción política, se han vinculados a la esfera estatal y reaccionado a las tensiones de la propia realidad social y política. Hijos del modelo del deporte inglés, la sociabilidad cultural francesa y la resignificación criolla, este formato privado en manos de sus socios exclamó históricamente su rol de constructor institucional del deporte y subsidiario del Estado: en sus instituciones se cobijaron los argentinos y creció el deporte en el país, así como el fútbol profesional y con él, el espectáculo comercial. ¿Qué es, entonces, lo que estaría en juego de modificarse legalmente este status legal producto de la crisis en el fútbol profesional? Por un lado, los clubes con fútbol podrían mutar en meras sociedades anónimas comerciales desterrando su carácter comunitario y social y el bien público que implica su cultura de club para los que le dan vida; sus bienes patrimoniales y simbólicos, usufructuados como botín de guerra. De la misma forma, estarían en (mayor) peligro los clubes de barrio, acosados por el alza de costos pero también por la competencia privada comercial y la garra del negocio inmobiliario. Es que si detrás del fútbol y de algunos otros pocos deportes está el negocio, más detrás aún del negocio está el club como soporte institucional, y con él la tertulia del bar y la sociabilidad del asado, la complicidad del deporte compartido así como la salud y la educación.

Las contradicciones y conflictos que generan los clubes con fútbol en su crecimiento proceden de la hiperprofesionalización de dicho deporte a cargo de dirigentes amateurs y de la existencia de actividades que no dan ganancia económica. Fueron dos dimensiones que coexistieron y coexisten en estas instituciones, incluso en ciertos clubes que disponen en los últimos años de mínimos recursos para el amateurismo y la recreación de su comunidad bajo el principio de la racionalidad económica. ¿Cómo cambiar la identidad de los clubes de fútbol basada en la idea de que los dueños de las instituciones son los socios, y que en tanto socios/ hinchas en los estadios, los creen y sienten como su segundo hogar? El crecimiento y el desarrollo de las prácticas deportivas y recreativas se traducen en el día a día en experiencias de socialización, de relaciones cara a cara en un mundo actual que sobreestima el individualismo y los bienes materiales. Ello, como hemos dicho, a la vez que conservan y estimulan espacios de reunión y debate: una vida asociativa donde se ejercen virtudes democráticas y prácticas de participación y representación.

Salir de sus respectivos laberintos, tanto a clubes de barrio como a los “de fútbol” en sus diferentes tipologías, debería implicar entre otras cosas la capacitación y honestidad dirigencial y el compromiso de los socios. Pero estos cambios necesarios, tan epocales como frutos del conflicto en la arena política, pueden volverse derrota si lo que se afecta –modificando la ley de asociaciones civiles y el estatuto de AFA, centros de poder políticos diferentes pero entrelazados– es el corazón mismo de los clubes en sus principios y basamento de origen, aquello que iguala a un gran club de fútbol con otro humilde de barrio o pueblo: su carácter de bien social y patrimonio cultural.

* Antropóloga.

** Sociólogo.

Fuente: Página 12

14 julio de 2016

http://m.pagina12.com.ar/diario/deportes/8-304176-2016-07-14.html

 

 

 

 

 

 

 

 
 
Fútbol ¿alguien me puede explicar?

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Reproducimos una nota de Horacio Micucci publicada en la Agencia de Noticias y Contenidos del Instituto de Estudios Nacionales.

  20160718afa

 ¿Alguien me puede explicar por qué el Clarín de hoy (27/6) titula: “Peor imposible... tercera derrota en una final en dos años”?

¿Y por qué no titula: “El fútbol argentino demostró una vez más su permanencia en los primeros puestos a pesar de los dirigentes mafiosos, con vinculaciones narcos y de múltiples negocios ilegales, barrabravas cuasi paramilitares para todo servicio y asociados a grupos político-económicos dominantes y toda clase de “irregularidades”, negociados, blanqueo de dinero mal habido y la consecuente carencia (desde el estado) de planes para un deporte que sea derecho inalienable de todos, en particular de los niños? (Recordar que los planes de deporte del peronismo, de la primera etapa de Perón, permitieron que, además, se hicieran controles sanitarios preventivos a los niños).

¿Y por qué renuncian los mejores jugadores del mundo y no renuncian los dirigentes (oficialistas y opositores de Grondona) que hicieron un fabuloso negocio (para ellos y el gobierno de turno) con el Fútbol para todos y el fútbol en general? ¿Me dirán que los jugadores no sienten la Patria y hasta no cantan el himno? Cierto, pero es lo que les enseñan desde arriba del Estado: El nuevo presidente Macri no usó la palabra Independencia en su discurso del 20 de Junio, a días del bicentenario de la Declaración de la Independencia de toda dominación extranjera. ¿Será porque se promueve la creencia de que Belgrano creó la bandera para festejar nuestra integración al mundo como subordinados y no como símbolo de independencia?

¿Y por qué esa vergüenza del fútbol y el deporte mafioso (¡Aníbal es dirigente del hockey!) continúa con este gobierno, cuyo presidente Macri habla, de igual a igual, con el presidente (¿mafioso?) de la FIFA? Ocupa en eso su tiempo, en lugar de ocuparse de los bajos salarios y jubilaciones, de tomar medidas contra la desocupación y por la pobreza cero, de la real inexistencia de un sistema de salud y educación para todos, de techo para todos y tierra para el que la trabaja.

Una cosa es ganarle a los yanquis (o a los ingleses, o a los rusos o a los chinos), y acepto allí el orgullo de un país oprimido al vencer, en algo, a sus opresores. Y otra es ir a Brasil con una imbécil “cancioncita” que dice “Brasil decime que se siente tener en casa a tu papá...” que fue promovida por esos delincuentes que dominan el fútbol y la dependencia argentina, herederos de aquel ministro de la dictadura, Harguindeguy,que decía que éramos un país europeo. Rubios y de ojos celestes...

Esa arrogancia argentina (y porteña) es promovida por quienes siempre se opusieron a la unidad latinoamericana. Seamos humildes con los humildes y arrogantes con los poderosos que nos oprimen. Seguro que los que promovieron aquella “cancioncita” no promoverán canciones contra el colonialismo inglés en Malvinas y contra la base china en Neuquén.

¿Me dirán que en los países vecinos cantan cosas iguales? Cierto, porque las oligarquías latinoamericanas son, también, contrarias a la Unidad Latinoamericana. Y promueven esas divisiones que favorecen a los imperios que nos rapiñan. Y son antifederales, de paso. Que el unitarismo está hoy más vigente que nunca con el anterior gobierno y con éste nuevito.

Compatriotas: pongamos la indignación donde debe estar, y el patriotismo donde debe estar.

Y a los ladrones, que robaron y roban con el Estado y el Gobierno que se fue y el que llegó, para construir o engordar grupos empresarios que lucran con nuestra dependencia (desde el “robo para la corona”, las coimas del Senado, las bóvedas y bolsos hasta los Panamá Papers) pongámoslos en las cárceles...

De una vez por todas... 

Fuente: Semanario HOY

 29/06/2016

http://www.pcr.org.ar/nota/cultura-y-debates/f%C3%BAtbol-%C2%BFalguien-me-puede-explicar

 

 

 

 

 

 

 
 

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