Opinión
Balance de los Juegos Olímpicos: Dispares opiniones A pesar de las emociones, acá no hubo crecimiento

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Juan Martín Del Potro y Paula Pareto emocionaron a todos con sus performances en Río 2016. //CEDOC

Lamayor cantidad de medallas doradas ganadas desde Londres 1948invita a creer que el deporte argentino está en el rumbo correcto. Lo que falta hacer es enorme.

Dentro de pocas semanas, en Glasgow, la Argentinajugará ante Gran Bretaña una nueva semifinal de laCopa Davis. La undécima desde 2003. Unrécordde eficacia que supera al de cualquier otro equipo en el siglo. Inclusive a los que, en ese mismo período, ganaron el trofeo.

Hace una semana,Juan Martín del Potroredondeó una semana inolvidable –increíble, sensacional, inimaginable, sorpresiva, pongan el adjetivo que quieran y en ningún caso será exagerado–, y se quedó con lamedalla plateadaen el tenis olímpico de Río. El logró lo que aquí no pudieron desde Novak Djokovic hasta Serena Williams.

¿Alguien cree realmente que, pese a la elocuencia de estos resultados, el tenis argentino atraviesa una etapa floreciente?

Muy por el contrario. Atraviesa una época muy complicada.No tuvo representación femenina en Río–consecuencia directa de no tener jugadoras en un casillero razonable de los rankings– y, entre los varones, nadie termina de afianzarse con continuidad como para que volvamos a tener alguien cerca de los treinta mejores de la clasificación. Para una nación que, hace poco más de una década, tuvo cuatro jugadores entre los diez primeros, no es ilegítimo hablar de crisis.

La referencia sirve, por un lado, para recordar queno siempre los resultados en el deporte son el reflejo de los procesos por los que esos deportes atraviesan.Por el otro, constituye una introducción ideal para poner en contexto lo que ha sucedido con nuestros deportistas en losJuegos Olímpicosque concluirán esta noche.

Con lamayor cantidad de medallas doradas ganadas desde Londres 1948, muchos de nosotros, más cercanos o más distantes a esta pasión inexplicable que nos parte la cabeza cada cuatro años, nos tentamos y, ante la consulta, respondemos con firmeza que lo que acaba de suceder es la muestra del crecimiento del deporte argentino en estos últimos años.

Sería largo, tedioso y hasta injusto analizar caso por caso a cada uno de los deportes representados aquí. Y a los que ni siquiera lograron clasificar deportistas. Pero a cuenta de explicaciones futuras, desde ya les digo que no es así. Y quecreer que se está en el rumbo correcto considerando al deporte argentino como una sola cosa es un errorque sólo puede provocar un retroceso. Y beneficiar al lote de dirigentes de distintas federaciones que se empeña en que todo salga mal. Comenzando por la AFA.

La primera dorada la ganóPaula Pareto, un fenómeno deportivo, profesional y humano al cual quitarle el mínimo mérito adjudicándoselo a factores externos es una irrespetuosidad. Medalla de bronce en Beijing, quinta en Londres, subcampeona mundial en 2014 y campeona mundial en 2015, su leyenda comenzó a escribirse mucho antes de que el deporte argentino soñara con los recursos con los que comenzó a contar a partir de la creación del Enard.

La segunda fue la primera en la historia para el yachting argentino, el segundo deporte más exitoso de nuestro país a nivel olímpico detrás del boxeo gracias a una formidable racha invicta en la que, desde 1996, siempre logró, al menos, un podio.Santiago Langees olímpico desde 1988. Ganó dos medallas con Espínola en 2004 y 2008, estuvo ausente en 2012 y se reformuló de la mano de la primera clase mixta de este deporte. Superó serios problemas de salud y demostró ser el más notable hombre de vela de nuestra historia. A su lado estuvoCecilia Carranza, una rosarina que participó en Beijing y en Londres en la clase Láser. A fines de 2012, durante la Fiesta Provincial del Deporte, en Santa Fe, me comentó sobre su tristeza porque la dirigencia de su deporte le negaba la posibilidad de dejar la clase en la que competía para intentar en Nacra. “Me dicen que si me cambio, me quitan la beca. Y no les importa cuando les digo que siento que en Láser ya llegué al techo que podría romper en la clase nueva”.

No creo que alguna gestión que intenté haya dado frutos. Es frecuente que los deportistas busquen algún atajo para llegar informalmente a gente del COA o del Enard para esquivar los escollos que con demasiada frecuencia le ponen dentro de sus propios deportes.

Finalmente, Cecilia pudo cambiar de clase. Y ganar su primera medalla olímpica. Dorada.

A tal punto los resultados estánsujetos a muchas más variables que la de los recursos económicos –mucho mayores que en el pasado pero aún insuficientes–, que Cecilia y Santiago ganaron su título en una regata final en la que fueron penalizados dos veces. “Todavía no lo creo”, confesó Lange. “Es imposible llegar sexto en una Medal Race después de dos sanciones”, dijo este fenómeno, evidentemente capaz de provocar imposibles.

La tercera fue la deLos Leones, una creación colectiva entre un cuerpo técnico fenomenal encabezado porCarlos Reteguiy un plantel de jugadores cuyo rango etario es de más de quince años. Fue un proceso que abarcó todo un ciclo olímpico que tuvo su génesis en equipos juveniles preexistentes al Enard: en la Argentina, sobre todo entre las mujeres, el hóckey cuenta con una base en colegios y en clubes que lo pone a resguardo aun de más de un desquicio producido en su estrato dirigencial desde hace varias décadas.

Ninguno de ellos ignora ni el valor de apoyo a las giras, ni lo que ayudan las becas. Sin embargo, hicieron buena parte de su preparación en la cancha del Cenard, que la administración anterior a la actual dejó en un estado tan lamentable que se debió instalar una carpeta nueva a un mes y medio de los juegos.

En algún rincón de los ciclos –por lo general, en muchos rincones– la real variable de las performances dependen, por encima de todo, de la mística de grupos de atletasque hacen las cosas a pesar de que se los exponen sistemáticamente a impedimentos absurdos. El hóckey está incluido en eso.

Pese a que muchas cosas mejoraron, lo que falta hacerse es enorme. Lejos de que estos juegos hayan expresado un crecimiento estructural de nuestro deporte,han dejado en evidencia el pecado profundo de no acompañar debidamente el talentoy la capacidad de sacrificio de nuestros muchachos.

“Nadie duda del valor de los recursos del Enard. Pero serán vanos si no se los acompaña conmejoras profundas en infraestructura y la instalación de políticasque vuelen por encima de los caprichos, las contradicciones y hasta la impudicia de algunos dirigentes.”

El Enard necesita imperiosamente un brazo político que trabaje intensamente en el control, el debate y las coincidencias con las federaciones. Jugando al respeto mutuo: el de la autonomía de las entidades y el del dinero público que las nutren.

El futuro seguirá comprometidosi no hay gimnasios suficientes donde entrenarse, pedanas donde fomentar la esgrima, pistas donde correr, cajones donde saltar, jaulas donde lanzar, piletas donde nadar y espejos de agua donde remeros y palistas se preparen sin enfermarse en el intento.

Sepan disculpar. Sepan, también, que las emociones de Río me conmovieron tanto como a ustedes.

Pero si nos quedamos en la borrachera de los triunfos, le estaremos haciendo un daño irreparable a nuestro deporte.

El auténtico sueño en el que debemos embarcarnos es en el de que las medallas, los diplomas y esas pequeñas grandes victorias que nos hacen llorar, sean la consecuencia de políticas estructurales que acompañen los esfuerzos y las capacidades individuales y colectivas, y ya no el mérito exclusivo de gente que se obstina en esquivar el “no se puede”.

Diario Perfil – Por Gonzalo Bonadeo

21 agosto de 2016

http://442.perfil.com/2016-08-21-470889-a-pesar-de-las-emociones-aca-no-hubo-crecimiento/

 

 

 

 

 

 
Leonardo Boff: "Los Juegos Olímpicos, metáfora de la humanidad humanizada"

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"Nos invitan a reflexionar sobre la importancia antropológica y social del juego"

“Tal vez este evento sea uno de los pocos espacios en los cuales la humanidad se encuentra consigo misma, como una única familia Río

En los Juegos "impera otra lógica, diferente de la cotidiana de nuestra cultura capitalista"

Por Leonardo Boff *

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Desde el día 5 de este mes de agosto Río de Janeiro es la sede de los Juegos Olímpicos de 2016. Se ha creado una inmensa infraestructura de arenas, estadios, nuevas avenidas y túneles que dejarán un legado inolvidable a la población carioca.

La apertura y la clausura son ocasión de grandes celebraciones, en las cuales el país que hospeda intenta mostrar lo mejor de su arte y singularidad. La apertura esta vez fue de un esplendor inigualable, a semejanza de los grandes desfiles de las escuelas de samba. Los efectos de luces y de imágenes proyectadas en pantallas enormes creaban una atmósfera de mágica y casi surrealista, provocando en muchos lágrimas de emoción.

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El momento principal fue el desfile de las delegaciones de 206 países, un número mayor que el de los países representados en la ONU, que son 193. Cada delegación desfilaba con trajes típicos de sus pueblos, destacándose por sus colores vistosos y elegantes, los trajes africanos y asiáticos.

Sabemos que en todas las relaciones sociales e internacionales subyacen intereses y maniobras de poder. Pero aquí, en los Juegos Olímpicos, si existieron, fueron prácticamente invisibles. Predominaba el espíritu deportivo y olímpico por encima de las diferencias nacionales, ideológicas y religiosas. Aquí todos estaban representados, hasta un grupo, muy aplaudido, de refugiados que hoy inundan especialmente Europa.

Tal vez este evento sea uno de los pocos espacios en los cuales la humanidad se encuentra consigo misma, como una única familia, anticipando una humanización siempre buscada pero nunca definitivamente mantenida porque todavía no hemos avanzado en la conciencia de que somos una especie, la humana, y tenemos un único destino común junto con nuestra Casa Común, la Tierra.



Este tal vez sea el mensaje simbólico más importante que un evento como este envía a todos los pueblos. Más allá de los conflictos, diferencias y problemas de todo tipo, podemos vivir anticipadamente y, por un momento, la humanidad que finalmente se humanizó y encontró su ritmo en consonancia con el ritmo del propio universo. Este es uno y complejo, hecho de redes incontables de relaciones de todos con todos, constituyendo un cosmos en cosmogénesis, gestándose continuamente a medida que se expande y se complejiza. A este ritmo no escapa tampoco la humanidad.

Los Juegos Olímpicos nos invitan a reflexionar sobre la importancia antropológica y social del juego. No pienso aquí en el juego que se volvió profesión y gran comercio internacional como el fútbol, el baloncesto y otros, que son más bien deportes que juegos. El juego, como dimensión humana, se revela mejor en los medios populares, en la calle o en la playa o en algún espacio con hierba o con arena. Este tipo de juego no tiene ninguna finalidad práctica, pero lleva en sí mismo un profundo sentido como expresión de alegría de divertirse juntos.

En los Juegos Olímpicos impera otra lógica, diferente de la cotidiana de nuestra cultura capitalista, cuyo eje articulador es la competición excluyente: el más fuerte triunfa y, en el mercado, si puede, se come a su concurrente. Aquí hay competición, pero es incluyente, pues participan todos. La competición es para el mejor, apreciando y respetando las cualidades y el virtuosismo del otro.

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La tradición cristiana desarrolló toda una reflexión sobre el significado transcendente del juego. Quiero concentrarme un poco sobre ella. Las dos Iglesias hermanas, la latina y la griega, se refieren al Deus ludens, al homo ludens e incluso a la ecclesia ludens (Dios, el hombre y la Iglesia lúdicos).

Veían la creación como un gran juego de Dios lúdico: hacia un lado lanzó las estrellas, hacia otro el sol, más abajo puso los planetas y con cariño colocó la Tierra, equidistante del Sol, para que pudiese tener vida. La creación expresa la alegría desbordante de Dios, una especie de teatro en el cual desfilan todos los seres y muestran su belleza y grandeur. Se hablaba entonces de la creación como un theatrum gloriae Dei (un teatro de la gloria de Dios).

En un bello poema dice el gran teólogo de la Iglesia ortodoxa Gregorio Nacianceno (+390): «El Logos sublime juega. Engalana con las más variadas imágenes y por puro gusto y por todos los modos, el cosmos entero». En efecto, el juguete es obra de la fantasía creadora, como lo muestran los niños: expresión de una libertad sin coacción, creando un mundo sin finalidad práctica, libre del lucro y de beneficios individuales.

«Porque Dios es vere ludens (verdaderamente lúdico) cada uno debe ser también vere ludens», aconsejaba, ya mayor, uno de los más finos teólogos del siglo XX, Hugo Rahner, hermano de otro eminente teólogo, que fue profesor mío en Alemania, Karl Rahner.

Estas consideraciones sirven para mostrar cómo puede ser sin nubarrones y sin angustia nuestra existencia aquí en la Tierra, al menos por un momento, especialmente cuando se vislumbra en la belleza de las diferentes modalidades de juegos la misteriosa presencia de un Dios lúdico. Entonces no hay que temer. Lo que nos bloquea la libertad y la creatividad es el miedo.

Lo opuesto a la fe no es tanto el ateísmo sino el miedo, especialmente el miedo a la soledad. Tener fe, más que adherirse a un conjunto de verdades, es poder decir, siguiendo a Nietzsche"sí y amén a toda la realidad". En lo profundo, la realidad no es traicionera, sino buena y bonita, alegre acogedora. Alegrarse por formar parte de ella lo expresamos en el juego, y, de forma universal, en los Juegos Olímpicos. Tal vez éste sea su sentido secreto.

* Teólogo, ex-sacerdote franciscano, filósofo, escritor, profesor y ecologista brasileño.

Fuente: Religión Digital

15 de agosto de 2016

http://www.periodistadigital.com/religion/opinion/2016/08/15/religion-iglesia-opinion-leonardo-boff-los-juegos-olimpicos-metafora-de-la-humanidad-humanizada.shtml

 

 

 

 

 

 
 
Paula Pareto y el deporte femenino argentino

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Por César Torres *


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Con su flamante medalla de oro en la categoría de hasta 48 kilogramos en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro, la judoca Paula Pareto se convirtió en la primera campeona olímpica argentina. Esta medalla y la de bronce que obtuvo ocho años antes en la misma categoría en los Juegos Olímpicos de Pekín convirtieron a Pareto en la primera olímpica argentina en obtener dos medallas en un deporte individual. Son logros ciertamente extraordinarios. No sorprende que Pareto sea objeto de gran atención y que un periódico porteño la haya nombrado “la mujer olímpica argentina”. Cabe destacar que su actual entrenadora también es una mujer: Laura Martinel.

El prolongado excelente rendimiento de Pareto así como el de la selección femenina de hockey sobre césped, que ha obtenido cuatro medallas seguidas (dos de plata y dos de bronce) desde los Juegos Olímpicos de Sídney en 2000, debe ser loado. El mismo, así como el interés que ha generado, podría ser interpretado como un indicador de la prevalencia en el deporte nacional de la igualdad de género. Paradójicamente, el brillo de logros como los de Pareto y de la selección femenina de hockey sobre césped, sumados a la estridente cobertura mediática de los mismos, ensombrecen la cabal situación del deporte femenino argentino. Unos pocos ejemplos comparativos la ilustran.

De las setenta y un medallas olímpicas argentinas hasta el momento de escribir esta nota, las mujeres obtuvieron doce (16,9%). De las diecinueve medallas de oro, las mujeres obtuvieron una (5,2%). Si se considera el período desde el retorno a la democracia en 1983, el más fructífero para las deportistas olímpicas argentinas, las mujeres obtuvieron diez de las veintisiete medallas (37%) y una de las seis medallas de oro (16,6%). Incluso en este período, la brecha entre hombres y mujeres es notoria.

Lamentablemente esta brecha es aún más notoria en la administración y en el entrenamiento deportivo. En el ámbito nacional, sólo una de las veintiocho federaciones de los deportes incluidos en los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro es presidida por una mujer (3,5%). Su mandato es interino por renuncia del presidente anterior. La historia del Comité Olímpico Argentino (COA) no escapa a esta tendencia: de sus veinte presidentes sólo uno ha sido mujer (5%), que también ejerció de forma interina. Por otro lado, entre quienes tienen a cargo el entrenamiento de la actual delegación olímpica argentina (ciento treinta y nueve hombres y setenta y cuatro mujeres), sólo hay un puñado de entrenadoras. Mientras la amplia mayoría de las mujeres son entrenadas por hombres, sólo un hombre (el nadador Federico Grabich) es entrenado por una mujer (Mónica Gherardi).

La disparidad de género es también notoria en la participación en actividades físicas o deportivas. De acuerdo a la Segunda Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (2011), la población argentina tiene una prevalencia de inactividad física alta (54,9%) pero dicha tasa es mayor en las mujeres (58,5%) que en los hombres (50,8%). Asimismo, estudios recientes muestran que las niñas en edad escolar registran mayor propensión a la inactividad física que los niños y que esta brecha se incrementa a medida que aumenta la edad.

Este disímil panorama podría explicarse por un menor interés de las mujeres en el deporte. ¿Pero cómo explicar el origen del desinterés femenino relativo al masculino? Decididamente no debería atribuirse a razones biológicas. Todo indica que son las condiciones socio-culturales creadas por el orden hetero-patriarcal dominante las que vigorizan el desinterés femenino por el deporte: la división del trabajo hogareño; la asociación de lo femenino con la gracilidad, la maternidad y la domesticidad y lo masculino con la fortaleza, lo público y la autoridad; las dificultades para compaginar los ámbitos laborales, familiares, sociales y personales; la normalización del deporte fundamentalmente como patrimonio masculino; la cosificación de las deportistas; entre muchas otras. Estas condiciones socio-culturales se erigen como obstáculos a la práctica femenina del deporte y la desalientan.

Dado que las condiciones socio-culturales tienen una fuerte tendencia a la reproducción y que las estructuras, prácticas, lenguajes e imaginarios establecidos no se modifican espontáneamente, son necesarios esfuerzos específicos mancomunados para intentar modificarlas. En este sentido las políticas públicas son indispensables. Es lícito preguntar qué planes tiene el Ministerio de Educación y Deportes para reducir la inequidad de género en el deporte. También es lícito preguntar cómo abordan el tema las instituciones deportivas como el COA, el Ente Nacional de Alto Rendimiento Deportivo, la Confederación Argentina de Deportes y las federaciones deportivas nacionales. Por supuesto, éstos no son los únicos actores en la dinámica deportiva, pero cumplen un papel relevante en función de su centralidad en la misma.

El cierre de los Juegos Olímpicos en curso seguramente generará una reflexión sobre el estado del deporte nacional. Será una ocasión propicia para incluir la desigualdad de género en esa reflexión. Visibilizar la cuestión es el paso inicial. Generar las políticas públicas adecuadas para reducir la inequidad de género en el deporte es el paso subsecuente. ¿No sería un honroso objetivo que, en dos o tres ciclos olímpicos, la delegación argentina incluyera hombres y mujeres en proporción al total de la población y que las medallas obtenidas reflejaran la nueva composición de la delegación? ¿No sería igualmente honroso si la mitad de las federaciones deportivas fueran lideradas por mujeres y que creciera el número de entrenadoras en función de las deportistas en la delegación? ¿No sería aún más honroso si todo lo anterior reflejara, con o sin medallas, una sociedad en la que tanto hombres como mujeres, niños y niñas gozaran efectivamente del derecho a la práctica de la educación física y el deporte como establece la denominada Carta del Deporte adoptada por la Unesco? Es decir, una sociedad en las que todos y todas, como Pareto en su brillante y esforzada carrera, tengan la oportunidad de realizarse y florecer en y a través del deporte.

* Doctor en filosofía e historia del deporte. Docente en la Universidad del estado de Nueva York (Brockport).

Fuente: Página 12

12 agosto 2016

http://www.pagina12.com.ar/diario/deportes/8-306669-2016-08-12.html

Foto: AFP

 

 

 

 

 
 
OPINIÒN: Políticas deportivas y olimpismo -- Por RODRIGO DASKAL*

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Los Juegos Olímpicos modernos nacen con el Barón de Coubertin, francés de origen aristocrático impactado por las derrotas bélicas de su país e influenciado por la gimnástica alemana y el modelo del deporte inglés de fines del siglo XIX, a la luz del cosmopolitismo de época y regidos por las normas del deporte moderno. Los antiguos juegos eran centralmente un encuentro religioso, y un deporte como práctica limitada a los ciudadanos griegos, sin esclavos ni mujeres, y sin cuantificación, récord o reglas formales y universales.

En Argentina y como fruto de conflictos en los sectores de la elite para representar a nuestro deporte, nacen en 1921 la Confederación Argentina de Deportes (CAD) y por decreto presidencial en 1923 el Comité Olímpico Argentino (COA), fusionándose en 1927 como CADCOA. Durante el primer peronismo la CADCOA se convirtió en la institución rectora del deporte nacional, y parte de ello puede verse en los logros olímpicos: fruto centralmente de esfuerzos individuales, en los treinta y cinco años anteriores nuestras representaciones obtuvieron, cuantitativamente, menos preseas que en el periodo 1945/55 si analizamos todas las competencias de categoría “olímpica”. 

El golpe militar de 1955 y su continuidad en 1976 son momentos oscuros también para el deporte olímpico, otra vez más librado al mero esfuerzo de sus atletas y asociaciones deportivas hasta el año 2009, cuando con la elogiada creación del ENARD el Estado vuelve a garantizar apoyo continuo al deporte olímpico. En el medio, es sancionada la Ley del Deporte en 1974, nunca puesta en funcionamiento en forma plena y concreta.

Como cada juego olímpico, a su término veremos debatir sobre la cantidad de medallas obtenidas con relación al pasado. Más allá de lo cuantitativo, quizás deberíamos atender a lo cualitativo, y no sólo en vista de ciertas variables como la cantidad de deportes representados, sino hacia el futuro con relación a las políticas estratégicas. Para ello, resulta indispensable pensar entre otras cosas, en cómo ampliar la base de deportistas en niños/as y jóvenes en tanto derecho; en la concreción de centros regionales de mediano y alto rendimiento y el financiamiento de infraestructura deportiva; en el reconocimiento a los distintos actores del deporte con voz y voto en las organizaciones deportivas, y en su cobertura social y previsional. También, en un registro estadístico profundo que permita planificar políticas deportivas nacionales y locales, vinculadas también al sistema educativo.
Todo ello fue debatido en los años 2014 y 2015 en lo que fue la sanción de las leyes 27.201 de creación del Enaded (Ente Nacional de Desarrollo Deportivo) y 27.202, de actualización de la Ley del Deporte de 1974, leyes que no fueron puestas hasta el momento a rodar. Tal vez la discusión de fondo sea también, cómo dejar de pensar el deporte como un instrumento (que también lo es) para posicionarlo como un derecho social con sus distintas variables económicas, de salud, educación, etc. y desde allí, el rol del Estado y de los distintos actores deportivos. Probablemente desde ese lugar de las políticas públicas tengamos mayores certezas sobre el futuro del campo deportivo y cuyo resultado sea también, cualitativa y cuantitativamente, observable en el deporte olímpico.

* Sociólogo. Centro de Estudios del Deporte /UNSAM

Fuente: El Cronista

05/08/2016

http://m.cronista.com/Mobile/nota.html?URI=/contenidos/2016/08/05/noticia_0018.html

 
 
FUTBOL: Nadie votó a Menem, nadie votó a Grondona… Todo pasa

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Resulta que Julio Humberto Grondona ejerció una dictadura entre 1979 y 2014, que permaneció al frente de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA) por imperio de designios divinos, no por los votos de buena parte de los mismos actores -o vecinos, amigos, allegados- que hoy se golpean el pecho despotricando por “la herencia recibida”. El culto a la hipocresía de la pelota no desentona, de cualquier modo, con la del ejemplo emanado desde la entidad madre internacional, la FIFA, de la que aún se ignora hasta dónde caló la corrupción.

 

Dirigentes mediocres, oportunistas, de refinados gustos, salvo un puñadito de excepciones, disfrutaron de las mieles del fútbol durante añares, a la par que desde diferentes gobierno nacionales de turno acompañaban bajo el paraguas del “siga, siga”.

 

La Argentina global es una caja de sorpresas. Tanto que cada vez que se produce un hecho rimbombante, no pocos piensan que más que eso sería imposible y al rato nomás, alguien canta “quiero retruco” y dobla la apuesta. Al fútbol, por tanto, hay quienes creen que se lo debe envolver con el mismo papel.

 

Don Julio, como se lo conocía y se lo llamaba desde los cuatro puntos cardinales de la dirigencia futbolera nacional, en tono de respeto, básicamente, dejó una huella tan profunda en la AFA, como inentendible para aquel observador que se esmera desde la distancia a procurar desentrañar por qué el descalabro reinante en una de las potencias que tiene el balompié mundano.

 

¿Cómo se llegó a la instancia de que se tenga que encarar esta nueva etapa empezando por determinar con qué fondos se pagará la cuenta de la luz? Tal cual lo expresó el titular del comité regularizador, Armando Pérez.

 

¿Cómo se logra pasar al olvido así nomás el empate 38 a 38 en la frustrada elección presidencial de la AFA de diciembre pasado? Había 75 asambleístas, pero resulta que a la hora del conteo de votos el ex presidente Luis Segura y el vicepresidente de San Lorenzo y estrella de la TV argentina, Marcelo Tinelli, cosecharon la misma cantidad de papelitos.

 

¿Qué sucedió un día que ya estaba lista la denominada Superliga y de pronto quedó bajo un manto de neblina? Si hasta fue traído un especialista español para que contase las bondades de ese esquema organizativo en el mundo. Sólo le faltó almorzar con Mirtha Legrand al presidente de la Liga Profesional de Fútbol de España(LPF), Javier Tebas; por lo demás, derramó verba por doquier.

 

¿Quiénes vendían clandestinamente entradas especiales durante el Mundial de Brasil 2014? ¿Algunos de los actores que siguen siéndolo hoy?

 

Aplaudidores del Fútbol para Todos hoy se ubican en la primera línea de quienes sostienen que el Estado “no debe poner un peso en el fútbol” y hasta se chocan a los codazos para levantar la bandera de que “siempre el hincha pagó, en definitiva, porque veía el fútbol por el cable”.

 

A diferencia de otros escenarios de la sociedad, en el fútbol argentino no se observa una “grieta” que separe a unos de otros, más bien casi todos están de un mismo lado.

 

Sobran preguntas sin respuestas y también, sobran respuestas para otras preguntas, pero en este caso, incómodo, prevalece el “yo… Argentino”, o el “yo no fui”.

 

La fragilidad de la memoria sustentada muchísimas veces por la conveniencia, seguramente volverá a hacer las suyas a partir de que se oficialice el DT nacional que sucederá a Gerardo Martino, o cuando convenzan a Lionel Messi para que dé marcha atrás con su renuncia al equipo, o cuando… Sobrarán las ocasiones.

 

Es el fútbol que nos toca ¿Qué hubiera sucedido si el seleccionado nacional hubiese ganado la Copa América en Estados Unidos? Sabe Dios ¿no? Todo pasa, decía Don Julio.

 

Fuente: Block

 

23 julio de 2016

 

https://delgadomoralesblog.wordpress.com/2016/07/23/nadie-voto-a-menem-nadie-voto-a-grondona-todo-pasa/

 

 

 

 

 

 

 
 

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