Deportistas en el Recuerdo
Alberto Demiddi: El remero argentino con más logros internacionales.

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Demiddi

Nacido un 11 de abril de 1944 en la Capital Federal, Alberto Demiddi, hijo de Alberto, un italiano, que se vino rajando, antes de la fatídica Segunda Guerra Mundial, y de Sara Gabay, una rusa llegada al país cuando solo tenía 3 años de edad.

“A Papá le ofrecieron ser entrenador de natación en Newell´s Old Boys de Rosario cuando yo tenía 3 años y nos trasladamos hacía allá”, contaba el mejor remero de la historia argentina.

Desde muy chico practicaba waterpolo y natación, actividad donde logró ser campeón provincial en 400 metros libres y 5º en el ranking que encabezaba Luis Alberto Nicolao.

"Pero mi padre tuvo un altercado con la gente de Newell`s y se pasó al Club Regatas, cuyo presidente era Napoleón Sivieri, papá de Silvia, mi futura esposa. Yo asistía al colegio Dante Alighieri, y un día Napoleón le pregunto a mi padre ¿dónde está ese vago grandote que tiene buen físico para remar?”. Y así, por mi padre y mi futuro suegro, comencé a remar logrando ser campeón argentino, desde 1962 hasta 1972.

Ganó su primera regata en un ocho. Pero él quería ser singlista, pidiéndole al entrenador Mario Robert (técnico de Capozzo y Guerrero en los Juegos Olímpicos de 1952), quien aceptó inmediatamente.

Su ascenso fue rápido logrando los títulos en los torneos sudamericanos de 1964 (Laguna de Freitas – Brasil) 1965, 1968 y 1970, y el subcampeonato del mundo en Henley, Inglaterra, en1964.

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Fue medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, 1967  y de Cali, Colombia, de 1971.

Entre sus grandes triunfos se computan los torneos europeos de 1969 en Klagenfurt, Austria y, de 1971 en Copenhague, Dinamarca, dejando atrás al alemán Gotz Draeger y al neocelandés Murray Paul Watkinson. Logró el título en el Campeonato Mundial de 1970, en Saint Catherine, Canadá, ganándole muy bien al ruso Yury Malishev.

Demiddi participó en tres Juegos Olímpicos, logrando el cuarto lugar en Tokio 1964; y siendo medalla de bronce en México 1968 y de plata en Munich 1972, donde el deporte argentino había depositado en él todas sus esperanzas para conseguir nuevamente una medalla dorada, después de 40 años sin lograrlo, ya que en ese entonces se la habían colgado, dos remeros Capozzo y Guerrero.

Pero no pudo ser y aún todos los fanáticos del deporte estamos esperando ver en lo más alto del podio, a un atleta o equipo argentino.

“Esta fue la peor frustración deportiva, porque me entrené a fondo para el oro”, declaraba Demiddi apenas finalizada la prueba.

El oro lo ganó el ruso Malishev por medio bote. Justo este remero que nunca le había podido ganar una competencia al argentino, en toda su carrera.

“Cuando el alemán oriental Gueldenpfenning se me acercó para saludarme y me dijó, tú debiste haber ganado, me dieron ganas de llorar...”, describía el remero argentino.

Eduardo Alperín, describió a Demiddi como “dueño de un carácter muy fuerte que se atrevió a desafiar con su fulminante mirada y cortante respuesta a la pregunta del General Roberto Levingston (presidente del país en la Dictadura Militar) a principios de los ’70, quien lo había interrogado por el largo de sus patillas. La contestación fue: ‘Mire que el General José de San Martín las usaba igual’...”.

 

Alberto Demiddi

Demiddi fue uno de los atletas que llegó a los máximos logros de un deportista amateur, trabajando solo, con su esfuerzo personal, sin ayuda de nadie.

Su relación con el entrenador era de gran respeto, nunca llegó a tutearlo, siempre lo trataba de Ud. “Con él no había termino medio: o ibas para adelante o te mandabas a mudar y llegabas a la conclusión de que el remo no era para vos”, cuenta el gran campeón, quien luego como entrenador en el Club Regatas La Marina, (1974 a 1999) en Buenos Aires, trataba a sus alumnos como Robert lo trataba a él.

Él como “un grande del deporte” que fue, luchó denodadamente junto a Noemí Simonetto (medalla de plata olímpica en el ’48) y Eduardo Guerrero (medalla de oro en el ’52), para conseguir la “Ley de Pensiones para los medallistas olímpicos”, sabiendo que no podía cobrarla al no llegar todavía a la edad limite y que exigía dicha norma para ser depositario.

A la temprana edad de 56 años falleció el 25 de octubre del 2000, tras luchar, más que en el agua y durante tres meses, contra un cáncer de estómago.

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” de Víctor F. Lupo

Capítulo LVII – Página 396 – Ed. Corregidor

24 Octubre de 2013

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En el festival del Bafice se estrenó un documental sobre: Vito Dumas, “El navegante solitario” - El espíritu aventurero argentino da la vuelta al mundo

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Nació el 26 de setiembre de 1900 en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires, pero se crió en una estancia de Trenque Lauquen, provincia de Buenos Aires. A los 17 años, Vito Dumas comenzó a navegar en el Tigre Sailing Club; pero como era un buen nadador empezó a dictar las primeras lecciones para enseñar a nadar en la “moderna” pileta del Club Sportivo Barracas, inaugurada el 6 de diciembre de 1925. Ese mismo año, tiene un pequeño accidente al inaugurarse la primera pileta pública en el Parque Avellaneda, cuando al realizar una exhibición se zambulló desde una estatua, la pileta no tenía la cantidad de agua suficiente, y Dumas se partió la cabeza, donde le quedó una marca para siempre.

 

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También fue profesor en el Colegio Militar (nombrado por el Gral. Agustín P. Justo) y en el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires.

A partir de 1923 hizo cinco intentos por cruzar el Río de La Plata. Aunque no logró su objetivo, fortaleció y templó su espíritu.

Viaja a Francia para intentar cruzar a nado el Canal de la Mancha en 1931, pero tampoco lo consigue. Allá se compró una embarcación modelo 1918, que era bastante insegura. El 13 de diciembre de ese año, con damajuanas de agua, algunas conservas, azúcar, unas papas y galletas, Dumas parte desde el Puerto de Arcachón, un pequeño pueblito pesquero francés, en su primer viaje como “navegante solitario” para unir, en un bautizado yate “Legh”, Francia con Buenos Aires.

Dumas, que en su barquito no contaba con brújula ni elementos de navegación, después de sufrir varios contratiempos en unos bancos de arena de Brasil, le pidió ayuda a su hermano. Tras ser asistido, el 9 de abril llega a Montevideo y el 13 de abril de 1932, al cabo de 121 días, recala en el Yacht Club Argentino ante numerosas personas (enteradas de su travesía) que lo esperaban para ovacionarlo. Con muestras de cansancio, expresó al público presente que se despedía de la navegación. Pero evidentemente, ni él mismo lo creía.

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Dos años más tarde, comenzó la fabricación de su propia embarcación, el Legh II”  (Este se encuentra actualmente en exposición en el Museo Naval de la Nación) de 9,55 metros de eslora y 3,30 de manga. En esta embarcación partió el 27 de junio de 1942, solo con su pipa, a dar la Vuelta al Mundo.

Mientras el mundo vivía conmocionado por la Segunda Guerra Mundial y su vasta destrucción, un navegante argentino cumplía su sueño de coraje y emprendimiento, para demostrar que aún quedaban soñadores, románticos y visionarios de un mundo mejor y más justo.

Realizó su travesía en cuatro etapas, quedando consagrado como el más capaz y arrojado navegante solitario, pero además como un velerista, acaso el más grande de la historia nacional. La primera etapa fue hasta Ciudad del Cabo (Sudáfrica) con 55 días de navegación. De allí partió hacía Wellington (Nueva Zelanda) donde llegó luego de atravesar zonas de monzones, con olas de 18 metros de altura y navegar 104 días. Su próxima etapa abarcó hasta Valparaíso (Chile) donde llegó luego de cruzar en 72 días de navegación todo el Océano Pacífico. Su última etapa atravesó el Cabo de Hornos, en la unión de los dos océanos, yendo por la “ruta de la muerte” hasta Mar del Plata y desde allí costeando la provincia de Buenos Aires hasta llegar al puerto porteño el 7 de agosto de 1943, donde una multitud que había vivido su hazaña de 22.000 millas por el paralelo 40, lo recibió como un gran héroe, tras navegar 272 días para dar la “Vuelta al Mundo”.

Cuando Perón fue presidente de la Nación, le otorgó a Dumas el grado militar de teniente de navío auxiliar (pese a ser civil) y lo nombró Director de la recién creada Escuela Náutica, donde construyeron un buque escuela a cargo de Dumas, que tiempo después se hundió en aguas brasileñas.

En 1955 con un velero logró unir Buenos Aires con Nueva York.

Dumas publicó tres libros llamados: “Mis Viajes”, donde narraba sus peripecias en el mar; “Solo rumbo a la Cruz del Sur” y “Los cuarenta bramadores”.Falleció el 28 de marzo de 1965.

Tomás Abraham,en su libro “El amante”, escribió: “Vito Dumas. Trabaja la tierra. Es 1942. No es hombre de dinero. Los gastos para su travesía siempre constituyeron toda una epopeya. Duró unos años este intento de sedentarización. La gitanería náutica no lo deja descansar, es un navegante. A Colón, nos dice, lo acuciaba una incógnita, a mí el peligro. Estudia la ruta imposible. Cruzar el océano hasta Sudáfrica, y de ahí seguir hasta Chile y luego bordear hasta el Plata. Su despegue no es fácil. Había sembrado semillas de cereales altivos, se había hecho de amigos, de un perro llamado Aramis, de un árbol, de un caballo, de la buena compañía de sus peones, tenía familia. Pero se da una misión, se inscribe a sí mismo en una epopeya mostrativa. En plena guerra mundial se siente adjudicatario de mostrar que no todo está perdido, que aún quedan soñadores, románticos, visionarios, que la juventud de América lo necesita. Se despide y no mira para atrás. Carga nuevamente su arca de Noé con 6 latas de cacao, 20 kilos de harina de lentejas, arvejas, garbanzos, arroz..., 10 kilos de yerba, latas de aceite y 80 kilos de corned beef, 40 kilos de manteca salada, chocolate en barras y chocolatines, 15 latas de leche condensada, 70 kilos de papas, 5 kilos de azúcar, latas de frutas confitadas, 10 frascos de mermelada, cigarrillos, tabaco para pipa. Pocos días después de salir una tempestad lo deja casi sin víveres. La turbulencia y las masas de aire negro lo dejan sin resto físico, ya ni puede sostener el timón, tiene heridas infectadas y su brazo purulento tiene el grosor del mástil, alucina por la fiebre, desnudo. Y se deja llevar por lo que llama el destino.”

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” de Víctor F. Lupo

Capítulo XVIII – Página 172 – Ed. Corregidor

Abril 2019

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30 de enero 1960: ATLÉTICO TUCUMÀN CAMPEÓN DEL ‘60

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El 30 de enero de 1960 quedó grabado para siempre con letras doradas en la historia del fútbol tucumano, es que el Decano del fútbol del norte, Atlético Tucumánlograba en la ciudad de Tres Arroyos en el estadio de El Nacional, tras una infartante definición por penales, vencer a El Quequén por 5 a 3 y consagrarse: Campeón de campeones de la República Argentina.

 

JOSÉ GREGORIO “GOYO” GARCÍA

El gran atajador tucumano

 

 

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“La tarde que llegamos a Tucumán, luego de ser campeones argentinos de fútbol con Atlético Tucumán, el avión que nos traía sobrevoló la cancha de 25 de Mayo y Chile y algunos otros lugares de la ciudad para que viéramos la cantidad de gente que nos esperaba como héroes. Fue tal la manifestación de alegría de la gente que a nuestro recibimiento lo compararon con la gente que se había movilizado para recibir a Perón en la provincia”comienza contando el arquero “Goyo” García sobre sus recuerdos del fútbol tucumano.

Nacido el 12 de marzo del año 1934Sus Padres fueron José García y María Peñalva. El menor de cuatro hermanos, Miguel Ángel, (Uno de los grandes árbitros de fútbol de la provincia)  Delfina, Raúl Antonio y JoséGregorio que se criaron en la casa paterna de la calle Bolivia entre el Pasaje García y la calle Balcarce, altura Avda. Juan B. Justo al 1300, en el barrio de Villa 9 de Julio de la capital tucumana. A la primaria la realizó enla EscuelaUrquiza, luego enla Juan Martín de Güemes y terminó enla Escuela Presidente Roca (25 de Mayo y Avda. Sarmiento), hoy Complejo Ledesma. Mientras que la secundaria hasta el segundo año lo cursó enla EscuelaFábricaNº 34 (hoy Escuela Técnica).

Comenzó jugando al fútbol a los 10 años en el equipo infantil de Sorocabana en los Torneos  de Baby Fútbol de microbios que se jugaba en el Solar de los Deportes. A los 15 años en 1949, defendió el arco del Club Norberto Gómez, en el Campeonato Infantil Evita, perdiendo en la final de la zona Capital, con el Club San Martín por 3 a 1, equipo este que perdiera la final nacional con Arsenal de Sarandí.

 

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“Ese mismo año firmé para Sportivo Guzmán, me llevó José “Pepe” Cassará, el encargado de las divisiones inferiores y quien había fundado el Club Norberto Gómez. Mi pasó por Sportivo fue lo mejor de mi vida. Allí grité los triunfos, me alegré, me entristecí, por Sportivo sufrí y aprendí a ser arquero”, cuenta “Goyo”.

En el fortín de Villa 9 de Julio empezó en la sexta división como arquero pero un accidente de trabajo le produce una lección en su mano y deja de jugar. Su fanatismo por el club era tal que iba a ver los partidos tanto los sábados de las inferiores como los domingos al equipo superior. Un sábado faltan delanteros en el equipo de quinta división y el técnico Ramón “Loco” Palacios lo hace ingresar de número 9 contra Central Córdoba. En esa delantera jugaban Frau, Perea, Carrizo y “Monada” Monachesi, quienes tiempo después fueran ídolos del fútbol tucumano.

“Desde ese momento tuve una nueva y gran experiencia en mi carrera, jugué en todos los puestos de adelante y un día lo hice en primera contra Nuñorco ganando 11 a 2 con el último gol mío. En 1955 jugando en cuarta división contra Unión Cerveceros se lesiona nuestro arquero Norniella y yo fui a cubrir el puesto. De allí en más siempre en el arco, gracias a Eduardo Larrosa que me enseño todos los secretos del puesto. El día que me puso en primera ese mismo año lo trataron de loco, porque mi físico era muy pequeño”, relata García.

Sportivo Guzmán se perfilaba para ganar su primer título tucumano anual de primera división. García debuta contra Argentinos del Norte, en cancha de Central Córdoba, ganando los Julianos por 3 a 1. También vencen a los “decanos” por 3 a 2 para llegar al último partido y con solo empatar eran campeones, pero caen derrotados por 1 a 0 con San Martín.

Enseguida Gregorio García integra la selección tucumana donde tiene resonantes actuaciones con triunfos sobre los equipos de la AFA como Racing (3 a 1), Boca Juniors (1 a 0) y Platense (3 a 0) y en los Campeonatos Argentinos de selecciones. En 1957 parte con Manuel Iñigo a probar suerte en Buenos Aires. “Iñigo  a Bánfield y yo a Quilmes. Corrimos bien la ´liebre´ junto con el ´Mocho´ ese año en Buenos Aires” recuerda risueñamente “Goyo”, quien al año siguiente regresó a Sportivo.

Se destacó en varios equipos que participaban en los famosos Torneos Veraniegos que se organizaban en Tucumán durante el receso del fútbol oficial, como: Torrente Fútbol Club, La Barra de la Esquina, Unión Bolivia y el glorioso Camandona.

 

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En junio de 1959 Atlético Tucumán compra el pase de García a Sportivo Guzmán, que con gran dolor deja el club de sus amores.

“Con los decanos logré una de las mayores satisfacciones como futbolista y con un hermoso grupo de muchachos conseguimos para el fútbol tucumano el título de Campeones Argentinos en una gran final en la Ciudad de Tres Arroyos. Fue una maratón de partidos, ganamos en San Juan, luego a Independiente de Mendoza por 1 a 0. De allí a Bahía Blanca para ganarle a Olimpo por 1 a 0 e inmediatamente viajar a Tres Arroyos y luego de empatar con ´Los Copetones´ de Quequén (1 a 1) ganarle por 5 penales a tres. Y todo este viaje en 10 días lo hacíamos en ómnibus”, recuerda Gregorio, para seguir detallando: “Ese equipo fue vendido casi en su totalidad a equipos de la primera división de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Gutiérrez, Muñoz y Albrecht a Estudiantes de La Plata. Amaya a Ñuls Oll ‘Boys de Rosario. Canceco y Tejerina a Argentinos Juniors. Ayunta a Lanús, Castillo a Tigre y yo a Quilmes. Graneros rechazó cualquier oferta y Hugo Ginel no aceptó ir a River Plate”.

Entre 1960 y 1964 José Gregorio García jugo en la primera división del Club Quilmes junto a figuras como Carreño, Elías y Figueroa. En 1965 juega para Nueva Chicago, en 1966 en Tigre y en 1967 en El Porvenir. Afincado definitivamente en Quilmes junto a su esposa Estela Aydeé Argañaraz y sus cuatro hijos Mariel Andrea, Hebe María, Gregorio Gerardo y Estela Noemí, deja de jugar al fútbol en 1968 al ingresar a trabajar en la planta automotriz de SAFRAR, fabricantes de los autos Peugeot en nuestro país.

Este gran jugador y extraordinaria persona deja una reflexión para todos los jóvenes que quieren jugar al fútbol profesionalmente: “No todo lo que brilla es oro”.

Fuente: Libro “100 Ídolos Tucumanos” de Víctor F. Lupo

Editorial Corregidor

Capítulo 26 – Página 126

Enero de 2019

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1978 – 8 de Enero – 2019. A 41 AÑOS DE UN SECUESTRO: Miguel Benancio Sánchez / El Atleta Poeta – Emblema de la Memoria, Verdad y Justicia (Del Libro “100 Ídolos Tucumanos”)

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“El atleta tucumano desaparecido Miguel Sánchez junto a la tenista rosarina Mary Terán de Weiss son hoy íconos de la lucha por la Memoria, Verdad y Justicia en el ámbito deportivo de nuestro país”reflexiona la senadora nacional chaqueña e integrante del Movimiento Social del Deporte (MSD) María Inés Pilatti Vergara, autora del proyecto que se convirtió en LEY el 17 de setiembre del 2014, donde se recuerda el 8 de enero como “Día Nacional de la Memoria en el Deporte” en honor al atleta tucumano desaparecido.

Miguel Benancio Sáncheznació un 6 de Noviembre de 1952, en la calle principal del "Barrio Las Moras" de la ciudad de Bella Vista, Departamento Leales. La calle es ancha y en sus veredas frente a cada casa y de ambos lados, aún se conservan, esbeltas, muchas de esas moreras plantadas a principios del siglo pasado, de allí la denominación del barrio.

Esta Ciudad que nació con el nombre de Los Tres Vajos, tomó el actual, cuando se instaló el ingenio azucarero Bella Vista, la principal fuente de trabajo de sus pobladores. Allí nacieron dos Gobernadores de la Democracia, los peronistas Fernando Pedro Riera y Amado Juri. Es la ciudad cabecera del Departamento Leales ubicada en la zona llana de la provincia cercana al río Colorado. Esta zona es una llanura fértil apta para numerosos cultivos, aunque predomina el de la caña de azúcar.

 

Las casas del barrio fueron construidas por el ingenio para sus empleados. Como Arturo Benancio, su padre, trabajaba en el Área de Mantenimiento Eléctrico de la planta fabril recibió una. Aún hoy muchas de estas casas conservan su estilo original, entre ellas la que nació Miguel. Don Arturo Benancio Sánchez casado con Cecilia del Carmen Santillán tuvieron diez hijos allí. Mónica, la mayor, Arturo Bíterman (actualmente vive en Berazategui), Olga Nelly, Luis Horacio, Clara Estela, Elvira del Carmen (vive en la casa dónde fue secuestrado en Villa España, Berazategui), Héctor Carlos (vive en la casa paterna, actualmente la calle se llama 9 de Julio y la casa tiene el número 103), Ramón Roberto (vive en Bs. As.), Antonio Eduardo (vive en la ciudad de Tucumán) y Miguel Benancio.

 

Miguel, en su niñez, cursó sus estudios primarios en la Escuela del Ingenio “Presidente Roque Sáenz Peña” y de aquellos años, todavía algunos compañeros recuerdan cuando con la pelota ya mostraba sus habilidades.

 

Jugaba al fútbol en un equipo formado por un señor de apellido Gallardo, quién preparaba a los chicos, a raíz de esto, le llamaban el Club Gallardo.

 

Durante su paso por el Colegio San José dónde cursó sus estudios secundarios, le tocó participar en las primeras situaciones de conflicto que comenzaba a vivir la provincia.

El cierre de Ingenios Tucumanos, ordenado por el Ministro de Economía Adalbert Krigger Vassena (1966/69), dio inicio a una larga lucha por mantenerlos funcionando. La FOTIA (el sindicato de trabajadores del azúcar) encabezado por su secretario general, Atilio Santillán organizó entonces un Plan de Lucha Azucarera Nacional, que contemplaba la organización de ollas populares y concentraciones en las distintas ciudades de la provincia.

Los alumnos del Colegio San José, entre ellos Miguel, junto a sus padres y con el Director Padre Francisco Albornoz a la cabeza, acompañaron la lucha para que no se cierre el ingenio Bella Vista, como ya lo habían realizado con otros. (La Dictadura militar dirigida por el General Juan Carlos Onganía ya había cerrado 5 ingenios y luego llegó a los 14, produciendo un éxodo de la población rural dedicada a la producción de caña de azúcar, se calcula que casi 300.000 tucumanos (casi un tercio de la población) abandonaron su suelo natal). Hilda Guerrero, esposa de un desocupado del Ingenio Santa Lucía y madre de cuatro hijos, era una de las mujeres que organizaban las ollas populares.

 

El 12 de enero de 1967 la FOTIA convoca a todos los afiliados a concentrarse en el ingenio Bella Vista y aunque la policía corta todas las rutas provinciales, los obreros de los ingenios de San Pablo, San José, Amalia y Santa Lucía acompañados de sus mujeres e hijos llegan caminando por entre los cañaverales de la provincia para realizar la protesta.

 

Poco antes de las 17, hora en que debía iniciarse el mitin, la policía detuvo a varias personas como gesto intimidatorio. Minutos después comenzó una violenta refriega. Intervino la Guardia de Infantería y los activistas del sindicato del ingenio San José lanzaron bombas incendiarias contra ellos. La policía disparó, entonces, contra la multitud integrada en su mayoría por mujeres y niños. En el desbande quedó el cuerpo muerto de Hilda Guerrero de Molina. Este acontecimiento marcó a fuego a toda una generación que luego intensificó su lucha por el regreso definitivo a la Patria del General Perón, hecho ocurrido el 17 de noviembre de 1972. El joven Miguel Benancio Sánchez fue uno de ellos.

 

Cuando terminó sus estudios secundarios, Miguel trabajó junto a su hermano Antonio Eduardo en un negocio ubicado adentro del Mercado del Norte en la Capital tucumana, que se llamaba "Granjera Tucumana" y jugaba con sus compañeros a ver quién de ellos atendía mejor a los clientes. “Tomaron tan en serio esta competencia, que una vez, para que dejen de discutir entre sus compañeros, durante un asado que se hacía después de trabajar, otro de los muchachos consiguió un par de guantes de boxeo con los que hicieron un round para dirimir las diferencias. Pero siempre con la sana intención de competir”, nos cuenta su primo Félix Carrizo, quien participa junto a su familia en todas las carreras que se realizan en Tucumán en homenaje a Miguel.

 

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SUS AÑOS EN BUENOS AIRES

 

Decidió ir a vivir en Buenos Aires, como tantos otros comprovincianos,  emprender ese camino para poder cambiar su destino. Vivía con su madre y su hermana Elvira en la calle San Martín 176 de Villa España, partido de Berazategui.

 

Entró a trabajar como empleado de maestranza en el Banco Provincia de Buenos Aires en la Capital Federal y luego de un fugaz paso por las divisiones inferiores en el fútbol del Club Gimnasia y Esgrima de La Plata, se dedicó de lleno a correr carreras de calle. Allí se federó para el club Independiente bajo las órdenes del gran “Maestro” Osvaldo Suárez.

“El atletismo le daba vueltas por la cabeza todo el tiempo, era su locura, se cuidaba mucho con las comidas y devoraba miel y verduras con el mismo entusiasmo con el que expulsaba las frituras de su dieta. No fumaba y tampoco le gustaba que el olor del tabaco le anduviera cerca. Como contrapartida, educaba su condición de atleta con la voluntad que merecen las cosas a las que se ama. O se levantaba a las 6 de la mañana para ir a correr al campo de golf de Ranelagh, o se llevaba el bolso para ir a Villa Domínico a entrenarse con sus compañeros cuando salía del trabajo. No faltaba un sólo día al entrenamiento y esa tenacidad lo inspiró a participar en la tradicional carrera de San Silvestre, que se realiza cada 31 de diciembre en la ciudad de San Pablo, Brasil. Participó en las pruebas de los años, 1975/76 y 1977”, expresa su hermana Elvira, directora de una escuela de adolescentes y adultos de Berazategui.

Osvaldo Suárez su entrenador cuenta que “a Miguel lo llamaban -El Tucu- y se entrenó conmigo durante tres años en Villa Domínico y a veces en Parque Chacabuco. Era un chico excelente, muy educado y además se caracterizaba porque cuando viajábamos a otras provincias a competir siempre estaba escribiendo. Es lo que más recuerdo de él”.

El ex compañero de muchos entrenamientos y pruebas, actual entrenador Manuel Bazán residente en Florencio Varela, recuerda a Miguel de la siguiente manera: “Con Miguel teníamos mucha afinidad por ser compañeros de entrenamiento y de ideología. Luego de finalizar los entrenamientos hablábamos mucho sobre lo que escribíaSus sensaciones sobre los entrenamientos y los recorridos que hacíamos, el placer de competir en los distintos lugares y el dejar todo sobre la pista o la calle donde se realizará la competencia. Él buscaba la belleza en el paisaje que para otros solía ser agreste hasta monótono, pero buscaba esa belleza oculta para el común de la gente. Leía sus cuentos y sus versos y me pedía la opinión, que se la daba con placer. Entre la gente del atletismo hay personas de mucho valor que cuando uno las descubre se siente reconfortado espiritualmente, otros con valores muy interesantes que el deporte ha formado y los mantienen, porque el deporte es una contención del alma y del espíritu”.

“En una de esas tardes, recuerdo que al estar sentados en la escalera de la caldera del Parque Dominico en Avellaneda (que en un tiempo en los ’50, se llamó “Parque de los Derechos del Trabajador”), estábamos viendo lanzar al <el Nene Discursi> que decían que era un loco, puede ser que haya sido así, pero tenía un corazón bueno. En un momento este deja sus lanzamientos y se nos acerca y dirigiéndose al él le solicita le muestre lo que comentábamos que escribía. Todavía hoy me suenan sus palabras al leer algunas de las cositas que había escrito el Tucu”. Miguel… usted es un genio¡¡¡ fue su expresión con los ojos bien abiertos. Así le dijo el Nene y nosotros festejamos su ocurrencia tan común en él” finaliza diciéndonos Bazán.

Miguel participó en varias pruebas en distintas provincias y también volvió a correr en su terruño natal. En 1975 ganó la prueba “Batalla Campo de las Carreras” organizada por el Club Pro Adelanto Ciudadela, con el auspicio de la Dirección de Deportes de la Municipalidad, comandado por Carlos Edgardo Carrizo, Allí en la prueba disputada por las calles del barrio de la Ciudadela, Miguel ganó con un tiempo de 44’ 55” 2/10 aventajando a Rómulo Carrizo, Blas Sánchez, Antonio Cuellar, Arturo Argañaráz, Marcelo Bessoro, el veterano Andrés Guaymás, Mario Andrada, Jorge Díaz y Ángel Fernández. El Intendente de la Ciudad de San Miguel de Tucumán, Sr. Carlos María Torres acompañado del periodista Luis Rey. le entregó la Copa. También ese año corrió la prueba “Día de la Independencia” y repitió el logro en 1976.

Miguel como miles de jóvenes en esa época militaba especialmente con trabajo social en la Unidad Básica de la Juventud Peronista de su barrio. Beto Díaz (funcionario de la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires), amigo y compañero de Miguel, contó su militancia peronista junto a él: “Nos reuníamos en Villa España con un grupo de la Juventud Peronista y desde allí realizábamos acciones de militancia para el barrio. Íbamos a todas las concentraciones. Miguel era muy apasionado del peronismo y de lo que realizábamos. Era un pibe bárbaro el <Tucu>. Cuando murió Perón, el 1° de julio de 1974, los dos fuimos juntos al velatorio en el Congreso Nacional. Luego de hacer más de 24 horas de cola pudimos ingresar y quedé impactado como Miguel lloraba desconsoladamente ante nuestro líder sin querer retirarse del cajón, por lo que tuvimos que sacarlo de allí".

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SU DESAPARICIÓN

 

En 1978, año que conmovió al país por la realización del mundial de fútbol, Miguel Benancio Sánchez era un atleta de 25 años, para quien lo más importante en su vida era el deporte. En los tiempos oscuros de esa última dictadura militar fue muy difícil ejercer la vocación política, pero éste igualmente lo hacía en donde podía demostrando su coraje y vocación militante.

         Fue a participar en el tradicional maratón de San Silvestre (el último día del año en 1977 corrió, le mandó una postal a su familia y se trasladó a Punta del Este para tomar parte en otra competición. El periódico Gazeta de San Pablo publicó ese mismo día un poema de su autoría denominado “Para vos, atleta”).

 

Volvió a la Argentina el 6 de enero  y a los dos días de regresar fue secuestrado en la madrugada del 8 de enero de 1978, por un grupo paramilitar en una redada que incluyó a varios jóvenes que habían militado con él en la unidad básica. Nunca más apareció. Miguel ingresó como otras treinta mil personas (varios deportistas federados) dentro de la categoría de desaparecido.

 

Yo no estaba, pero estaba mi madre. Vinieron entre seis y ochos tipos presentándose como un comando militar, sin credenciales, y preguntaron por Miguel Ángel. Era extraño porque el nombre de mi hermano es Miguel Benancio (así con B larga). En el paredón se colocaron dos con ametralladoras y el resto empezó a revolver todo, buscando información con tanta violencia que hasta tiraron una biblioteca entera al piso. El perro se asustó tanto que no ladró por dos años. A Miguel le indicaron que se pusiera el equipo de gimnasia que estaba en una silla y se lo llevaron. Pidió darle un beso a mi mamá (ella falleció en 1992 esperando el regreso de su hijo) antes de irse, pero no lo dejaron. También se llevaron su agenda” cuenta Elvira, su hermana.

 

El único testimonio que conoce la familia Sánchez sobre la suerte de Miguel luego de su secuestro, proviene del relato de un detenido (Javier Casaretto) en El Vesubio (centro de detención y torturas que estaba cerca de la autopista Ricchieri). "El contó que ahí estuvo un deportista destrozado que había vuelto de Brasil. Imagino que se trataba de Miguel".

 

"Sánchez -contó Casaretto (quien recientemente declaró como testigo en los juicios de lesa humanidad)- protestaba diciendo que él venía de representar deportivamente al país. Aún encapuchado les gritaba a los carceleros."

 

LA RECUPERACIÓN DE SU HISTORIA

 

La historia sobre Miguel Sánchez  fue impulsada por una investigación de los periodistas argentinos Ariel Scher y Víctor Pochat, publicada en el diario Clarín el sábado 10 de enero de 1998. Allí en la nota cuentan la entrevista que hicieron a su hermana Elvira, que por primera vez, veinte años después, comentaban a la prensa lo sucedido.

 

Esta historia fue recogida por Valerio Piccioni, un periodista italiano de la Gazzetta dello Sport, y difundida en ese prestigioso periódico. Piccioni que también corría, por su propia iniciativa organizó en Roma el 8 de enero del 2000, una prueba a la que llamó “La Corsa di Miguel” (La Carrera de Miguel), con 400 participantes y nunca más dejo de hacerla. En los últimos años le agregó una prueba que la llama de los “Miguelitos”, con niños de corta edad y siempre con la presencia de Elvira Sánchez. Ella opina sobre su hermano así: "Amaba la vida, tenía muchos amigos, quería a su familia. Su pasión era escribir poesía y contar sus vivencias. Era alegre, sensible, solidario, inquieto. Las veces que pienso en él releo su poesía que refleja como era él. Y lo admiro cada vez más porque al venir a Buenos Aires él solo se forjó su porvenir. Correr es el mejor homenaje que se le puede hacer porque amaba el atletismo".

Valerio Piccioni quien investigó como nadie la vida del atleta peronista dice en un documental: “Tenía coraje cuando hablar era la cosa más peligrosa del mundo. Segundo Correa, un amigo tucumano que conoció a Miguel entrenando en el Parque Chacabuco, en Buenos Aires, dijo una vez: «No es peligroso el hombre que piensa, sino el que con su pensamiento llega a los otros». Y Miguel se interesaba en los otros, creía que toda persona tiene algo que enseñarte. Y ese es el sentido más profundo del deporte. Lo admiro".

 

          El domingo 11 de marzo de 2001, en Buenos Aires, se corrió por primera vez “La Carrera de Miguel”, en sus dos alternativas de 5 y 9 Km., con largada y llegada en el CENARD, organizada por la Secretaría de Deportes de la Nación, a cargo de Marcelo Garraffo y los deportistas del país pudieron rendirle así su merecido homenaje. Luego, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires tomó a esta prueba para su organización. También con la misma forma se homenajea al atleta tucumano en las ciudades argentinas de Santa Teresa y la capital de Santa Fe, en las localidades bonaerenses de Berazategui, Quilmes, Mar del Plata, Vedia (Partido de Leandro Alem) y Necochea; en Bariloche (Río Negro), Resistencia (Chaco) y Puerto Madryn (Chubut). En nuestra provincia se corre desde el año 2005 por iniciativa e impulso del dirigente de la CTA, Salvador Agliano, respaldado por sus compañeros del Movimiento Social del Deporte. Las pruebas se realizaron en San Miguel de Tucumán (solo dos veces se realizó en su ciudad natal, Bella Vista). Al finalizar una de esas carreras en su tierra natal, Carlos, el hermano de Miguel, junto a su familia invitó a quien escribe este libro y amigos, a la casa paterna donde vive actualmente a comer unas empanadas. Entre ellos estaba el cantautor tucumano Mario Cabrera, quien cantó a los familiares de Sánchez algunas de sus reconocidas canciones.

También ya se disputan estas pruebas en Cuba, España y Brasil. A casi todas estas pruebas asiste como invitada especial Elvira, quien concurre y participa de todo homenaje por su hermano menor. Cada año se multiplican los reconocimientos a un deportista que ya se transformó en símbolo de la memoria en nuestro país y en el mundo.

 

Previo al 24 de marzo del 2013 (Día de la Memoria) la calle del CENARD (Crisólogo Larralde) en su primera cuadra fue rebautizada con su nombre por una ley de la legislatura porteña ante un proyecto de la diputadaDelia Bisutti.

 

En su ciudad de Bella Vista, hay actualmente hay un Complejo Deportivo que se llama Miguel B. Sánchez. También ya se realizaron varios documentales en su memoria.

“Por medio de la Memoria, Verdad y Justicia, Miguel (atleta que desprecias la guerra y ansías la paz) sigue corriendo con cada argentino que tiene la voluntad de luchar por un mundo más justo”, explicanlos organizadores de las pruebas. Además sirve para que los más jóvenes se enteren lo que sucedió a nuestro país aquel 24 de marzo de 1976, cuando las Fuerzas Armadas (acompañados de civiles de distintas agrupaciones políticas) con el poder de las armas que el Pueblo les entregó para su defensa, derrotaron a un gobierno constitucional y democrático, para instalar una Dictadura Cívico-Militar sumiendo al país en la noche más trágica de su historia. El verdadero objetivo es tener conciencia del “NUNCA MÁS”.

LA CORRIDA DE SAN MIGUEL DE TUCUMAN

Por Manuel Bazán

 

Corría el año 1976 y el 9 de Julio, día de nuestra Independencia Nacional ya había pasado, pero no por eso se tenía que evitar de conmemorar esa gesta tan histórica y el atletismo tucumano entonces en setiembre realiza la prueba “DIA DE LA INDEPENDENCIA” con atletas de todo el país. La carrera, con el programa La Oral Deportiva dirigida por José María Muñoz, envía a su periodista especializado en deportes amateur Julio Gonzalo Pertierra para trasmitirla a todo el país por Radio Rivadavia.

 

Ya en esa época nuestro compañero de entrenamiento Trevín (el perro Pluto, así lo apodábamos) se había exiliado fuera del país y otros aparecían esporádicamente por cierto temor. Hechos de sangre bañaban la tierra tucumana. La fecha de Julio se fue postergando y se llegó a organizar para el mes de Setiembre.

 

El maestro Osvaldo Suárez  fue el encargado de convocar a los atletas de Buenos Aires para ese viaje épico si se puede decir. Lo hicimos en el tren Estrella del Norte, que salía a la tarde desde la Estación Retiro y llegaba al otro día a la mañana a Tucumán, por supuesto que llegó atrasado. La delegación estaba conformada por atletas de la FAM (Federación Atlética Metropolitana) entre ellos estaban Queipul, Ponce Villalba, Menéndez, Páez, Pérez entre los que recuerdo y otros más. El más motivado era Miguel, quería volver a su provincia como el atleta que había progresado y con sus sueños de coronarse triunfador en su provincia,

 

Al llegar a San Miguel de Tucumán (día sábado) nos estaban esperando para llevarnos al hotel donde nos alojaríamos. A nosotros nos tocó uno que estaba en el centro, en la calle Crisóstomo Álvarez muy cerca de la plaza. Miguel no se quedó con nosotros a pesar que le pedíamos que se quedara, la excusa era comprensible, quería ir a su casa a ver a la familia y lo habían venido a buscar y fue recibido como un ídolo y él se portó como tal. Parecía una estrella de cine, pero no, era mi amigo el Tucu, que lindo tipo, nos divertíamos con sus salidas ocurrentes, cuidaba su imagen, no dejaba nada al azar se fijaba en cada detalle de su personalidad.

 

A la noche algunos nos fuimos a dormir y otros se fueron a recorrer la ciudad. En la mañana del domingo desayunamos y salimos hacer algunas compras, recorrimos la Casa de Tucumán donde se firmó nuestra Independencia. Volvimos al hotel, guardamos las cosas y nos preparamos para ir a almorzar para luego descansar porque corríamos a las 19 horas. Éramos como 20 atletas que salimos en busca de ese lugar donde nos esperaban para almorzar, comimos unas comidas típicas, bastante picantes y al salir vaya que sorpresa nos esperaba. Entre bromas y risas (como cualquier grupo de jóvenes) entre nosotros sin molestar a nadie recorríamos las pocas cuadras hasta el hotel, cuando cerca de la “Casa Histórica” (como la llaman los tucumanos) estábamos rodeados entre camiones y camionetas de la policía. Todos con las manos arriba contra la pared, pero como no habíamos hecho nada no nos preocupaba demasiado. Pese a nuestras explicaciones que no éramos de Tucumán y que habíamos venido a correr a la tarde en la prueba atlética nos subieron a las camionetas y nos llevaron a la comisaría. ¡Cómo podía ser que la policía ignorara la Carrera que iba a suceder en la capital de Tucumán, a tan pocas cuadras y con salida por la radio a nivel nacional!

 

El más grande de nosotros era Alberto Páez un viejo militante que fue quien llevó la voz cantante de todos nosotros y el más nervioso también porque nos pateaban los tobillos y nos decían: ¿Así que ustedes son atletas?. Nosotros veníamos a correr  y lo que más cuidábamos eran los pies. Páez pidió que llamaran a Osvaldo Suárez y el pobre Osvaldo allá tuvo que ir una vez más a poner la cara por nosotros.

 

Eran las 18 horas y nosotros estábamos presos y la carrera se hacía a las 19 horas, mientras mas se acercaba la hora peor estábamos, no nos creían, pero el Maestro logró el objetivo y nos soltaron sobre la hora de la carrera. A Ramón Barrios y Alberto Páez los iban a dejar detenidos y eso ya se ponía feo pero al final el comisario accedió y los soltó. Cuando llega Miguel le contamos lo que ocurrió y se sintió mal porque era en su provincia y el le había hecho mucha propaganda diciendo de la bondad de su pueblo y se encontraba con esta situación, que creo que lo afectó mucho porque su performance no fue la deseada por él.

 

Largamos desde el frente de la Casa de Tucumán y fuimos por un parque (9 de Julio) hasta la terminal de micros para doblar luego hacia la izquierda y llegar a un barrio de casas bajas y pocas luces, recuerdo. Miguel se esforzó todo lo que pudo pero no logró el objetivo esperado por él, la carrera la ganó Héctor Córdoba, tucumano él, en un tiempo de 35 min 41 seg., y mientras se hacían la entrega de premios Pertierra, arriba de una camioneta nos hacia las notas que aprovechábamos para agradecer y mandarlos saludos a nuestras familias,

 

Al regreso Miguel se deshizo en disculpas, donde él no tenía ninguna responsabilidad pero se sentía dolido por la situación que habíamos pasado, de esa manera mostraba una vez más la personalidad del querido “Tucu” Miguel Sánchez, querido amigo y compañero siempre estarás en la memoria de quienes te conocimos y disfrutamos de tu amistad. Que Dios te tenga en la gloria.

 

“Para vos Atleta”

Poesía de Miguel B. Sánchez

Para vos atleta

para vos que sabés del frío, de calor,

de triunfos y derrotas

para vos que tenés el cuerpo sano

el alma ancha y el corazón grande.

Para vos que tenés muchos amigos

muchos anhelos

la alegría adulta y la sonrisa de los niños.

Para vos que no sabés de hielos ni de soles

de lluvia ni rencores.

Para vos, atleta

que recorriste pueblos y ciudades

uniendo Estados con tu andar

Para vos, atleta

que desprecias la guerra y ansías la paz.

Fuente: Libro “100 Ídolos Tucumanos” de Víctor F. Lupo

Editorial Corregidor

Capítulo 67- Página 337

Enero 2019.

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16/12/89: Fallece el artífice de su propio destino de leyenda – mito – ídolo, OSCAR ALFREDO GÁLVEZ

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20181219Los hermanos Juan y Oscar Galvez

 

Fue el primer automovilista argentino que logró vencer a los europeos con los autos que luego serían los iniciadores de la Fórmula 1 Internacional. Esto ocurrió una tarde del domingo 6 de febrero de 1949, bajo una lluvia torrencial y ante una multitud que había concurrido al circuito de Palermo, en el Parque Tres de Febrero de la ciudad de Buenos Aires. Allí con su Alfa Romeo 3800, Oscar Alfredo Gálvez dejó atrás a los italianos Alberto Ascari (había ganado ocho días antes en el mismo circuito), Giuseppe Farina (primer campeón del mundo de F1) y Luigi Villoresi, entre otros.

Gálvez, el “Aguilucho” o el “Tito” para los hinchas del automovilismo, había nacido en el barrio porteño de Caballito, el 17 de agosto de 1913 y siendo aún un adolescente ya trabajaba en el taller mecánico de su padre, en Av. San Martín y Galicia del barrio de La Paternal, a la vez que, los fines de semana, realizaba “changas” cuidando un garaje de la calle Añasco, para juntar unos pesos y comprar su primer automóvil.

A los 16 años adquirió un Ford T modelo 1927, con el cual comenzó a participar en las picadas que los “tuercas porteños” realizaban en las calles de Palermo.

En 1937, año en que cayó detenido una leyenda del delito argentino como fue “el Pibe Cabeza”, el director de Vialidad Nacional, Justiniano Allende Posse, autorizaba la realización del “Primer Gran Premio Argentino de Turismo Carretera” (TC), por las rutas de nuestro país a realizarse entre el 5 y el 15 de agosto. Hasta entonces estaban prohibidas las carreras por las rutas argentinas, sólo podían realizarse Grandes Premios Internacionales.

La bandera de largada la bajó el Presidente de la Nación, general Agustín P. Justo, al auto Nº 1 conducido por el neuquino Arturo Krause, que dio comienzo a la primera etapa entre Buenos Aires y Santa Fe. Con la llegada a esta ciudad, aparecía la primera sorpresa. Un “desconocido” para los habitué del TC, ocupaba  el segundo lugar al comando de un Ford convertible con el Nº 58. Allí nacía la leyenda de Oscar Gálvez, uno de los más queridos corredores de esta pasión argentina que es el TC. Acompañado por Horacio Mariscal había logrado un nuevo récord desde Buenos Aires hasta Rosario con 3 hs. 1’ 01’.

Oscar el grande

Durante 1939, el año de los tres Grandes Premios de Turismo Carretera, Gálvez ganó en dos de ellos con su Ford Nº 23. El primero, el accidentado “Gran Premio Argentino”  que, luego de recorrer 1.379 Km., fue finalizado abruptamente el 20 de octubre, en la ciudad de Concordia (Entre Ríos) por las lluvias y lo intransitable de los caminos.

Y además, el Gran Premio Extraordinario, empleando para recorrer los 4.429,800 Km. de las siete etapas, 44 hs. 44’ 46’’, a un promedio de 98,999 Km. por hora, dando comienzo así a los grandes duelos con el Chevrolet (“Chivo”) de Juan Manuel Fangio.

En el filme “Fangio, el demonio de las pistas” (1950) de Román Viñoly Barreto, se deja insinuado, este duelo particular entre los considerados por la opinión pública, como los dos más grandes del automovilismo nacional.

En 1947, Gálvez logra el primer título de campeón de Turismo de Carretera, que luego repetiría en 1948, 1953, 1954 y 1961, obteniendo además seis subcampeonatos.

En la noche del 19 de octubre de 1948, es uno de los tripulantes de los 138 coches (de los 141 inscriptos) que, en tres tandas, parten desde la sede del Automóvil Club Argentino rumbo a la ciudad de Caracas (Venezuela) participando del “Gran Premio de América del Sud, en una aventura de 9.575 Km. con 800 metros disputados en 14 etapas.

Cuenta José Froilán González (subcampeón del mundo de F1 en 1954) participante con el Chevrolet Nº 36 de esta travesía:”Esta carrera era  vieja una idea que, el Presidente de la Nación, general Juan D. Perón, tomó para hacerla realidad”. En una reunión les expresó a un grupo de corredores: “Ustedes, los deportistas, son los mejores embajadores de un país y nosotros los políticos tenemos la obligación de unir a los pueblos de América, por eso deben realizar este esfuerzo que, reconozco es casi sobrehumano”.

Y fiel a su pensamiento Perón en lo político fue el impulsor unos años después del reconocido “ABC”, dejado en el olvido, luego de la “Libertadora” del 1955 y la muerte del brasileño Getulio Vargas. El “ABC”, es el antecedente más inmediato del Mercosur.

El “Aguilucho” Gálvez se adjudicó brillantemente siete etapas de esta prueba, su hermano Juan cinco, Fangio una y la última fue para Víctor García, pero la carrera la ganó Domingo “Toscanito” Marimón. Aunque Gálvez, por tiempo, había superado por 13 minutos a Marimón a la llegada en Caracas, las autoridades de la prueba (Miguel Álvarez, Ángel Ruiz, Juan Carlos Cuestas, Fulvio Pastor y Miguel González) descalificaron a “Tito” por llegar a la meta empujado por un auto particular “Buick último modelo”.

Esta descalificación llegó cuando ya Gálvez era paseado en andas por sus fanáticos (que lo declararon ganador moral), por lo que tardó varios minutos en enterarse.

Varios de los jueces no habían notado esta irregularidad de Gálvez, porque la “línea de llegada” estaba invadida por el público venezolano. Había unas 200.000 personas, convocadas por los “los nuevos héroes de América”.

Entre 1937 y 1964, año de su retiro, el “Aguilucho” corrió 169 carreras en el país y una en el exterior, venciendo en 43 oportunidades, en distintas categorías.

Ganó los Grandes Premios de TC en 1939 (2 oportunidades), 1947, 1948, 1954, 1960 y 1961. También compitió en pista, siendo campeón en 1947 y 1948 y en 1949 de la categoría Autos Especiales. Admirador de Henry Ford, reconocía “Papá me enseño todo. Hasta levantarme temprano y sentir amor por el trabajo”.

El 18 de enero de 1953 participó del “Primer Gran Premio de la República Argentina de Fórmula1”, disputado en el nuevo autódromo “17 de Octubre”, de la Ciudad de Buenos Aires, regresando de esta manera a la categoría a bordo de una Maserati, para arribar en el quinto lugar de la carrera, que ganó el italiano Alberto Ascari con una Ferrari. Después de esta prueba su antiguo adversario de las rutas Juan Manuel Fangio declaró: “A Oscar le gustan más las rutas, porque sino sería uno de los grandes animadores de la Fórmula1”.

Se despidió del automovilismo a los 51 años, en la Vuelta de Junín en 1964 al comando de un Ford Falcón preparado por el ingeniero Alfredo Bascou.

El 19 de marzo de 1989 sus colegas y los aficionados le realizaron un homenaje con las viejas “cupecitas del Turismo Carretera recorriendo las calles de la Capital Federal hasta llegar al Autódromo, que desde ese día lleva su nombre, ante una multitud que se acercó a despedir simbólicamente al ídolo que durante décadas los había llenado de emociones.

Muy poco tiempo antes de su muerte había sido designado como “Ciudadano Ilustre de la Ciudad” por el Concejo Deliberante de Buenos Aires. El sábado 16 de diciembre luego de soportar un cáncer de páncreas, a los 76 años, dejaba de existir este fenómeno del automovilismo nacional.

Para aquellos que pretendieron defenestrarlo después de la “Revolución Libertadora” de 1955, por haber recibido de parte de Perón permisos para ingresar repuestos del exterior a cambio de la publicidad que en 1951 promocionó la fórmula “Perón – Evita”, transcribimos párrafos del artículo publicado en la revista “Mundo Amateur”, con fecha, enero de 1990, por el licenciado Alfredo Armando Aguirre:

Si como sostuvo Solthenitzyn, en la biografía de un hombre, se aprecian las huellas de su destino, Oscar fue el artífice de su propio destino de leyenda – mito – ídolo. El ámbito donde desplegó su personalidad extrovertidamente positiva fue el de los deportes mecánicos, y dentro de ellos, en la categoría de Turismo Carretera, a la que él contribuyó significativamente a convertir en un ingrediente del profundo nacionalismo cultural que, aún en medio de la penuria, sostiene el Pueblo Argentino. Esta suerte de leyenda – mito –ídolo, tuvo más de medio siglo para asentarse en la memoria colectiva. Oscar se sabía patrimonio del pueblo argentino y nunca quiso sectorizarse. No era un líder político sino un líder sociocultural. La parte sustancial de su vida deportiva coincidió con el momento más feliz que el Pueblo Argentino ha tenido en su azarosa historia: Junio de 1943 – Setiembre de 1955. Para las horas tristes posteriores a esa edad dorada, el Aguilucho atravesando raudamente los caminos de la Patria y prodigándose por doquier, fue como un bálsamo y una inyección de optimismo a la espera de tiempos mejores. La trayectoria de Oscar es el más acabado testimonio de que el deporte, cualquier deporte, es escuela de vida. Cuando en esas curvas y contra curvas, que al llegar a una estación ferroviaria de campaña, tienen los caminos de tierra que corren paralelos a las vías, cuando en esas curvas y contra curvas, el viento o algún vehículo levante una nube de polvo, seguro que de ella emergerá la Cupecita negra y blanca con Oscar al volante y su brazo saludando a su eterna hinchada".

Fuente: Libro “Historía Política del Deporte Argentino” de Víctor Lupo- Ed. Corregidor

Página 236- Capítulo XXVIII

15 Agosto de 2017

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