Deportistas en el Recuerdo
Tucumán: ERNESTO HUMBERTO “BUCHINO”JUÁREZ - Jugador de selección

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21122015buchino en River

“Usted va a ser jugador de selección”, le dijo el gran entrenador de la selección argentina, ´Don Manuel Giúdice´ al joven tucumano “Buchino” y este sueño se hizo realidad.

Ernesto Humberto Juárez, conocido como “Buchino” y protagonista de esta genial historia nació el 13 de diciembre de 1934 y se crió en la calle Diego de Villarroel al 200, en plena Villa 9 de Julio, de San Miguel de Tucumán, donde desde muy chiquito lo vieron correr detrás de la redonda. “El fútbol fue y será siempre su deporte”, explica el protagonista.

El papá Ernesto Humberto y la mamá María Elena lo apoyaron desde siempre. Eran 5 hermanos: Luis Alberto Juárez (jugó al fútbol también en Huracán de Parques Patricios) y las mujeres: Cristina Ángela, María Elena y Dominga Antonia.

Estudió hasta sexto grado, pasando por 3 escuelas: la Martín de Güemes,  cerca de su casa en el Pasaje 1º de Mayo, luego la Presidente Roca (Sarmiento y 25 de Mayo) y por último en el Padre Roque (el actual San Francisco de calle Marcos Paz entre Muñecas y Maipú). En la última escuela integró la banda de música. Fue tamborilero y defendió la camiseta de la institución en los primeros Juegos Evita. ”Perdimos ante el campeón, San Martín” pero teníamos un equipo bárbaro”.

Estuvo casado con María Angélica Domínguez (hoy viudo), con quien tuvieron tres hijas mujeres. Dos viven en Salta: Mónica Elena y Miriam Elizabeth. La otra vive en Tucumán, Sandra Jaqueline. Y disfruta muy contento de sus 11 nietos, 3 varones y 8 mujeres. “Un nieto, Matías, practica el fútbol y está muy cerca de jugar en la primera de Juventud Antoniana de Salta. Una nieta, Rocío, también juega al fútbol y es goleadora del equipo de UTGHRA en Tucumán ¿Qué tal?” nos dice su abuelo contento por su descendencia futbolística.

“Buchino” se inició jugando al fútbol en un equipo del barrio llamado Liverpool Fútbol 7. Jugaban en el Parque 9 de Julio, a una cuadra de su casa natal. Allí oficiaban de locales (lugar donde nunca perdieron). La canchita estaba detrás de La Pérgola, para los memoriosos.

Pero el club que lo vio nacer futbolísticamente en forma oficial, fue Villa 9 de Julio (antes jugó también para Defensores de Boca), equipo que militaba en la Federación Tucumana. Allí mostró su magia y talento. Tal es así que a los 15 años debutó en la Primera, en el ascenso tucumano. “Fue ante Ferrocarril Mitre, que venía puntero e invicto. Ganamos 1 a 0 y al gol lo marqué yo”, recuerda Buchino. Tuvo grandes campañas en Villa 9 de Julio y a los 16 años se consagró campeón con el equipo. Pero no le dieron el ascenso al no tener cancha propia. “Andaba bien”, humildemente explica. Entonces lo llevaron a prueba a San Martín en la Ciudadela. Aunque se encontraba lesionado, decidió asumir los riesgos. “Jugué para los suplentes. Hice un partido discreto. Le ganamos a los titulares 2 a 1 y convertí un gol olímpico, pero no superé la prueba”. El DT “Santo” era Roberto Santillán. Igual, años después lo convocaría a jugar en la Selección Tucumana que dirigía y allí Juárez dio el salto de calidad.

 

21122015Buchino Juárez

 

Al no entrar en San Martín, rápidamente su equipo del barrio, Sportivo Guzmán, lo fichó. En ese momento pagaron 6.000 pesos por su pase a Villa 9 de Julio y le prestaron las instalaciones para que oficie de local ese equipo. Juárez “la descosió”, popularmente hablando, en Sportivo. Hacía goles y tenía proyección. Santillán lo llevó como titular a la selección tucumana y “Buchino” castigó con goles a Independiente de Avellaneda, Ferrocarril Oeste, Rosario Central, un equipo de Suiza y al América de México, que vinieron a jugar en nuestra ciudad. Participó de la gira por Chile y recibió aplausos por su desempeño. Pero tenía un problema para ser vendido a Buenos Aires: le tocaba hacer la “conscripción”. Sí, el servicio militar obligatorio lo esperaba de regreso en 1954. Y el fútbol le dio un lugar privilegiado.

Mientras se encontraba cumpliendo el servicio militar en la provincia, al Comando de Tucumán llegó un comunicado firmado por el general Franklin Lucero (Jefe del Ejército Argentino): “Al Señor Ernesto Humberto Juárez se lo necesita en Buenos Aires. Ejecuten su traslado”. Tuvo que subirse al tren El Mixto y partir, ante el asombro de los oficiales residentes en Tucumán que no se explicaban el por qué. El tema es que Atilio Renzi, secretario privado de Evita y luego de Perón, era un alto dirigente del club Ferrocarril Oeste de Caballito y quería al tucumano Juárez jugando para su equipo. Tuvo un trato especial en el regimiento de Buenos Aires y vivía en el club Ferro. Y así comenzó la fantástica aventura por el fútbol grande. Fue en 1955 cuando Ferro paga por él 150.000 pesos.

“El jugador que hace goles, triunfa”, repite siempre “Buchino” y en ese entonces fue por su gloria. A prueba, para Ferro, enfrentó a River y le hizo un gol en el triunfo por 3 a 2. Y contra Boca jugó lesionado, sólo unos minutos y anotó el tanto del empate 1 a 1. Sí, sabía que tenía que hacer goles para destacarse, aún jugando de 8 o tirándose como wing derecho. 

De 1955 a 1960 estuvo en Ferro y ganó el ascenso. Huracán, pagó 2 millones de pesos por su pase, donde jugó del ’61 al ’63 (en ese tiempo desplegó también su magia en la Selección Argentina dirigida por Néstor Rossi). Luego River en el ’63, paga por su pase 8 millones y juega 2 años. Estuvo en Rosario Central en ’65 y regresó a Huracán en el ’66. Había una propuesta de Estados Unidos pero prefirió ir a jugar la Copa Libertadores en Paraguay, con el Club Guaraní. En ese equipo fue campeón 2 años. Y su último club, como futbolista, fue Libertad en ese país. Se retiró a los 36 años de edad.

“Un puntero que acostumbraba a atacar por los laterales, con habilidad, velocidad y eficiencia”. Así se lo definía en aquella época a Buchino. Un grande. Un crack de verdad.

SU ÉPOCA DE ENTRENADOR

Alguna vez le ofrecieron dirigir a Libertad de Paraguay, pero ya estaba radicado en Tucumán y dirigiendo al Club La Providencia y dijo no. Ernesto Juárez en la provincia, fue técnico de Primera en Central Norte (lo hizo debutar al negro Juan Manuel Ramos en el arco a pesar de su corta edad y que los dirigentes no querían. Luego lo vendieron a Racing de Córdoba), para seguir como DT en Amalia, San Pablo, Sportivo Guzmán, Argentinos del Norte, Atlético Tucumán (en inferiores y Primera), Deportivo Aguilares, La Providencia, Sarmiento de Santiago del Estero y Deportivo Tabacal de Salta (fue campeón 2 años seguidos). También estuvo muchos años desde 1995  buscando talentos para River Plate en la zona Noroeste.

“Voy a volver a dirigir a los chicos, a formar jugadores. Eso me gusta y lo disfruto. Sólo da bronca que los dirigentes de Tucumán no se den cuenta del potencial del jugador tucumano y de la capacidad de los entrenadores que hay en la provincia para darles chances”, cerró Ernesto “Buchino” Juárez.

“Usted va a ser jugador de selección”

Le dijo Manuel Giúdice alguna vez luego de verlo jugar. “Buchino” Juárez lo comprendió y lo fue. Con la selección argentina jugó doce partidos como titular y estuvo 2 de suplente. No pudo, aunque ya estaba en la lista, jugar el mundial de 1962 y 1966 porque “El Toto” Juan Carlos Lorenzo decidió bajarlo a último momento. Pero jugó el Sudamericano de Bolivia completo (Argentina terminó segunda). Y ganó la Copa Lipton ante Uruguay. La Copa Newton ante Chile  y la Copa Rosa Chevallier Boutell ante Paraguay.

Juárez recuerda su paso en la selección nacional como lo máximo. Y tiene una explicación.

“Ganarle a Brasil, de visitante y con un gol mio, es lo máximo que te puede pasar en el fútbol. A mí me pasó, y es mi mayor alegría”. Fue el 13 de abril de 1963, en el Morumbí de San Pablo como visitante y ante 70.000 espectadores. Brasil venía de 7 años invicto como local, hasta que se topó con la selección argentina. “Jugamos de titulares dos tucumanos. Eso también es un orgullo. David Iñigo y yo estuvimos desde el arranque”, rememora Juárez, con la frente bien alta. Pelé ya era considerado el mejor jugador del mundo. El arquero era Gilmar, y también estaban talentosos como Dorval, Mauro, Altair, Dialma Santos, Mengalvio y hasta el gran Coutinho. “Ganábamos 2 a 1 y teníamos la pelota. Así hay que jugarle a Brasil. Así se desesperan. Pero la ventaja era mínima. Tomé la pelota, sin marca, a casi 40 metros del arco. Tuve espacio y confié en mi remate. Le pegaba fuerte. Entonces apunté y la puse en el ángulo. Fue el 3 a 1 y aunque después ellos descontaron, la historia ya estaba escrita”, explicó “Buchino”. Su gol y su gran actuación fueron clave para ese memorable triunfo con presencia tucumana.

El periodista de la revista El Gráfico Osvaldo Ardizzone, enviado especial a Brasil, consideró a Juárez, de la siguiente manera: “Fue quién marco el tercer gol, con un remate al ángulo y desde larga distancia y fue como un gran aporte a la importancia que tiene en un equipo un núcleo base que se encuentra en la natural afinidad por una única manera de sentir y de pensar en jugar al fútbol”.

Fuente: Libro “100 Ídolos Tucumanos” de Víctor F. Lupo

Editorial Corregidor

Capítulo 27 – Página 145

10 diciembre de 2015

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14 de noviembre de 1936: RUBEN SOSA - Marqués, Académico y Tanguero

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10112015ruben sosa

Cuenta el “gran mariscal” Roberto Perfumo que guarda un recuerdo especial de Rubén Sosa, el "Marqués": Cuando Roberto era un muchachito en las inferiores de Racing, lo veía jugar en la primera y lo admiraba. Sosa era estrella en la Academia y en la Selección Nacional y junto con su exquisitez para jugar con la pelota al pie se destacó como uno de los grandes cabeceadores de la historia. Por eso, cuando Perfumo asomó a la primera, le quedó grabada la cordialidad de quien era una gran figura: "Nos trataba muy bien a los pibes, con mucho afecto. Y de cuando yo lo miraba de afuera a cuando lo tuve de compañero, me quedó grabada su imagen: llegaba al entrenamiento vestido de traje y corbata. ¡Nunca me lo voy a olvidar!"
El cantautor español Joan Manuel Serrat hablaría, tal vez, de la aristocracia del barrio, para definir ese señorío en la actitud, en la vestimenta incluso, que caracterizaban al "Marqués", como portador residual de una época en que la gente iba de traje y sombrero a la cancha de fútbol, al hipódromo, a la noche de boxeo en el Luna Park.
Un actor y creador argentino como Sergio Renán, tan famoso por su obra artística como por su condición de hincha académico, cuelga en su “paquete” departamento de la Recoleta dos retratos claramente pintados en el Renacimiento español. Cuando un galerista amigo le preguntó de qué personajes se trataba, él los descolgó con orgullo y los nombró: ”Este de la espada y el escudo de armas, que parece D'Artagnan, es el Marqués Sosa. Y este otro, con la capa, con este aire de cortesano de Velázquez, es el Conde Federico Sacchi”.
El amigo, crítico experto y curador avezado, asintió, sorprendido por su descubrimiento de la presencia en Buenos Aires de dos obras cuya memoria catalogadora ignoraba. Y se fue ignorando que le habían presentado el curioso cruce de los campos artístico y futbolero en el curioso modo de homenajear a sus ídolos que sintetizó Renán.
Si el cuadro de Sosa fuese colgado alguna vez en un imaginario cruce del Bellas Artes y la AFA, escribiríamos en el catálogo, al presentarlo: “Rubén Sosa. Figura emblemática del gran fútbol argentino, inolvidable en la delantera del Racing campeón de 1961, con Corbatta, Pizzuti, Mansilla, Sosa y Belén. Y en la complicada Selección argentina de su época, cuando se reunía en toques con Pando, Coco Rossi, o Sanfilippo, para revertir la malaria desatada en Suecia 58. Ya había sido campeón con Racing en 1958 y lo fue con la Selección en el Sudamericano de 1959”.
Fue un periodista controvertido, culpable, lleno de pecados, llamado Bernardo Neustadt, quien cuando dirigía la revista "Racing" en sus comienzos mediáticos lo bautizó "Marqués" con aguda eficacia.
Entre 1958 y 1964, Rubén jugó 151 partidos con 82 goles. Un montón. Fue el goleador de Racing en 1959, 1960 y 1962. Curiosamente, no lo fue cuando Racing salió campeón. Pero en ambas temporadas (59 y 61) aportó 11 goles en cada una. En la Selección también goleó: 11 tantos en 18 partidos. Jugó el Mundial de Chile 1962.
La hinchada de Racing lo amaba. Pero la de Platense también. Y dejó buen recuerdo en el Uruguay, donde jugó en Cerro y en Nacional, cuando el fútbol argentino se le hizo esquivo porque le costaba volver de una fractura. Tuvo un paso por el fútbol de los Estados Unidos y en 1968 se retiró en Flandria. Ya tenía deseos de retirarse, pero siguió un poco más porque en Flandria estaba Pedro Mansilla, su compañero de ataque en Racing.
Fue un porteño de ley, que se inició en el baby fútbol del Club Social y Deportivo El Tábano, de Coghlan y hasta su muerte perteneció fiel al Tábano, donde pasó largas tardes de conversación y recuerdos con otros dos gigantes de la cultura popular, como el gran arquero Julio Cozzi y el Polaco Roberto Goyeneche. A los tres los vinculaba, entre innumerables cosas, el amor por Platense, el club en el que Sosa y Cozzi se iniciaron en las divisiones inferiores.
Nació el 14 de noviembre de 1936. Falleció el 13 de septiembre de 2008. Fue un crack, un tanguero de códigos y un gran tipo.

EL RECUERDO DE LOS HINCHAS

Los grandes jugadores dejan una jugada en la memoria de cada hincha, es decir, infinitas jugadas distribuidas en la memoria colectiva. En una web dedicada a Platense, los hinchas calamares lo despidieron con imágenes como estas, que aquí se reproducen textualmente:
"Esta es una de las mayores penas de este año. Para mis ojos fue uno de los grandes jugadores de esa época. En Platense le vi hacer una jugada IMPOSIBLE: Entró desde el centro al área contraria pero inclinado hacia la derecha. Llegó a la raya del fondo y allí recibió un pase-centro. LO VI DARSE VUELTA EN EL AIRE Y CABECEAR HACIA EL CENTRO DEL ÁREA donde entró (ya no me acuerdo quién) para meter un gol inolvidable. Todo esto con esa elegancia imposible de aquel que sabe lo que hace y sabe como darle el toque genial. Para mi siempre fue Rubén Sosa (el Marqués). Recuerdo que esa enfermedad le impidió estar en la fiesta del centenario". 
De HAS en la Lista de Correo Calamar:

 “El y Subiat los dos mas grandes cabeceadores del fútbol argentino QUE YO VI. Ellos no le ponían el frentazo, le pegaban con ambos parietales y la ponían donde y como querían. Lamentablemente a los chicos de ahora, tenemos que aventajarlos en estas cosas, hoy no se ven estos tipos y mucho menos en Platense. Mi recuerdo, cancha de Chacarita un golazo desde afuera del área pero de PALOMITA... Chau...Maestro".

UNA NOCHE EN EL TABANO.
Por José Luis Ponsico *

Fue en el otoño de 2000. Homenaje a Rubén Héctor (el Marqués) Sosa en el club El Tábano, de la calle Naón al 2900. Antes, con Juan Carlos Guzmán, le tramitamos una "pensión por invalidez" en el Senado. La resolución la firmó un fana hincha racinguista, el Vicepresidente de la Nación, Carlos "Chacho" Álvarez.
Había un centenar de personas en un pequeño salón donde no cabían más de 80 sentadas. El lugar, entrañable, decorado por fotos de los mejores equipos de Platense, especialmente uno del 55 con Julio Cozzi ("El mejor de todos los arqueros", dice hace mucho Amadeo Carrizo), Jorge Maldonado y Antonio Báez, entre otros.
Se congregó buena parte de la familia de Racing de los 60 con Juan José Pizzuti  a la cabeza, pero también Pedro Mansilla, el "Chango" Juan Carlos Cárdenas, Rubén Bertulessi y Oscar Raimundo Martín, el capitán del mítico "Equipo de José". El popular "Marqués" lucía un impecable traje azul, estaba como "de casamiento". Fue proyectado un filme de 12 minutos con una recopilación de la trayectoria de Sosa, desde sus comienzos en Platense, destacado y goleador de Primera B en 1957, para hacer "foco" en su notable campaña en Racing entre 1958 y 1965, donde fue dos veces campeón (1958 y 61) y otra subcampeón (1959) en un ciclo inolvidable.
También campeón en el Sudamericano del 59, disputado en Buenos Aires, cuando Brasil vino con el "scratch" campeón del mundo en Suecia 1958 y quedó segundo.
Ya de madrugada, el presidente de El Tábano, situado a pocas cuadras del Hospital Pirovano, contó la anécdota del lugar donde convergen Saavedra y Coghlan...
"Para los que no son del barrio -dijo Francisco Polosa, dirigente y gran amigo del "Marqués"- a cuatro cuadras de aquí en una manzana delimitada por algunas de calles más conocidas como Estomba, por ejemplo, entre 1926 y 1937 nacieron cuatro que 40 años más tarde serían muy famosos. A saber: Julio Cozzi, Roberto (Polaco) Goyeneche y el Marqués Rubén Sosa".
"¿Y el cuarto?" preguntaron varios -el suscripto uno de ellos- a Polosa, que acompañaba a Sosa desde 1956, en la Tercera de Platense. "El cuarto -añadió- no jugó al fútbol ni cantaba; fue policía, llegó a Cabo de la Federal. Luego alcanzó mayor fama aunque nunca fue muy popular... Se llamaba José López Rega..."

Provocó hasta la hilaridad de Rubén Sosa que vivió su gran noche...

* Periodista de Telám

Fuente: Libro “100 Ídolos Porteños” de Horacio del Prado y Víctor F. Lupo

Página 134

Editorial Corregidor

9 de Noviembre 2015-

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ERNESTO GRILLO - El del golazo a los ingleses…

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20102015gol grillo a los ingleses

 

El “Pelado” Ernesto Grillo nació en La Boca el 1º de octubre de 1929.  Quedó inmortalizado en la memoria futbolera por aquel gol a los ingleses, jugando para la Selección Argentina en el Monumental de River, el 14 de mayo de 1953. Argentina venció 3 a 1 con dos goles de Grillo y otro de Rodolfo Micheli. Pero aquel magnífico gol, que convirtió desde un ángulo demasiado cerrado, se transformó de inmediato en leyenda y en su homenaje se estableció que en esa fecha se celebre el Día del Futbolista Argentino (muchos años después, coincidió con el fallecimiento de José “Pepe” Amalfitani, presidente de Vélez Sársfield, y se impuso el Día del Dirigente Deportivo en su memoria).

Ídolo de Independiente y Boca y de la Selección Nacional, con la que logró el Sudamericano de 1955 en Santiago de Chile, Grillo también jugó en Italia con la camiseta de Milán ganando el Scudetto en 1957. Estuvo allí dos temporadas, con 79 partidos jugados y 18 goles y logró el subcampeonato de la Copa de Europa en 1958, convirtiendo uno de los goles donde su equipo perdió con el Real de Madrid en suplementario por 3 a 2. En el equipo merengue jugaban los argentinos Rogelio Domínguez, Héctor Rial y Alfredo Di Stéfano.

Ernesto debutó en la primera división de Independiente el 24 de abril de 1949 y defendió la casaca durante ocho años, en los que convirtió 90 goles en 192 partidos oficiales y junto con Rodolfo Micheli, Carlos Cecconato, Carlos Lacasia y Osvaldo Cruz, formó parte de una memorable delantera que fue convocada íntegramente a la Selección Nacional, hecho único en el fútbol nacional.

De regreso de Italia al país se enroló en Boca Juniors por otros seis años y ganó los campeonatos del '62, '64 y '65. Se retiró en 1966 con una estadística de 278 encuentros disputados en el fútbol argentino y 102 goles convertidos.

 

20102015grillo

 

Ernesto Grillo, quien también se dedicó a la formación de jóvenes en la cantera boquense, fue un jugador excepcional, un mediocampista de gran manejo de pelota y llegada al gol. Pero quienes lo conocieron como persona destacan sobre todo su figura como maestro y aseguran que su modestia era proverbial. Silencioso, alejado de las estridencias y las grandes declaraciones, se lo veía pasear ya desde joven y hasta sus años veterano, acompañado solamente por sus reflexiones y por los varios perros callejeros a los que recogía del abandono y daba albergue en su hogar.

Ya lejos del “Pelado” de sus años juveniles, Don Ernesto Grillo muy pobre, recibió en sus últimos años de vida el apoyo de la Red de Futbolistas Solidarios, conformada por figuras de todas las épocas del fútbol como Juan Carlos Guzmán, “Bigote” Grispo, Federico Vairo,  Héctor Facundo, el “Chivo” Pavoni, Juan Carlos Marenda, Silvio Marzolini, José Varacka, Daniel Onega, Norberto Madurga y Nicolás Novello, entre otros.

Grillo  falleció el 18 de junio de 1998 en su casa de la localidad de Bernal.

GRILLO FUE EL MARADONA DE LOS AÑOS 50.

"Un monstruo de la gambeta que además poseía un coraje a prueba de balas", memoraba Juvenal, ese gran maestro de periodistas. Para graficarlo mejor: mientras él era la estrella de Independiente, Pedro Dellacha era capitán de Racing. Pedro es un sujeto delicioso, buenísimo, pero en la cancha te mataba; tenía la fuerza de un leñador. Mejor era ser arrollado por un tren y no chocar contra él. Pues, en esos clásicos ardientes entre Independiente y Racing, el hombre a exterminar por Dellacha era Grillo. ¿Y qué hacía Grillo? Cuando le venía una pelota en tres cuartos de cancha, la dominaba, daba un saltito, se paraba sobre ella, ponía las manos en la cintura y ¡parado sobre el balón! lo miraba a Dellacha y, provocativamente, le decía "Vení... vení a buscarla". La hinchada de Independiente deliraba de emoción y de orgullo. Dellacha se iba como un toro y Grillo lo gambeteaba con habilidad y también con fuerza porque tenía dos piernas fenomenales, semejaban la base de dos árboles.

Jorge Barraza (ElTiempo.com)

Fuente: Libro “100 Ídolos Porteños” de Horacio del Prado y Víctor F. Lupo

Capítulo 35 - Página 124

Editorial Corregidor

Octubre de 2015

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17 de Octubre de 1945: TODOS VENÍAN DEL SUR -- Por Fulvio Galimi *

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"Peeron, Peeron"

(grito de los obreros)

 

 

20102015Tapa Galimi para facebook

 

Ese día, 17 de octubre de 1945, salí más temprano de los Tribunales del Trabajo, donde era empleado desde hacía pocos días. Como buen “pinche” que era, atendía la mesa de entradas. Los pocos litigantes que se presentaban, comentaban que la Plaza de Mayo se estaba llenando de gente.

–Sí, está llena –dijo el Juez Oreste Pettorutti, hermano del famoso pintor, cuando me crucé con él, al salir.

Como ya no circulaban transportes públicos, se ofreció a llevarme cerca de mi casa.

–Dejaría el auto en un estacionamiento, y de allí seguiría a pie hasta la plaza. ¿Quiere venir? –invitó el Juez

–¡Pero claro que sí!

Avisé a mi familia desde el estacionamiento de Plaza Lavalle, y fuimos caminando por Corrientes.

El espectáculo era asombroso. Se veía avanzar una muchedumbre hacia la plaza, lo cual era inusual. La multitud marchaba con su ropa de trabajo porque habían dejado su labor para acompañar esa movilización; y a medida que avanzaba se iban agregando columnas de gente que venía desde el sur de la ciudad. Se veían mecánicos con su overall manchados con grasa, obreros de frigoríficos con sus botas blancas, empleados que dejaban sus oficinas. Caminaban resueltos, adustos, sin hacer provocaciones; sólo gritaban clamando por la libertad de su líder.

Hoy, tantos años después, evoco aquel día, que fue un punto de inflexión en nuestra historia.

¿Qué motivaba a aquellas personas, hombres y mujeres que marchaban a pie, con mirada decidida y sin provocar incidentes? Iban a rescatar a su líder, pero también iban a rescatarse a sí mismos, a hacerse visibles en una sociedad que los había ignorado. Scalabrini Ortiz, el mejor cronista de ese día, diría que era “el subsuelo de la patria sublimado, que salía a la luz”. “El hombre que está solo y espera”, que se realizaba.

Buscaban ser oídos y respetados. Perón había despertado en ellos el sentido de ser alguien, de tener derechos, de no reclamar en vano. Ya no retrocederían. Decididos dejaban sus puestos de trabajo y se unían a las columnas. La desaparición de Perón significaba perder las conquistas alcanzadas en los tres años de su Secretaría de Previsión.

Además, era innegable que el excepcional carisma de Perón había calado hondo en los trabajadores, quizás porque fue el primer Presidente que le sonrió al pueblo. Para ellos, era “todo o nada”. Sabían bien lo que era volver al pasado, al que además había que agregar la “vendetta” de los patrones.

Todo el sur bonaerense había iniciado la marcha y a medida que corría la noticia, llegaban desde otros puntos de los suburbios.

Era ya de noche. Por los altavoces hablaban el coronel Domingo Mercante y el periodista Eduardo Colom, intentando tranquilizar a los manifestantes. Era inútil abundar en detalles. Todo ha sido relatado innumerables veces.

Imprevistamente se cortó la electricidad. Los obreros no claudicaron: encendieron antorchas con papel de diario. El espectáculo era alucinante.

 

20182015Peron esgrimista

Concentrado en observar e interpretar el evento, había perdido de vista al juez. No lo encontré. Resolví volver. Conocía bien a mi padre, y sabía que debía estar preocupadísimo.

Habría recorrido unas dos cuadras, cuando la tierra pareció temblar con el rugido de la multitud. Fue la reacción ante la aparición de Perón en el balcón de la Casa Rosada, escena que luego quedaría inmortalizada por lo emblemática.

Apuré el paso lo más posible, y terminé corriendo las últimas cuadras. Al llegar, mi padre me abrazó, me hizo sentar a su lado, y entonces escuchamos juntos aquel discurso que cambió la historia.

* Esgrimista olímpico

Fuente: Libro “A Capa y Espada”

De Fulvio Galimi

Ediciones Fabro 2014

Página 49

Octubre 2015

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
LORENZO JUSTINIANO RODRÍGUEZ: Campeón de Saltos Ornamentales

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23092015Cap. 8 Justiniano Rodriguez

El matrimonio compuesto Juan Rodríguez Soto y Francisca Villaseca (ambos nacidos en Añover de Tajo, España) se instalaron en Tucumán a principios del Siglo XX. Ellos tuvieron 6 hijos: Cármen, Genaro, Ernesto, Enrique, Justiniano y Clara.

El quinto hijo, Lorenzo Justiniano que nació el 5 de setiembre de 1918 fue uno de los grandes de la natación tucumana en los principios de esta actividad en la provincia, destacándose especialmente en Saltos Ornamentales.

Justiniano, como sus hermanos realizó sus estudios, tanto primarios como secundarios en el colegio Salesiano Tulio García Fernández. La familia Rodríguez Villaseca vivía en la calle López y Planes primera cuadra. Los hijos aprendieron a nadar en la pileta del Club Natación y Gimnasia (NyG) ubicado en la calle Córdoba y Marco Avellaneda donde tenía su sede, bajo las ordenes de los profesores Flaminio Bottoni y Luis Roberto Arce. También en el club estaban como entrenadores Antonio Ballester y Roberto Peluffo.

Justiniano también practicaba tenis y waterpolo pero lo que más le atraía era ver lanzarse al agua practicando en Saltos Ornamentales a la gran figura del club en ese momento, Ubaldo Marangoni

Integró desde muy niño los equipos de”Tiburones” y “Cangrejos” del club junto a otros changuitos que luego llegaron a ser figuras de la natación tucumana como: Silvio Colombo, Mario Barbieri, Raúl Vela Ortíz Zavalía, Romero, Cabot, Naranjo y Vázquez.

Con la llegada desde Buenos Aires del profesor Enrique Lafontaine para convertirse en el entrenador del Club Natación y Gimnasia, Justiniano pudo perfeccionar al máximo su estilo en Saltos Ornamentales, convirtiéndose en un gran campeón en todo el Noroeste argentino.

Fue campeón tucumano de Saltos ornamentales participando en la era de oro de la natación tucumana entre 1930 y 1950. Era invitado desde distintas piletas en la provincia solo para que realice exhibiciones donde se llenaba de público para verlo saltar.

En 1938 se clasifica campeón tucumano y Vice campeón nacional de Saltos Ornamentales.

El 15 enero de 1939, Justiniano asiste al campeonato que se disputa en el Club Lawn Tenis ubicado en el Sarmiento de Córdoba representando a la provincia junto a los nadadores Mario Barbieri, Ramos, Buzzi, García Posse y Magdalena Giobellina, donde repite su destacas actuaciones tanto en saltos como en 100 mts estilo libre y en el equipo de waterpolo.

En este torneo gana en Saltos Ornamentales (con 65 puntos) seguido del tucumano García Posse (con 62 puntos) y tercero el cordobés Méndez Acha.

Empleado administrativo (tesorero general) de Universidad Nacional de Tucumán, fue uno de los fundadores de la  Asociación del Personal de los no docentes de la UNT (APUNT) con una rica historia en el crecimiento de la Universidad y también de la Acción Social (ASUNT).

Casado con María Estela Cazón de cuyo matrimonio nacieron tres hijos: Marta Alicia, Guillermo y Fernando Justiniano, de los cuales tuvo 6 nietos.

Ya retirado de la actividad de la natación se dedicó a la aviación llegando a ser Presidente del Club de Planeadores Los Tucanes. Fue también uno de los fundadores del Club Caza y Pesca de la Universidad Nacional de Tucumán.

En el año 1976, durante la dictadura militar en la provincia, secuestran a uno de sus hijos y a un sobrino, porque estos chicos en una gira de estudios por Alemania habían cruzado la ya desaparecida Cortina de Hierro, para visitar por unos días Alemania del Este. Aunque a los meses liberaron a los jóvenes, este duro golpe afectó la salud de Lorenzo Justiniano Rodríguez, que falleció el 12 de agosto de 1977.

Para realmente imaginar el nivel que había alcanzado Rodríguez en la natación tucumana, relatamos un acontecimiento ocurrido cuando el profesor Lafontaine vino a Tucumán, invitado para ser homenajeado por sus ex nadadores del club Natación y Gimnasia. Ante una pregunta del periodismo presente en ese acto Lafontaine expresó: “Ya no hay nadadores de la talla de Mario Barbieri y de Justiniano Rodríguez en la provincia”.

Fuente: “100 Ídolos Tucumanos”

De Víctor F. Lupo

Editorial Corregidor

Capitulo 8  Página 50

 

 

 

 

 

 
 

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