Deportistas en el Recuerdo
El pasado 18 de Enero partiò de este mundo UN MAESTRO de la Vida y La Cultura Física de nuestro país: NORBERTO VICTORIO ZEN

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El sucesor de Thamier – La masificación del Deporte

 

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Pionero de la Educación física en nuestro país, nacido en la ciudad de Esperanza, Santa Fe, el 20 de febrero de 1925. Hijo de Emilia Russi y José, ya en la escuela formaba parte de la banda musical de música de su ciudad. La sensibilidad musical de Norberto había nacido en la casa del gran poeta José Pedroni, vecino y amigo de su padre carpintero, a quien el poeta despidió con sentidas palabras en el cementerio del pueblo el día de su fallecimiento.

“Recién había terminado el tercer año de la Escuela Normal en mi pueblo y era un joven que soñaba con ser aviador como Jorge Newbery, cuando llegó una invitación a los mejores promedios del país para viajar a Buenos Aires, invitados por el Gobierno Nacional para optar por la beca para el profesorado de Educación Física. Luego de unos días de estadía acepte enseguida por la carrera”, comenta con gran nostalgia el “maestro” Norberto Zen, quien agrega: ”En el Instituto Nacional de Educación Física General Belgrano comencé a cursar el primer año simultáneamente con el cuarto normal en la Escuela José Artigas de San Fernando. Tuve el privilegio de ser escolta por concepto junto a Alfredo Loughlin mientras el abanderado era Jorge E. Kistenmacher”.

Ya recibido de profesor comenzó a trabajar en las escuelas Normal y Técnicas de Esperanza y la ciudad de Santa Fé. A los 24 años de edad se vino a vivir definitivamente a la gran metrópolis en el barrio “Perón” de Saavedra, como tantos otros provincianos en esa época, para convertirse definitivamente en un “porteño de ley”. Casado padre de 4 hijos, uno de ellos como su padre profesor de educación física.

En el año 1949 mientras trabajaba como secretario privado y colaborador artístico del entonces Director General del Teatro Colón, profesor Horacio Caillet-Bois, en un acto de la Federación Médica Argentina que se realizó en el Teatro conoció circunstancialmente al presidente Perón, quien al enterarse de su profesión lo convocó a ser parte del equipo de la Municipalidad.

 

UN MAESTRO EN LA FUNCIÓN PÚBLICA

 

Norberto Zen fue entonces el director de Deportes de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires (1950-55) y presidente de las Comisiones de Box (donde actualizó el reglamento del boxeo profesional), del Autódromo y del Velódromo. Como Director estuvo a cargo de las principales obras de remodelación que se realizaron durante esos años en los distintos polideportivos de la ciudad. Los parques Avellaneda, Chacabuco, Los Perales y los ubicados en la “actual Sociedad Rural de Palermo” del parque Tres de Febrero vieron crecer sus instalaciones. Creó las Escuelas Infantil y Juvenil de deportes para la capacitación de niños y de directores técnicos de pequeños clubes de barrio, además de la promoción de actividades físicas y recreativas en cada barrio porteño. De esta manera se logró “que el pueblo pueda ejercer su derecho a la práctica de la actividad física”, como lo impulsaba el gobierno justicialista desde el año 1946. Y esto se comprobaba con los 5 millones de deportistas de la CAD-COA que registraba en 1955, en una población que no llegaba a 16 millones de habitantes en la Nación. Hoy la CAD no registra ni 700.000 deportistas con una población superior a los 36 millones de habitantes.

Fue uno de los pioneros, junto a un vecino del barrio Chacabuco, Juancito Vázquez, en la creación del Club 8 de Octubre que jugaba al básquetbol en dicho parque y por lo cual se comenzaron a construir las obras de gimnasios cubiertos (inaugurados recién en 1958). También, Zen dio un gran impulso a la Escuela de Líderes y contrató figuras del deporte para que enseñaran en los parques, como Delfo Cabrera, Francisco Mura, Ricardo González y Mary Terán de Weiss y Elsa Irigoyen, que pertenecían a los Ateneos femeninos deportivos Eva Perón. Otros profesores que trabajaron con él fueron Federico W. Dickens (atletismo y baseball), Jorge Canavesi (básquet), Jorge Etchart, Alejo Russell (tenis), Remigio Saavedra (ciclismo), Raúl Landini (boxeo), Juan Manuel Fangio y Froilán González (automovilismo), Isidoro Ferrere (atletismo), Roberto Larraz (esgrima), Amadeo Novoa (pelota a paleta) y Carlos “Cacho” Aldabe (fútbol).

Como sus vicedirectores actuaban Ramón C. Muros, en la Escuela Infantil y Juvenil del Deporte “Eva Perón” y Jorge Sánchez en la Escuela de Especialización Deportiva “Pte. Perón”. Viendo todos estos nombres como “maestros del deporte” es fácilmente entendible el por qué de la gran práctica deportiva de la población en aquella época.

Según el actual coordinador del Centro de Documentación, Investigación y Referencia Histórica Deportiva de la Ciudad de Buenos Aires (CEDHIR), profesor Carlos Alberto Bianchi, “el “flaco Zen fue el mejor sucesor en la Municipalidad de Artemio Thamier”.

 

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“Como deportista federado de atletismo, me especialice en salto en alto y en 110 con vallas, con buenas perfomances en el Argentino de Rosario y en el sudamericano de Montevideo (Uruguay)”, cuenta orgulloso este “gran maestro de la vida”. También jugó sóftbol y béisbol (siendo primera base del club Aconcagua). Su máximo logró fue como participante de la selección nacional de béisbol (dirigida por Mister Dickens) en los inolvidables Juegos Deportivos Panamericanos de 1951. Este multifacético hombre de la cultura argentina, para uno de los actos como parte de la fiesta final de esos Juegos, dirigió a “un conjunto de armónicas” organizada por él, de chicos del Club 8 de Octubre (130 integrantes) que ejecutaron en el Teatro (del hoy CENARD) entre otras canciones, el tango “Don Juan”, dedicado al presidente de la nación que se encontraba presente.

Zen fue también profesor de Recreación del Instituto Nacional “General Manuel Belgrano”; profesor de la UES masculina y femenina; interventor en 1951 del Partido Justicialista en el partido de Magdalena, Buenos Aires, donde el interventor de la provincia era el Dr. Eduardo Scandone (doctor en psiquiatría y ex arquero de Estudiantes de La Plata). El “flaco” Zen fue designado como interventor, al igual que los 126 de cada distrito de la provincia de Buenos Aires, directamente por Evita, con quien se reunían todos los días sábados en la residencia presidencial de Av. Libertador y Austria (actualmente sede de la Biblioteca Nacional).

Al producirse el golpe militar de la “Revolución Libertadora” y la partida de Perón, Zen renunció inmediatamente a su función, pidiéndoles a sus colaboradores que se quedaran para el bien de los chicos y jóvenes y para seguir sirviendo la causa de la educación física en general y el deporte en particular. “Pero eso no sería posible porque el animo de revancha y ceguera intelectual que fue superior a cualquier razonamiento normal” reflexiona Zen, quien agrega “allí comenzó un tobogán de caída que nunca se pudo recuperar”.

“Los peronistas que habíamos sido parte del gobierno justicialista éramos como leprosos. No tuve trabajo durante largo meses, hasta que fui poco a poco consiguiendo horas de cátedras en algunas escuelas privadas y dando clases de flauta dulce y guitarra en pequeños clubes y en el Collegium Músicum, con Epstein y Graetzar. Con el tiempo, ya en la presidencia de Frondizi, logré reingresar con mi profesión a colegios oficiales en la escuela técnica Nº 10 de Barracas”, cuenta el profesor Zen.

Por aquella época comenzó en la actividad privada dando cursos de Perfeccionamiento Docente para el recién formado Servicio Educativo Argentino, dirigido por el profesor Ramón Muros y que formó a miles de docentes en todo el país por más de tres décadas. En varios de esos cursos, invitado por Zen, disertó el poeta José Pedroni.

Norberto Zen también fue jefe de la delegación juvenil Argentina (actualmente grupo Los Ponchos)a los Juegos Olímpicos de Munich 1972, en Alemania. "Los Ponchos” tiene el origen de su historia en el año de 1972. Ese año se llevó a cabo una convocatoria en Argentina para todos los jóvenes de la república. En ella se escogió en un principio a treinta muchachos y muchachas para representar al país en las olimpiadas de Munich. Para ser seleccionados, los jóvenes tuvieron que comprobar aptitudes y habilidades deportivas y musicales. Los elegidos recibieron como regalo un poncho, de ahí su denominación “Los Ponchos argentinos”. El grupo viajó por todo el país dando conciertos durante cuatro semanas. Aquí aprendieron a planear, organizar y a presentarse profesionalmente. La convivencia en grupo permitió hacer experiencias de compañerismo y solidaridad.
No todos tuvieron la oportunidad de viajar a Europa por falta de fondos. El mismo grupo tuvo que tomar una decisión y designó, en unánime acuerdo, a catorce integrantes de ellos como los representantes de Argentina para los Juegos Olímpicos. Factores determinantes para dicha elección fueron, por un lado, las ya mencionadas facultades deportivas y musicales, y por otro lado, la capacidad y aptitud social para conducirse en grupo.
En agosto de 1972 salieron “Los Ponchos Argentinos” bajo la dirección del profesor Norberto Zen. Durante la estancia en el campamento juvenil conocieron a integrantes de la delegación alemana, con quienes aún cultivan buenas relaciones. También se presentaron en el canal de televisión alemana ZDF, en el programa Sportstudio y dieron conciertos en la iglesia del pueblo olímpico (Misa criolla). Actualmente este grupo (los 30 integrantes más Zen) se sigue juntando todos los años y realizan actividades benéficas en distintas ciudades argentinas.

En la tercera presidencia democrática del Gral Perón, fue director de Educación Física de la provincia de Buenos Aires (1974) y director Organizador de Deportes de la Provincia de Bs. As. (1975).

Luego de la Dictadura Militar de 1976, con el regreso de la democracia, Zen fue director del Instituto Provincial de Arte de la provincia de Santa Fe (1984); asesor pedagógico del Ministerio de Educación de Santa Fe (1985/86); y Asesor del Ministerio de Educación de la Nación 1990/1994.

Durante la última década Zen, se distinguió como profesor de distintas “Escuelas de lideres deportivos” (San Rafael, Mendoza; San Salvador de Jujuy y Gualeguaychú, Entre Ríos), donde dejó su sello sin igual en la formación de hombres templados para la construcción de una Patria mejor.

Norberto Victorio Zen, entre sus numerosas anécdotas de vida, siempre señalaba a sus alumnos que su mayor aprendizaje ocurrió cuando como director de Deportes de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, acompañaba al Intendente Municipal Juan Virgilio Debenedetti, casi al alba, a buscar al general Perón en la residencia presidencial.

De allí, en su auto, recorrían toda la ciudad, mientras la mayoría de sus habitantes aún dormía. El Presidente de la Nación solicitaba la construcción de distintas obras y entre ellas distintos campos deportivos que en gran cantidad, se realizaron en esos años en Buenos Aires. Al poco tiempo se volvía a recorrer el mismo camino para observar el estado de las obras pedidas.

Cuenta Zen que a ellos siempre les llamaba la atención cómo Perón podía estar al tanto de las necesidades deportivas de la población. Un día, Perón estaba inaugurando unas canchas de bochas, que aún existen, sobre la avenida General Paz, y se le acercó el Director General de Festejos y Ornamentaciones de la Municipalidad, señor Kisser reclamándole que debía apurarse porque había que habilitar otra cancha de bochas, detrás del recientemente inaugurado Velódromo.

El Presidente, mirándolo firmemente, le contestó: “¿Y esa cancha quién la solicitó?”. A lo que el jefe de Protocolo le respondió: “La hicimos porque a usted le gusta inaugurar obras deportivas, general”, al que respondió el presidente como un gran docente que era “Usted está equivocado, señor. Yo sólo hago lo que me pide el pueblo y si a esa cancha no se la pidió nadie, es porque nadie la va a usar. Un gobernante solo debe hacer lo que el Pueblo quiere y necesita”.

De este maravilloso aprendizaje surge la defensa que hizo durante toda su vida el profesor Zen, sobre el derecho de los pueblos a practicar deportes”, al que definía de la siguiente manera: “Todos tenemos el derecho a hacer deportes hasta el día antes de nuestra muerte”.

El “maestro” Zen también siempre recuerda la famosa pieza oratoria, de más de tres horas, que el Gral. Perón desarrollo frente a cientos de profesores en el Instituto San Fernando. En esa ocasión el Presidente de la Nación les recomendó a los profesores: “Siempre en los juegos deportivos hagan participar a todos los alumnos, porque esos gorditos o chicos de anteojos que Uds. dejan casi siempre fuera de los equipos cuando sean grandeseguro, llegarán a Ministro de Educación o de Economía. Entonces recordarán su niñez y dejarán al Deporte sin Presupuesto”. Habrá sido adivino aquel Presidente de los argentinos en la década del ’50, luego de la aparición de los ministros José Martínez de Hoz y Domingo Cavallo entre otros.

El profesor Zen volcó todas estas enseñanzas, en innumerables escuelas de líderes deportivos que funcionan actualmente en el país, siempre en forma gratuita, porque él no concebía que se pudiera cobrar para educar. Esta forma de vivir lo llevó a no aceptar nunca la “jubilación de privilegio”, que le correspondía legalmente por haber sido funcionario público y que tantos otros mediocres si las cobran.

Este maestro es también autor del Método Recreativo Musical publicado por Editorial Peuser, con su primera edición en 1957 y, luego reeditada por Kapelusz como “La Música en el aula”. Y autor con las editoriales Ricordi y Lagos de “métodos de armónica-melódica, flauta dulce, piano y guitarra”.

La Dirección General de Deportes de la Ciudad de Buenos Aires le rindió recién su primer homenaje institucional a Norberto Zen, el 21 de agosto de 2007, en el salón Gral. San Martín de la Legislatura porteña, entregándoles una distinción por su gran paso por la institución porteña.

Este valiosísimo currículo, nos costó mucho tiempo en conseguir, porque el profesor Zen sostiene “que el hombre vale por su conocimientos y su trabajo, no por su currículo”.

 

ESTE ES EL HOMENAJE DE MUNDO AMATEUR.

 

Fuente: Libro “100 Ídolos Porteños” de Horacio del Prado y Víctor F. Lupo

Ed. Corregidor – Año 2009

22 Enero 2017

 

 

 

 

 

 

 
JOSÉ AGUSTÍN TERÁN NOUGUÉS: Un histórico del rugby tucumano

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José “Pepe” Terán, nació 27 de Febrero de 1928 en San Miguel de Tucumán, su padre un intelectual notorio: el Dr. Sisto Terán que, en aquella época, no comprendía esa afición de su hijo por el deporte.

Su pasión por el deporte lo llevó a incursionar en las canchas de fútbol, jugando en la primera división del Club All Boys. Pero para “Pepe” Terán el rugby (el deporte de la ovalada) fue su vida, especialmente integrando el equipo de Tucumán Rugby. Fue el primer tucumano en integrar el seleccionado argentino, cuando estos usaban “la blanquiceleste” pero no eran conocidos entonces como “los Pumas”. El partido debut fue en la ciudad de Paraná, Entre Ríos, en el año 1954. Todo un acontecimiento para el rugby tucumano en aquel entonces.

Un carácter sólido y una visión general del juego, desde su posición de wing tres cuarto o de fulback, le permitió convertirse rápidamente en líder de su equipo, sus apreciaciones (muchas veces gritos) eran respetadas y obedecidas por sus compañeros. Su actitud en el campo de juego donde mostraba fortaleza en el tackle, velocidad en los desplazamientos y fundamentalmente una gran pasión por el rugby fueron el ejemplo que siguieron muchos jugadores contemporáneos a él.

Se lo considera también uno de los precursores del rugby en la provincia de Salta, junto a su comprovinciano Raúl Frías Silva, ya que cuando cumplían con el servicio militar obligatorio en esa Provincia motivaron a jóvenes salteños a la práctica de este deporte.

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Fue integrante del Seleccionado tucumano durante 14 años y por más de treinta se puede contabilizar sus actuaciones en primera división en los verdinegros de Tucumán Rugby consiguiendo cinco títulos provinciales. Jugó hasta los 49 años de edad llegando a hacerlo con su hijo mayor José Agustín.

La primera vez que escuché hablar de rugby, la conversación se refería a una hazaña de Pepe Terán. Aquel wing de antología, dueño de un tackle fulminante, de un arrojo Kamikaze y de una velocidad asombrosa para un jugador de casi 80 kg. de peso”, cuenta José M. Posse un biógrafo especializado del club Tucumán Rugby.

Compañero de juego y de la vida de “Jimy” Lord, del “negro” Farías, del “Yita” Nougués, de “Pinky” Novillo, Basilio Carrasco, “Keko” Frías y Alejandro Frías Silva, entre otros.

Patriarca de una familia numerosa (11 hijos y 31 nietos), casado con “Tessy” Frías Silva, situación que no le impidió contribuir al rugby desde todo punto de vista, tanto desde la cancha con su juego como también contribuyendo en las tareas manuales de desbrozado de malezas o de albañil si hacía falta, eran épocas en que en el rugby estaba todo por hacerse.

Respetuoso con sus adversarios, admiraba a “Robot” Campo un excelente wing tres cuarto del club Natación y Gimnasia por su potencia y no dejaba de admitir que “Rolfi” Montini era el mejor jugador de Tucumán Rugby seguido por el “Negro” Farías. “Pepe” Terán recuerda en su historial deportivo destacadamente un partido contra Cardenales donde jugaban Martínez Pasteur, Reginato, López Aragón y Diambra. 

El rugby “Es un deporte ideal para enseñar a la juventud el sentido de la unidad, de respeto y de amistad” suele decir “Pepe”.

Alejado de la práctica del rugby, jugó un tiempo al tenis recreativamente en Villa Nogués y encontró luego otra pasión por el deporte esta vez con una pelota más chica y redonda: el Golf.

José Agustín Terán Nougués, un patriarca del rugby tucumano y un ejemplo de deportista. Falleció a los 88 años el pasado 12 de diciembre de 2016.

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Las andanzas del “Pepe” Terán y sus amigos

Los amigos de “Pepe” conocían que al Dr. Sisto Terán, su padre, no le gustaba la práctica de su hijo en un deporte tan rudo. Por lo tanto, entraron en pánico cuando en uno de los primeros partidos que disputaban, este se quebró la clavícula. Lo llevaron a la Clínica del  Dr. Pasquini, quién lo enyesó y lo acompañaron a su casa. Pero ninguno de sus compañeros se animaba a enfrentarse al Dr. Terán, un hombre serio en verdad que imponía mucho respeto. Entonces Santiago Ávila Gallo, tomó coraje y se ofreció de voluntario para hablar con él y dar las explicaciones del caso. Llegó hasta la puerta de casa de los Terán Nougués, tocó decididamente el timbre, apoyó a “Pepe” en la puerta y salió corriendo disparado como si le persiguiera el mismo demonio. De alguna manera “Pepe” convenció a sus padres de que no era la cosa para tanto y siguió jugando por muchos años al Rugby.

Fuente: Libro “100 ÍDOLOS TUCUMANOS” de Víctor F. Lupo

Capitulo 20 - Página 109 Editorial Corregidor

 

 

 

 

 

 
 
3 de Noviembre 1950: LA PRIMERA GENERACIÓN DORADA DEL BÁSQUETBOL

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La selección argentina, campeón del mundo 1950

 

“La Noche de las Antorchas”

 

Fue el viernes 3 de noviembre de 1950. Ese día el mundo deportivo se asombró con la noticia de que el Seleccionado Argentino de Básquetbol había derrotado, en la final del Primer Campeonato del Mundo de la especialidad, nada menos que a la selección de los Estados Unidos por 64 tantos a 50.

Este deporte, inventado por el canadiense James Naismith en diciembre de 1891 en el Springfield College de Massachussets (EEUU) y que había sido introducido desde el país del Norte al nuestro, en 1912 por P. P. Philips, director del Departamento Físico de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) y en cuya cancha de polvo de ladrillo se disputó el primer Campeonato de este deporte en 1928, veía cristalizado el sueño de sus “pioneros”, al llegar a lo más alto.

Ninguno de los argentinos que asistió a aquella verdadera hazaña de los “muchachos altos” pudo olvidarla y este acontecimiento se transmitió de generación en generación. En el mítico estadio Luna Park, las 21.400 personas que lograron entrar, luego del triunfo y a modo de festejo se cantó el Himno Nacional y a continuación se gestó naturalmente aquella inolvidable e impresionante "marcha de las antorchas", que recorrió desde el estadio mismo hasta el Obelisco, por la avenida Corrientes, mientras los vecinos y hasta las “chicas” de los cabarets de esta famosa avenida arrojaban flores desde los balcones. El festejo duró hasta bien entrada la madrugada con una cena y baile en el restaurante “El Tropezón”. En un elocuente testimonio del fervor popular que acompañó toda la epopeya de aquellos deportistas que, conducidos por el "maestro" Jorge Hugo Canavesi, demostraron una vez más lo que pueden nuestros compatriotas cuando se proponen una meta y existe la lógica planificación previa.

El resultado final de 64 a 50 habla a las claras del desarrollo de aquel partido final. El grito de "Argentina campeón" que atronó en el Luna Park primero y en todo el Centro de la ciudad después, era el grito de todo nuestro deporte, que una vez más llegaba a la cúspide en su época dorada.

Aquel plantel integrado por Oscar “Pillín” Furlong, Leopoldo “Pichón” Contarbio, Roberto Viau, Raúl Pérez Várela, Vito Liva, Alberto López, Omar Monza, Juan Carlos Uder, Pedro Bustos, Hugo Del Vecchio, Rubén Menini y Ricardo González, demostró una gran preparación ganando todos los partidos de la Copa del Mundo.

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“Pillin” Furlong

Podemos decir que la campaña de este equipo comenzó con aquella primera participación en los Juegos Olímpicos de Londres 1948, donde se consiguió el 15º lugar entre 23 países, y cuando el grupo conducido por Jorge Canavesi e integrado por Contarbio, Furlong, González, Menini, Uder, el “Chafa” Lledó (uno de los mejores jugadores de toda nuestra historia basquetbolística), Raúl Calvo, Bruno Varani, León Guerrero, Martinetti y Tomás Vío, dieron una sorpresa al perder varios partidos sobre la pitada final y apenas por un doble frente al campeón olímpico, Estados Unidos (59 a 57), luego de vencerlo al final de la primera etapa por 33 a 26.

Tres meses antes de la Copa del Mundo en la Argentina (21 de agosto de 1950), Canavesi, acompañado en la dirección técnica por Casimiro González Trilla y en la preparación física por Jorge Boreau, concentraron en el estadio de River Plate a  los 14 jugadores elegidos sobre una base de 40 preseleccionados de todo el país. Éstos fueron acompañados por dos médicos, un laboratorista, un ortopedista, un odontólogo y cuatro kinesiólogos, quienes pusieron su trabajo rumbo al título.

Alberto López, ya fallecido y que en la década de 1970 fuera funcionario deportivo en la Municipalidad de Buenos Aires, fue uno de los integrantes del plantel y recordaba: “Se solucionaban todos los problemas de trabajo y licencias. Algunos estudiaban, otros trabajaban en reparticiones oficiales o empresas privadas; se nos facilitó todo para que sólo pensáramos en la preparación”. Con este motivo el Gobierno Nacional  había dictado el Decreto Nacional 18.773 del 7 de setiembre de 1950, por el cual se concedía licencia para la preparación y participación en los torneos internacionales a los deportistas que trabajaban en la administración pública nacional. Esta disposición pasó a ser el primer antecedente de la vigente Ley 20.596/74, de “Licencia Deportiva Especial”.

El profesor Canavesi cuenta que “el mayor trabajo durante la concentración en el equipo lo realizamos sobre el tema del bloqueo para conseguir los rebotes. Nosotros teníamos un plantel con un promedio de 1,83m de altura y 82 kilos de peso, por lo que necesitábamos un trabajo perfecto de bloqueo para equilibrar al equipo estadounidense que tenía mucho más peso en los tableros”.

Durante el desarrollo del torneo Argentina venció a Francia por 56 a 40 en el partido inaugural, a Brasil (el rival sudamericano) por 40 a 35 y a Chile por 62 a 41 en la primera ronda. En la etapa final se superó nuevamente a Francia por 66 a 41, a Egipto por 68 a 33 y en la final a Estados Unidos, representado por el Denver Chevrolet (subcampeón de la segunda categoría de ese país).

La figura sobresaliente del campeón fue, Oscar “Pillín” Furlong, quien tiempo después fuera capitán del equipo de tenis en la Copa Davis. Luego de este torneo fue suspendido el equipo de Yugoslavia (donde jugaba el actual presidente de la FIBA, Borislav Stankovic) por no presentarse a jugar, por cuestiones políticas frente a España por el noveno lugar. El árbitro argentino participante en este Mundial fue el Rómulo Mazzoni y en el partido final se jugo la primera etapa con una pelota de cuero y la segunda con una de material sintético a pedido de los visitantes.

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“Pichón” Contarbio con la pelota

De cualquier modo, lo que quedará en la historia será aquella gesta magnífica de la "noche de las antorchas", en que las manos anónimas de miles de argentinos coronaron la victoria de nuestros muchachos, con el mejor de los laureles: el júbilo popular. Lo demás pareciera quedó en anécdota.

El básquetbol vivió su época de gloria al mismo tiempo que todo el deporte argentino vivía su época dorada” explicaba el jugador “Pichón” Contarbio a principios de los años ’80 a la revista “Mundo Amateur”.

El campeón olímpico de Maratón de 1948, Delfo Cabrera, décadas después y con mucha nostalgia recordaba aquel éxito de la siguiente manera: “Argentina ganó el campeonato de 1950 adelantándose en años a Brasil y a los demás países latinoamericanos. La última noche, en el Luna Park, fue grandiosa, memorable. Pero ese equipo fue destruido en 1955. Un día llegué a Rosario y como el colectivo en el que tenía que viajar a Santa Fe salía dos horas después, comencé a recorrer los alrededores de la estación. Presencié algo que demostraba cómo se había difundido ese deporte. Los chicos jugaban básquet en lugar de fútbol, en la calle, de vereda a vereda. Eso implicaba que habíamos comenzado a modificar las pautas en materia deportiva. Lamentablemente ahora tenemos que empezar de nuevo”.

Algunos quisieron relativizar el triunfo argentino porque era el equipo local y porque los estadounidenses habían mandado un equipo de “segunda”. Por estas afirmaciones, el periodista de radio: Miguel Angel Bavio Esquiú (presidente del Círculo de Periodistas 1948/1950), había sido cesanteado, agrandando las críticas. Pero enseguida fue repuesto en su trabajo por órdenes de las más altas autoridades del gobierno.

El capitán argentino Oscar Furlong, fue el encargado de responder estos comentarios tiempo después. Atribuyó méritos al equipo visitante, explicando que: “El Denver Chevrolet era subcampeón de la Liga Industrial y había sido reforzado con dos o tres jugadores del campeón norteamericano. Sin duda constituía uno de los mejores equipos amateurs del mundo… En este campeonato nosotros alcanzamos un porcentaje de cancha (de tiros al aro) de primer nivel mundial”, agregó el capitán argentino.

Esta “época” de buenos resultados para el básquetbol local continuó a los pocos meses de ganar el Mundial, cuando, casi con el mismo plantel, en los Juegos Panamericanos de 1951, se consiguió la medalla de Plata ubicándose detrás de Estados Unidos, al perder con ellos por 57 tantos a 51 en la final. Según los periodistas especializados, la lesión de “Pichón” Contarbio, que no pudo estar presente en esta final, afectó notablemente el rendimiento del equipo argentino, que no tuvo a uno de sus hombres de mayor talla.

Los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 demostraron que los resultados del Mundial y los Panamericanos no habían sido casualidad, ya que Argentina obtuvo el cuarto puesto, (perdiendo dos veces con Uruguay, 66 a 65 y 68 a 59) jugando por momentos un básquetbol de gran calidad, lo que le posibilitó al equipo ser invitado especial a la “Tercera Semana Deportiva Internacional” realizada en la ciudad de Dortmund, Alemania. Allí, en 1953, el equipo dirigido por el profesor Jorge Hugo Canavesi, logró ser campeónde las Olimpíadas Universitarias. A estas competencias también concurrieron, representando a la Argentina, un equipo de atletismo dirigido por el profesor Enrique Kistenmacher, uno de esgrima conducido por Alberto Luchetti y otro de natación liderado por Ricardo Abdo El Jalil.

En los Juegos Panamericanos de México 1955 la senda de los buenos resultados continúa y Argentina, pese a superar nuevamente a los Estados Unidos, obtiene la medalla de plata. Queda relegado por EE.UU. en un polémico sistema de desempate pese a haber igualado en el puntaje final.

Los estadounidenses, que se habían quedado con la sangre en el ojo por la derrota, reforzados por dos jugadores de la Liga Universitaria invitaron a Argentina a jugar en la ciudad de Juárez (Texas), para tomarse la revancha. Pero nuevamente la selección nacional ya sin “Pillín” Furlong, que había viajado a jugar en EE.UU.,  integrada con: Viau, Uder, Alberto López (la gran figura del equipo), González, Peralta, el santiagueño Cisneros (de brillante actuación en este partido), Barea, Edgar Parizzia, Lezcano, Felipe “Yuco” Fernández, Pagliari y Lubnicki, vencen a los estadounidenses, por primera vez en su propia tierra. En nuestro país, el primer triunfo sobre un equipo yanqui fue el 15 de marzo de 1938, en el estadio Luna Park, por 46 tantos a 33.

Esa muestra del poderío basquetbolístico que nuestro país tenía por entonces, lamentablemente fue frustrada por las arbitrarias decisiones de quienes confundiendo política con revancha, acusaron a los jugadores de ser profesionales y los suspendieron de por vida en 1956. (Genocidio Deportivo)

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Prof. Jorge Canavesi

“La Argentina era conocida internacionalmente como El Granero del Mundo, a favor de su poderosa agricultura; las carnes argentinas recorrían el mundo merced al alto índice de exportaciones; la población no conocía el significado de la combinación de palabras ‘deuda externa’ porque el tesoro nacional era sólido y los ingresos superaban sustancialmente a los egresos; las fábricas abrían sus puertas y albergaban gran cantidad de mano de obra; las distintas manifestaciones culturales alcanzaban índices elevadísimos, al punto que las presencias argentinas en el exterior eran muy comunes. En este contexto, el deporte también ocupaba un lugar preponderante. La participación popular en distintas actividades masivas, constituía un hecho de todos los días y fue dándole forma a una base de exponentes de superlativo nivel. Así, no por un hecho fortuito, el seleccionado argentino de básquetbol llegó a coronarse campeón mundial en el certamen que tuvo por escenario el estadio Luna Park de la ciudad de Buenos Aires”, comentaría años después, con mucha tristeza, Leopoldo Contarbio, una de las figuras de ese triunfo del básquetbol nacional, a la  revista Goles de Buenos Aires.

La nueva revolución basquetbolística

Pero la historia continúa y a principios de la década de 1990 nuevamente nuestro país organizó otro Campeonato del Mundo y a partir de entonces la recuperación basquetbolística comenzó, bajo la conducción de una nueva dirigencia encabezada por el dirigente tucumano Horacio Muratore y la dirección técnica de Guillermo Edgardo Vecchio, con excelentes resultados. Primero en los Juveniles, logrando el tercer puesto en el Mundial 1991 (Edmonton-Canadá), campeón panamericano Sub22 en 1993 (Rosario) y medalla de bronce en Japón ‘2001, con la misma categoría. Luego, en la categoría Mayores al coronarse por primera vez en la historia campeón Panamericano en Mar del Plata 1995, siendo subcampeón del Preolímpico de Neuquén del mismo año, para concurrir después de 42 años a estos Juegos y lograr un honroso noveno puesto, con un triunfo por 65 a 61, con sabor a hazaña sobre Lituania de Arbidas Sabonis en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.

Este proceso tuvo su gran premio con Argentina subcampeona del mundo en Indianápolis 2002 (EE.UU.), que con la conducción técnica del cordobés Rubén Magnano, logró la hazaña de vencer (como lo había hecho en el ’50) quitándole el invicto de 58 partidos al poderoso Dream Team de la NBA, que participa en estos torneos desde 1992. Los jugadores de “todos los hito el hito” como señala ORO fueron: E. Ginóbili, A. Montecchia, F. Oberto. L. Scola, R. Wolkowyski, I. Sánchez, L. Victoriano, L. Palladino, “Chapu” Nocione, H. Sconochini (capitán), G. Fernández y L. Gutiérrez. Asistentes: E. Tolcachier y F. Duro; P.F. Mario Mouches.

Actualmente el básquetbol argentino se encuentra entre las potencias de este deporte y cuenta con una buena competencia interna, la Liga Nacional. Una idea del desaparecido técnico León Najnudel y el Yoyo Caballero, canalizada por el periodista Osvaldo Ricardo Orcasitas (ORO) desde la revista El Gráfico y, puesta en práctica a partir de la década del ’80. Esta competencia federal logró producir jóvenes jugadores, algunos de los cuales integran los mejores equipos de Europa y varios de ellos ya jugaron en el mejor básquetbol del mundo que, como se sabe, es la NBA (National Basketball Association) de los Estados Unidos.

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” (1610-2002) de Víctor Lupo - Capítulo XXXI – Página 253 - Editorial Corregidor (2004)

3 Noviembre de 2014.

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 
18 de noviembre de 1932 - NASIF MOISÉS ESTÉFANO: El más grande del automovilismo tucumano

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10112015Nasif en carrera

Se fue el Califa "Nasif"/ por una ruta distinta,/ se fue poniendo una "quinta"/ que aún nos hace sufrir…/ su presencia varonil/ tomó el camino del cielo,/ dejándonos el consuelo/ de su sonrisa gentil./ Hoy te llora Concepción/ por ser tu hijo dilecto/ te fuiste con un "muleto"/ al estilo de un campeón/ para orgullo de mi nación,/ más allá de sus fronteras,/ paseaste nuestra bandera/ y el mundo te ovacionó.

Estas son las palabras de una de las tantas poesías que hay en el museo “Nasif Estéfano” de la Ciudad de Concepción, como un homenaje al inolvidable piloto de “la Perla del Sur”  tucumana.

El 18 de noviembre de 1932 nacía Nasif Moisés Estéfano, el "Califa", a metros de la plaza central de la ciudad, llamada Mitre. Su madre, Elia Chantire y su padre Jorge fueron ejemplo de virtud donde siempre se miró este gran campeón de la vida que la cultivó por años.

Nació para correr, para triunfar y para ser ídolo, años más tarde se convirtió en la máxima figura local de este deporte. En esa cuadra compartía la adolescencia y sus sueños con su vecino Roque Namur, otro apasionado de los autos.

"Era un chico inteligente, audaz, cariñoso, bromista y excelente compañero. Cuando le pregunté por su vocación se paró para explicarme con las manos que le gustaría correr en autos", contó Hilda Luz Rubio, su maestra de la escuela Uladislao Frías donde hacía su escuela primaria.

Comienza su amor por los “fierros” en carreras zonales de autos en su ciudad y haciendo picadas con un Ford T, en la plaza del pueblo. Pero ya se comentaban sus famosas tenidas con otros autos y motos subiendo o bajando la montaña, hacía Tafí del Valle desde Acheral. Nasif se inicia en el automovilismo deportivo el 6 de enero de 1952, corriendo con un coche Ford 60 bi - plaza armado con fierros prestados, en una carrera disputada en el parque 9 de Julio de la ciudad de San Miguel de Tucumán en la categoría Mecánica Nacional Fuerza Limitada - zonal. Debió abandonar por rotura del cardán.

En 1955 ya corría en Fuerza Limitada con un motor Ford y se comenzaba a notar que sería un virtuoso corredor de automovilismo. En el ’57 se pasa a la Fuerza Libre (o ilimitada). Esta categoría no estaba sometida a exigencias técnicas ni reglamentos rigurosos en relación a la mecánica y se corría en circuitos de caminos públicos o parques. Su nombre comienza a hacerse conocido en las rutas del país.

En 1960 compite en el Grand Prix de Formula 1 de nuestro país al comando de una Maserati 250F. En 1963, con su tonito tucumano y su enorme capacidad para andar rápido en cualquier cosa, participa en Italia con un De Tomaso 801 de 8 cilindros. Llegan sus primeros éxitos coronándose Campeón Argentino de Mecánica Nacional Fórmula 1 (las pruebas más importantes de pista) en 1963 y en 1964, con una perfomance impresionante. Corrió 8 carreras y ganó 7, todas con récord de tiempo (con Chevrolet 6 cilindros) y comienza a participar en los grandes Premios de Turismo Carretera (TC) por todas las rutas del país.

Ese mismo año su nombre recorre el mundo cuando con el Porsche 904 que compartió con el piloto ítalo-argentino Andrea Vianini ganan las famosas “12 Horas de Reims” de Gran Turismo Internacional de 1964, en Francia. Junto a Vianini ya habían corrido en Europa. En el Nurburgring fueron quintos en su categoría, en los 1000 kilómetros. "Por lo menos me aprendí el circuito de memoria", decía Nasif. Luego en las 12 Horas de Reims, con un Porsche que había conseguido Andrea, agarraron la punta y se fueron. Desde el box, Huschke von Hanstein, director del equipo Porsche les rogaba, con señas, que cuidaran un poco, para que ganara un auto oficial. “Justo a ellos. Dió con las persona indicadas...Ganaron y esa pareja fue imposible de olvidar”, estuvieron de festejo largo rato.

En 1965 logra ser Campeón Argentino de Turismo Mejorado (Alfa Romeo Giulia, categoría 1.300 a 1.600 cc).

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Brilla en la Temporada Internacional de Fórmula 3 de 1966, donde en Rosario, con su Brabham, largando desde los últimos lugares llegó 2º detrás del suizo Silvio Moser, tras batir 23 veces el récord del circuito. El público no se quería ir para aplaudirlo al “Turco” Nasif. Logra también su Primer triunfo en el TC con sabor a hazaña, el 22 de mayo, con un auto de menor cilindrada (3000cc) mientras que los demás pilotos utilizaban vehículos de (4000 cc), llegando a la meta con una rueda en llanta. Es elegido por el periodismo como el mejor piloto del año en el país, además se adjudica el Trofeo "El Gráfico" al Mejor Piloto en la temporada Internacional de F3.

El autódromo de Buenos Aires lo vio victorioso en tres oportunidades, a bordo de máquinas tan dispares como el Chevrolet de Mecánica Nacional Fórmula 1 en 1964, el Crespi-Tornado de Mecánica Argentina Fórmula 1 en 1969 y el Formisano-Ford de Sport Prototipo con el que venció al “imbatible” Berta-Tornado del arrecifeño Rubén Luis Di Palma, en 1971.

Nasif estuvo siempre bien acompañado en toda su campaña deportiva. Por sus familiares y amigos en las carreras, entre ellos "Chichí" Molinuevo, Roque Namur, Oscar Valeros, el "Pibe" Di Primio, el "Negro" Monserrat y "Chanchín" Tale. Este último amenizaba con su voz tanguera los festejos al finalizar cada carrera en cualquier lugar del país.

En 1972 pierde el titulo del Turismo Carretera en la última carrera del año en Zapala, cuando luego de puntear durante mucho tiempo un papel de diario se le pega al radiador recalentándole el motor. Corrió ese año 14 carreras subiendo al podio en todas.

EL ACCIDENTE MORTAL

En 1973, el equipo oficial Ford de Turismo Carretera tenía dos volantes de lujo, el tucumano Nasif Estéfano y el cordobés Héctor Gradassi. Existía una rivalidad muy grande entre Nasif y Gradassi, porque este último era amigo personal del preparador José Miguel Herceg, y se notaba la predilección y favoritismo de éste sobre el cordobés. Faltando solo 3 competencias para terminar el campeonato, Nasif lo lideraba cómodamente con 143 Pts, Gradassi estaba en la sexta ubicación con solo 27 unidades. El “Turco” tenía numerosas carreras ganadas, records de vuelta, records de carreras sin abandonar, actuaciones sobresalientes que prácticamente lo constituían en un piloto imbatible ese año.

El día domingo 21 de octubre de 1973, antes de largar la etapa del Gran Premio Reconstrucción Nacional, La Rioja – Concepción (Tucumán), Nasif habló por radio y saludó a todas las madres del país, (por celebrarse el día de la madre). Después dijo “la vieja me estará esperando en Concepción mas contenta que nunca”, y se metió dentro del Falcón azul. Nasif partió a las 9 hs en primer lugar rumbo a su ciudad natal.

Luego de recorrer las largas rectas de la llanura riojana, y habiendo transcurrido poco mas de media hora de iniciada la competencia, el Falcón Nº 1 se aproxima a la curva de ingreso a la localidad de Aimogasta (la misma se forma por el empalme de 2 rutas, (la Provincial N º 9 y la Nacional N º 60)

Al llegar a dicha curva, Nasif intenta frenar y se le cae la pedalera del freno y del embrague (que van sostenidas por un mismo perno).

Al no poder frenar ni rebajar, realiza una brutal corrección del vehículo para evitar atropellar al numeroso público que se encontraba presente en el empalme. El coche siguió casi derecho y comenzó a dar tumbos.

Fallando el sistema de seguridad de la puerta izquierda, se abre la misma, provocando también que se desprenda el cinturón de seguridad, que tenia la hebilla de sujeción peligrosamente ubicada sobre la izquierda del piloto, muy cerca de la puerta.
Nasif sale despedido y muere instantáneamente, quedando su cuerpo sin vida a unos 5 metros de distancia del coche. Su copiloto José Pascioni, resultó ileso al quedar retenido en su butaca.
Gran cantidad de testigos que presenciaron el accidente no vieron frenar al coche, ni vieron marcas de frenaje sobre la ruta.

Al quedar detenido el auto se acercó mucho público, entre ellos Juan Nicolás Bulacio (jefe de taller de la concesionaria Ford de la Rioja), éste vio que se había salido el perno de la pedalera y que la palanca de cambios estaba en 4ª velocidad. También otro mecánico de Aimogasta de apellido Dellacha, manifestó en reiteradas oportunidades que el coche tenía salido el perno que sostiene la pedalera, y que el mismo carecía de su chaveta.
Lo mismo expresaron numerosos testigos que estuvieron presentes en el accidente.

(Este testimonio está disponible en la página del Museo de Nasif Estéfano)

Había soñado con llegar a la meta y ofrendarle el triunfo a su madre, Elia Chantire. Era su día. Quería hacerlo especial. Ganar la carrera y el título de Turismo Carretera para llegar a la gloria. Estaba preparado. La fiesta iba a ser en su Concepción natal. No pudo ser. El destino no lo quiso. Aquel fatídico 21 de octubre de 1973 los fierros pudieron más que la destreza humana y la máquina salió despedida de una curva en Aimogasta. Su vida se apagó ahí, pero su imagen y su recuerdo se mantienen vivos. Aún, después de 39 años.

El día de su muerte Tucumán se paralizó. Fue justo en el Día de la Madre; la gente no lo quería creer. Estaba todo preparado para rendirle el mayor de los homenajes a quien quería entregarnos el título de campeón. Dejó su vida con el compañero que siempre había soñado: “un auto de carrera”.

El “Turco” fue un piloto multifacético y de estilo depurado, un auténtico virtuoso del volante, este tucumano de Concepción supo acaparar la atención de eruditos y profanos con proezas al mando de máquinas tan diversas es el único Campeón Argentino de Turismo Carretera “pos mortem” en 1973.

Ese año, Nasif fue distinguido con los máximos galardones: el "Olimpia dePlata" (73) otorgado desde el año 1954 por el Circulo de periodista Deportivos y el Premio Revista "El Gráfico" al Piloto del año. La prensa del país siempre elogió sus bondades deportivas y humanas.

HOMENAJES

Nasif Estéfano recibió los más variados tributos luego de su muerte. Una avenida en su ciudad natal de Concepción lleva su nombre, como una escuela y la sala de terapia intensiva del Hospital Regional de la misma localidad, lo mismo que un pasaje en el Barrio Los Pinos de la capital tucumana. También calles en La Trinidad y en Salta. El autódromo del parque 9 de Julio fue bautizado con su nombre. Es recordado con sendos monolitos en Aimogasta (La Rioja) y en Pigüé (Buenos Aires), además de la escultura en el acceso a Concepción y en el museo construido por su familia.

Es el único deportista que su nombre figura entre los ilustres tucumanos en el Libro “Biografías Tucumanas” editado por la Legislatura tucumana en el año 2010.

EL MUSEO

Su figura de gran campeón vivirá para siempre en el alma de Concepción. La gente de la "Perla del Sur" revive aún la trascendencia que tuvo Estéfano en el automovilismo nacional e internacional, en el Museo ubicado donde nació. La gente lo recorre y observa fotografías, trofeos, pergaminos, salutaciones, indumentarias deportivas y autos.

"Cuesta mantenerlo; lo hacemos a pulmón", confiesa Ricardo Estéfano, sobrino de Nasif, hijo de Luis, hermano del "Califa".

"Con el ’Turco’ anduvimos juntos unos años. "Llevar el apellido Estéfano es muy fuerte en Tucumán. Para nosotros es una gran satisfacción ver toda la gente que viene a visitar el museo. También es bueno escuchar las distintas anécdotas que nos cuenta la gente que compartió algún momento con Nasif", comenta Ricardo, que oficia de anfitrión y cuenta con orgullo que su hijo de 9 años lleva el nombre de Nasif Moisés, y ya corre en karting.

"Muchos lo recuerdan como el gran piloto que fue, pero mucho más por haber sido un gran ser humano", añade Ricardo.

El norte argentino tiene un ídolo/ asumiendo caracteres de Adalid,/ nunca estrella en este Norte brilló tanto/ como brilla la muy buena de Nasif. Es el comienzo de otra poesía. Forma parte lo que se puede ver en la visita cada rincón del Museo que reúne los recuerdos de tantos años en el automovilismo.

’PRENDÉ LA RADIO’

Alejandro "Chichí" Molinuevo fue su navegante en varias carreras y compañero de la vida, recuerda en esta anécdota a Nasif.

"Una vez corríamos en la prueba de Acheral a Amaicha del Valle. Era un zonal pero venían los mejores pilotos. Lo hacíamos en un auto estándar y en un momento me dice ’prendé la radio’. Creía que quería escuchar la carrera para ver cómo íbamos y cuando la sintonizo justo estaban anunciando la llegada de los autos. Entonces me dice, ’no, cambiá, poné música’. Así era Nasif".

ERA UN MUCHACHO EXCELENTE

“La noche anterior al accidente, estuve en la última cena de Nasif Estéfano. A la mesa estábamos sentados Héctor Gradassi, el entonces gobernador de La Rioja, Carlos Saúl Menem y otras personas del equipo oficial Ford. Fue la última reunión que tuvimos con el ‘Turco’ y fue normal, tranquila y cordial. Nada hacía prever lo que ocurriría al día siguiente. Él era un muchacho excelente; muy cordial, jamás protestaba y manejaba como los dioses; nunca rompía nada. “Luego de cenar, nos fuimos a dormir temprano. Y a la mañana siguiente, tras desayunar, nos dirigimos a la largada. No hubo nada especial, sólo algunas palabras para la etapa que se venía. Pasó más de una hora y nos llegó la noticia del vuelco de Nasif, que venía liderando la prueba. Inmediatamente nos fuimos a ver. Cuando llegamos al lugar, él ya no estaba. ¿Qué le había pasado?. Mi teoría es que se golpeó mal con la jaula. Me pareció raro su vuelco, en una curva larga, donde no había ningún imprevisto. En el auto tampoco encontramos motivos para lo que le pasó”. “Nos fuimos a Concepción, al sepelio, con todo el dolor del mundo. No lloramos la pérdida de un piloto, sino la de un amigo”

Rememoró Miguel Ángel Devoto, ex presidente de la Comisión de Automovilismo Deportivo de Concesionarios de la marca del óvalo, que nació en Merlo, provincia de Buenos Aires. Fanático de las carreras, casi no se perdió ninguna de aquellas a campo traviesa que el TC disputó. Fue amigo de Juan y Oscar Gálvez y de Juan Manuel Fangio. Y fue una de las últimas personas que vio con vida al ídolo del automovilismo tucumano antes de su trágica muerte en Aimogasta.

Fuente: Libro “100 Ídolos Tucumanos” de Víctor F. Lupo

Capítulo 22 – Página 120

Editorial Corregidor

10 Noviembre 2015

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LA FABULOSA HISTORIA DEL ATLETISMO - Argentina en “La San Silvestre”

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20161005Gorno llegada Helsinki

Por Domingo Amaisòn *

En esta breve síntesis les presento la clasificación de las mejores actuaciones ARGENTINA en la famosa carrera de la San Silvestre de Sao Paulo-Brasil. La misma corresponde desde la primera actuación de nuestros atletas que fue en 1949 hasta el año 1972.

He tomado este ultimo año ser la última participación Argentina oficial en dicha competencias. puede que tengamos otras pero la organización de ese evento nos los incluyo como oficial por no ser ya Argentina un país invitados, la causa obedeció al bajo nivel de nuestros atletas participantes,  tal como lo reflejan las actuaciones de los últimos cuatro ( 4 ) años que aparecen en  esta lista.

20161005Domingo Amaison

 José A. Camargo, puesto 12º (1946); Pedro Caffa  4º (1947); Ricardo Bralo 3º (1948); Reynaldo Berto Gorno 4º (1949) *; Raúl Ibarra 18º (1950); Roberto Porcel 18º (1951); Juan Doroteo Miranda 10º (1952); Juan Doroteo Miranda 6º (1953); Juan Doroteo Miranda 6º (1955); Armando Belivet Pino 12º (1956); Osvaldo Suárez 1º (1958); Osvaldo Suárez 1º (1959); Osvaldo Suárez 1º (1960)*

Luis Sandoval 6º (1961); Osvaldo Suarez 3º (1962); Osvaldo Suarez 8º (1963); Mario Cutropía; que era aún juvenil 41º (1964); Domingo Amaisòn  4º (1965); Domingo Amaisòn 9º (1966) Alberto Luis Páez 37º (1967). Nazario Araujo 14º (1968); Nazario Araujo 13º (1969); Miguel Ángel Barzola 36º (1971) y Alberto Barceló 29º (1972).

Desde 1946 hasta 1972, fecha de esta clasificación las distancias de la carrera de “La San Silvestre” fue variable entre seis mil trescientos mts (6.300 mts) y Siete mil trescientos mts (7.300 mts). Su antiguo circuito era todo empedrado y con grandes subidas y bajadas, hasta la mitad del recorrido había que dejar el duplicado del Nº de participante, era justo en una subida llamada Av. Angélica, en ese sector no había iluminación era todo oscuridad.

20161005Osvaldo Suarez 1965

La competencia se largaba a las 23:45´ de la noche del 31 de diciembre y se llegaba con el año nuevo, o sea 1º de enero. La largada se realizaba sobre una avenida muy ancha, llamada Av. Da Luz, frente a la estación del ferrocarril, pero a los 400 mts., desembocaba en una calle de no más de 10 mts de ancho, llamada Largo Do Paizandú, realmente era algo "era", espectacular", ellos toman la fecha de realización el año de largada y no el de llegada.

NOTA: En esta clasificación por años, llama la atención algunos nombres inscriptos, tales como la participación de Camargo y Raúl Henthley. Lo que he podido averiguar es que esa gente trabajaba en la embajada de nuestro país radicada en Brasil, de ahí que ellos participaron como atletas argentinos, pero seguramente no fueron designados por nuestra Federación Atlética Argentina (FAA) de la época. En 1946 participaron 1.118 atletas en la prueba. En 1972 la participación ya era de 7.000 corredores, de los cuales 120 correspondieron a los atletas extranjeros invitados especialmente por el diario La Gazeta Sportiva de Sao Paulo.

NOTAS DE REDACCIÒN

* Domingo Amaisòn fue un extraordinario atleta argentino que en el Sudamericano de Río de Janeiro (1965) ganó 5 medallas de oro en distintas pruebas. Fue también atleta panamericano y olímpico.

* Gorno, medalla plateada en los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952, al escoltar checoeslovaco Emil Zàtopek (laLocomotora Humana).

* Suárez, el argentino que más veces gano esta prueba y el atleta más ganador de medallas en los Juegos Deportivos Panamericanos a partir de 1955. No logró ser medallista olímpico en 1956 porque la intervención del Comité Olímpico Argentino (COA) le prohibió  participar en Melbourne.

Fuente: Domingo Amaisòn

1º de octubre 2016.

https://www.facebook.com/domingo.amaison.1?fref=nf&pnref=story

 

 

 

 

 
 

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