Deportistas en el Recuerdo
19/10/48: La Buenos Aires – Caracas -- El automovilismo une a los pueblos sudamericanos: Domingo Marimón es el ganador

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Marimón desde muy chico comenzó a trabajar en el taller mecánico de su padre en Zárate, Buenos Aires, donde había nacido el 18 de mayo de 1903. En 1922 llegó a la ciudad de Cosquín, en la provincia de Córdoba, para tratar su grave enfermedad: la tuberculosis. Allí Domingo Marimón se radicó definitivamente en 1928. Trabajando de taxista y chofer, fue aprendiendo los secretos de los caminos sinuosos de las sierras cordobesas, para luego instalar, como propietario, una casa de Pompas Fúnebres.

Debutó como corredor de automovilismo en 1931, en una competencia de fuerza Libre y Limitada en el circuito de “La Tablada”, emplazado en su ciudad adoptiva: finalizó en el segundo lugar con un Chevrolet 6 cilindros. En el Gran Premio “Virginio F. Grego” de 1936 aparece ya en el Turismo Carretera, aunque en esta primera experiencia en “el circo de las cupecitas” tiene que abandonar. Su primera victoria la consigue en  1938, en el circuito de “El Borbollón”, Mendoza, con el Ford de Osvaldo Parmigiani. Tiempo después llegaría a  integrar el equipo oficial de Ford junto a “monstruos” de la categoría como Ángel Lo Valvo, Oscar Gálvez y Ricardo Risatti.

Entre los años 1939 y 1946, las competencias automovilísticas en nuestro país sufrieron las consecuencias de la Segunda Guerra Mundial, con la falta de neumáticos y combustibles, por lo que hubo un paréntesis obligado en los Grandes Premios de Turismo Carretera.

Se vuelve a las competencias oficiales con el “Gran Premio Internacional de 1947” y Domingo “Toscanito” Marimón, según cuentan los memoriosos, fue quien le dio el apodo de “chivos” a los autos de la marca que defendería para siempre a partir de esta carrera. Con su Chevrolet Nº 11, ganó la primera etapa (Buenos Aires – Santiago de Chile), aventajando a Oscar Gálvez, en una etapa donde abandonaron 34 corredores y el Chevrolet de Jorge Descotte cayó por un barranco. En la segunda etapa se retiró cuando estaba segundo, detrás de Juan Manuel Fangio, en la ciudad de La Banda, Santiago del Estero, descontento por un fallo de los jueces de la carrera.

En 1948, “Toscanito”, apodo con que se lo conocía por andar siempre con un toscano en su boca, pese a su enfermedad, al comando de su Chevrolet Nº 12, parte desde el Automóvil Club Argentino en Buenos Aires el 19 de octubre, rumbo a la ciudad de Caracas, Venezuela, sin imaginarse que esa prueba lo anotaría entre lo más granado del TC.

 

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Esta carrera ya había sido planeada por el Automóvil Club Argentino (ACA) allá por 1930, pero que por diferentes problemas, económicos y políticos, no se podía realizar. En 1942, el tenaz y creador dirigente del automovilismo argentino, Francisco “Pancho” Borgonovo, había realizado un relevamiento de la ruta hasta Caracas por lo que, a comienzos de 1948, la carrera ya estaba en proceso de gestación. En un principio sería desde Caracas hasta Buenos Aires, pero el costo de traslado de vehículos, pilotos y mecánicos, sumado a la necesidad de tener los medios mecánicos listos dos meses antes, hizo que la cosa fuera al revés.

El presidente Perón, con su idea americanista, fue quien hizo posible este sueño de los “tuercas argentinos”. Así había nacido la Buenos Aires-Caracas.
En la carrera histórica del Turismo Carretera, Domingo “Toscanito” Marimón consigue su triunfo más rutilante, al consagrarse vencedor del “Gran Premio de América del Sur”, más conocida como la “Buenos Aires – Caracas, sin ganar ninguna de las 14 etapas con que contaba la prueba.

Oscar Alfredo Gálvez (descalificado en el final) había ganado 7 etapas, su hermano Juan 5, una Fangio y la otra, Víctor García.

Luego de recorrer las incipientes rutas sudamericanas, Marimón emplea para esta travesía de 9.575 Km. con 800 metros, 118 horas, 37 minutos, 18 segundos, aventajando en la Clasificación General por 12 minutos al juninense Eusebio Marcilla (“El Caballero del Camino”). Apenas enterado de su triunfo (luego de la descalificación de Gálvez) Marimón le dedicó el triunfo a su colega Marenghini, quien en el camino, le había facilitado la maza (el cubo de la rueda) de su Chevrolet, porque el suyo estaba destrozado.

“Toscanito”, además de la gloria de ganar la carrera más recordada de los hinchas del TC, se hizo acreedor a la importante suma de 113.000 pesos.

Final polémico

El primero en cruzar la línea de llegada de la última etapa fue el mendocino Víctor García al mando de un Ford. Tras él llegaron Marcilla, Marimón, López y Ataguile. Contento con su segundo puesto, “Toscanito” empezó a ver qué pasaba con Gálvez. Pero Oscar Gálvez no llegaba y el destino le había reservado algo inesperado. Oscar se acercó a la meta empujado por un Buick de última generación; porque su cigüeñal había dicho basta y el Ford no podía andar por sus propios medios. Con la ayuda de un pronunciado declive y un más que evidente empujón, el Aguilucho cruzó la meta entre aplausos y vítores, creyendo ser el ganador.

Arrancado del auto por una increíble muchedumbre, y cuando era llevado en andas, fue informado por el Comisario Deportivo de la prueba, Fulvio Pastor, que debido a esa última maniobra su arribo a Caracas no había sido registrado como válido. Los fiscalizadores comprobaron también que el motor estaba frío, y que hacia rato que no estaba en marcha.

Minutos más tarde, y en plena discusión, el acompañante de Oscar, Federico Herrero arrancó el Ford y, como pudo, lo hizo cruzar la meta. Este hecho también fue considerado en contra el reglamento, ya que sólo el piloto podía conducir el auto. Todo era confusión y desilusión para el “pobre” Oscar. El reglamento era claro: descalificación, aunque para la gente venezolana era el ganador.

Tras la decisión de su sanción, y seguramente mal aconsejado, Oscar apeló la medida y hasta le envió un telegrama al presidente argentino Juan Domingo Perón, solicitándole que mediara en la cuestión.

Como respuesta del primer mandatario recibió el siguiente texto: "¿Hay reglamentos? Pues que se cumplan".

Marimón nunca había actuado en política, aunque era afiliado a la Unión Cívica Radical de la provincia de Córdoba. Nunca un político se le había acercado para ayudarlo en su campaña deportiva ni saludarlo. Pero luego de llegar vencedor a Caracas, recibió un conceptuoso telegrama del gobernador cordobés, Amadeo Sabatini quien felicitaba efusivamente al “prominente correligionario en su espectacular triunfo que honra al Partido...”. Sabatini había querido imitar al Presidente Perón.

“Toscano”, era muy amigo de otro corredor de TC, el doctor Pablo Mesples, con quien siempre andaban juntos por las rutas, los boxes o los asados que siempre acompañaban las carreras. Él con un sentido de “humor negro” explicaba que “no podía haber otra cosa que armonía y complemento, entre médicos y funebreros”.

Participó cuatro veces del Gran Premio ”Las Mil Millas” y aunque en las cuatro logró en algún momento puntear por tiempo, nunca pudo terminar estas pruebas por desperfectos mecánicos.

En la primera carrera en dos etapas, los días 25 y 26 de febrero de 1950, la “Vuelta de Santa Fe”, Marimón se alza con la última victoria de su campaña y su primera carrera zonal.

Su última carrera fue en 1955 en el Parque Sarmiento de Córdoba. La prueba, había sido organizada por la Asociación Cordobesa de Volantes de TC a beneficio de las víctimas de la “Revolución Libertadora”.

Abandona la práctica del automovilismo debido a la gran depresión anímica en la que se encontraba a causa de la trágica muerte de su hijo Onofre “Pinocho”, cuando su Maserati chocó contra un árbol disputando el Gran Premio de Alemania de Fórmula1, el 31 de julio de 1954.

Ese año fue, más allá de la tristeza por la tragedia, extraordinario desde el punto de vista estrictamente competitivo para el automovilismo argentino, porque Juan Manuel Fangio con 42 puntos, conseguía su segundo título mundial mientras que José Froilán González era el Subcampeón Mundial de la categoría con 25 puntos. Pero otros argentinos como Roberto Mieres con 6 puntos fue noveno y su infortunado hijo Onofre, quedó en el décimo lugar con 4 puntos, cuando ya le habían ofrecido ser el piloto número uno de Ferrari para el año siguiente. También en 1954 participaban de estas pruebas internacionales los argentinos Clemar Bucci con Gordini y Jorge Daponte con Maserati.

El 30 de junio de 1981, Domingo “Toscano” Marimón con el recuerdo de su hijo a cuesta, en un accidente fatal se pegó un tiro de escopeta mientras estaba limpiándola, falleciendo en el hospital Privado de Córdoba.

Fuente: Historia Política del Deporte Argentino (1610-2002) de Víctor Lupo  

Capítulo XXVI – Página 228 - Ediciones Corregidor (2004)

Octubre 2018.

 

 

 

 

 

 
20/09/7927 - El tucumano JUAN ARMANDO BENAVIDEZ: “El doctor del fútbol”

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A principios de la década del ‘40 aparece uno de los jugadores más exquisitos de fútbol nacidos en la Argentina. Lo llamaban "el Patón" o "el doctor del fútbol", como lo bautizara Félix Daniel Frascara, periodista de la Revista El Gráfico, por la calidad para transitar el campo de juego y además ser un goleador. Su nombre fue Juan Armando Benavídez, nacido el 20 de setiembre de 1927, en el barrio “Villa Obrera” de la ciudad de Tafí Viejo, provincia de Tucumán.

Luego de un paso fugaz por el club Independiente de la provincia (ya desaparecido) pasó al “decano” Atlético Tucumán. Entre los años 1942 y 1946 Atlético conformó uno de los más grandes equipos de todos los tiempos. Al mismo lo integraban: Fiori, Cerrutti y Ponce, Chalin, Crespín y Jaime, González, Benavídez, Martin, Martínez y Rojas. Este equipo lleno las vitrinas de la Institución de trofeos y la vista de los tucumanos por el alto nivel de juego. En el mencionado período gana los campeonatos anual y absoluto de 1942, el de competencia, anual y absoluto de 1944, el competencia 1945 y el competencia de 1946. Benavídez fue vendido a fines de ese año a Estudiantes de La Plata y con ese dinero se construiría la tribuna del estadio que da sobre calle Chile, con lo cual se terminaba la construcción de los cuatro sectores llevando su capacidad a más de 15.000 espectadores.

Estudiantes lo prestó para que Newell´s Old Boys (NOB) de Rosario, club que lo llevará a una gira por Europa a fines de 1949. Benavídez la "rompió" en esa recordada gira del "rojinegro" por España, Portugal, Alemania y Bélgica, antes de quedarse en Ñuls.

De allí “el Patón” se trasladó al barrio Boedo en la Capital Federal para jugar en San Lorenzo de Almagro, intentando hacer olvidar al gran René Pontoni, que con el “éxodo de la huelga  1948” se fue a jugar a Colombia. En los “Santos de Boedo” el tucumano se convirtió en un jugador de “Galera y Bastón” como se le dice a los jugadores de calidad, para delicia de los hinchas santos.

Con algunas características físicas Benavídez se asemejó a su antecesor en Ñuls, San Lorenzo y la selección, el gran René Pontoni. Para buena parte de la cátedra "el mejor centrofoward de la época". Por lo tanto, el legado para el tucumano Benavídez fue motivo de orgullo pero también "una carga".

En San Lorenzo hizo 69 goles en 131 partidos jugados entre 1951 y el ´55. Benavídez fue un "9" lleno de inteligencia y habilidad que se destacó muy pronto. Por eso fue llamado a la selección nacional donde jugó un solo partido, antes de ser transferido al Atlético Madrid, España.

En el ´56 su llegada al popular "Aleti" estuvo precedida de gran expectativa. "Llega el otro Alfredo Di Stéfano" decían los hinchas del Atlético Madrid. Pero allí no le fue bien. Estaba falto de entrenamiento, había estado parado algún tiempo y se mostraba lento. Benavídez en un gesto de grandeza ofreció rescindir el contrato a los dirigentes del “colchonero madrilista”.

Pero a mediados de la ‘56 lo fichó el “Español”, club en el que permaneció tres temporadas siempre como titular indiscutible.

Tras su paso por el club catalán y ya con treinta y un años es fichado en el verano de 1958 por el Granada. Con una pareja de argentinos (Benavídez – Carranza) como delanteros, un equipo muy bien armado y no exento de buen fútbol, el Granada era una máquina de hacer goles. Y de esa manera consiguió el club rojiblanco la mayor proeza de su historia, el subcampeonato copero del año 1959. Vázquez, Carranza, Loren, Benavídez y Arsenio forman el inmortal quinteto en rojiblanco protagonista de la gesta. La prensa española contaba que su estilo de jugador lo acercaba, en la destreza, a los movimientos de un torero.

Con 33 años pasó a jugar en el Málaga, y contribuyó a devolverlo a primera división en 1962. Allí en la ciudad de Málaga se afincó una vez retirado del fútbol nacionalizándose español.  Cultivaba bajo perfil, vivía austeramente, no iba a ver fútbol y sólo lo seguía por televisión.

El 16 de agosto del 2005, antes de cumplir 80 años, el taficeño “Patón” Juan Armando Benavídez dejó de existir en Málaga.

 

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“El doctor Benavídez” según Sanfilippo

Para el gran goleador José Francisco “Nene” Sanfilippo, "Pontoni y el tucumano Benavídez fueron dos de los mejores centrodelanteros de San Lorenzo de toda la historia. El tercero, Omar Higinio García".

"A Pontoni lo tuve como técnico en la Tercera y hasta alcancé a jugar un par de partidos con él en Reserva. Fue en el ´54, parecía que jugaba en patines. Venía de dos operaciones de rodilla y era un jugador distinto", destaca. "Con el tucumano Benavídez jugué parte del ´53, yo tenía 17 años cuando debuté en Primera y él ya era un ´crack´ y ése año además fue goleador del campeonato junto con Juan José Pizzuti. Hicieron 22 ó 23 goles cada uno", recordó. "Benavídez, era un pensante, resolvía siempre con mucha inteligencia todas las jugadas", concluyó Sanfilippo.

 

 

Fuente: Libro “100 Ídolos Tucumanos” de Víctor F. Lupo

Capitulo 18 – Página 100

Editorial Corregidor

Setiembre 2018

 

 

 

 

 

 
 
Un tucumano en la Gloria: JUAN JOSÉ MEZA - Campeón del mundo juvenil de fútbol

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En la madrugada argentina de un viernes 7 de setiembre de 1979, el seleccionado nacional juvenil de fútbol conducido por el “Flaco”, César Luis Menotti, y la magia de un pibe de rulitos, que luego sería el mejor de la historia, Diego Armando Maradona, derrotaba 3-1 a la Unión Soviética para quedarse con el título en el 1er. Campeonato Mundial Sub 20 de FIFA en Tokio (Japón). En ese equipo campeón había un joven tucumano llamado Juan José Meza.

Hijo de José Justo Meza, un jugador de fútbol correntino del Club Obras Sanitarias (chapista de vehículos) y de Elsa Genoveva Romagnoli, nació el 29 de Marzo de 1960 en la intersección de las calles Uruguay y San Miguel en Barrio El Bosque donde tuvo su feliz infancia (a una cuadra de La Bombilla) en San Miguel de Tucumán.

Cursó la primaria en la escuela Miguel Lillo; la secundaria en la Comercio Nº 1 y llegó con mucho esfuerzo hasta cursar el segundo año de contador en la Facultad de Ciencias Económicas en la UNT. “Tuve que dejar de seguir estudiando porque se me hacía imposible por los continuos viajes, el fútbol me tiraba más”,cuenta este tucumano que tuvo como pocos deportistas, su gran día de gloria.

De changuito se mezclaba en todos picados en “La Bombilla, donde había varios potreros convertidas en canchas de fútbol”. Enseguida lo descubrieron y lo buscaron los dirigentes del club Central Norte para federarlo. A los 16 años ya jugaba en Primera división de “los cuervos”.

Su debut en Primera fue en el año 1975, en cancha de All Boys, enfrentando a Atlético Tucumán (con derrota 0-4) con aquel formidable equipo de “los decanos campeones” donde jugaban Villa, Agüero, Palomba y otros grandes jugadores.

Osvaldo Crosta, uno de los ayudantes de Menotti lo vio jugar en los “cuervos” y enseguida le aviso al “Flaco”, que en la primera práctica de Meza con la preselección nacional juvenil le dio el “OK” para integrarlo definitivamente.

Para ser campeones del mundo juveniles, Argentina había goleado en primera rueda a Indonesia 5 a 0, a Yugoslavia 1 a 0 y a Polonia 4 a 1; en cuartos de final a Argelia 5 a 0 y en semifinal a Uruguay 2 a 0.

Con ritmo, toque, fútbol, gol, espectáculo, alegría, pasión y demostraciones de alta jerarquía, Argentina iluminaba el universo futbolístico logrando el máximo galardón venciendo en la final por  3 a 1 a la ex Unión Soviética.

“Jugué todos los partidos del campeón juvenil. Siempre entraba en el segundo tiempo y me movía como ’8’ por la derecha. El técnico Menotti nos dijo al terminar el torneo: ‘ustedes aún no pueden medir lo que han conseguido’. Y hoy a la distancia lo veo más claro”, asegura este tucumano para recordar también:“Menotti junto al ´Maestro´ Ernesto Emilio Duchini, quien seleccionó a los chicos y el ´Gitano´ Miguel Antonio Juárez fueron los artífices del armado de este equipo”.

 

20180911Diego Maradona

 

Quienes participaron en aquella memorable final fueron: con el 1 Sergio Rubén García; 4 Abelardo Osmar Carabelli, 2 Juan Ernesto Simón, 6 Rubén José Rossi y 3 Hugo César Alves; 8 Juan Alberto Barbas, 13 Osvaldo Ricardo Rinaldi (49’ ingresó el tucumano Juan José Meza) y 10 Diego Armando Maradona; 7 Osvaldo Salvador Escudero (49’ Alfredo Manuel Torres), 9 Ramón Ángel Díaz y 11 Gabriel Humberto Calderón.

Este equipo no se quedó en las estadísticas, llegó al corazón de la gente, porque se preparó en silencio, haciendo vibrar hasta las fibras más íntimas a los miles de argentinos, despertándolo, madrugada tras madrugada. Los niños, jóvenes y ancianos, hombres y mujeres, madrugaban o no dormían para ver a los pibes, los únicos que le podían ofrecer una sonrisa o alegría en esos tristes momentos de la vida nacional, pegados a los aparatos de televisión o siguiendo las alternativas en las oficinas, el comercio o en los bares con un receptor de radio, donde se escuchaba el inefable grito de gol del relator Juan Carlos “Turco” Morales.

Mientras que César Luis Menotti, recordaba: “En mi vida, he visto muchos astros y estrellas en distintas posiciones de la cancha, pero en mi retina solamente existen dos grandes equipos: el Santos del Rey Pelé y el seleccionado juvenil argentino, campeón del Mundo de la FIFA en 1979”.

Meza, luego de ese triunfo recorrió clubes y países en su carrera deportiva. Se calzó las camisetas de Argentinos Juniors, de Instituto, de Vélez, del Racing Club. Jugó en Colombia, en Ecuador, y hasta anduvo por el fútbol japonés, como futbolista y como orientador.

Aunque su perfil de futbolista siempre fue el de “media punta”, su zurda (y su derecha también) se encargó de levantar redes. Así, fue goleador en tierra “cafetera”, en el Preolímpico de Moscú, y después con los de Liniers. “En 1985, en Vélez, alcancé mi mejor nivel. Se nos escapó el Nacional por un pelo”, recuerda Meza para agregar “El fútbol tiene pocas alegrías y uno tiene que controlar la vanidad y que en las rachas pesadas no hay que caerse. Son muy importantes los captadores de talentos”.

El ex jugador tucumano cree en las “pequeñas sociedades” de las que hablaba Menotti. “César te tira cosas y uno tiene que decidir. Él le puso el sello a una manera de moverse, adentro y afuera de la cancha”, subraya.

En el deporte le quedaron dos asignaturas pendientes. El no ser campeón con Vélez ni jugar en Boca. Se retiró del fútbol a los 31 años, cuando estaba jugando en Ecuador. En 1992, tuvo la posibilidad de llegar a jugar en el club San Martín por pedido de Nelson Pedro Chabay. Pero el técnico uruguayo se fue y su reemplazante, Ángel Tulio Zof, no quiso contar con él. Chabay pretendió llevarlo a Mandiyú (que estaba en Primera División) pero el jugador desistió ya que no quería viajar más para estar cerca de su padre. Se casó con Mirta Alicia D’Andrea (hija del ex presidente de Central Norte, Alfonso D’Andrea) y tuvo 4 hijos varones: Ariel, Federico, Mauricio y Gabriel. “Mi vida nómade no era conveniente para mis hijos”, observa. Hoy está al frente de una cerámica.

 

 

 

Fuente: Libro “100 Ídolos Tucumanos” de Víctor F. Lupo

Capitulo 73 – Página 376

Editorial Corregidor

Setiembre 2018

 

 

 

 

 

 
 
MIGUEL BALLÍCORA: Un jovencito de la UES

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20180824Ballicora Miguel

Barrio: San Nicolás

 

Miguel Domingo Ballícora nació en Maipú 247, pleno Centro de la Capital Federal y vivió en ese lugar hasta los 6 años, cuando se mudó con toda su familia a la calle Tucumán 439, donde vivió toda su infancia y su época de escuela primaria. Miguel estudió en el Colegio Juan Manuel Estrada. En 1948, a los 12 años, se mudó a la localidad de Munro, donde vive hasta el día de hoy y desde hace 60 años. Inició el secundario en el Nacional Sarmiento, pero lo terminó en el Colegio Nacional de Vicente López.

Su padre era portero de edificios y además… el utilero de los equipos de fútbol de Ríver Plate. Esto explica su filiación “millonaria”, aunque no el hecho de que se haya consagrado como una referencia histórica del básquetbol nacional.

De chiquito jugó en los Campeonatos Evita, pero en la disciplina fútbol. Su equipo llegó a las semifinales… y él jugó de arquero. Y en el primer año en que la AFA incorporó la novena división a las inferiores, él integró como arquero esa división de River Plate.

Cuando tenía 14 años, un día su padre lo llevó al Club. Estaban recorriendo la cancha de básquet cuando un señor que advirtió su estatura y porte físico le aconsejó que se dedicase al básquet. Debió haber tenido buen ojo el consejero, además de poder de convicción. Porque en ese momento se inició una carrera basquetbolística extraordinaria.

Ballícora jugó en infantiles, cadetes y en 1953, con sólo 17 años, integró la primera división del club. Jugó hasta el año 1971: 19 temporadas en primera y, en 14 de ellas, siendo capitán.

Integró los seleccionados de Capital, con los cuales fue campeón en Santa Fe y en Salta. También ganó Campeonatos Sudamericanos para la Selección Nacional.

En 1959 integró el Seleccionado Argentino Universitario que salió campeón en Perú. En 1963, integró el Seleccionado Nacional que jugó el Sudamericano de Perú. Tuvo un logro especial en el Sudamericano de Mendoza: el equipo argentino, apodado “Los Cóndores”, salió campeón después de 20 años en los que la Argentina no conseguía un título sudamericano.

Una vez retirado de la actividad, en 1972, fue director técnico del Club 17 de Agosto. En 1973, de San Andrés. Y luego, a pedido de Trama, fue a dirigir el ascenso de Teléfonos, en la temporada 1974-75.

Concluida esa etapa no participó más de la actividad deportiva del básquet.

En su querido River Plate lo designaron Presidente de la Subcomisión de Ajedrez, cargo que durante diez años desempeñó con afecto especial, porque su hijo se dedicaba al juego ciencia. En 1982 se retiró de la dirigencia.

 

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UNA SUSPENSIÓN REAL

 

En 1954, Miguel Ballícora empezó a jugar en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES). “Yo era uno de los jugadores de la UES y fui amigo del general Perón. Tengo mil anécdotas con él.” Compañero de Miguel en aquellos años juveniles fue el famoso Oscar “el Loco” Ibáñez, luego estrella de San Andrés. El equipo de la UES derrochaba tanta habilidad, que se convocó a un Tributo a los Globe Trotters estadounidenses, que se desarrolló en el Luna Park (con los Uestrotters).

“Después de aquella exhibición, Perón nos regaló una motoneta a cada uno. Yo aún tengo la mía, ya desarmada, en mi casa. Al otro día todos los muchachos nos fuimos en las motonetas, en peregrinación, a la Iglesia de Luján”.

En 1955 estuvo a punto de pedir el pase de River a la UES, porque en ese momento se consideraba que la Unión iba a presentar un equipo de tercera en el ascenso de la Federación Metropolitana. Pero como consecuencia de la llamada “revolución libertadora” de 1955, la UES  fue disuelta y se suspendió a la mayoría de los deportistas que actuaban allí. Ballícora siguió jugando, ahora en River Plate.

Fue interrogado por la famosa “Comisión Nº 49” de los militares, que se habían apoderado del Gobierno. “Allí me preguntaron si yo había recibido el regalo de la motoneta del ex presidente Perón, ellos le decían “el tirano prófugo”.  Yo le mostré una carta que no era así. Si no que era mi amigo Juan Perón, como lo decía allí y yo siempre lo considere así toda mi vida”.

Lo suspendieron de por vida, pero Ballícora nunca lo supo. Con los años, supuso que no se enteró porque no era una suspensión hecha por una entidad deportiva, ni por la Confederación Argentina ni por la Federación Metropolitana. Y está convencido de que la Asociación de Buenos Aires hizo una amnistía secreta por la cual nunca fue suspendido efectivamente...

Luego de muchos años, por curiosidad y sólo “googleando” a través de Internet, uno de sus hijos escribió su nombre completo en el buscador. Para sorpresa de todos, apareció en la pantalla un informe de la Cámara de Diputados, en el cual constaba que, efectivamente, Miguel Domingo Ballícora había sido suspendido de por vida. Afortunadamente, el deporte nunca se enteró…

 

PREMIOS DIGNIDAD.

 

El 5 de  diciembre de 2006, la Dirección de Deportes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires entregó a Miguel Domingo Ballícora el Premio “Dignidad Deportiva Mary Terán de Weiss”. Al recibir la distinción, en el Teatro Municipal General San Martín, Ballícora expresó textualmente:

“Tengo el honor de que me hayan distinguido como consecuencia de que yo haya tenido participación en la UES, de haber sido suspendido y sin embargo haber continuado en el básquetbol sin perder mis convicciones nunca”.

 

 

Fuente:Libro “100 Ídolos Porteños” de Horacio del Prado y Víctor F. Lupo

Editorial Corregidor

Agosto de 2018

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7 de Agosto: Delfo Cabrera gana la Maratón Olímpica de Londres ‘48

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Medalla de Oro en la Maratón de Londres, Medalla de Oro en la Vida

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El 7 de agosto de 1948, el argentino Delfo Cabrera, con la casaca número 233, gana brillantemente la Maratón Olímpica en los Juegos de Londres (Inglaterra), siendo el segundo argentino en lograrla, ya que Juan Carlos Zabala la había ganado el 7 de agosto de 1932 en Los Ángeles (Estados Unidos).

Al día siguiente del triunfo de Cabrera, “The Times”, uno de los diarios ingleses más importantes, describía el acontecimiento de la siguiente manera: “Es el belga Gailly, con los pies doloridos, pesados y el espíritu cansado, que parecía ya no poder moverse y entra al estadio para las dos vueltas finales. De pronto aparece detrás, muy próximo, otro personaje erguido, lo que destaca la bien proporcionada personalidad del argentino Cabrera, quien seguramente también mostraba signos de cansancio, pero que aparece como un fresco y alegre participante, para ganar la Maratón”.

La película de esta llegada, que aún sigue emocionando a los compatriotas cuando la repiten por algún canal televisivo, era relatada en ese momento por el periodista Washington Rivera, para la Cabalgata Deportiva Gillette de Radio Rivadavia.

Cabrera había llegado a la meta del histórico estadio de Wimbledon en los Juegos Olímpicos de 1948 y también a su consagración tras una vida de esfuerzo. Era la historia de un hombre de origen humilde que supo encontrar en el deporte el camino a la grandeza, dignificando a su vez la actividad.

Un 2 de abril de 1919, nació un chiquilín en el pueblo de Armstrong, provincia de Santa Fe, siendo el cuarto hijo del matrimonio conformado por Claro Cabrera y Juana Gómez. El lugar donde vivió en el pueblo era llamado la “Casa de los Naranjos”, porque cada vez que nacía un hijo, don Claro, en agradecimiento a Dios, plantaba un naranjo.

Delfo se inició en el trabajo a una muy corta edad, recogiendo maíz a mano en una tarea agotadora que no le impidió, ni ir a la escuela, ni divertirse jugando al fútbol en el Club Gimnasia y Esgrima de Armstrong, o corriendo carreras con sus amigos por las calles de tierra de su pueblo natal.

En 1932 Juan Carlos Zabala ganaba la maratón olímpica de Los Ángeles, episodio que marcará a Cabrera y, poco tiempo después moría don Claro, su padre. El primer hecho lo impresionó y motivó definitivamente para dedicarse al atletismo; el otro lo obligó a alejarse del deporte por un tiempo, pues en plena adolescencia ya debía contribuir al mantenimiento de su hogar, que se había quedado sin su principal sostén.

Tiempo después, Cabrera apareció en el atletismo nacional, el 23 de enero de 1933, corriendo en la “Vuelta de Armstrong”: llegó en segundo lugar para sorpresa y alegría de sus vecinos. Se entusiasmó tanto con este resultado que salía a correr sólo, detrás de los sulkys, por los caminos de tierra de los campos, mientras que su vecina, Doña Isordi, le tomaba los tiempos y los registraba. Cabrera también empezó a entrenarse regularmente, a pesar de desarrollar agotadoras jornadas de trabajo.

Se trasladó a Buenos Aires y comenzó a trabajar como obrero textil para luego ingresar al Cuerpo de Bomberos. Siendo ya uno de los mejores fondistas del país, se casó con Rosa Lento (23/8/1945). De este matrimonio nacieron tres hijos, un varón (Delfo) y dos mujeres (María Eva e Hilda Noemí).

En 1938, Delfo Cabrera ganó el Campeonato Nacional de Interclubes en las variables de 5.000 y 10.000 metros, mientras que se adueñó de los Campeonatos Nacionales en 5.000 metros (1941/42) y los 10.000 metros (1946).

La Maratón de los Juegos Olímpicos de Londres 1948, donde triunfa con una espectacular llegada al Estadio de Wembley, en un tiempo de 2h. 34’ 51”, es su máximo triunfo. En esta misma prueba, otros dos argentinos se ubicaron entre los diez primeros en llegar a la meta. Eusebio Guiñez (con 42 años) consiguió el 5to. puesto con un tiempo de 2h. 36m. 6s y Armando Sensini el 9no con 2h. 39m. 30s., concretando la delegación argentina un hecho original e irrepetible hasta la fecha.

Al subir, al podio para recibir su medalla con una bandera argentina sobre sus hombros, Delfo apareció descalzo. Tiempo después él mismo contaría que “un hincha (compañero de delegación) a metros de haber cruzado la meta victorioso, se me abalanzó para abrazarme y me pisó. Por el esfuerzo que había realizado a lo largo de los 42 Km. más el pisotón, se me hinchó el pie de tal forma que no podía calzarme nada”.

Cabrera consiguió una de las tres medallas de oro de Argentina en estos Juegos Olímpicos, junto a los boxeadores, Pascual Pérez (Mosca) y Rafael Iglesias (Pesado), quienes fueron recibidos en Buenos Aires con todos los honores. Otra atleta, Noemí Simonetto, logró la medalla de plata en Salto en Largo, redondeando la mejor actuación olímpica de nuestro país.

Los tres medallistas de oro recibieron, por su gran actuación, el regalo de una casa de parte del Presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, quien, al entregársela,  expresó: “Los deportistas son los mejores embajadores que puede tener un país”. Delfo fue reconocido el 17 de octubre de 1949 en la Plaza de Mayo con la medalla de “Lealtad Peronista”.

Perón es muy simpático con los deportistas; nos ayuda y yo soy un producto típico de su apoyo al deporte”, comentaba años después, el brillante ganador de la Maratón de Londres, para la revista “Primera Plana” (1966).

En 1951 Delfo fue el abanderado de la delegación argentina y además el ganador de la Maratón (corrida sobre la avenida General Paz) en los Primeros Juegos Deportivos Panamericanos, disputados en Buenos Aires, venciendo a otro argentino, Reynaldo Gorno. Ese mismo año gana la media maratón sudamericana y en 1952 consigue el récord continental de esta prueba.

En los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952, Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero, en remo, obtuvieron la última medalla de oro olímpica para la Argentina y el atleta correntino (nacido en Yapeyú) Reynaldo Berto Gorno (detrás de Emil Zatopek, “la locomotora humana checa”) ganó la medalla de plata en la Maratón, donde el santafesino Delfo Cabrera, con 34 años, fue sexto con 2 horas 26 minutos, es decir 8 minutos menos de la marca con que había ganado 4 años atrás.

Posteriormente, Cabrera siguió compitiendo a nivel nacional e internacional acumulando en su carrera deportiva 210 carreras oficiales, 106 primeros puestos, 63 segundos y 22 terceros lugares.

En 1955 la “Revolución Libertadora”, con su ánimo revanchista se tomó el “desquite” con Cabrera, que había sido un prototipo del peronismo, lo echó del Cuerpo de Bomberos donde trabajaba, por el “delito” de haber adherido al “régimen depuesto”. Pero Cabrera, siguiendo el ejemplo de Epaminondas de Tebas, anécdota que siempre repetía Perón para relacionar el trabajo con la dignidad, fue el mejor, tiempo después, en su nuevo trabajo de pisapapeles en el Jardín Botánico.

En 1957, Delfo Cabrera concluyó su brillante actividad pedestre dedicándose a transmitir su experiencia y conocimientos (se había recibido ya de maestro de Educación Física en la Escuela Municipal de la Ciudad de Buenos Aires) en distintas escuelas y centros deportivos.

En la década de 1970 a un polideportivo municipal donde él enseñaba a pequeños atletas, se le puso su nombre.

Hasta su muerte fue un fiel militante de las ideas por las que combatió durante toda su vida. Delfo Cabrera nació en un humilde hogar, y fue humilde toda su vida, no con la humildad que proviene de la falta de dinero, sino con la humildad verdadera, la de adentro, la del Grande. Fue un ejemplo de vida, de afán de superación, de hacerse a sí mismo. Un ejemplo para todas las generaciones que vienen. El deporte fue para él, su vida.

Falleció trágicamente, un domingo 2 de agosto de 1981, en un accidente automovilístico ocurrido en el kilómetro 187 de la ruta 5 en la localidad de Alberti, provincia de Buenos Aires, cuando regresaba a su hogar luego de un homenaje que le habían realizado en la localidad de Lincoln. En 1998, las autoridades municipales de su pueblo natal le erigieron un monumento alegórico en el paseo de ingreso a la ciudad.

El 8 de diciembre de 1992 en un justo homenaje, se le pusó su nombre a la principal pista de atletismo del país, ubicada en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD) de la ciudad de Buenos Aires.

Desde 1999, el Senado de la Nación por iniciativa del senador nacional chaqueño, Hugo Abel Sager, entrega anualmente el premio “Delfo Cabrera” a los deportistas argentinos destacados.

Un autor desconocido escribió una poesía dedicada a Delfo Cabrera, que es muy conocida en los ambientes deportivos y dice:

 Gloria hoy para ti
héroe y triunfador
que en justa deportiva
tu demostraste ser un campeón.

Hijo del pueblo de Armstrong
humilde y servidor
hoy tu estampa bizarra
es su contento y su pasión.

Delfo Cabrera
gran vencedor
que sin victorearte
ya sos dos veces
un galardón.

Te protegió en la senda
de olímpico campeón
la imagen que es patrona
y fe ardiente en tu corazón.

Virgen de las Mercedes
templo de amor y paz
bendice aquí a tu hijo
que se arrodilla ante tu faz.

Fuente: Libro “Histórica Política del Deporte Argentino” de Víctor Lupo

Capítulo XXIII

7 agosto 2015.

Ver:https://www.youtube.com/watch?feature=player_embedded&v=0FCRBb5d5GI#at=32

 

 

 

 

 

 
 

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