Deportistas en el Recuerdo
ARMANDO BELIVET PINO: Un gran maratonista argentino

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18052015PINOCHO Armando Pino Y EL GENERAL

Pino con Peròn

“Ningún periódico argentino quiso recoger su necrológica pero este silencio que ha habido para su muerte, prueba simplemente que murió en su ley” escribía don Arturo Jauretche sobre la muerte de uno de los más grandes pensadores de nuestra Nación, el tucumano José Luis Torres. Este silencio sigue vigente como mecanismo del “ninguneo” sobre Torres y sobre su mejor alumno, otro tucumano como fue Alejandro Olmos.

Con el paso del tiempo, pasa con muchos de nuestros héroes populares,hay pocas cosas para encontrar sobres ellos porque se fueron perdiendo u olvidando. Y en nuestro deporte tucumano, puede ser esto lo que le pasó al comprovinciano, Armando B. Pino, quién fueuno de los grandes atletas de fondo de la década del ’50 en nuestro país, en simultaneidad de su apogeo con la presencia de dos "gigantes" en el rubro como Osvaldo Suárez y Walter Lemos.

Argentinacontó, en una prueba (Maratón), con dos campeones olímpicos como Juan Carlos Zabala (1932) y Delfo Cabrera (1948) yun subcampeón olímpico, Reinaldo Gorno (1952), estos dos últimos casi en la misma generación que Pino.

Nacido un 3 de mayo de 1927, en el poblado Los Guayacanes, ciudad Villa Alberdi (hoy Departamento Juan Bautista Alberdi), provincia de Tucumán. Hijo de una muy humilde familia, a los 14 años de edad, apenas terminada la escuela primaria, decidió emprender el largo periplopara vivir en la gran urbe de Buenos Aires, como muchos de sus comprovincianosen busca del bienestar que comenzaba a aparecer con la incipiente industrialización del país. Allí quedaron en su pueblito llorándolo su madre Fernanda Villagra y sus dos hermanas.

SUS COMIENZOS EN EL ATLETISMO

Como todo joven de la época se daba tiempo para practicar deporte pese a tener que trabajar (en dos lugares) para poder sobrevivir. Así comenzó a participar en las pruebas callejeras, (Para ser el sucesor natural de otro gran atleta, Humberto Delgado el “Suri Tucumano”.) que se organizaban en distintos clubes y barrios como atleta libre, hasta que con el tiempo fue invitado a federarse.

Seguramente su notoriedad deportiva, le permitió obtener un empleo en el Correo y Telecomunicaciones. Al menos en un tiempo fue cartero y muy orgulloso andaba en su bicicleta entregada por el trabajo, repartiendo las cartas a domicilio. Y va de suyo que fue ganador de la carrera que se disputaba entre ellos (los empleados del Correo Argentino) por las calles de Buenos Aires. Y durante un largo tiempo representó al club Comunicaciones en las carreras.

Pino se hizo muy amigo de Gumersindo González, el entrenador de fondo del Club Independiente de Avellaneda y que tenía entre sus discípulos a Osvaldo Suárez.

Para calibrar la trayectoria deportiva de Armando Pino, hay que enmarcarlo en la Argentina entre las décadas del ‘30 al sesenta. Sus corredores de larga distancia (los fondistas) dominaron durante esa época los escenarios sudamericanos, panamericanos e iberoamericanos, y aún los europeos. El momento culminante de esa etapa, fue el segundo lustro de la década del cincuenta. Y allí entre los grandes, “Pinocho”, como lo apodaban a Pino sus amigos, era el tercero en discordia con las dos figuras de nivel mundial, que tenía el país en ese momento: Osvaldo Suárez y Walter Lemos.

 

18052015Lemos Palmeiro 2 y Pino

 

Pino luchando la punta con Lemos y Palmeiro

SUS CARRERAS

El  9 de enero de 1955, en la  prueba de 32 kilómetros alrededor del Lago de Palermo, selección para los juegos Panamericanos de Méjico, primero fué Raúl Ibarra con 1 h 57’ 23”, 2º Pino 2 h. 00’ 24” y 3º Melchor Palmeiro. Nos contaba Don Ezequiel Bustamante, que por el calor reinante, esta fue una prueba durísima.

El  14 de agosto de 1955, en una Media Maratón (21 Kms.): 1º fué Palmeiro con 1 h. 09  07 “, 2º llegó  Pino 1 h. 11’ 12” y 3º Ibarra con 1 h. 11’ 13.

Ese año Armando Pino ganó la Maratón de los Barrios de la Revista “El Gráfico”, una de las pruebas más importantes de la Argentina. En esa época la prueba era para no ganadores.

Sobre esta carrera nos contó Walter Lemos lo siguiente: “Era la tarde previa de esa prueba y después del entrenamiento, algunos de los muchos atletas que se entrenaban en el Parque Dominico, se fueron a tomar algo fresco al bar que aún está en la Av. Mitre y Boulevard de los Italianos, de la ciudad de Avellaneda. Allí le preguntaron a Pino si iba a correr al otro día. Contestó que no. Y allí lo dejaron. A la mañana siguiente, los ya ganadores van a ver la prueba (Lemos entre ellos) y lo ven entrando en calor a “Pinocho”, que a la postre sería el gran ganador. Era una ardid más de este provinciano que con su picardía confundió a algunos de sus rivales en el plan de carrera”.

El  17 de Octubre de 1955, en el Maratón “Lacoste Luisi”, con sus tradicionales 42 kilómetros: Primero fue Pino con 2 h. 39’ 16”.

A fines de ese año, el tucumano Pino lograba el título nacional de los 10 mil metros en pista con 32m07s 1.

El  22 de abril de 1956, se corría una Media Maratón Chile: Allí los resultados, fueron los típicos de la época de esplendor del tucumano: 1º Suárez, con: 1 h. 08” 50 “, 2º Lemos con 1h. 08’ 59” y 3º Pino: 1 h. 10’ 56”.

El 9 de julio de 1956, Armando Pino con 46.15 para los 15 Km ganó la prueba “Antártida Argentina” en la cual fue segundo Víctor Fabregat y tercero el uruguayo Juan Gau quien posiblemente haya sido el primer atleta extranjero en competir en Mar del Plata. Este último había ganado en Buenos Aires el Maratón de los Barrios de 1950 venciendo a Delfo Cabrera. El 12 de agosto de 1956 en la Maratón “Luisi”,  42 kilómetros en Buenos Aires, vuelve a triunfar el tucumano Pino con un tiempo de  2 h. 31’ 37”.

Pino representó al país en distintos Campeonatos Sudamericanos. En Santiago de Chile (1956), quedó 5° en los 10 mil metros con 32m09s8 y  4° en el medio maratón, en ambas pruebas Suárez-Lemos hicieron el 1-2 para la Argentina.

El 8 de diciembre se corrió en Mar del Plata una selectiva para San Silvestre que también fue ganada por Pino.

En los Campeonatos Nacionales de 1956 en la pista del Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA) (disputados el 17de marzo de 1957) Pino fue subcampeón de los 10 mil metros con su mejor registro de 30m33s1. Esa carrera fue ganada por Lemos con el entonces récord sudamericano de 29m39s8. A la semana siguiente, el 24 de marzo de 1957, en los 10.000 metros en pista: 1º  Lemos: 29’ 54” y  2º Pino con: 31’ 29”.

El 19 de abril de 1957 en 10.000 metros en pista: 1º Lemos: con 30’ 44” y 2º Pino: 30’ 50”.

Y a fines de ese mismo año (sábado 14 y domingo 15 de diciembre de 1957 en GEBA, por los Campeonatos Nacionales de 1957), Pino alcanzó su mayor rendimiento en pista con dos carreras que están consideradas como las más grandes del historial de esos Campeonatos. En los 5.000 metros, se impuso Suárez con récord sudamericano de 14m16s6, seguido por Lemos y Pino, quien obtuvo su mejor marca personal de 14m38s7. Al día siguiente, en los 10 mil metros -en la "carrera de las carreras"- Suárez ganó con récord sudamericano de 29m39s6, aventajando por apenas dos décimas a Lemos. Pino fue tercero con 30m46s2. Y también participó ese día en los 3000 metros con obstáculos, donde fue segundo con su marca personal de 9m29s2 (ganó Gilberto Miori con 9m29s8).

El 24 de abril de 1958, en el Media Maratón del Campeonato Sudamericano de Montevideo (Uruguay): fue Suárez2º Pino 1h. 13’ 28” (con medalla plateada). Unos días antes en ese mismo Campeonato Sudamericano de Montevideo de 1958, en los 10.000 metros: el tucumano Armando Pino obtuvo el tercer puesto y por ende la medalla de Bronce con un tiempo de 31:23. 

El 12 de julio de 1959, en la Maratón de 42 kilómetros selectiva para los Juegos Panamericanos de Chicago ‘59, que se realizó por las calles de Buenos Aires, 1º fue Lemos, con un tiempo de 2 h. 32’ 53” y  2º Pino con: 2 h. 36‘ 38”. Por lo cual representó ese año a la Argentina en los Juegos Panamericanos, donde abandonó el Maratón, ganado por el legendario estadounidense John Kelly.

Pasado ese torneo, en el mes de marzo del año siguiente, cuenta Domingo “Mingo” Amaisón, que llegó al país Emilio Martínez, un declatonista argentino, que lo quiso llevar al tucumano  Pino a correr para una Universidad de EE.UU. junto a “Mingo”. Ninguno de los dos aceptó la oportunidad ofrecida.

El 27 de Junio de 1960, en la selección para los Juegos Olímpicos de Roma sobre 35 kilómetros fue Gumersindo Gómez con 1 h. 57’ 38” y 2º Pino 2 h. 03’ 38”.

En el Campeonato Sudamericano de 1961, celebrado en Lima (Perú), en la Maratón de 42 kilómetros, Armando Pino, con un tiempo de 2h. 42’ 21”, logra adjudicarse el tercer puesto por la cual obtuvo la medalla de Bronce, en una carrera donde dominaron los chilenos Silva y Vidal.

El 26 de agosto de 1962, en los 42 kilómetros, selección para los Juegos Iberoamericanos, celebrada en Buenos Aires: 1º Mario Díaz 2 h. 31 27” y 4º Pino, con un tiempo de 2 h. 38’.

Hasta aquí algunos de sus datos estadísticos. Estamos seguros que tan solo son una muestra de los valores de excelencia deportivo del tucumano Armando Pino en una época de oro del atletismo argentino.

Cuenta el periodista Luis Vinker: “Armando B. Pino fue uno de los fondistas argentinos que incursionó con mayor frecuencia en el clásico maratón (42,195 Km.). En 1955 ganó el maratón de Buenos Aires denominado Lacoste-Luisi con 2h39m16s y al año siguiente repitió la victoria con 2h31m28s. En 1957 obtuvo un maratón en Santiago de Chile con 2h39m39s y en 1959 quedó segundo del selectivo argentino para los Panamericanos -detrás de Lemos- con 2h36m38s. Completó esta seguidilla con la citada medalla de bronce en el Sudamericano del ‘61 y con el segundo lugar en el selectivo para los Iberoamericanos del ‘62 con 2h38m00s”.

Cuentan sus familiares que, Armando nunca pudo superar su pena de no haber podido estar presente en el Maratón olímpica en los Juegos de Australia 1956, porque las autoridades del COA decidieron no enviar a los atletas  por razones políticas. Ellos opinan que Pino estaba en condiciones de bajar el tiempo olímpico a 2 hs. 25’.

Uno de los más grandes fondistas de todos los tiempos de Argentina al que también le prohibieron ir a esos Juegos Olímpicos, Osvaldo Suárez, opina sobre Pino: “Era un grande de verdad. Para ir al Sudamericano del ´58 en Uruguay, antes se corrió como selectivo una Media Maratón en Buenos Aires y durante la prueba como al “Negro” le molestaba el calzado, se descalzó corriendo más de la mitad de la prueba de esa manera y clasificándose para el Sudamericano donde obtuvo medalla de plata”.

Casado con Ángela R. Buris tuvo 8 hijos, dos fallecidos ya. De los 6 vivos, 3 mujeres y 3 varones, le dieron 19 nietos y 3 bisnietos.

Armando Belivet Pino, oriundo de Alberdi, un tucumano idolatrado por varias generaciones de atletas, falleció el 19 de enero de 1980, en Villa Dominico, muy cerca de “su” pista del “Parque de los Derechos del Trabajador” como se llamaba en la década del ’50.

UN GRANDE DEL ATLETISMO LO RECUERDA ASÍ
Por Domingo Amaisón

Realmente me pone muy feliz ver que alguién se ha preocupado en rescatar la historia (y más en un libro) de este maravilloso ejemplo de persona que fue el “Negro” Armando Pino. El “negro” fue uno de mis mejores amigos y compañeros de andanzas en este  “trajín” del atletismo que nos toco vivir. Lo conocí en su Tucumán querido allá por el ‘52, cuando yo era un chiquilín cordobés que recién empezaba en el atletismo y me aventuré en llegarme al “Jardín de la República” para competir. En esa estadía también conocí a gente de bien del atletismo tucumano como la familia Balocco y un dirigente de apellido Cardozo. Estaba entrenando en el maravilloso Parque 9 de Julio y se me acercó a charlar Armando, justo él, que era un hombre de pocas palabras, y desde allí he tenido la fortuna de convivir con él, recorrer caminos, muchos de los cuales ya no existen, pero mi recuerdo por este querido “Negro” es enorme. Pino que ya vivía en Bs. As. había llegado a la provincia a representar sólo al Club de Comunicaciones, donde tenían un equipo que lo integraban Chacón, Ricardo Bralo, el “loco” Pereyra y Cazal.

Cuando muy joven yo llegué a vivir en la sede de Independiente de Avellaneda, me venía a buscar y salíamos a entrenar por las vías del ferrocarril o íbamos a Sarandi cerca de la casa de Delfo Cabrera. Él se dedicaba a las pruebas de calles, 10 mil metros o Maratón. Siempre iba a entrenar tarde y solo, sin entrenador. Se planificaba su propio entrenamiento y lo cumplía a rajatabla. “Habla poco, escuchaba mucho” justo a mí quehabló a borbotones, pobre. Corrimos juntos en Catamarca, una de las pruebas mas duras, con sus subidas y bajadas en el cerro.

Recuerdo que se consideraba a si mismo como un “cabecita negra” de lo que estaba muy orgulloso.

 “SUS SENTENCIAS CASI PROFÉTICAS”

Por Alfredo A. Aguirre *

Habíamos acudido a Junín, esa ciudad de la provincia de Buenos Aires, en una simbólica posta gigante desde la Capital Federal, organizada por el entusiasta periodista y promotor deportivo Adolfo Ortiz. Como parte del evento se montó un palco, donde el tucumano Armando Pino fue ubicado junto al campeón olímpico Juan Carlos Zabala, y al pintoresco Ezequiel  “Tapita e’Grafico” Bustamante. En un mismo plano se ubicaron dos grandes atletas locales Parchappe y Fuse.

Luego del acto y la cena en un caluroso enero de 1963, fuimos un bar y sentados en la vereda de una esquina, varios jóvenes escuchamos a “Pinocho” Pino, contarnos su historia deportiva con el hablar pausado y algo de tonada que aún le quedaba.

Nos quedó la imagen de sus entrenamientos por la actual Avenida Rocha de Bernal, por donde ya no pasa el tranvía. Sus disputadas pruebas de fondo con Suárez y Lemos.

Habiendo tenido yo la suerte de tener como maestro deportivo a Walter Lemos -persona dura si las hay a la hora de calificar- supimos mucho más de Pino, dado que Walter siempre habló bien de Armando y nos contaba, que el padre de Osvaldo Suárez, siempre les decía que si Armando se cuidase más, ellos dos le mirarían la espalda.

Como tucumanísimo que era (uno diría que era “un tucumano típico”) hablaba con decir pausado y cadencioso. Más de una vez escuchamos sus sentencias casi proféticas sobre el peligro de tomar vitamínicos para mejorar el rendimiento deportivo. Él sostenía que habrían el camino al dopaje: “Y lamentablemente su pronóstico se ha cumplido”.

En los últimos años, merced a nuestra común participación en la murga “Prisioneros del Delirio”, de la ciudad de Sarandí, en el conurbano bonaerense, hemos trabado amistad con su hija Liliana y sus nietos Cecilia y Gerardo, y a través de ellos con el resto de los descendientes de “Pinocho”. Este encuentro nos ha permitido intercambiar vivencias que cada uno desconocía de este singular figura del deporte argentino, tucumano por añadidura.

* Atleta, Lic. En Ciencias Políticas y uno de los máximos investigadores de la Cultura Nacional.

Fuente: Libro “100 Ídolos Tucumanos” de Víctor F. Lupo

Capítulo 17 – Página 91

Editorial Corregidor

Mayo de 2017

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El "Maestro" Juan José Pizzuti cumple 90 años

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Nacido en Barracas el 9 de mayo de 1927, además de multicampeón con Racing y la selección, primero como futbolista y luego como director técnico, tiene la condición humana de un "dandy", un señor honrado hasta en Barcelona.

 

20170510Pizzuti

 


Por José Luis Ponsico

 
El ex futbolista y técnico de Racing Club, Juan José Pizzuti, considerado el más exitoso de la historia del club de Avellaneda, nacido en Barracas el 9 de mayo del´27, está cumpliendo 90 años, rodeado de su familia, esposa, hijos, nietos y amigos de toda la vida.

Pizzuti se inició en las inferiores de Bánfield, club de la zona sur del gran Buenos Aires. Allí, lo inscribieron con 14 años de edad. Formó parte de una Tercera inolvidable donde se destacaba junto a Eliseo Víctor Mouriño, su gran amigo de siempre, capitán de Bánfield en la gran campaña del´51 y de la selección nacional en el´55.

Organizador nato, "Tito" Pizzuti alcanzó una dimensión no común entre los jugadores que con el número "8" se situaban en el "armado": organizar el juego y llegar al área, al punto de ser un goleador "inesperado" para las defensas rivales. Pizzuti convirtió oficialmente 186 goles. 

Pasó por River en el´51, integrando una delantera célebre: Vernazza, Pizzuti, Wálter Gómez, Labruna y Loustau. Preguntado alguna vez sobre cómo con ése ataque River no fue campeón, la respuesta lacónica del "Maestro" tuvo lógica: "A eficacia parecida adelante, Racing ganó porque tenía mejor defensa", dijo.

En el´55 llegó a Boca. Jugó un año y ocurrió algo parecido: Boca gran defensa, título en el´54, pero River mejor ataque. El certamen se lo llevó el "millonario" en arremetida final. Pizzuti en el´56 volvió a Racing. Del´57 al 61 la "Academia" alcanzó un récord: dos títulos, dos subcampeonatos y más de 250 goles en el ciclo.

Jugó 15 años en Primera -tuvo otro paso por Boca en el´62, equipo campeón- y cerró todo en Chacarita donde dirigió unos meses. En el´65 lo contrató Santiago Saccol como DT. de Racing. "Los jugadores llevaban tres meses sin cobrar y estábamos muy atrás. Penúltimo Argentinos Júniors y último, Platense", contó

 "(Roberto) Perfumo, "6", lo mandé bien atrás como "2"; (Alfio) Basile, "5" grandote, pesado; lo puse de "6" cerca del "Mariscal" apodo que llegó con el Mundial`66 de Inglaterra; Rubén Díaz, "6" luego lateral por izquierda, el "Panadero" hacía toda la
banda y llegaba al gol; Miguel Angel Mori, "5", fuerte, combativo", describió.

 "Perdimos solamente contra San Lorenzo que en ése tiempo le ganaba siempre a Racing; pero luego estuvimos 39 fechas sin perder entre 1965 y hasta la primavera del 66. Una sola derrota y ganamos limpiamente el torneo", se enorgulleció en diálogo con Télam.

Todo lo que siguió después es conocido. La hinchada de Racing para siempre coreó... "Y ya lo ve ... y ya lo ve...  es el Equipo de José" por Pizzuti y los futbolistas que completaron un grupo inolvidable: Juan Carlos Rulli, el "Bocha" (Humberto) Maschio,
Juan Carlos Cárdenas, el "Yaya" Juan José Rodríguez y Jaime Martinoli.

 Co fundador de la Mutual "Futbolistas Solidarios" con varios de su tiempo, Juan Carlos Guzmán, Silvio Marzolini, el propio Roberto Perfumo, Alberto Rendo, Juan Carlos Cárdenas, José Bernabé Leonardi, Daniel Onega, Raúl Emilio Bernao, Alberto Mario González, Juan Carlos Marenda, Mario Rodríguez, entre otras glorias, fue un "señor" adentro y afuera de la cancha. Hoy, "Presidente Honorario" de Racing Club en la gestión de Víctor Blanco.

Honrado hasta en Barcelona por una colonia argentina que instaló la Filial "Santiago Saccol" en el centro de Cataluña donde Pizzuti tiene radicado a su hijo mayor, médico. Otro orgullo del "Maestro".
 
Fuente: Tèlam
9 mayo 2017

http://www.telam.com.ar/notas/201705/188441-juan-jose-pizzuti-racing-campeon-del-mundo-dt-90-anos-jose-luis-ponsico.html

 

 

 

 

 

 
 
11 de abril de 1944 - Nacía Alberto Demiddi

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Demiddi

 

El remero argentino con más logros internacionales.

Nacido un 11 de abril de 1944 en la Capital Federal, Alberto Demiddi, hijo de Alberto, un italiano, que se vino rajando, antes de la fatídica Segunda Guerra Mundial, y de Sara Gabay, una rusa llegada al país cuando solo tenía 3 años de edad.

“A Papá le ofrecieron ser entrenador de natación en Newell´s Old Boys de Rosario cuando yo tenía 3 años y nos trasladamos hacía allá”, contaba el mejor remero de la historia argentina.

Desde muy chico practicaba waterpolo y natación, actividad donde logró ser campeón provincial en 400 metros libres y 5º en el ranking que encabezaba Luis Alberto Nicolao.

"Pero mi padre tuvo un altercado con la gente de Newell`s y se pasó al Club Regatas, cuyo presidente era Napoleón Sivieri, papá de Silvia, mi futura esposa. Yo asistía al colegio Dante Alighieri, y un día Napoleón le pregunto a mi padre ¿dónde está ese vago grandote que tiene buen físico para remar?”. Y así, por mi padre y mi futuro suegro, comencé a remar logrando ser campeón argentino, desde 1962 hasta 1972.

Ganó su primera regata en un ocho. Pero él quería ser singlista, pidiéndole al entrenador Mario Robert (técnico de Capozzo y Guerrero en los Juegos Olímpicos de 1952), quien aceptó inmediatamente.

Su ascenso fue rápido logrando los títulos en los torneos sudamericanos de 1964 (Laguna de Freitas – Brasil) 1965, 1968 y 1970, y el subcampeonato del mundo en Henley, Inglaterra, en1964.

Fue medalla de oro en los Juegos Panamericanos de Winnipeg, Canadá, 1967  y de Cali, Colombia, de 1971.

Entre sus grandes triunfos se computan los torneos europeos de 1969 en Klagenfurt, Austria y, de 1971 en Copenhague, Dinamarca, dejando atrás al alemán Gotz Draeger y al neocelandés Murray Paul Watkinson. Logró el título en el Campeonato Mundial de 1970, en Saint Catherine, Canadá, ganándole muy bien al ruso Yury Malishev.

Demiddi participó en tres Juegos Olímpicos, logrando el cuarto lugar en Tokio 1964; y siendo medalla de bronce en México 1968 y de plata en Munich 1972, donde el deporte argentino había depositado en él todas sus esperanzas para conseguir nuevamente una medalla dorada, después de 40 años sin lograrlo, ya que en ese entonces se la habían colgado, dos remerosCapozzo y Guerrero.

20170411Alberto Demiddi

Pero no pudo ser y aún todos los fanáticos del deporte estamos esperando ver en lo más alto del podio, a un atleta o equipo argentino.

Esta fue la peor frustración deportiva, porque me entrené a fondo para el oro”, declaraba Demiddi apenas finalizada la prueba.

El oro lo ganó el ruso Malishev por medio bote. Justo este remero que nunca le había podido ganar una competencia al argentino, en toda su carrera.

“Cuando el alemán oriental Gueldenpfenning se me acercó para saludarme y me dijó, tú debiste haber ganado, me dieron ganas de llorar...”, describía el remero argentino.

Eduardo Alperín, describió a Demiddi como “dueño de un carácter muy fuerte que se atrevió a desafiar con su fulminante mirada y cortante respuesta a la pregunta del General Roberto Levingston (presidente del país en la Dictadura Militar) a principios de los ’70, quien lo había interrogado por el largo de sus patillas. La contestación fue: ‘Mire que el General José de San Martín las usaba igual’...”.

Demiddi fue uno de los atletas que llegó a los máximos logros de un deportista amateur, trabajando solo, con su esfuerzo personal, sin ayuda de nadie.

Su relación con el entrenador era de gran respeto, nunca llegó a tutearlo, siempre lo trataba de Ud. “Con él no había termino medio: o ibas para adelante o te mandabas a mudar y llegabas a la conclusión de que el remo no era para vos”, cuenta el gran campeón, quien luego como entrenador en el Club Regatas La Marina, (1974 a 1999) en Buenos Aires, trataba a sus alumnos como Robert lo trataba a él.

Él como “un grande del deporte” que fue, luchó denodadamente junto a Noemí Simonetto (medalla de plata olímpica en el ’48) y Eduardo Guerrero (medalla de oro en el ’52), para conseguir la “Ley de Pensiones para los medallistas olímpicos”, sabiendo que no podía cobrarla al no llegar todavía a la edad limite y que exigía dicha norma para ser depositario.

A la temprana edad de 56 años falleció el 25 de octubre del 2000, tras luchar, más que en el agua y durante tres meses, contra un cáncer de estómago.

En el año 2007, la Dirección de Deportes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, le entregaba a su Sra. esposa el Premio Dignidad “Mary Terán de Weiss”, en la sede de la Legislatura porteña.

 

 

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” de Víctor F. Lupo

Capítulo LVII – Página 396 – Ed. Corregidor

11 Abril de 2017

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10/04/94 - Por un episodio de inseguridad fallecía: Reinaldo Gorno, un grande del atletismo

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12082015Reinaldo-Gorno-proeza-maraton

La Argentina había disfrutado de dos victorias en el atletismo olímpico, ambas en la misma prueba (maratón). Y curiosamente, ambas en una misma fecha: 7 de agosto. La primera llegó con Juan Carlos Zabala ("El Ñandú Criollo") en los Juegos de Los Ángeles, en 1932. Y la segunda, dieciseis años después con Delfo Cabrera. La gran jerarquía de los maratonistas argentinos habría de prolongarse a los Juegos siguientes, cuando el correntino Reynaldo Berto Gorno logró la medalla de plata en Helsinki, escoltando al fenómeno checo Emil Zatopek, conocido como "La locomotora humana".
Gorno, descendiente de italianos, era uno de los once hermanos de una familia del interior correntino. Nació el 18 de junio de 1918 en Yapeyú, la tierra del Libertador General San Martín. Pasó de adolescente por Entre Ríos antes de llegar a la ciudad de Buenos Aires, donde trabajó toda su vida y, simultáneamente, desplegó sus virtudes de corredor. Fue uno de los más destacados fondistas argentinos de la década del 40, con títulos nacionales y sudamericanos; pero era un tiempo dominado por otros, de una generación que había arrancado con Raúl Ibarra para terminar con la corona olímpica de Delfo Cabrera.
Gorno hizo su debut en los 42.195 metros al obtener la medalla de plata en los primeros Juegos Panamericanos, en Buenos Aires, sobre un circuito trazado sobre la avenida General Paz. Allí, en 1951, había escoltado a Delfo Cabrera, quien era un verdadero ídolo popular por su consagración en Londres. En marzo de 1952, durante el Campeonato Sudamericano de Buenos Aires, Cabrera volvió a dominar el gran fondo (en este caso, un medio maratón) delante de Gorno. Y ambos fueron seleccionados para representar a la Argentina en los Juegos Olímpicos de Helsinki.
El héroe de dichos Juegos fue el citado Zatopek, uno de los atletas más grandes de la historia. Después de ganar los 5.000 y 10 mil metros, el checo emprendía un intento que nadie (ni antes ni después) pudo conseguir en los Juegos: sumar el oro en el maratón para el gran triplete del fondo.
Zatopek lo consiguió, después de ir junto a los líderes hasta la mitad de la prueba. Dicen que allí se acercó al británico Peters, uno de los favoritos, y le susurró: "¿no vamos demasiado lentos?". Se alejó hacia el triunfo, nadie pudo seguirlo.
Gorno, con un planteo muy inteligente de carrera, fue remontando en el segundo tramo, en un bello circuito rodeado por los bosques y lagos de la capital finesa. Zatopek cruzó la meta en 2 horas, 23 minutos y 4 segundos, mientras Gorno logró la medalla de plata con su mejor marca personal hasta ese momento: 2 horas, 25 minutos y 35 segundos. El bronce fue para el sueco Gustaf Jansson con 2h26m07s.
Delfo Cabrera, pese a sufrir una lesión en la etapa preparatoria, compitió en alto nivel y consiguió su mejor marca personal para ocupar el sexto puesto: 2h26m43s.
Las imágenes de aquellos tramos finales, con las llegadas de Zatopek y Gorno principalmente, pueden observarse ahora por YouTube.
Esa actuación convirtió a Gorno en uno de los mejores especialistas del mundo y fue invitado a las grandes carreras de la época. Su coach Alejandro Stirling -el mismo que había conducido a Zabalita hasta el triunfo olímpico en 1932- guió los pasos de Gorno (y también del todavía muy joven Osvaldo Suárez) en esas campañas internacionales.
Radicados en Austria, Gorno ganó el maratón Dornbirn de Viena (1953), en una jornada muy fría y ventosa, en la que marcó 2h33m08s. Al año siguiente produjo otra actuación espectacular al dominar el maratón organizado por el diario Ashai Shimbun en Nakamura (Japón) donde su registro fue de 2h24m55s, récord sudamericano. Era la primera vez que dicho maratón estaba abierto a participantes extranjeros y se convertiría -trasladado a Fukuoka- en uno de los más relevantes del mundo: su lista de ganadores incluye a recordistas mundiales como Derek Clayton y Robert De Castella, y al último campeón olímpico Sammy Wanjiiru...
En el verano siguiente, Gorno obtuvo el maratón de Enschede (Holanda) con 2h26m33s, aventajando por un segundo a su compañero de entrenamientos, Osvaldo Suárez, quien debutaba en la distancia. También ese año Gorno quedó cuarto en el maratón de Boston con 2h20m58s (sobre una distancia inferior a la reglamentaria).
Pero fue el año de su despedida de la actividad atlética. Luego, dedicado a distintos trabajos, sobre todo en el sector de plomería, también asesoró, aconsejó y entrenó a fondistas de las generaciones siguientes. A comienzos de la década del 80, por una gestión de la firma Adidas, Emil Zatopek visitó el país y se produjo el emotivo reencuentro con Gorno.
Este, a principios de los 90, trabajaba como instructor deportivo en el Polideportivo de Quilmes, que hoy lleva su nombre. En un episodio de inseguridad -un grupo de delincuentes asaltó ese complejo- un tiro que le pegó a Gorno y, después de dos semanas internados, éste falleció en el Policlínico de Hurlingham. Fue el 10 de abril de 1994.
Quedaba el recuerdo del bravo correntino, de uno de nuestros más grandes corredores, el que heredó directamente la gloria de Zabala y Cabrera hasta el podio del maratón olímpico.

Fuente: Diario La Razón

20 abril 2012

http://www.larazon.com.ar/deportes/Heroes-argentinos-Reinaldo-Gorno-maraton_0_342900180.html

 

 

 

 

 

 
 
13 de marzo de 1934 nació: OSVALDO ROBERTO SUÁREZ

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Triple vencedor de la San Silvestre

 

O SUAREZ W LEMOS E ISIDORO FERRERE-1957-GEBA

En una hipotética discusión acerca de cuál ha sido el atleta más grande que hasta ahora ha dado el atletismo argentino, no puede faltar el nombre del “fondista de Wilde”Osvaldo Roberto Suárez. No es considerado el más grande debido a las circunstancias históricas que le tocó vivir, pero fue el sucesor natural de los medallistas olímpicos Juan Carlos Zabala, Delfo Cabrera y Reynaldo Gorno.

Su gran rival en la Argentina fue el notable atleta Walter Lemos.
Nació un 13 de marzo de 1934 en Wilde, provincia de Buenos Aires y siendo aún un chiquilín, con sólo 12 años, comenzó su carrera atlética en 1948, corriendo 8 Km. en una prueba organizada por “Indio Fútbol Club”.

Un 25 de mayo participé de una carrera para acompañar a unos amigos que corrían. Salí segundo a 50 metros del primero. Al ganador lo desafié a correr en 12 kilómetros por un asado y menos mal que le gané, porque si perdía no le podía pagar… En ese tiempo me ficharon para el club Esperanza, de Sarandí. Luego pasé al Estrella del Sur, en Wilde y tiempo después Reynaldo Gorno (medalla de plata en la Maratón de los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952) me llevó a Independiente. Trabajaba 12 horas en el lavadero de mi padre y luego partía a entrenar”, cuenta el mismo Osvaldo.

Su primera actuación destacada fue su cuarto puesto en los 1500 metros del Campeonato Sudamericano que se celebró en Buenos Aires en 1952 y ese mismo año corrió la legendaria Maratón de los Barrios que organizaba la revista “El Gráfico”. Al año siguiente, representando al club Velocidad y Resistencia, se impuso en la prueba, éxito que repitió en 19581960 y 1962 (ya en esta época la revista dejaba correr nuevamente a los ganadores, cosa que no ocurrió durante los primeros años).

En la del año 62 superó al argelino Hamoud Ameur, al cual no lo podía vencer desde varias pruebas anteriores. “El argelino corría y miraba para atrás, siempre a su derecha. Cuando llegó el momento de rematar la carrera, que era mi especialidad, levanté la velocidad por la izquierda de su cuerpo y ni me vio pasar. Nos encontramos en la llegada. No entendía nada,” recuerda con mucha picardía Suárez.
El comienzo de su rutilante trayectoria internacional lo marcaron los Juegos Panamericanos de México, en marzo de 1955, donde se impuso en los 5.000 metros con un tiempo de 15’ 30” 6/10 y los 10.000 metros con 32’ 42” 6/10, siendo una de las figuras del atletismo continental de este torneo.
Ese mismo año haría puesta con Reynaldo Gorno en la Maratón de Einschede, Holanda. Todo indicaba que al año siguiente seria uno de los medallistas en los Juegos Olímpicos de Melbourne 1956, pero fue otro de que no le permitieron viajar por haber recibido premios.

 

con Elvira Sanchez y O. Suarez

Después de finalizados los Juegos, le levantaron la suspensión.

Antes y después batió los récords argentinos y sudamericanos que pertenecían a Raúl Ibarra.

“De los Juegos de Melbourne me sacaron los dirigentes y los militares que decidieron investigarme. Se les ocurrió que estaba acomodado y por más que les explicara que nadie era capaz de dejarme ganar en los Panamericanos y que mis tiempos eran de los mejores en el mundo, me dejaron afuera de la delegación antes de subir al avión. Siendo peronista de corazón, jamás me había involucrado en la política. Lo mío fue y es el deporte. Antes, entrenar y correr; después entrenar a otros, enseñar, ayudar, alentar a los atletas. Con gran pena recuerdo que en Independiente tuve entre mis discípulos a Miguel Sánchez, el atleta tucumano desaparecido en la época de los militares, el 8 de enero de 1978, día en que llegó al país luego de correr la San Silvestre, carrera donde participó por recomendación mía”, repite siempre con nostalgia el “fondista de Wilde”, por “aquella medalla de oro” que habría podido conseguir y por “aquel hijo atleta” que algunos asesinos se lo llevaron.

Osvaldo Roberto Suárez, en la famosa corrida brasileña de San Silvestre, largada según tradición entre la medianoche del 31 de diciembre de 1957 y los primeros minutos del año nuevo, el 1º de enero de 1958, iniciaría su triple victoria consecutiva, venciendo en los 7.400 metros con un tiempo de 21’40” 04/10, nada más y nada menos que a quien había sido el ganador de dos medallas doradas en Melbourne ‘56: el ruso Vladimir Kutz.

Y además lo volvió a vencer, en el torneo de pista de Pacaembú, que solía hacerse después de la San Silvestre. Ese mismo año ganaría las dos medallas doradas en las pruebas de 5.000 y 10.000 metros del Sudamericano de Montevideo, ambas con récord y los 15 Km. y la Media Maratón (como ya lo había hecho en Chile 1956).

El Círculo de Periodistas Deportivos lo premió como el deportista de 1958, entregándole el Olimpia de Oro, siendo el primero del Atletismo en conseguirlo.

Al año siguiente repetiría la perfomance de México 1955 en los Juegos Panamericanos de Chicago 1959, ganando la medalla de oro en los 10.000 metros con un tiempo de 30’ 17” 2/10 y la de plata en 5.000 con 14’ 28” 6/10, a 2 décimas del ganador, el estadounidense William Dellinger. También ganó San Silvestre con un tiempo de 21’ 55” 3/10 y, acompañado por Luis Sandobal (7º) y Alberto Ríos (11º), gana la prueba por equipos.

Luego de conseguir por tercera vez la San Silvestre, con un tiempo de 22’ 02” 1/10 venciendo al canadiense Douglas Kyle en los últimos mil metros, partió con gran esperanza hacía Los Juegos Olímpicos de Roma1960, a participar de la Maratón Olímpica. Pretendía repetir los éxitos de Zabala, Cabrera y Gorno, pero sólo logró el noveno puesto de la Maratón, dominada por el gran Abebe Bikila, el inolvidable atleta etíope que corrió descalzo.

El mismo Osvaldo Suárez contó en 2001, en el programa televisivo “La Otra Mirada”, su participación en Roma de la siguiente manera: “A los 30 Km. de recorrido iba segundo detrás de Bikila. Hacía mucho calor y los médicos de la delegación del Comité Olímpico Argentino me habían indicado que no debía beber durante la carrera. Pero veía que los otros corredores bebían en cada puesto. Me fui deshidratando y entonces en un puesto de agua desobedecí la orden y me paré a tomar desesperadamente unos dos litros. Este desenfreno me hizo sentir mal. Sentí unas puntadas terribles. Corría un poco y caminaba otro poco. Hasta que me reanimé y empecé a pasar a muchos que por mi malestar me habían superado. Llegué noveno con un tiempo de 2 horas 21 minutos. Desgraciadamente habíamos quedado muy atrasados en lo que respeta a la medicina deportiva en el país. Hoy los atletas beben antes de la largada y cada 5 Km.”

Esto que vivió Osvaldo Suárez, con respecto a la medicina deportiva, era otra de las consecuencias de lo que en este libro llamamos el “Genocidio Deportivo”, desatado en 1955 y consumado especialmente en1956.

Suárez contrajo matrimonio el 30 de diciembre de 1960 con Ema Durán (con quien tienen dos hijos, Roberto Guillermo y María Teresa) y, enseguida ganaría tres medallas doradas en los Juegos Iberoamericanos de Santiago de Chile, en 5.000, 10.000 y Maratón.
En el sudamericano de Cali, Colombia, de 1963, volvería a ganar dos medallas doradas, logro repetido en los Juegos Iberoamericanos que se realizaron en Madrid, España, al volver a imponerse en los 5.000 y los 10.000 metros, logrando el tercer puesto en los 1.500.

En esta ocasión y acompañado del declatonista Héctor González, se entrevistó con el general Perón, exiliado en la capital española. Le regalaron las medallas obtenidas "por lo que había hecho por el país y por el deporte argentino". El general agradeció el gesto, pero les pidió que las llevaran a la Argentina, porque de lo contrario tendrían problemas al regresar. Curiosamente al año siguiente ambos fueron despedidos de sus trabajos.

Según cuentan algunos viejos dirigentes del peronismo, Osvaldo Suárez fue uno de los mejores mensajeros entre Perón y el Comando Superior de su Movimiento en la Argentina durante la resistencia. ”Era un hombre muy querido, respetado por toda la sociedad por su humildad. Nunca tenía un gesto de soberbia pese a ser un deportista admirado”, cuenta uno de los veteranos dirigentes, orgullosos de la llamada “resistencia peronista”.

En 1963 en los Juegos Panamericanos de San Pablo (Brasil) ganó la medalla de oro en los 5.000 metros con un tiempo de 14’ 25”” 8/10, aventajando por más de 2 minutos al norteamericano Bob Schuel (campeón olímpico en Tokio ’64) y la de plata en los de 10.000 metros con un tiempo de 30’ 26”07 detrás de Peter McArdle (EE.UU.).

De esta manera, Suárez se convirtió en el atleta que más medallas consiguió en los Juegos Panamericanos con 4 de oro y dos de plata en su carrera. En los Panamericanos de Winnipeg, Canadá, 1967, logró el quinto puesto en los 5.000 metros. Este mismo año obtuvo la medalla de oro en los 10.000 metros del Campeonato Sudamericano de Buenos Aires, imponiéndose al colombiano Víctor Mora.

Participó en pruebas atléticas hasta mediados de 1973 con 25 años en la actividad y destacadas performances. Osvaldo ganó innumerables carreras pedestres y torneos de pista tanto en el país como en Sudamérica y en sus giras europeas. El entrenador que lo orientó en sus momentos rutilantes fue el austriaco Alejandro Stirling, el mismo que había dirigido a Juan Carlos Zabala y a Reynaldo Gorno.

Aún hoy, como en su juventud, se lo puede encontrar en la pista de Villa Domínico (donde trabaja desde hace 41 años), dando sabios consejos a los nuevos atletas. También fue director de Deportes de la Municipalidad de Avellaneda, en la provincia de Buenos Aires, y trabajó durante muchos años junto a Domingo Amaisón, otro gran atleta, en la pista de atletismo del Centro Municipal de Educación Física (CEMEF), de San Martín (provincia de Buenos Aires), construido durante el tercer gobierno justicialista (1975) sobre los terrenos de los tristemente conocidos “basurales de José León Suárez”, donde en 1956 habían sido fusilados militantes peronistas que acompañaban al general Juan José Valle, en su intentona de restablecer un gobierno constitucional.

En 1988 Osvaldo Suárez fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Avellaneda, por el intendente Sagol. En 1991, “Ciudadano Ilustre de la provincia de Buenos Aires” por el gobernador Cafiero. Desde hace unos años una Agrupación atlética, lleva su nombre. También fue honrado por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. En 1999 recibió el premio “Delfo Cabrera”, de la Comisión de Deportes del Honorable Senado de la Nación, pero en diciembre de ese mismo año, no se le renovó el contrato que tenía con la Secretaría de Deportes de la Nación, como “maestros del deporte”, para dictar clínicas en las provincias junto a otros deportistas como Nora Vega y Pablo Zarnicki.

Otra injusticia más para este verdadero maestro de la humildad.

 

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” (1610-2002) de Víctor Lupo - Capítulo XLVIII - Editorial Corregidor (2004)

13 Marzo de 2017

 
 

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