Deportistas en el Recuerdo
El adiós a Osvaldo Suárez, el último maratonista de una época inolvidable

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El triple campeón de la San Silvestre y cuatro veces ganador de los Juegos Panamericanos falleció anteayer, a los 83 años Crédito: Gentileza Víctor Lupo

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Se tomaba el colectivo desde Avellaneda a los 80 años, y no importaba si castigara el frío, lloviera o el calor del sol retumbara las cabezas de los corredores en la pista del Cenard, Don Osvaldo Suárez llegaba y se encontraba con ese grupo de chicos, adolescentes o adultos que quisieran iniciarse en el atletismo. El atleta que fue dueño de la tradicional carrera San Silvestre en su época de oro, cuando la ganó consecutivamente en 1958, 1959 y 1960, el deportista que la Revolución Libertadora decidió dejar afuera de los Juegos de Melbourne 56, a pesar de que sus marcas eran los mejores del planeta en maratón- dos minutos por debajo del checo Emil Zatopec- , el hombre que recogió el legado de Juan Carlos Zabala, Delfo Cabrera y Reinaldo Gorno, el corredor que ganó cuatro medallas de oro en los Juegos Panamericanos no abandonaba su afán de seguir enseñando. Como lo hizo con Miguel Sánchez, el atleta desaparecido durante la última dictadura cívico- militar de 1976. "Osvaldo tiene que ver con la historia del deporte argentino y con la historia del país", afirma el periodista Guillermo Blanco en diálogo con LA NACION, quien lo recuerda como un tipo "simple, muy de pueblo".

Otro periodista e historiador del deporte, Víctor Lupo, que escribió sobre él en "Historia política del deporte argentino" no duda en afirmarlo: "Creo que fue el mejor atleta que tuvo la Argentina. Por los títulos, por lo que sufrió y por la época en la que corría. Lo superaba todo. Era una cosa muy difícil que se llegara a la fama que él tenía y mantuviera la humildad como lo hizo".

"Era un buen tipo. Nunca hablaba de más. Fue un sufrimiento muy grande para él lo del 56. Y cuando fue a los Juegos de Roma, no sólo aparecieron los africanos, sino que habíamos quedado muy lejos de todo. Los argentinos comían carne cuando todos los demás comían pastas. El médico le había dicho que no tenía que tomar agua, por ejemplo. Llegó deshidratado a los 25km, y ahí tomó agua, y después terminó noveno. Y durante 17 años fue récord argentino. Fue muy grande. Es un gran dolor", lo lamenta Lupo.

Alberto "Beto" Rodríguez, referente histórico del atletismo paralímpico argentino y vicepresidente del Comité Paralímpico Argentina (COPAR), compartió espacio de entrenamiento con Don Osvaldo, y aún más importante, recibió sus consejos para correr la carrera San Silvestre, que se llevaba a cabo en la medianoche del año nuevo. Nueve veces ganó Rodríguez en San Pablo y todavía atesora como si fuese oro esas charlas con el maestro. "Era gente humilde. El tenía un perfil muy lindo, un perfil bajo. Era recontra respetuoso. Una persona que adoro muchísimo. Totalmente desinteresado. Además, era un superdotado como atleta", lo elogia Beto. Y recuerda un gesto que jamás olvidará: "El tenía un local en la calle Curapaligüe y en los 80 siempre me conseguía ropa de Adidas cuando a mí no me conocía nadie".

Guillermo Blanco rememora las extensas charlas que tenía con Don Osvaldo, que luego continuaron por teléfono. Dice: "Tengo una imagen. Cuando él dejó de ir al Cenard y yo le decía: «Osvaldo, el banco lo está esperando». Al lado de la pista había un banco de plaza blanco, bajo un árbol, y él trabajaba desde ahí. Y ahora ese banco está solo".

Fuente: La Nación

18 febrero de 2018

https://www.lanacion.com.ar/2110169-el-adios-a-osvaldo-suarez-el-ultimo-maratonista-de-una-epoca-inolvidable


 
Murió Jorge Fernández, uno de los mejores welter de la historia

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20180220Jorge Fernandez

Jorge Fernández reinó como campeón argentino superwelter; argentino y sudamericano mediano, y campeón español mediano

El porteño Jorge Fernández, considerado como uno de los tres mejores pesos welter (66.678 kg), de la historia del boxeo nacional, falleció el jueves 15 del corriente, a la edad de 82 años, en Capital Federal, por causas naturales.

Una de las polémicas más atractivas, que asfixiaba las intensas tardes de entrenamiento en el gimnasio Luna Park, estaba dada en el criterio de los auténticos expertos de boxeo, que por ahí pasaban, al debatir sobre quien había sido el medio-mediano más importante del país. Sabio como pocos, Pepe Cardona, historiador pionero de nuestro pugilismo, no resignaba su apoyo al rosarino Amelio Piceda, titular en la década del ´40 y vencedor de Eduardo Lausse. Opiniones calificadas como las de Jaime Rodriguez, Manuel Hermida y Victor Arnoten no admitían ningún otro candidato; sólo Luis Federico Thompson, el panameño nacionalizado que "enamoró" a los argentinos en las décadas del 50 y 60. Este era el hombre en cuestión. Sin embargo, para todas las generaciones de críticos versados, la irrupción de Jorge Fernandez, a fines de los ´50, revolucionó esta categoría por su forma de combatir.

"No hubo peleador como Jorge Fernández; fue el clásico "fighter" americano en rings argentinos. Vi a todos, desde los 50 a hasta el siglo XXI, y Jorge fue el mejor". Esta era la permanente afirmación de Julio Ernesto Vila, estadístico indiscutido y fallecido en 2013.

La nueva camada de este peso, liderada por Marcos " Chino" Maidana, Carlos Baldomir y Lucas Matthysse, entraría en fascinantes juegos comparativos con su pasado, para valorar méritos, logros y valía.

Conocido como: "El torito de Pompeya", había nacido el 28 de septiembre de 1935. Combatió entre 1953 y 1973. Fue campeón argentino de los medianos jr y se convirtió en uno de las más encarnizados rivales del norteamericano Emile Griffith, con quién perdió por puntos en fallos localistas, dos veces, en 1960 y luego cayó por KOT en el noveno round ante el mismo Griffith, estando en juego el mundial welter, en 1962 en Las Vegas, al recibir un artero golpe bajo.

Fue un clásico fondista del boxeo de la Cabalgata Deportiva Gillette, en los viernes del Madison Square Garden y el St. Nicholas Arena, de Nueva York. Allí, batió a Isaac Logart, Ted Wright y Denny Moyer, entre otros. Añorados serán sus sábados de Luna Park, su ida y vuelta, ganando y perdiendo con Martiano Pereyra, su clásico con Luis Federico Thompson y sus dos derrotas con Carlos Monzón, en 1966 y 1967. Tuvo a Alfredo y Tino Porzio, en el rincón.

Se acogió a un exilio, pugilístico y político, en España, junto a Goyo Peralta y Carlos Capella, bajo la protección de Juan Domingo Perón, y allí cerró su carrera excepcional de 126 cotejos, con 113 victorias (81 K.O), 10 derrotas y 3 empates.

Dedicó sus últimos años a la formación del sindicato para sus colegas: "Boxeadores Argentinos Agremiados", que jamás pudo imponerse en la esfera local. Quizás, haya sido su única frustración en esta actividad, en la que siempre brilló ante los mejores oponentes del mundo.

Por: Osvaldo Principi

Fuente: La Nación

18 febrero de 2018

https://www.lanacion.com.ar/2110131-murio-jorge-fernandez-uno-de-los-mejores-welter-de-la-historia

 

 

 

 

 

 
 
16 de enero del 2003: Recuerdo de Jeannette Morven Campbell

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La deportista argentina ganadora de medalla olímpica en Berlín 1936

 

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Jeannette Morven Campbell, nació en Saint Jean de Luz, un pueblo de la región de Bayona, Francia, el 8 de marzo de 1916, debido aquela Primera Guerra Mundial había sorprendido a sus padres de paseo en Europa.

Esta hija de un escocés llamado John, dueño de campos en la ciudad de Bahía Blanca, llegó a vivir definitivamente en nuestro país a los dos años de edad. De parte de su madre, era nieta de Mary Gorman, una de las primeras maestras que el entonces presidente de la Nación, Domingo Faustino Sarmiento, inmigró desde Norteamérica, a fines del siglo XIX, para mejorar el nivel de la educación de nuestro país.

Morven (que significa montaña) aprendió a nadar a los seis en el Belgrano Athletic Club, la institución a la que concurrió toda su vida.

Antes de empezar a competir en pruebas de natación, jugó hóckey sobre césped en los planteles de Belgrano. Pero a las hermanas Campbell (Dorothy, Kathleen y Jeannette) la inclinación por la pileta pudo más formándose así una familia de nadadores. Su hermana mayor, Dorothy (campeona argentina, en 100 metros libres, con una marca de 1.33.2), logró ganar campeonatos nacionales con varios récords sudamericanos. Este mismo deporte practicaba quien luego sería su esposo, Roberto Peper, quien en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1932 logró un récord argentino y una marca sudamericana en estilo espalda. Luego también su hija sería representante olímpica.

Campbell, con sólo 13 años en 1928, debuta ganando en la categoría de menores. Luego, junto a su hermana Dorotea, da la sorpresa ganándole a la posta del club Atlético San Isidro, una de las mejores instituciones de la natación argentina de esa época.

“Nosotras nos formamos solas como nadadoras, ya que el club, por la política amateur que tenía, se negaba a contratar entrenadores para esta disciplina. Por otra parte, nadábamos solamente durante los meses de verano, pues el club no tenía pileta cubierta”, señalaba siempre la gran campeona, recordando sus comienzos.

Pero la “rubia chiquilina” ya el 10 de marzo de 1932 ganó su primer título argentino en 100 metros con récord sudamericano, en un tiempo de 1’ 18” 6. Por estos tiempos sus oponentes eran Alicia Laviaguerre, Elena Tuculet, Margarita Talamona, Inés y Cecilia Mílberg y Dora Rhodius. En 1933 tiene su primera derrota (sólo tres en toda su campaña) frente a Laviaguerre en 100 metros durante el campeonato argentino. En 1934 y 1935 gana nuevamente los torneos argentinos.

 

20160214Campbell

 

En 1935 (la primera vez que se permitía participar a las mujeres en estos torneos) se transforma en la figura estelar del Sudamericano de Río de Janeiro, Brasil, con récords en los 100 metros libres en 1’ 09” y en los 400 metros con un tiempo de 5’ 47”, ganando además en la posta femenina, con Mílberg, Fricky y Laviaaguerre. Otra argentina con buena actuación en este torneo, es la representante rosarina, Marjorie Kathleen Seaton, que consigue el segundo puesto en los 100 metros pecho (madre de Verónica Alfonso, una de las mejores jugadoras de la historia del hóckey sobre césped femenino).

Ese mismo año, pensando ya en los próximos Juegos Olímpicos, adopta la nacionalidad argentina y comienza a trabajar como secretaría administrativa en el Frigorífico Swift.

El 9 de junio de 1936, día histórico para las mujeres deportistas argentinas, se embarca en el “Cap Ancona”, con un doble sentimiento, de alegría y pena. Alegría por ser la única mujer integrante de la delegación olímpica argentina a los Juegos de Berlín (Alemania). Pena porque, Roberto Peper (su novio), quien estaba clasificado en natación para concurrir a estos Juegos, no pudo hacerlo por falta de fondos para enviar una delegación más grande.

La travesía del viaje duró 21 días y Jeannette, a la que le hacían el honor de permitirle comer en la misma mesa con los varones, cuenta: “nunca me aburrí tanto en la vida. Eran 50 hombres, muchos mayores que yo, y hablaban de sus cosas, que a mí no me interesaban en absoluto. Me la pasaba todo el día practicando en una pequeña piscina del barco con mi entrenador, Juan Carlos Borrás, quien compró un gomón al cual me ataba y en una pileta de dos metros de largo; mientras yo braceaba el gomón me tiraba para atrás”.

Ya en Berlín, el 1º de agosto con una gran fiesta muy militar que luego se proyectara en todos los cines del mundo, dieron comienzo los Juegos Olímpicos en el estadio olímpico que tenía capacidad para ciento diez mil espectadores. Nunca se había visto algo igual, el público se puso de pie y al mismo tiempo gritaba « ¡HEIL HITLER!», con el brazo en alto mientras el Führer hacía su entrada al estadio, simultáneamente, las juventudes hitlerianas también saludaban al dictador. “Jamás se me borrará el recuerdo de esta inauguración, a pesar de lo poco que tuvo que ver con el deporte y me sentí orgullosa de desfilar detrás de mi bandera (única mujer) y delante del equipo masculino”. Se soltaron 10.000 palomas, mientras que el dirigible Hindenburg se deslizaba sobre el estadio y al compás de la marcha de homenaje, compuesta por Richard Strauss, se puso en movimiento el imponente desfile de las delegaciones, algunas como Francia, saludaron al dictador con el brazo extendido siendo ovacionada por el público, mientras que Estados Unidos e Inglaterra, al pasar frente al palco miraron hacia otro lado.

El día 8 de agosto, Jeannette debutó en la tercera serie eliminatoria, enfrentando a la campeona alemana Gisela Arendt, a la cual superó con una marca de 1.06.8, récord argentino y sudamericano

El día 9, en la pileta de Reichsportfeld, durante las semifinales, la bella nadadora argentina logra vencer a la favorita, la holandesa Willy Den Ouden, que dos meses antes había conseguido el récord del mundo en la especialidad.

Al día siguiente, Jeannette pese a una mala largada, enseguida estuvó adelante, pero no pudo aguantar el final de  la holandesa Rita Maestenbroek, dirigida por Frau Braun, que logra conseguir el récord olímpico con un tiempo de 1’ 05” 09/100. Así Campbell consiguió el segundo lugar en los 100 metros libres con un tiempo de 1’ 06” 4/100 (récord sudamericano que recién fue quebrado 28 años después) y de este modo logra la primera medalla de plata olímpica femenina para nuestro país.

 

20160214Jeanette-Campbell

 

A sólo cuatro días del logro olímpico, la argentina tendría otra alegría cuando los periodistas del mundo acreditados en Berlín, la consagraron por votación unánime, como “reina de la belleza de los Juegos”, entregándole un plato con los aros olímpicos y con la siguiente inscripción: “A la reina de la belleza, Berlín 1936”.

Jeannette siempre recordaba de aquellos polémicos Juegos: “Cuando a la Villa Olímpica llegaba Hitler, la gente corría para verlo y nosotros también. Éramos muy jóvenes y por suerte no entendíamos nada de política”.

También quedó en su memoria que Goering, jefe de las Luftwaffe (Fuerza Aérea) se acercó a la pileta y la quiso saludar: “En inglés me preguntó de dónde venía, yo le contesté que de Argentina”, a lo que él contestó “¡Uhhh, que lejos estás de casa!”.

La gran estrella de estos Juegos fue el atleta estadounidense negro, Josse Owens, ganador de cuatro medallas de oro y que Adolf Hitler rehusó reconocer las hazañas del atleta negándose a entregarle las medallas, retirándose del estadio.

Campbell, brilló luego en los Juegos Sudamericanos de 1936 en Lima, Perú, y en el año 1939 en Guayaquil, Ecuador, se despide de los Campeonatos Sudamericanos, ganando 100, 200 y 400 libre y una posta que fue inolvidable formada por Frick, Tisserandet, Mitchell y Campbell. En nuestro país corre su último Campeonato Argentino en marzo de 1939, en la pileta de 25 metros de la Asociación de Comercio e Industria, ganado los 100, 200 y 400 libre, despidiéndose con un triplete inolvidable.

Cuando la subcampeona olímpica se estaba preparando para la revancha en los Juegos Olímpicos de 1940, estalló la Segunda Guerra Mundial y éstos se suspendieron. Entonces decidió casarse en 1941, con el amor de toda su vida, Roberto Peper, abandonando la actividad como invicta en Sudamérica en los 100 y 200 metros libres.

Durante su carrera deportiva logró 12 títulos sudamericanos, 13 argentinos y sumó 12 marcas continentales, siete de ellas en los Torneos Sudamericanos a los que concurrió y más de 20 nacionales.

Tuvo tres hijos, Inés, Roberto y Susana. Susana Peper fue su digna sucesora en la natación, quien consigue el récord sudamericano (100 metros estilo pecho) en 1960, a los 13 años de edad. Consiguiendo así un hecho histórico: Madre e hija tenían récords al mismo tiempo. Susana Peper, fue la mejor nadadora argentina en la década del ’60, cuandoen varones brillaba Luis A. Nicolao considerado el mejor nadador argentino de todos los tiempos.

El Comité Olímpico Argentino (COA), en homenaje, por su frustración de no participar en los Juegos de 1940, (suspendidos por la Guerra Mundial) la designó a Jeannette Morven Campbell como abanderada de la delegación argentina a los Juegos Olímpicos de Tokio (Japón) 1964, en los que su hija Susana participó como nadadora.

Jeannette siempre siguió junto a su marido, quien era representante argentino en el Comité Olímpico Internacional (COI), muy ligada a la familia olímpica.

Entre cientos de homenajes que recibió durante su larga vida, el Senado de la Nación le hizo entrega en el año 2000 el premio “Delfo Cabrera”, por su brillante carrera deportiva. Premio instaurado en 1999, por el senador nacional del Chaco, Hugo Sager. Además la pileta olímpica del CENARD lleva su nombre.

Esta gloria del deporte argentino, que es una de los nadadores incluidos en el Salón de la Fama de este deporte (1991), falleció en su casa de Belgrano, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, el jueves 16 de enero del 2003, a los 86 años.

Fuente: Libro Historia Política del Deporte Argentino (1610 – 2002)

Víctor F. Lupo

Capítulo XVI - Pág. 161

Enero 2016.


 

 

 

 

 
 
1978 – 8 de Enero – 2018. A 40 años del secuestro de Miguel Benancio Sánchez / El Atleta Poeta – Emblema de la Memoria, Verdad y Justicia

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(Del Libro “100 Ídolos Tucumanos”)

“El atleta tucumano desaparecido Miguel Sánchez junto a la tenista rosarina Mary Terán de Weiss son hoy íconos de la lucha por la Memoria, Verdad y Justicia en el ámbito deportivo de nuestro país”reflexiona la senadora nacional chaqueña e integrante del Movimiento Social del Deporte (MSD) María Inés Pilatti Vergara, autora del proyecto que se convirtió en LEY el 17 de setiembre del 2014, donde se recuerda el 8 de enero como “Día Nacional de la Memoria en el Deporte” en honor al atleta tucumano desaparecido.

Miguel Benancio Sánchez, nació un 6 de Noviembre de 1952, en la calle principal del "Barrio Las Moras" de la ciudad de Bella Vista, Departamento Leales. La calle es ancha y en sus veredas frente a cada casa y de ambos lados, aún se conservan, esbeltas, muchas de esas moreras plantadas a principios del siglo pasado, de allí la denominación del barrio.

Esta Ciudad que nació con el nombre de Los Tres Vajos, tomó el actual, cuando se instaló el ingenio azucarero Bella Vista, la principal fuente de trabajo de sus pobladores. Allí nacieron dos Gobernadores de la Democracia, los peronistas Fernando Pedro Riera y Amado Juri. Es la ciudad cabecera del Departamento Leales ubicada en la zona llana de la provincia cercana al río Colorado. Esta zona es una llanura fértil apta para numerosos cultivos, aunque predomina el de la caña de azúcar.

Las casas del barrio fueron construidas por el ingenio para sus empleados. Como Arturo Benancio, su padre, trabajaba en el Área de Mantenimiento Eléctrico de la planta fabril recibió una. Aún hoy muchas de estas casas conservan su estilo original, entre ellas la que nació Miguel. Don Arturo Benancio Sánchez casado con Cecilia del Carmen Santillán tuvieron diez hijos allí. Mónica, la mayor, Arturo Bíterman (actualmente vive en Berazategui), Olga Nelly, Luis Horacio, Clara Estela, Elvira del Carmen (vive en la casa dónde fue secuestrado en Villa España, Berazategui), Héctor Carlos (vive en la casa paterna, actualmente la calle se llama 9 de Julio y la casa tiene el número 103), Ramón Roberto (vive en Bs. As.), Antonio Eduardo (vive en la ciudad de Tucumán) y Miguel Benancio.

 

20180110gg2 Miguel corriendo

 

Miguel, en su niñez, cursó sus estudios primarios en la Escuela del Ingenio “Presidente Roque Sáenz Peña” y de aquellos años, todavía algunos compañeros recuerdan cuando con la pelota ya mostraba sus habilidades.

Jugaba al fútbol en un equipo formado por un señor de apellido Gallardo, quién preparaba a los chicos, a raíz de esto, le llamaban el Club Gallardo.

Durante su paso por el Colegio San José dónde cursó sus estudios secundarios, le tocó participar en las primeras situaciones de conflicto que comenzaba a vivir la provincia.

El cierre de Ingenios Tucumanos, ordenado por el Ministro de Economía Adalbert Krigger Vassena (1966/69), dio inicio a una larga lucha por mantenerlos funcionando. La FOTIA (el sindicato de trabajadores del azúcar) encabezado por su secretario general, Atilio Santillán organizó entonces un Plan de Lucha Azucarera Nacional, que contemplaba la organización de ollas populares y concentraciones en las distintas ciudades de la provincia.

Los alumnos del Colegio San José, entre ellos Miguel, junto a sus padres y con el Director Padre Francisco Albornoz a la cabeza, acompañaron la lucha para que no se cierre el ingenio Bella Vista, como ya lo habían realizado con otros. (La Dictadura militar dirigida por el General Juan Carlos Onganía ya había cerrado 5 ingenios y luego llegó a los 14, produciendo un éxodo de la población rural dedicada a la producción de caña de azúcar, se calcula que casi 300.000 tucumanos (casi un tercio de la población) abandonaron su suelo natal). Hilda Guerrero, esposa de un desocupado del Ingenio Santa Lucía y madre de cuatro hijos, era una de las mujeres que organizaban las ollas populares.

El 12 de enero de 1967 la FOTIA convoca a todos los afiliados a concentrarse en el ingenio Bella Vista y aunque la policía corta todas las rutas provinciales, los obreros de los ingenios de San Pablo, San José, Amalia y Santa Lucía acompañados de sus mujeres e hijos llegan caminando por entre los cañaverales de la provincia para realizar la protesta.

Poco antes de las 17, hora en que debía iniciarse el mitin, la policía detuvo a varias personas como gesto intimidatorio. Minutos después comenzó una violenta refriega. Intervino la Guardia de Infantería y los activistas del sindicato del ingenio San José lanzaron bombas incendiarias contra ellos. La policía disparó, entonces, contra la multitud integrada en su mayoría por mujeres y niños. En el desbande quedó el cuerpo muerto de Hilda Guerrero de Molina. Este acontecimiento marcó a fuego a toda una generación que luego intensificó su lucha por el regreso definitivo a la Patria del General Perón, hecho ocurrido el 17 de noviembre de 1972. El joven Miguel Benancio Sánchez fue uno de ellos.

 

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Cuando terminó sus estudios secundarios, Miguel trabajó junto a su hermano Antonio Eduardo en un negocio ubicado adentro del Mercado del Norte en la Capital tucumana, que se llamaba "Granjera Tucumana" y jugaba con sus compañeros a ver quién de ellos atendía mejor a los clientes. “Tomaron tan en serio esta competencia, que una vez, para que dejen de discutir entre sus compañeros, durante un asado que se hacía después de trabajar, otro de los muchachos consiguió un par de guantes de boxeo con los que hicieron un round para dirimir las diferencias. Pero siempre con la sana intención de competir”, nos cuenta su primo Félix Carrizo, quien participa junto a su familia en todas las carreras que se realizan en Tucumán en homenaje a Miguel.

SUS AÑOS EN BUENOS AIRES

Decidió ir a vivir en Buenos Aires, como tantos otros comprovincianos,  emprender ese camino para poder cambiar su destino. Vivía con su madre y su hermana Elvira en la calle San Martín 176 de Villa España, partido de Berazategui.

Entró a trabajar como empleado de maestranza en el Banco Provincia de Buenos Aires en la Capital Federal y luego de un fugaz paso por las divisiones inferiores en el fútbol del Club Gimnasia y Esgrima de La Plata, se dedicó de lleno a correr carreras de calle. Allí se federó para el club Independiente bajo las órdenes del gran “Maestro” Osvaldo Suárez.

“El atletismo le daba vueltas por la cabeza todo el tiempo, era su locura, se cuidaba mucho con las comidas y devoraba miel y verduras con el mismo entusiasmo con el que expulsaba las frituras de su dieta. No fumaba y tampoco le gustaba que el olor del tabaco le anduviera cerca. Como contrapartida, educaba su condición de atleta con la voluntad que merecen las cosas a las que se ama. O se levantaba a las 6 de la mañana para ir a correr al campo de golf de Ranelagh, o se llevaba el bolso para ir a Villa Domínico a entrenarse con sus compañeros cuando salía del trabajo. No faltaba un sólo día al entrenamiento y esa tenacidad lo inspiró a participar en la tradicional carrera de San Silvestre, que se realiza cada 31 de diciembre en la ciudad de San Pablo, Brasil. Participó en las pruebas de los años, 1975/76 y 1977”,expresa su hermana Elvira, directora de una escuela de adolescentes y adultos de Berazategui.

Osvaldo Suárez su entrenador cuenta que “a Miguel lo llamaban -El Tucu- y se entrenó conmigo durante tres años en Villa Domínico y a veces en Parque Chacabuco. Era un chico excelente, muy educado y además se caracterizaba porque cuando viajábamos a otras provincias a competir siempre estaba escribiendo. Es lo que más recuerdo de él”.

El ex compañero de muchos entrenamientos y pruebas, actual entrenador Manuel Bazán residente en Florencio Varela, recuerda a Miguel de la siguiente manera: “Con Miguel teníamos mucha afinidad por ser compañeros de entrenamiento y de ideología. Luego de finalizar los entrenamientos hablábamos mucho sobre lo que escribía. Sus sensaciones sobre los entrenamientos y los recorridos que hacíamos, el placer de competir en los distintos lugares y el dejar todo sobre la pista o la calle donde se realizará la competencia. Él buscaba la belleza en el paisaje que para otros solía ser agreste hasta monótono, pero buscaba esa belleza oculta para el común de la gente. Leía sus cuentos y sus versos y me pedía la opinión, que se la daba con placer. Entre la gente del atletismo hay personas de mucho valor que cuando uno las descubre se siente reconfortado espiritualmente, otros con valores muy interesantes que el deporte ha formado y los mantienen, porque el deporte es una contención del alma y del espíritu”.

“En una de esas tardes, recuerdo que al estar sentados en la escalera de la caldera del Parque Dominico en Avellaneda (que en un tiempo en los ’50, se llamó “Parque de los Derechos del Trabajador”), estábamos viendo lanzar al <el Nene Discursi> que decían que era un loco, puede ser que haya sido así, pero tenía un corazón bueno. En un momento este deja sus lanzamientos y se nos acerca y dirigiéndose al él le solicita le muestre lo que comentábamos que escribía. Todavía hoy me suenan sus palabras al leer algunas de las cositas que había escrito el Tucu”. Miguel… usted es un genio¡¡¡ fue su expresión con los ojos bien abiertos. Así le dijo el Nene y nosotros festejamos su ocurrencia tan común en él” finaliza diciéndonos Bazán.

Miguel participó en varias pruebas en distintas provincias y también volvió a correr en su terruño natal. En 1975 ganó la prueba “Batalla Campo de las Carreras” organizada por el Club Pro Adelanto Ciudadela, con el auspicio de la Dirección de Deportes de la Municipalidad, comandado por Carlos Edgardo Carrizo, Allí en la prueba disputada por las calles del barrio de la Ciudadela, Miguel ganó con un tiempo de 44’ 55” 2/10 aventajando a Rómulo Carrizo, Blas Sánchez, Antonio Cuellar, Arturo Argañaráz, Marcelo Bessoro, el veterano Andrés Guaymás, Mario Andrada, Jorge Díaz y Ángel Fernández. El Intendente de la Ciudad de San Miguel de Tucumán, Sr. Carlos María Torres acompañado del periodista Luis Rey. le entregó la Copa. También ese año corrió la prueba “Día de la Independencia” y repitió el logro en 1976.

Miguel como miles de jóvenes en esa época militaba especialmente con trabajo social en la Unidad Básica de la Juventud Peronista de su barrio. Beto Díaz (funcionario de la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia de Buenos Aires), amigo y compañero de Miguel,contó su militancia peronista junto a él: “Nos reuníamos en Villa España con un grupo de la Juventud Peronista y desde allí realizábamos acciones de militancia para el barrio. Íbamos a todas las concentraciones. Miguel era muy apasionado del peronismo y de lo que realizábamos. Era un pibe bárbaro el <Tucu>. Cuando murió Perón, el 1° de julio de 1974, los dos fuimos juntos al velatorio en el Congreso Nacional. Luego de hacer más de 24 horas de cola pudimos ingresar y quedé impactado como Miguel lloraba desconsoladamente ante nuestro líder sin querer retirarse del cajón, por lo que tuvimos que sacarlo de allí".

SU DESAPARICIÓN

En 1978, año que conmovió al país por la realización del mundial de fútbol, Miguel Benancio Sánchez era un atleta de 25 años, para quien lo más importante en su vida era el deporte. En los tiempos oscuros de esa última dictadura militar fue muy difícil ejercer la vocación política, pero éste igualmente lo hacía en donde podía demostrando su coraje y vocación militante.

Fue a participar en el tradicional maratón de San Silvestre (el último día del año en 1977 corrió, le mandó una postal a su familia y se trasladó a Punta del Este para tomar parte en otra competición. El periódico Gazeta de San Pablo publicó ese mismo día un poema de su autoría denominado “Para vos, atleta”).

Volvió a la Argentina el 6 de enero  y a los dos días de regresar fue secuestrado en la madrugada del 8 de enero de 1978, por un grupo paramilitar en una redada que incluyó a varios jóvenes que habían militado con él en la unidad básica. Nunca más apareció. Miguel ingresó como otras treinta mil personas (varios deportistas federados) dentro de la categoría de desaparecido.

Yo no estaba, pero estaba mi madre. Vinieron entre seis y ochos tipos presentándose como un comando militar, sin credenciales, y preguntaron por Miguel Ángel. Era extraño porque el nombre de mi hermano es Miguel Benancio (así con B larga). En el paredón se colocaron dos con ametralladoras y el resto empezó a revolver todo, buscando información con tanta violencia que hasta tiraron una biblioteca entera al piso. El perro se asustó tanto que no ladró por dos años. A Miguel le indicaron que se pusiera el equipo de gimnasia que estaba en una silla y se lo llevaron. Pidió darle un beso a mi mamá (ella falleció en 1992 esperando el regreso de su hijo) antes de irse, pero no lo dejaron. También se llevaron su agenda” cuenta Elvira, su hermana.

El único testimonio que conoce la familia Sánchez sobre la suerte de Miguel luego de su secuestro, proviene del relato de un detenido (Javier Casaretto) en El Vesubio (centro de detención y torturas que estaba cerca de la autopista Ricchieri). "El contó que ahí estuvo un deportista destrozado que había vuelto de Brasil. Imagino que se trataba de Miguel".

"Sánchez -contó Casaretto (quien recientemente declaró como testigo en los juicios de lesa humanidad)- protestaba diciendo que él venía de representar deportivamente al país. Aún encapuchado les gritaba a los carceleros."

LA RECUPERACIÓN DE SU HISTORIA

La historia sobre Miguel Sánchez  fue impulsada por una investigación de los periodistas argentinos Ariel Scher y Víctor Pochat, publicada en el diario Clarín el sábado 10 de enero de 1998. Allí en la nota cuentan la entrevista que hicieron a su hermana Elvira, que por primera vez, veinte años después, comentaban a la prensa lo sucedido.

Esta historia fue recogida por Valerio Piccioni, un periodista italiano de la Gazzetta dello Sport, y difundida en ese prestigioso periódico. Piccioni que también corría, por su propia iniciativa organizó en Roma el 8 de enero del 2000, una prueba a la que llamó “La Corsa di Miguel” (La Carrera de Miguel), con 400 participantes y nunca más dejo de hacerla. En los últimos años le agregó una prueba que la llama de los “Miguelitos”, con niños de corta edad y siempre con la presencia de Elvira Sánchez. Ella opina sobre su hermano así: "Amaba la vida, tenía muchos amigos, quería a su familia. Su pasión era escribir poesía y contar sus vivencias. Era alegre, sensible, solidario, inquieto. Las veces que pienso en él releo su poesía que refleja como era él. Y lo admiro cada vez más porque al venir a Buenos Aires él solo se forjó su porvenir. Correr es el mejor homenaje que se le puede hacer porque amaba el atletismo".

Valerio Piccioni quien investigó como nadie la vida del atleta peronista dice en un documental: “Tenía coraje cuando hablar era la cosa más peligrosa del mundo. Segundo Correa, un amigo tucumano que conoció a Miguel entrenando en el Parque Chacabuco, en Buenos Aires, dijo una vez: «No es peligroso el hombre que piensa, sino el que con su pensamiento llega a los otros». Y Miguel se interesaba en los otros, creía que toda persona tiene algo que enseñarte. Y ese es el sentido más profundo del deporte. Lo admiro".

El domingo 11 de marzo de 2001, en Buenos Aires, se corrió por primera vez “La Carrera de Miguel”, en sus dos alternativas de 5 y 9 Km., con largada y llegada en el CENARD, organizada por la Secretaría de Deportes de la Nación, a cargo de Marcelo Garraffo y los deportistas del país pudieron rendirle así su merecido homenaje. Luego, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires tomó a esta prueba para su organización. También con la misma forma se homenajea al atleta tucumano en las ciudades argentinas de Santa Teresa y la capital de Santa Fe, en las localidades bonaerenses de Berazategui, Quilmes, Mar del Plata, Vedia (Partido de Leandro Alem) y Necochea; en Bariloche (Río Negro), Resistencia (Chaco) y Puerto Madryn (Chubut). En nuestra provincia se corre desde el año 2005 por iniciativa e impulso del dirigente de la CTA, Salvador Agliano, respaldado por sus compañeros del Movimiento Social del Deporte. Las pruebas se realizaron en San Miguel de Tucumán (solo dos veces se realizó en su ciudad natal, Bella Vista). Al finalizar una de esas carreras en su tierra natal, Carlos, el hermano de Miguel, junto a su familia invitó a quien escribe este libro y amigos, a la casa paterna donde vive actualmente a comer unas empanadas. Entre ellos estaba el cantautor tucumano Mario Cabrera, quien cantó a los familiares de Sánchez algunas de sus reconocidas canciones.

También ya se disputan estas pruebas en Cuba, España y Brasil. A casi todas estas pruebas asiste como invitada especial Elvira, quien concurre y participa de todo homenaje por su hermano menor. Cada año se multiplican los reconocimientos a un deportista que ya se transformó en símbolo de la memoria en nuestro país y en el mundo.

Previo al 24 de marzo del 2013 (Día de la Memoria) la calle del CENARD (Crisólogo Larralde) en su primera cuadra fue rebautizada con su nombre por una ley de la legislatura porteña ante un proyecto de la diputada Delia Bisutti.

En su ciudad de Bella Vista, hay actualmente hay un Complejo Deportivo que se llama Miguel B. Sánchez. También ya se realizaron varios documentales en su memoria.

“Por medio de la Memoria, Verdad y Justicia, Miguel (atleta que desprecias la guerra y ansías la paz) sigue corriendo con cada argentino que tiene la voluntad de luchar por un mundo más justo”, explicanlos organizadores de las pruebas. Además sirve para que los más jóvenes se enteren lo que sucedió a nuestro país aquel 24 de marzo de 1976, cuando las Fuerzas Armadas (acompañados de civiles de distintas agrupaciones políticas) con el poder de las armas que el Pueblo les entregó para su defensa, derrotaron a un gobierno constitucional y democrático, para instalar una Dictadura Cívico-Militar sumiendo al país en la noche más trágica de su historia. El verdadero objetivo es tener conciencia del “NUNCA MÁS”.

LA CORRIDA DE SAN MIGUEL DE TUCUMAN

Por Manuel Bazán

Corría el año 1976 y el 9 de Julio, día de nuestra Independencia Nacional ya había pasado, pero no por eso se tenía que evitar de conmemorar esa gesta tan histórica y el atletismo tucumano entonces en setiembre realiza la prueba “DIA DE LA INDEPENDENCIA” con atletas de todo el país. La carrera, con el programa La Oral Deportiva dirigida por José María Muñoz, envía a su periodista especializado en deportes amateur Julio Gonzalo Pertierra para trasmitirla a todo el país por Radio Rivadavia.

Ya en esa época nuestro compañero de entrenamiento Trevín (el perro Pluto, así lo apodábamos) se había exiliado fuera del país y otros aparecían esporádicamente por cierto temor. Hechos de sangre bañaban la tierra tucumana. La fecha de Julio se fue postergando y se llegó a organizar para el mes de Setiembre.

El maestro Osvaldo Suárez  fue el encargado de convocar a los atletas de Buenos Aires para ese viaje épico si se puede decir. Lo hicimos en el tren Estrella del Norte, que salía a la tarde desde la Estación Retiro y llegaba al otro día a la mañana a Tucumán, por supuesto que llegó atrasado. La delegación estaba conformada por atletas de la FAM (Federación Atlética Metropolitana) entre ellos estaban Queipul, Ponce Villalba, Menéndez, Páez, Pérez entre los que recuerdo y otros más. El más motivado era Miguel, quería volver a su provincia como el atleta que había progresado y con sus sueños de coronarse triunfador en su provincia,

Al llegar a San Miguel de Tucumán (día sábado) nos estaban esperando para llevarnos al hotel donde nos alojaríamos. A nosotros nos tocó uno que estaba en el centro, en la calle Crisóstomo Álvarez muy cerca de la plaza. Miguel no se quedó con nosotros a pesar que le pedíamos que se quedara, la excusa era comprensible, quería ir a su casa a ver a la familia y lo habían venido a buscar y fue recibido como un ídolo y él se portó como tal. Parecía una estrella de cine, pero no, era mi amigo el Tucu, que lindo tipo, nos divertíamos con sus salidas ocurrentes, cuidaba su imagen, no dejaba nada al azar se fijaba en cada detalle de su personalidad.

A la noche algunos nos fuimos a dormir y otros se fueron a recorrer la ciudad. En la mañana del domingo desayunamos y salimos hacer algunas compras, recorrimos la Casa de Tucumán donde se firmó nuestra Independencia. Volvimos al hotel, guardamos las cosas y nos preparamos para ir a almorzar para luego descansar porque corríamos a las 19 horas. Éramos como 20 atletas que salimos en busca de ese lugar donde nos esperaban para almorzar, comimos unas comidas típicas, bastante picantes y al salir vaya que sorpresa nos esperaba. Entre bromas y risas (como cualquier grupo de jóvenes) entre nosotros sin molestar a nadie recorríamos las pocas cuadras hasta el hotel, cuando cerca de la “Casa Histórica” (como la llaman los tucumanos) estábamos rodeados entre camiones y camionetas de la policía. Todos con las manos arriba contra la pared, pero como no habíamos hecho nada no nos preocupaba demasiado. Pese a nuestras explicaciones que no éramos de Tucumán y que habíamos venido a correr a la tarde en la prueba atlética nos subieron a las camionetas y nos llevaron a la comisaría. ¡Cómo podía ser que la policía ignorara la Carrera que iba a suceder en la capital de Tucumán, a tan pocas cuadras y con salida por la radio a nivel nacional!

El más grande de nosotros era Alberto Páez un viejo militante que fue quien llevó la voz cantante de todos nosotros y el más nervioso también porque nos pateaban los tobillos y nos decían: ¿Así que ustedes son atletas?. Nosotros veníamos a correr  y lo que más cuidábamos eran los pies. Páez pidió que llamaran a Osvaldo Suárez y el pobre Osvaldo allá tuvo que ir una vez más a poner la cara por nosotros.

Eran las 18 horas y nosotros estábamos presos y la carrera se hacía a las 19 horas, mientras mas se acercaba la hora peor estábamos, no nos creían, pero el Maestro logró el objetivo y nos soltaron sobre la hora de la carrera. A Ramón Barrios y Alberto Páez los iban a dejar detenidos y eso ya se ponía feo pero al final el comisario accedió y los soltó. Cuando llega Miguel le contamos lo que ocurrió y se sintió mal porque era en su provincia y el le había hecho mucha propaganda diciendo de la bondad de su pueblo y se encontraba con esta situación, que creo que lo afectó mucho porque su performance no fue la deseada por él.

Largamos desde el frente de la Casa de Tucumán y fuimos por un parque (9 de Julio) hasta la terminal de micros para doblar luego hacia la izquierda y llegar a un barrio de casas bajas y pocas luces, recuerdo. Miguel se esforzó todo lo que pudo pero no logró el objetivo esperado por él, la carrera la ganó Héctor Córdoba, tucumano él, en un tiempo de 35 min 41 seg., y mientras se hacían la entrega de premios Pertierra, arriba de una camioneta nos hacia las notas que aprovechábamos para agradecer y mandarlos saludos a nuestras familias,

Al regreso Miguel se deshizo en disculpas, donde él no tenía ninguna responsabilidad pero se sentía dolido por la situación que habíamos pasado, de esa manera mostraba una vez más la personalidad del querido “Tucu” Miguel Sánchez, querido amigo y compañero siempre estarás en la memoria de quienes te conocimos y disfrutamos de tu amistad. Que Dios te tenga en la gloria.

“Para vos Atleta”

Poesía de Miguel B. Sánchez

Para vos atleta

para vos que sabés del frío, de calor,

de triunfos y derrotas

para vos que tenés el cuerpo sano

el alma ancha y el corazón grande.

Para vos que tenés muchos amigos

muchos anhelos

la alegría adulta y la sonrisa de los niños.

Para vos que no sabés de hielos ni de soles

de lluvia ni rencores.

Para vos, atleta

que recorriste pueblos y ciudades

uniendo Estados con tu andar

Para vos, atleta

que desprecias la guerra y ansías la paz.

Fuente: Libro “100 Ídolos Tucumanos” de Víctor F. Lupo

Editorial Corregidor

Capítulo 67- Página 337

Enero 2018.

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UNA NAVIDAD EN CENTROAMERICA: EL DELANTERO DE PERÓN

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Después del golpe militar de 1955, el futbolista Elio Montaño siguió defendiendo a su líder: Juan Domingo Perón. Aunque fue perseguido por la dictadura de Aramburu nadie puede quitarle el recuerdo de aquella navidad que pasó con El General durante su exilio panameño. Esta es una historia olvidada. La historia de un abrazo y de un futbolista de la Resistencia.

Mariano Schuster

@schusmariano

Jefe de redaccíón de La Vanguardia


20171213Elio Montaño



Aquella tarde de 1950 el General Perón tenía las manos extendidas. La cancha de Racing rebosaba de público y Evita saludaba a los descamisados como una estrella de cine. Todo el Estadio se había fundido en una ovación. Muchos obreros,
 cabecitas negras y changos del interior, miraban, por primera vez, un partido de primera desde las tribunas.

Era el último sueño cumplido: después de la casa propia, el descanso dominical y las negociaciones colectivas había llegado el domingo de fútbol para los trabajadores. La mano del General Perón parecía una mano generosa.

Elio Montaño, el delantero estrella de Huracán, lo sabía bien. Evita le había regalado a su vieja su primera máquina de coser en 1947. Dos años antes,  mientras el General hacía campaña por los pagos de Casilda, el jovensísimo Elio se acercó a darle la mano. Lo que recibió, a cambio, fue una pelota de cuero. Algunos llamaban a eso dádivas populistas. Elio lo llamaba justicia.


Cuando debutó en Huracán, en 1954, ya era una estrella. Había despuntado como wing derecho en Newell´s en 1949 y pateado para Boca entre el 52 y el 53. Un pelotazo en la jeta en sus años boquenses, le valió el apodo de El tuerto. Y, aunque también lo llamaban El Loco, él prefería ser considerado como El Peronista.

Para alguien como él, con el corazón tatuado a fuego de veinte verdades, el General era sagrado. Por eso, ese 16 de Septiembre de 1955, en el que las bombas cayeron sobre la Plaza de Mayo, Elio lloró. Perón se iba y los gorilas de la Revolución Fusiladora ganaban de nuevo el poder para los mismos de siempre.

"PERÓN HACÍA CAMPAÑA Y EL JOVEN ELIO SE ACERCÓ A DARLE LA MANO. A CAMBIO RECIBIÓ UNA PELOTA DE CUERO"

Pero la revancha, al menos en el caso de Elio Montaño, siempre llamaba a la puerta. Entre melancolías y resistencias había llegado diciembre. Huracán debía salir de gira para Panamá para disputar cuatro partidos amistosos. Elio no lo sabía pero aquel fin de año le deparaba una sorpresa. Por las páginas del diario panameño La Estrella se enteró de la presencia del ex Presidente en la ciudad de Colón. Después de jugar todos los partidos amistosos, Montaño decidió hacer lo que haría cualquier peronista de ley: ausentarse de la concentración de su club. Tomó un taxi en medio de la oscuridad y partió raudo hacia su destino. Cuando llegó a la posada en la que vivía el General, ya era de madrugada.

Lo tuvieron varias horas esperando hasta que, finalmente, la puerta se abrió.

-¡Montaño, que sorpresa! ¡Qué alegría verlo por acá! – dijo Perón, con su voz rancia y casposa.

El General estaba en bata. Detrás suyo conversaban y tomaban whisky Roberto Galán y Américo Barrios.

El abrazo entre el delantero y el ex presidente duró casi un minuto.  Y la que iba a ser una visita de horas se convirtió en estadía completa. Montaño pasó su primera navidad verdaderamente peronista.

El 26 de Diciembre tuvo que emprender la vuelta. Sin un mango en el bolsillo, Perón volvió a darle una mano. Le pasó un sobre: Vaya, cómprese el pasaje, mi amigo. Y mándeles un saludo a los muchachos.

Al llegar a Buenos Aires, en pleno Aeropuerto, lo detuvieron tres agentes de la Secretaría de Inteligencia del Estado. Lo subieron a un Ford y se lo llevaron.

Montaño se quedó un buen rato en una sala oscura. Solo, frente a una mesa de madera vencida, el Dictador Aramburu lo observaba desde un cuadro colgado en la pared. Al rato, entró el Jefe de Servicio.

Se sentó en una silla de patas metálicas parecidas a la de las escuelas y comenzó el interrogatorio.

-¿Qué carajo te dio Perón?   lanzó el milico.

-Nada – respondió el delantero. No me dio nada.

La tensión comenzó a aumentar con esa pregunta repetida que retumbaba en los oídos de Montaño. A la hora, exhausto y rabioso, el Jefe de Servicio salió de la habitación.

-Lo voy a dejar solito para que medite, amigazo. Cuando vuelva me va a cantar todo.

Quince minutos más tarde, el agente volvió a entrar. Golpeó la mesa y lanzó un grito.

-A ver hijo de puta, ahora me vas a decir qué carajo te dio Perón o te reventamos a tiros –lanzó, mientras lo tomaba de la camisa.

Más cansado que temeroso, Montaño se levantó de su silla. Sonrió y extendió las manos. ¿Usted quiere saber que me dio el General Perón? Esto, esto es lo que me dio. – dijo acercándose al agente para abrazarlo.

-Me dio un abrazo. Eso es lo que me dio Perón.

El servicio salió, un poco caliente, del pequeño cuarto. Al rato unos agentes más jóvenes le comunicaron al futbolista que podía irse. Eso sí, de lo que pasó acá, no vas a hablar. No sea cosa que te pase algo, fue lo último que escuchó esa tarde.

"-ME VAS A DECIR QUE CARAJO TE DIO PERÓN O TE REVENTAMOS -ME DIO UN ABRAZO"

Montaño volvió a las canchas. Para unos, con el estigma del peronismo. Para otros, con la gloria de la resistencia. El gobierno militar ya le había prohibido jugar los Panamericanos de México en 1955 con la camiseta de la Selección Argentina. Sin embargo, siguió su carrera en Rosario Central y en Boca. Cuando la embocaba los compañeros gritaban: ¡Perón, Perón!. Cuando erraba, los gorilas lo insultaban desde la tribuna.

Hoy tiene ochenta y seis años. Vive, entre recuerdos y el alzheimer, en un geriátrico de Almagro del que, se dice, se escapa algunas noches para conectar con el pueblo. Se lo ve en los bares y las plazas. Y alguna vez se lo vio también en la cancha de Huracán en Parque de los Patricios. Quería contarle su hazaña a los pibes de hoy.

Relata cómo un día fue hasta Panamá para darle un abrazo a Perón. Habla de un brindis, de una Navidad, de una resistencia que recién empezaba. Pero todos, incluso los viejos, lo miran extrañados.

A Elio Montaño solo le queda la historia. Con el peronismo a veces pasa lo mismo


Fuente: PANAMÁ no todo es política

DICIEMBRE 2017

http://panamarevista.com/el-delantero-de-peron/

 

 

 

 

 

 

 
 

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