Deportistas en el Recuerdo
ARSENIO THAMIER - El Primer Director de Deportes porteño

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Hijo de inmigrantes franceses, Arsenio Thamier nació el 22 de diciembre de 1873 en el hospital Fernández y vivió siempre en la esquina de Juan Bautista Alberdi y Lautaro en pleno barrio de Flores. Se incorporó como soldado voluntario al Ejército Argentino en 1894. En 1897 ingresó a la recién creada Escuela Militar de Esgrima. Esta institución, que formó profesionales en el área deportiva, era dirigida por el maestro de esgrima Eugenio Pini.

Thamier fue un destacado esgrimista del país. Participó en diferentes festivales y encuentros que fueron significativos en el desarrollo de esta disciplina en la Argentina. Acompañó a su maestro Pini en los primeros meses de 1903 durante una gira por diferentes ciudades europeas en la que, sin duda, enriqueció su nivel deportivo y su visión de la gestión del deporte, que luego pondría de manifiesto como funcionario.

En 1905 fue designado profesor en el curso de Gimnasia de la Segunda Escuela Militar de Esgrima, cargo al que poco tiempo después renunció, dando muestras de un espíritu crítico e inquieto: la razón fue que no coincidía con el concepto vigente de Gimnasia en el Ejército sumada al rechazo de su proyecto de reforma. Puso su propia escuela de esgrima en la calle Fray Cayetano.

Thamier editó una Guía Teórico Práctica de Educación Física para Profesores, que fue publicada en 1907, en la ciudad de La Plata.

En 1910, en el marco de las celebraciones del Centenario de Mayo, se llevó a cabo en Buenos Aires un Congreso Científico Internacional. Thamier presentó en ese ámbito un excelente documento sobre Gimnasia Militar, que mereció el reconocimiento de la Comisión Médica. De inmediato fue nombrado Inspector de Gimnasia y Esgrima, reincorporándose al Ejército. Proyectó, entonces, la creación permanente de la Escuela Militar de Gimnasia y Esgrima, sobre la base de los lineamientos que había desarrollado en el Congreso. Por su afiliación radical vio truncada momentáneamente su carrera militar.

En 1922, por resolución en el Boletín Militar Público No. 6293, es reintegrado al Ejercito y se lo promovió a Mayor designándolo Director de la Escuela de Esgrima del Ejército, en reemplazo del maestro D. Eugenio Pini, quién con igual jerarquía pasó a retiro. Thamier se desempeñó en el cargo hasta 1924, cuando solicitó su retiro, siendo reemplazado por su colega y discípulo Horacio Levene, quién ocupó la dirección hasta su definitiva clausura en diciembre de 1934.

A fines de 1919 el Concejo Deliberante creó la Dirección de Plazas y Ejercicios Físicos de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, anexada a la Dirección General de Paseos Públicos, con sede entonces en la amplia casona de la calle Belgrano 482.

A pedido del Presidente de la Nación, Dr. Hipólito Yrigoyen (quien conocía a Thamier de cuando con sólo 17 años empuño las armas junto a otros demócratas en la Revolución Del Parque el 26 de julio de 1990), el Intendente radical Dr. Joaquín Llambías nombró en la dirección del nuevo organismo a Arsenio Thamier, quién a su vez designó como Inspectores Generales a sus compañeros de armas Enrique Chousiño, Jorge Abalos, José D’Andrea y Juan Harraca.

Desde la Dirección llevó a cabo la instalación de la primera Colonia de Vacaciones, en las instalaciones de Parque Avellaneda, a partir de un proyecto liderado por el concejal socialista Antonio Zaccagnini. El mismo Thamier dictaba las clases de gimnasia, que se complementaban con prácticas de deportes y excursiones.

En su gestión se inauguraron secuencialmente las Colonias del Parque Tres de Febrero, de los Patricios, Saavedra y Chacabuco. En 1922 creó un Gabinete Médico para asistir a los niños de las colonias que contó en su personal, entre otros, al Dr. Carlos Zubizarreta. El Balneario Municipal se incorporó a la Dirección durante su gestión. Además fue quien creó y reglamentó la Comisión Municipal de Box.

Su obra fue vasta. Asesoró y participó en la construcción y el mantenimiento de diferentes instalaciones municipales destinadas a la práctica deportiva. Proveyó a la asistencia técnica a Clubes e Instituciones Deportivas en formación o que recibieran terrenos públicos en concesión. En esa tarea fue fundador y primer presidente de la Federación Atlética Argentina.

El primer golpe militar contra la Democracia en el año 1930, lo separó injustamente de la función pública, luego de 11 años de éxitos.

En su obra “Democratización de los ejercicios  físicos. Deberes de los poderes públicos”, Thamier expresa  su pensamiento con referencia al rol del Estado con relación a la actividad física y deportiva, precisiones fundamentales a la luz del diseño de una política deportiva municipal.

En otra de sus publicaciones (“Fomento de Asociaciones Deportivas”) expresa: “Una de las tendencias del espíritu que más se siente emulada por estas prácticas (las deportivas) es la necesidad de asociarse con fines útiles de solidaridad y de esfuerzo (…) Fomentar asociaciones de cultura física importa encauzar al pueblo hacia ideales más elevados y propicios a la realización de una Patria Grande, generosa, fuerte por su espíritu, por su cerebro y por sus músculos”.

Sin embargo su obra más significativa es el Reglamento de la Dirección General de Plazas de Ejercicios Físicos, que finalmente sancionara el Intendente José Luis Cantilo el 31 de diciembre de 1919, donde incluye con espíritu amplio y nada individualista:

Art. 1.- La creación del Consejo Superior de Plazas y Ejercicios Físicos, (cuerpo colegiado ad honorem de 10 miembros que incluye consejeros aficionados a los deportes y profesionales), que sesionando bajo la presidencia del Director General y la actuación como secretario, del Secretario Técnico de la Dirección, ... solo otorgando voto al Director en caso de empate.

Art. 2 y 3.- Crea y reglamenta un Registro de Instituciones Deportivas.

Art. 4.- Crea las Comisiones Asesoras de las Asociaciones Deportivas (integrada por 3 miembros – 2 dirigentes y 1 un profesional-, propuestos por la Asociación).

Todos estos institutos son pioneros del actual Consejo Nacional del Deporte de la Ley del Deporte 20655, actualmente vigente pero sin cumplimiento.

Falleció el 2 de febrero de 1949. Recién en el año 2007, la Dirección General de Deportes de la Ciudad de Buenos Aires le rindió su primer homenaje institucional, el 21 de agosto, en el salón Gral. San Martín de la Legislatura porteña, entregándoles una distinción a su nieto, Fabián Thamier.

El mejor homenaje a su memoria es citar el artículo que a su muerte en 1949 publicara la Revista El Gráfico, cuando precisa entre otros conceptos: “Muchas conquistas del deporte que hoy son costumbre natural fueron logradas por ese hombre que sin elementos, sin dinero, sin apoyo importante, venció prejuicios y abrió rutas nuevas por las cuales pudo avanzar la juventud de entonces”.

Fuente: Libro “100 Ídolos Porteños” de Horacio del Prado y Víctor F. Lupo

Capítulo 3 – Página 20

Editorial Corregidor

Febrero de 2017

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El pasado 18 de Enero partiò de este mundo UN MAESTRO de la Vida y La Cultura Física de nuestro país: NORBERTO VICTORIO ZEN

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El sucesor de Thamier – La masificación del Deporte

 

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Pionero de la Educación física en nuestro país, nacido en la ciudad de Esperanza, Santa Fe, el 20 de febrero de 1925. Hijo de Emilia Russi y José, ya en la escuela formaba parte de la banda musical de música de su ciudad. La sensibilidad musical de Norberto había nacido en la casa del gran poeta José Pedroni, vecino y amigo de su padre carpintero, a quien el poeta despidió con sentidas palabras en el cementerio del pueblo el día de su fallecimiento.

“Recién había terminado el tercer año de la Escuela Normal en mi pueblo y era un joven que soñaba con ser aviador como Jorge Newbery, cuando llegó una invitación a los mejores promedios del país para viajar a Buenos Aires, invitados por el Gobierno Nacional para optar por la beca para el profesorado de Educación Física. Luego de unos días de estadía acepte enseguida por la carrera”, comenta con gran nostalgia el “maestro” Norberto Zen, quien agrega: ”En el Instituto Nacional de Educación Física General Belgrano comencé a cursar el primer año simultáneamente con el cuarto normal en la Escuela José Artigas de San Fernando. Tuve el privilegio de ser escolta por concepto junto a Alfredo Loughlin mientras el abanderado era Jorge E. Kistenmacher”.

Ya recibido de profesor comenzó a trabajar en las escuelas Normal y Técnicas de Esperanza y la ciudad de Santa Fé. A los 24 años de edad se vino a vivir definitivamente a la gran metrópolis en el barrio “Perón” de Saavedra, como tantos otros provincianos en esa época, para convertirse definitivamente en un “porteño de ley”. Casado padre de 4 hijos, uno de ellos como su padre profesor de educación física.

En el año 1949 mientras trabajaba como secretario privado y colaborador artístico del entonces Director General del Teatro Colón, profesor Horacio Caillet-Bois, en un acto de la Federación Médica Argentina que se realizó en el Teatro conoció circunstancialmente al presidente Perón, quien al enterarse de su profesión lo convocó a ser parte del equipo de la Municipalidad.

 

UN MAESTRO EN LA FUNCIÓN PÚBLICA

 

Norberto Zen fue entonces el director de Deportes de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires (1950-55) y presidente de las Comisiones de Box (donde actualizó el reglamento del boxeo profesional), del Autódromo y del Velódromo. Como Director estuvo a cargo de las principales obras de remodelación que se realizaron durante esos años en los distintos polideportivos de la ciudad. Los parques Avellaneda, Chacabuco, Los Perales y los ubicados en la “actual Sociedad Rural de Palermo” del parque Tres de Febrero vieron crecer sus instalaciones. Creó las Escuelas Infantil y Juvenil de deportes para la capacitación de niños y de directores técnicos de pequeños clubes de barrio, además de la promoción de actividades físicas y recreativas en cada barrio porteño. De esta manera se logró “que el pueblo pueda ejercer su derecho a la práctica de la actividad física”, como lo impulsaba el gobierno justicialista desde el año 1946. Y esto se comprobaba con los 5 millones de deportistas de la CAD-COA que registraba en 1955, en una población que no llegaba a 16 millones de habitantes en la Nación. Hoy la CAD no registra ni 700.000 deportistas con una población superior a los 36 millones de habitantes.

Fue uno de los pioneros, junto a un vecino del barrio Chacabuco, Juancito Vázquez, en la creación del Club 8 de Octubre que jugaba al básquetbol en dicho parque y por lo cual se comenzaron a construir las obras de gimnasios cubiertos (inaugurados recién en 1958). También, Zen dio un gran impulso a la Escuela de Líderes y contrató figuras del deporte para que enseñaran en los parques, como Delfo Cabrera, Francisco Mura, Ricardo González y Mary Terán de Weiss y Elsa Irigoyen, que pertenecían a los Ateneos femeninos deportivos Eva Perón. Otros profesores que trabajaron con él fueron Federico W. Dickens (atletismo y baseball), Jorge Canavesi (básquet), Jorge Etchart, Alejo Russell (tenis), Remigio Saavedra (ciclismo), Raúl Landini (boxeo), Juan Manuel Fangio y Froilán González (automovilismo), Isidoro Ferrere (atletismo), Roberto Larraz (esgrima), Amadeo Novoa (pelota a paleta) y Carlos “Cacho” Aldabe (fútbol).

Como sus vicedirectores actuaban Ramón C. Muros, en la Escuela Infantil y Juvenil del Deporte “Eva Perón” y Jorge Sánchez en la Escuela de Especialización Deportiva “Pte. Perón”. Viendo todos estos nombres como “maestros del deporte” es fácilmente entendible el por qué de la gran práctica deportiva de la población en aquella época.

Según el actual coordinador del Centro de Documentación, Investigación y Referencia Histórica Deportiva de la Ciudad de Buenos Aires (CEDHIR), profesor Carlos Alberto Bianchi, “el “flaco Zen fue el mejor sucesor en la Municipalidad de Artemio Thamier”.

 

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“Como deportista federado de atletismo, me especialice en salto en alto y en 110 con vallas, con buenas perfomances en el Argentino de Rosario y en el sudamericano de Montevideo (Uruguay)”, cuenta orgulloso este “gran maestro de la vida”. También jugó sóftbol y béisbol (siendo primera base del club Aconcagua). Su máximo logró fue como participante de la selección nacional de béisbol (dirigida por Mister Dickens) en los inolvidables Juegos Deportivos Panamericanos de 1951. Este multifacético hombre de la cultura argentina, para uno de los actos como parte de la fiesta final de esos Juegos, dirigió a “un conjunto de armónicas” organizada por él, de chicos del Club 8 de Octubre (130 integrantes) que ejecutaron en el Teatro (del hoy CENARD) entre otras canciones, el tango “Don Juan”, dedicado al presidente de la nación que se encontraba presente.

Zen fue también profesor de Recreación del Instituto Nacional “General Manuel Belgrano”; profesor de la UES masculina y femenina; interventor en 1951 del Partido Justicialista en el partido de Magdalena, Buenos Aires, donde el interventor de la provincia era el Dr. Eduardo Scandone (doctor en psiquiatría y ex arquero de Estudiantes de La Plata). El “flaco” Zen fue designado como interventor, al igual que los 126 de cada distrito de la provincia de Buenos Aires, directamente por Evita, con quien se reunían todos los días sábados en la residencia presidencial de Av. Libertador y Austria (actualmente sede de la Biblioteca Nacional).

Al producirse el golpe militar de la “Revolución Libertadora” y la partida de Perón, Zen renunció inmediatamente a su función, pidiéndoles a sus colaboradores que se quedaran para el bien de los chicos y jóvenes y para seguir sirviendo la causa de la educación física en general y el deporte en particular. “Pero eso no sería posible porque el animo de revancha y ceguera intelectual que fue superior a cualquier razonamiento normal” reflexiona Zen, quien agrega “allí comenzó un tobogán de caída que nunca se pudo recuperar”.

“Los peronistas que habíamos sido parte del gobierno justicialista éramos como leprosos. No tuve trabajo durante largo meses, hasta que fui poco a poco consiguiendo horas de cátedras en algunas escuelas privadas y dando clases de flauta dulce y guitarra en pequeños clubes y en el Collegium Músicum, con Epstein y Graetzar. Con el tiempo, ya en la presidencia de Frondizi, logré reingresar con mi profesión a colegios oficiales en la escuela técnica Nº 10 de Barracas”, cuenta el profesor Zen.

Por aquella época comenzó en la actividad privada dando cursos de Perfeccionamiento Docente para el recién formado Servicio Educativo Argentino, dirigido por el profesor Ramón Muros y que formó a miles de docentes en todo el país por más de tres décadas. En varios de esos cursos, invitado por Zen, disertó el poeta José Pedroni.

Norberto Zen también fue jefe de la delegación juvenil Argentina (actualmente grupo Los Ponchos)a los Juegos Olímpicos de Munich 1972, en Alemania. "Los Ponchos” tiene el origen de su historia en el año de 1972. Ese año se llevó a cabo una convocatoria en Argentina para todos los jóvenes de la república. En ella se escogió en un principio a treinta muchachos y muchachas para representar al país en las olimpiadas de Munich. Para ser seleccionados, los jóvenes tuvieron que comprobar aptitudes y habilidades deportivas y musicales. Los elegidos recibieron como regalo un poncho, de ahí su denominación “Los Ponchos argentinos”. El grupo viajó por todo el país dando conciertos durante cuatro semanas. Aquí aprendieron a planear, organizar y a presentarse profesionalmente. La convivencia en grupo permitió hacer experiencias de compañerismo y solidaridad.
No todos tuvieron la oportunidad de viajar a Europa por falta de fondos. El mismo grupo tuvo que tomar una decisión y designó, en unánime acuerdo, a catorce integrantes de ellos como los representantes de Argentina para los Juegos Olímpicos. Factores determinantes para dicha elección fueron, por un lado, las ya mencionadas facultades deportivas y musicales, y por otro lado, la capacidad y aptitud social para conducirse en grupo.
En agosto de 1972 salieron “Los Ponchos Argentinos” bajo la dirección del profesor Norberto Zen. Durante la estancia en el campamento juvenil conocieron a integrantes de la delegación alemana, con quienes aún cultivan buenas relaciones. También se presentaron en el canal de televisión alemana ZDF, en el programa Sportstudio y dieron conciertos en la iglesia del pueblo olímpico (Misa criolla). Actualmente este grupo (los 30 integrantes más Zen) se sigue juntando todos los años y realizan actividades benéficas en distintas ciudades argentinas.

En la tercera presidencia democrática del Gral Perón, fue director de Educación Física de la provincia de Buenos Aires (1974) y director Organizador de Deportes de la Provincia de Bs. As. (1975).

Luego de la Dictadura Militar de 1976, con el regreso de la democracia, Zen fue director del Instituto Provincial de Arte de la provincia de Santa Fe (1984); asesor pedagógico del Ministerio de Educación de Santa Fe (1985/86); y Asesor del Ministerio de Educación de la Nación 1990/1994.

Durante la última década Zen, se distinguió como profesor de distintas “Escuelas de lideres deportivos” (San Rafael, Mendoza; San Salvador de Jujuy y Gualeguaychú, Entre Ríos), donde dejó su sello sin igual en la formación de hombres templados para la construcción de una Patria mejor.

Norberto Victorio Zen, entre sus numerosas anécdotas de vida, siempre señalaba a sus alumnos que su mayor aprendizaje ocurrió cuando como director de Deportes de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, acompañaba al Intendente Municipal Juan Virgilio Debenedetti, casi al alba, a buscar al general Perón en la residencia presidencial.

De allí, en su auto, recorrían toda la ciudad, mientras la mayoría de sus habitantes aún dormía. El Presidente de la Nación solicitaba la construcción de distintas obras y entre ellas distintos campos deportivos que en gran cantidad, se realizaron en esos años en Buenos Aires. Al poco tiempo se volvía a recorrer el mismo camino para observar el estado de las obras pedidas.

Cuenta Zen que a ellos siempre les llamaba la atención cómo Perón podía estar al tanto de las necesidades deportivas de la población. Un día, Perón estaba inaugurando unas canchas de bochas, que aún existen, sobre la avenida General Paz, y se le acercó el Director General de Festejos y Ornamentaciones de la Municipalidad, señor Kisser reclamándole que debía apurarse porque había que habilitar otra cancha de bochas, detrás del recientemente inaugurado Velódromo.

El Presidente, mirándolo firmemente, le contestó: “¿Y esa cancha quién la solicitó?”. A lo que el jefe de Protocolo le respondió: “La hicimos porque a usted le gusta inaugurar obras deportivas, general”, al que respondió el presidente como un gran docente que era “Usted está equivocado, señor. Yo sólo hago lo que me pide el pueblo y si a esa cancha no se la pidió nadie, es porque nadie la va a usar. Un gobernante solo debe hacer lo que el Pueblo quiere y necesita”.

De este maravilloso aprendizaje surge la defensa que hizo durante toda su vida el profesor Zen, sobre el derecho de los pueblos a practicar deportes”, al que definía de la siguiente manera: “Todos tenemos el derecho a hacer deportes hasta el día antes de nuestra muerte”.

El “maestro” Zen también siempre recuerda la famosa pieza oratoria, de más de tres horas, que el Gral. Perón desarrollo frente a cientos de profesores en el Instituto San Fernando. En esa ocasión el Presidente de la Nación les recomendó a los profesores: “Siempre en los juegos deportivos hagan participar a todos los alumnos, porque esos gorditos o chicos de anteojos que Uds. dejan casi siempre fuera de los equipos cuando sean grandeseguro, llegarán a Ministro de Educación o de Economía. Entonces recordarán su niñez y dejarán al Deporte sin Presupuesto”. Habrá sido adivino aquel Presidente de los argentinos en la década del ’50, luego de la aparición de los ministros José Martínez de Hoz y Domingo Cavallo entre otros.

El profesor Zen volcó todas estas enseñanzas, en innumerables escuelas de líderes deportivos que funcionan actualmente en el país, siempre en forma gratuita, porque él no concebía que se pudiera cobrar para educar. Esta forma de vivir lo llevó a no aceptar nunca la “jubilación de privilegio”, que le correspondía legalmente por haber sido funcionario público y que tantos otros mediocres si las cobran.

Este maestro es también autor del Método Recreativo Musical publicado por Editorial Peuser, con su primera edición en 1957 y, luego reeditada por Kapelusz como “La Música en el aula”. Y autor con las editoriales Ricordi y Lagos de “métodos de armónica-melódica, flauta dulce, piano y guitarra”.

La Dirección General de Deportes de la Ciudad de Buenos Aires le rindió recién su primer homenaje institucional a Norberto Zen, el 21 de agosto de 2007, en el salón Gral. San Martín de la Legislatura porteña, entregándoles una distinción por su gran paso por la institución porteña.

Este valiosísimo currículo, nos costó mucho tiempo en conseguir, porque el profesor Zen sostiene “que el hombre vale por su conocimientos y su trabajo, no por su currículo”.

 

ESTE ES EL HOMENAJE DE MUNDO AMATEUR.

 

Fuente: Libro “100 Ídolos Porteños” de Horacio del Prado y Víctor F. Lupo

Ed. Corregidor – Año 2009

22 Enero 2017

 

 

 

 

 

 

 
 
ALBERTO FASSORA: El primer goleador del profesionalismo

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Cap 3 Alberto Fassora

Quien sería uno de los primeros grandes del fútbol tucumano y extraordinario goleador del fútbol profesional argentino, Alberto Fassora, nace el 1º de diciembre de 1909, en la ciudad Simoca, situada al sur este de la provincia. Llegó a la ciudad capital de Tucumán allá por el año 1927 para jugar en “los cuervos” de Central Norte en el barrio El Bosque. Pero enseguida pasó al “decano” del fútbol tucumano, Atlético Tucumán en cambio por el jugador Hernández. Rápidamente Fassora integra el seleccionado tucumano, para jugar en el Torneo Argentino y varios partidos amistosos frente a los clubes de Buenos Aires que llegaban de visita a Tucumán.

La tarde de un martes 15 de octubre de 1929 en nuestra ciudad, se enfrentaron el seleccionado de la Federación Tucumana y su similar de la rosarina en nada menos que la final del Torneo Argentino. Ganarían los santafesinos por 2 a 1 según se comenta, con mucha incidencia del árbitro José Bartolomé Macías, quien dirigiera aquel match. Fassora es uno de los más importante jugadores del campo de juego.

El equipo de Atlético Tucumán parte, ese mismo año, en una gira por distintos países de Latinoamérica. La delegación viaja el 12 de diciembre de 1929 y realizaría una travesía de 2 meses y 13 días que quedaría en la historia del club, ya que en ese viaje vencería a importantes equipos de Bolivia y del Perú, incluída la propia Selección Nacional de Perú, por 3 tantos a 1, con goles de Fassora en 2 ocasiones y José Rea. El "decano" jugó ese partido con: Victorio Cesarini; Enrique Carino, Bernardo Zavaleta, Juan Carlos Luna y Vicente "Vichi" Luna, Américo Delgado; Nazareno Luna y Luis Díaz; José Rea, Alberto Fassora y Manuel Cuestas.
A la vuelta de la gira Fassora pasaría inmediatamente al Club Argentinos Juniors de La Paternal, donde luego de una temporada recalaría en el gran Racing Club de Avellaneda, donde alcanzo su fama de gran goleador entre 1931 y 1933. En el Campeonato Argentino de 1929 que se jugó en la ciudad de Rosario, el tucumano fue el mejor jugador del Torneo, donde Tucumán perdió la final con el local.

El título Sudamericano 1929

Después de perder con Uruguay la final de los Juegos Olímpicos de Ámsterdam en 1928, la selección  Argentina se tomó revancha en la Copa América del año siguiente y logró su primer bicampeonato sudamericano, en una década del fútbol de marcado dominio rioplatense. Uruguay, que mantenía nueve jugadores campeones en Ámsterdam, era el último escollo en el paso arrollador del equipo "albiceleste" que jugaba de local y respaldado por unas 60.000 personas en la final.

La multitud que colmó el Gasómetro de Avenida La Plata fue testigo del desquite olímpico, porque Argentina ganó por  2 a 0 con mucha claridad, con tantos de Ferreira y Evaristo. Los protagonistas del campeonato fueron 21 jugadores y entre ellos había dos tucumanos que aún jugaban en la provincia. El plantel estaba integrado por: Juan Pablo Bartolucci (Huracán), Ángel Bossio (Talleres de Remedios de Escalada), Juan Bottaso (Argentino de Quilmes) y Pedro Chalú (Nacional de Rosario), Cherro (Boca Juniors), Alberto Chividini (Central Norte de Tucumán), Alberto Cuello (Tigre), Juan y Mario Evaristo (Sportivo Palermo), Alberto Fassora (Atlético Tucumán) y Ferreira (Estudiantes de La Plata), Rodolfo Orlandini (Sportivo Buenos Aires), Fernando Paternoster y Natalio Perinetti (Racing Club), Peucelle (Sportivo Buenos Aires), Edmundo Piaggio (Lanús) y Juan Antonio Rivarola (Colón de Santa Fe), Manuel Seoane (Independiente), Oscar Tarrío (San Lorenzo), Domingo Tarasconi (Boca Juniors) y Zumelzú (Sportivo Palermo). En este equipo Fassora fue incluido por clamor popular armado y reflejado por los diarios “Critica” y la “Jornada Deportiva”, pues en una primera selección lo habían dejado afuera del equipo. Y eso que este simoqueño aún jugaba en nuestra provincia y no era tan conocido en la gran metrópoli.

La dupla técnica era: Francisco Olázar y Juan José Tramutola. Fue el 4º título de Argentina en estos campeonatos, pues los tres anteriores se consiguieron en: 1921, en 1925 y  en 1927.

Cap. 3. 1934- Fassora - Conidares

El comienzo de la era del profesionalismo

En 1931 la Asociación Argentina de Football y la Asociación Amateur de Football deciden unificarse y crear la Liga Argentina de Football (en 1934 se renombraría a Asociación del Fútbol Argentino) decretando así el inicio del profesionalismo en el deporte más popular de los argentinos, el Fútbol.

Entre los nombres de jugadores que brillarían en los comienzos de esta nueva década figuran dos tucumanos, Alberto Fassora (Racing de Avellaneda) y Nazareno Luna. Tras su brillo en Atlético y en la Federación, ambos recalarían en clubes metropolitanos integrando luego la mismísima Selección Nacional Argentina.

La “Academia” en ese año realizó un regular campeonato finalizando en el 6to puesto con 43 puntos a 7 del puntero, Boca Juniors. Pero el conjunto de Avellaneda se dio el gusto de golear a su eterno rival del barrio, Independiente por 7 a 4 con goles de Del Giúdice (3), Mellone (2), Fassora y Devicenzi, estableciendo el récord de más goles entre dos equipos grandes -hasta hoy no ha sido batido-. Racing fue de los uno de los equipo más goleadores de dicho torneo, convirtiendo 82 goles teniendo como goleadores al tucumano y Alfredo Devicenzi, con 19 y 16 goles respectivamente. Alberto Fassora formaba parte de una delantera maravillosa junto a Alfredo DevincenziVicente Del Giúdice y Antonio Bugueyro, en donde haría historia al ser proclamado máximo artillero del Campeonato, nada menos que en el comienzo de la era del profesionalismo del fútbol argentino. También se dio el gusto de jugar con otros cracks de la época como Pereinetti y Ochoa.

En 1932el equipo realiza una muy buena campaña quedando a un punto de River Plate e Independiente. River ganó el desempate final por 3 a 0 y se clasificó campeón. En 1933, la Academia volvió a salir tercero, quedando a dos unidades del San Lorenzo que gritaba campeón por primera vez. Pero Racing, es uno de los pocos equipos que vence al Campeón San Lorenzo, por 4 a 0, con un gol de Conidares y los otros tres delsimoqueño Fassora.

Como cualquier muchachito bohemio de la época, junto a otro compañero decidieron viajar a Brasil y abandonar Racing. Se fueron a pasear por Brasil donde jugó allí en “Do América” un equipo chico de aquel fútbol. Sus buenas actuaciones lo llevaron enseguida al Fulmínense. Pero seguramente su nostalgia a la Patria lo haría regresar pronto. Al año siguiente regresó nuevamente para jugar un año más en la Academia. El tucumano tuvo un promedio de gol envidiable en Racing: 30 goles en 60 partidos. En 1936 pasó por Argentinos Juniors (un increíble equipo conformado por estrellas veteranas) paraya alejarse del deporte.

De ese fanatismo compartido por Racing, el mejor recuerdo para Fassora fue su gran amistad con el cantor de tangos, Francisco Fiorentino, que con el bandoneón de “Pichuco” Troilo interpretaba aquellos maravillosos versos de Francisco Pannigazzi y Domingo Preconna en el tango “Racing Club”.

Alberto Fassora regreso a vivir a Tucumán, donde falleció a mediados de los ‘80, seguramente escuchando aquella bella zamba que une a todos los tucumanos, “Al Jardín de la República” y tanto le recordaba a su tierra natal, Simoca.

Fuente: Libro “100 Ídolos Tucumanos” de Víctor F. Lupo

Capítulo 3 – Página 29

Editorial Corregidor

1º Diciembre 2013

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JOSÉ AGUSTÍN TERÁN NOUGUÉS: Un histórico del rugby tucumano

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José “Pepe” Terán, nació 27 de Febrero de 1928 en San Miguel de Tucumán, su padre un intelectual notorio: el Dr. Sisto Terán que, en aquella época, no comprendía esa afición de su hijo por el deporte.

Su pasión por el deporte lo llevó a incursionar en las canchas de fútbol, jugando en la primera división del Club All Boys. Pero para “Pepe” Terán el rugby (el deporte de la ovalada) fue su vida, especialmente integrando el equipo de Tucumán Rugby. Fue el primer tucumano en integrar el seleccionado argentino, cuando estos usaban “la blanquiceleste” pero no eran conocidos entonces como “los Pumas”. El partido debut fue en la ciudad de Paraná, Entre Ríos, en el año 1954. Todo un acontecimiento para el rugby tucumano en aquel entonces.

Un carácter sólido y una visión general del juego, desde su posición de wing tres cuarto o de fulback, le permitió convertirse rápidamente en líder de su equipo, sus apreciaciones (muchas veces gritos) eran respetadas y obedecidas por sus compañeros. Su actitud en el campo de juego donde mostraba fortaleza en el tackle, velocidad en los desplazamientos y fundamentalmente una gran pasión por el rugby fueron el ejemplo que siguieron muchos jugadores contemporáneos a él.

Se lo considera también uno de los precursores del rugby en la provincia de Salta, junto a su comprovinciano Raúl Frías Silva, ya que cuando cumplían con el servicio militar obligatorio en esa Provincia motivaron a jóvenes salteños a la práctica de este deporte.

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Fue integrante del Seleccionado tucumano durante 14 años y por más de treinta se puede contabilizar sus actuaciones en primera división en los verdinegros de Tucumán Rugby consiguiendo cinco títulos provinciales. Jugó hasta los 49 años de edad llegando a hacerlo con su hijo mayor José Agustín.

La primera vez que escuché hablar de rugby, la conversación se refería a una hazaña de Pepe Terán. Aquel wing de antología, dueño de un tackle fulminante, de un arrojo Kamikaze y de una velocidad asombrosa para un jugador de casi 80 kg. de peso”, cuenta José M. Posse un biógrafo especializado del club Tucumán Rugby.

Compañero de juego y de la vida de “Jimy” Lord, del “negro” Farías, del “Yita” Nougués, de “Pinky” Novillo, Basilio Carrasco, “Keko” Frías y Alejandro Frías Silva, entre otros.

Patriarca de una familia numerosa (11 hijos y 31 nietos), casado con “Tessy” Frías Silva, situación que no le impidió contribuir al rugby desde todo punto de vista, tanto desde la cancha con su juego como también contribuyendo en las tareas manuales de desbrozado de malezas o de albañil si hacía falta, eran épocas en que en el rugby estaba todo por hacerse.

Respetuoso con sus adversarios, admiraba a “Robot” Campo un excelente wing tres cuarto del club Natación y Gimnasia por su potencia y no dejaba de admitir que “Rolfi” Montini era el mejor jugador de Tucumán Rugby seguido por el “Negro” Farías. “Pepe” Terán recuerda en su historial deportivo destacadamente un partido contra Cardenales donde jugaban Martínez Pasteur, Reginato, López Aragón y Diambra. 

El rugby “Es un deporte ideal para enseñar a la juventud el sentido de la unidad, de respeto y de amistad” suele decir “Pepe”.

Alejado de la práctica del rugby, jugó un tiempo al tenis recreativamente en Villa Nogués y encontró luego otra pasión por el deporte esta vez con una pelota más chica y redonda: el Golf.

José Agustín Terán Nougués, un patriarca del rugby tucumano y un ejemplo de deportista. Falleció a los 88 años el pasado 12 de diciembre de 2016.

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Las andanzas del “Pepe” Terán y sus amigos

Los amigos de “Pepe” conocían que al Dr. Sisto Terán, su padre, no le gustaba la práctica de su hijo en un deporte tan rudo. Por lo tanto, entraron en pánico cuando en uno de los primeros partidos que disputaban, este se quebró la clavícula. Lo llevaron a la Clínica del  Dr. Pasquini, quién lo enyesó y lo acompañaron a su casa. Pero ninguno de sus compañeros se animaba a enfrentarse al Dr. Terán, un hombre serio en verdad que imponía mucho respeto. Entonces Santiago Ávila Gallo, tomó coraje y se ofreció de voluntario para hablar con él y dar las explicaciones del caso. Llegó hasta la puerta de casa de los Terán Nougués, tocó decididamente el timbre, apoyó a “Pepe” en la puerta y salió corriendo disparado como si le persiguiera el mismo demonio. De alguna manera “Pepe” convenció a sus padres de que no era la cosa para tanto y siguió jugando por muchos años al Rugby.

Fuente: Libro “100 ÍDOLOS TUCUMANOS” de Víctor F. Lupo

Capitulo 20 - Página 109 Editorial Corregidor

 

 

 

 

 

 
 
3 de Noviembre 1950: LA PRIMERA GENERACIÓN DORADA DEL BÁSQUETBOL

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20161108Campeona Mundial 1950

La selección argentina, campeón del mundo 1950

 

“La Noche de las Antorchas”

 

Fue el viernes 3 de noviembre de 1950. Ese día el mundo deportivo se asombró con la noticia de que el Seleccionado Argentino de Básquetbol había derrotado, en la final del Primer Campeonato del Mundo de la especialidad, nada menos que a la selección de los Estados Unidos por 64 tantos a 50.

Este deporte, inventado por el canadiense James Naismith en diciembre de 1891 en el Springfield College de Massachussets (EEUU) y que había sido introducido desde el país del Norte al nuestro, en 1912 por P. P. Philips, director del Departamento Físico de la Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA) y en cuya cancha de polvo de ladrillo se disputó el primer Campeonato de este deporte en 1928, veía cristalizado el sueño de sus “pioneros”, al llegar a lo más alto.

Ninguno de los argentinos que asistió a aquella verdadera hazaña de los “muchachos altos” pudo olvidarla y este acontecimiento se transmitió de generación en generación. En el mítico estadio Luna Park, las 21.400 personas que lograron entrar, luego del triunfo y a modo de festejo se cantó el Himno Nacional y a continuación se gestó naturalmente aquella inolvidable e impresionante "marcha de las antorchas", que recorrió desde el estadio mismo hasta el Obelisco, por la avenida Corrientes, mientras los vecinos y hasta las “chicas” de los cabarets de esta famosa avenida arrojaban flores desde los balcones. El festejo duró hasta bien entrada la madrugada con una cena y baile en el restaurante “El Tropezón”. En un elocuente testimonio del fervor popular que acompañó toda la epopeya de aquellos deportistas que, conducidos por el "maestro" Jorge Hugo Canavesi, demostraron una vez más lo que pueden nuestros compatriotas cuando se proponen una meta y existe la lógica planificación previa.

El resultado final de 64 a 50 habla a las claras del desarrollo de aquel partido final. El grito de "Argentina campeón" que atronó en el Luna Park primero y en todo el Centro de la ciudad después, era el grito de todo nuestro deporte, que una vez más llegaba a la cúspide en su época dorada.

Aquel plantel integrado por Oscar “Pillín” Furlong, Leopoldo “Pichón” Contarbio, Roberto Viau, Raúl Pérez Várela, Vito Liva, Alberto López, Omar Monza, Juan Carlos Uder, Pedro Bustos, Hugo Del Vecchio, Rubén Menini y Ricardo González, demostró una gran preparación ganando todos los partidos de la Copa del Mundo.

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“Pillin” Furlong

Podemos decir que la campaña de este equipo comenzó con aquella primera participación en los Juegos Olímpicos de Londres 1948, donde se consiguió el 15º lugar entre 23 países, y cuando el grupo conducido por Jorge Canavesi e integrado por Contarbio, Furlong, González, Menini, Uder, el “Chafa” Lledó (uno de los mejores jugadores de toda nuestra historia basquetbolística), Raúl Calvo, Bruno Varani, León Guerrero, Martinetti y Tomás Vío, dieron una sorpresa al perder varios partidos sobre la pitada final y apenas por un doble frente al campeón olímpico, Estados Unidos (59 a 57), luego de vencerlo al final de la primera etapa por 33 a 26.

Tres meses antes de la Copa del Mundo en la Argentina (21 de agosto de 1950), Canavesi, acompañado en la dirección técnica por Casimiro González Trilla y en la preparación física por Jorge Boreau, concentraron en el estadio de River Plate a  los 14 jugadores elegidos sobre una base de 40 preseleccionados de todo el país. Éstos fueron acompañados por dos médicos, un laboratorista, un ortopedista, un odontólogo y cuatro kinesiólogos, quienes pusieron su trabajo rumbo al título.

Alberto López, ya fallecido y que en la década de 1970 fuera funcionario deportivo en la Municipalidad de Buenos Aires, fue uno de los integrantes del plantel y recordaba: “Se solucionaban todos los problemas de trabajo y licencias. Algunos estudiaban, otros trabajaban en reparticiones oficiales o empresas privadas; se nos facilitó todo para que sólo pensáramos en la preparación”. Con este motivo el Gobierno Nacional  había dictado el Decreto Nacional 18.773 del 7 de setiembre de 1950, por el cual se concedía licencia para la preparación y participación en los torneos internacionales a los deportistas que trabajaban en la administración pública nacional. Esta disposición pasó a ser el primer antecedente de la vigente Ley 20.596/74, de “Licencia Deportiva Especial”.

El profesor Canavesi cuenta que “el mayor trabajo durante la concentración en el equipo lo realizamos sobre el tema del bloqueo para conseguir los rebotes. Nosotros teníamos un plantel con un promedio de 1,83m de altura y 82 kilos de peso, por lo que necesitábamos un trabajo perfecto de bloqueo para equilibrar al equipo estadounidense que tenía mucho más peso en los tableros”.

Durante el desarrollo del torneo Argentina venció a Francia por 56 a 40 en el partido inaugural, a Brasil (el rival sudamericano) por 40 a 35 y a Chile por 62 a 41 en la primera ronda. En la etapa final se superó nuevamente a Francia por 66 a 41, a Egipto por 68 a 33 y en la final a Estados Unidos, representado por el Denver Chevrolet (subcampeón de la segunda categoría de ese país).

La figura sobresaliente del campeón fue, Oscar “Pillín” Furlong, quien tiempo después fuera capitán del equipo de tenis en la Copa Davis. Luego de este torneo fue suspendido el equipo de Yugoslavia (donde jugaba el actual presidente de la FIBA, Borislav Stankovic) por no presentarse a jugar, por cuestiones políticas frente a España por el noveno lugar. El árbitro argentino participante en este Mundial fue el Rómulo Mazzoni y en el partido final se jugo la primera etapa con una pelota de cuero y la segunda con una de material sintético a pedido de los visitantes.

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“Pichón” Contarbio con la pelota

De cualquier modo, lo que quedará en la historia será aquella gesta magnífica de la "noche de las antorchas", en que las manos anónimas de miles de argentinos coronaron la victoria de nuestros muchachos, con el mejor de los laureles: el júbilo popular. Lo demás pareciera quedó en anécdota.

El básquetbol vivió su época de gloria al mismo tiempo que todo el deporte argentino vivía su época dorada” explicaba el jugador “Pichón” Contarbio a principios de los años ’80 a la revista “Mundo Amateur”.

El campeón olímpico de Maratón de 1948, Delfo Cabrera, décadas después y con mucha nostalgia recordaba aquel éxito de la siguiente manera: “Argentina ganó el campeonato de 1950 adelantándose en años a Brasil y a los demás países latinoamericanos. La última noche, en el Luna Park, fue grandiosa, memorable. Pero ese equipo fue destruido en 1955. Un día llegué a Rosario y como el colectivo en el que tenía que viajar a Santa Fe salía dos horas después, comencé a recorrer los alrededores de la estación. Presencié algo que demostraba cómo se había difundido ese deporte. Los chicos jugaban básquet en lugar de fútbol, en la calle, de vereda a vereda. Eso implicaba que habíamos comenzado a modificar las pautas en materia deportiva. Lamentablemente ahora tenemos que empezar de nuevo”.

Algunos quisieron relativizar el triunfo argentino porque era el equipo local y porque los estadounidenses habían mandado un equipo de “segunda”. Por estas afirmaciones, el periodista de radio: Miguel Angel Bavio Esquiú (presidente del Círculo de Periodistas 1948/1950), había sido cesanteado, agrandando las críticas. Pero enseguida fue repuesto en su trabajo por órdenes de las más altas autoridades del gobierno.

El capitán argentino Oscar Furlong, fue el encargado de responder estos comentarios tiempo después. Atribuyó méritos al equipo visitante, explicando que: “El Denver Chevrolet era subcampeón de la Liga Industrial y había sido reforzado con dos o tres jugadores del campeón norteamericano. Sin duda constituía uno de los mejores equipos amateurs del mundo… En este campeonato nosotros alcanzamos un porcentaje de cancha (de tiros al aro) de primer nivel mundial”, agregó el capitán argentino.

Esta “época” de buenos resultados para el básquetbol local continuó a los pocos meses de ganar el Mundial, cuando, casi con el mismo plantel, en los Juegos Panamericanos de 1951, se consiguió la medalla de Plata ubicándose detrás de Estados Unidos, al perder con ellos por 57 tantos a 51 en la final. Según los periodistas especializados, la lesión de “Pichón” Contarbio, que no pudo estar presente en esta final, afectó notablemente el rendimiento del equipo argentino, que no tuvo a uno de sus hombres de mayor talla.

Los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952 demostraron que los resultados del Mundial y los Panamericanos no habían sido casualidad, ya que Argentina obtuvo el cuarto puesto, (perdiendo dos veces con Uruguay, 66 a 65 y 68 a 59) jugando por momentos un básquetbol de gran calidad, lo que le posibilitó al equipo ser invitado especial a la “Tercera Semana Deportiva Internacional” realizada en la ciudad de Dortmund, Alemania. Allí, en 1953, el equipo dirigido por el profesor Jorge Hugo Canavesi, logró ser campeónde las Olimpíadas Universitarias. A estas competencias también concurrieron, representando a la Argentina, un equipo de atletismo dirigido por el profesor Enrique Kistenmacher, uno de esgrima conducido por Alberto Luchetti y otro de natación liderado por Ricardo Abdo El Jalil.

En los Juegos Panamericanos de México 1955 la senda de los buenos resultados continúa y Argentina, pese a superar nuevamente a los Estados Unidos, obtiene la medalla de plata. Queda relegado por EE.UU. en un polémico sistema de desempate pese a haber igualado en el puntaje final.

Los estadounidenses, que se habían quedado con la sangre en el ojo por la derrota, reforzados por dos jugadores de la Liga Universitaria invitaron a Argentina a jugar en la ciudad de Juárez (Texas), para tomarse la revancha. Pero nuevamente la selección nacional ya sin “Pillín” Furlong, que había viajado a jugar en EE.UU.,  integrada con: Viau, Uder, Alberto López (la gran figura del equipo), González, Peralta, el santiagueño Cisneros (de brillante actuación en este partido), Barea, Edgar Parizzia, Lezcano, Felipe “Yuco” Fernández, Pagliari y Lubnicki, vencen a los estadounidenses, por primera vez en su propia tierra. En nuestro país, el primer triunfo sobre un equipo yanqui fue el 15 de marzo de 1938, en el estadio Luna Park, por 46 tantos a 33.

Esa muestra del poderío basquetbolístico que nuestro país tenía por entonces, lamentablemente fue frustrada por las arbitrarias decisiones de quienes confundiendo política con revancha, acusaron a los jugadores de ser profesionales y los suspendieron de por vida en 1956. (Genocidio Deportivo)

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Prof. Jorge Canavesi

“La Argentina era conocida internacionalmente como El Granero del Mundo, a favor de su poderosa agricultura; las carnes argentinas recorrían el mundo merced al alto índice de exportaciones; la población no conocía el significado de la combinación de palabras ‘deuda externa’ porque el tesoro nacional era sólido y los ingresos superaban sustancialmente a los egresos; las fábricas abrían sus puertas y albergaban gran cantidad de mano de obra; las distintas manifestaciones culturales alcanzaban índices elevadísimos, al punto que las presencias argentinas en el exterior eran muy comunes. En este contexto, el deporte también ocupaba un lugar preponderante. La participación popular en distintas actividades masivas, constituía un hecho de todos los días y fue dándole forma a una base de exponentes de superlativo nivel. Así, no por un hecho fortuito, el seleccionado argentino de básquetbol llegó a coronarse campeón mundial en el certamen que tuvo por escenario el estadio Luna Park de la ciudad de Buenos Aires”, comentaría años después, con mucha tristeza, Leopoldo Contarbio, una de las figuras de ese triunfo del básquetbol nacional, a la  revista Goles de Buenos Aires.

La nueva revolución basquetbolística

Pero la historia continúa y a principios de la década de 1990 nuevamente nuestro país organizó otro Campeonato del Mundo y a partir de entonces la recuperación basquetbolística comenzó, bajo la conducción de una nueva dirigencia encabezada por el dirigente tucumano Horacio Muratore y la dirección técnica de Guillermo Edgardo Vecchio, con excelentes resultados. Primero en los Juveniles, logrando el tercer puesto en el Mundial 1991 (Edmonton-Canadá), campeón panamericano Sub22 en 1993 (Rosario) y medalla de bronce en Japón ‘2001, con la misma categoría. Luego, en la categoría Mayores al coronarse por primera vez en la historia campeón Panamericano en Mar del Plata 1995, siendo subcampeón del Preolímpico de Neuquén del mismo año, para concurrir después de 42 años a estos Juegos y lograr un honroso noveno puesto, con un triunfo por 65 a 61, con sabor a hazaña sobre Lituania de Arbidas Sabonis en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.

Este proceso tuvo su gran premio con Argentina subcampeona del mundo en Indianápolis 2002 (EE.UU.), que con la conducción técnica del cordobés Rubén Magnano, logró la hazaña de vencer (como lo había hecho en el ’50) quitándole el invicto de 58 partidos al poderoso Dream Team de la NBA, que participa en estos torneos desde 1992. Los jugadores de “todos los hito el hito” como señala ORO fueron: E. Ginóbili, A. Montecchia, F. Oberto. L. Scola, R. Wolkowyski, I. Sánchez, L. Victoriano, L. Palladino, “Chapu” Nocione, H. Sconochini (capitán), G. Fernández y L. Gutiérrez. Asistentes: E. Tolcachier y F. Duro; P.F. Mario Mouches.

Actualmente el básquetbol argentino se encuentra entre las potencias de este deporte y cuenta con una buena competencia interna, la Liga Nacional. Una idea del desaparecido técnico León Najnudel y el Yoyo Caballero, canalizada por el periodista Osvaldo Ricardo Orcasitas (ORO) desde la revista El Gráfico y, puesta en práctica a partir de la década del ’80. Esta competencia federal logró producir jóvenes jugadores, algunos de los cuales integran los mejores equipos de Europa y varios de ellos ya jugaron en el mejor básquetbol del mundo que, como se sabe, es la NBA (National Basketball Association) de los Estados Unidos.

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” (1610-2002) de Víctor Lupo - Capítulo XXXI – Página 253 - Editorial Corregidor (2004)

3 Noviembre de 2014.

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

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