Deportistas en el Recuerdo
28 de julio de 2000 - JUAN NAVARRA / “Si sale…”

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20180717Juan Navarra

“Por esas carambolas de la vida”, Ezequiel iba a enfrentarse con su propio hermano Juan, apodado “Navarrita” por ser el más chico de la dinastía, como más enconado rival, a partir de 1947. Antes, en 1941, “Navarrita” chico había sido campeón sudamericano de cuadro. Ese año y en 1943 ganó los títulos argentinos libre. La batalla se continuó por décadas. Y el 12 de agosto de 1969, en Posadas, Ezequiel fue vencido por Juan, quien le arrebató el título mundial… 

Según el cronista de La Nación en aquella ocasión, hizo falta un desempeño superlativo para lograrlo. Uno de los párrafos salientes de la amplia cobertura que el diario dedicó al acontecimiento, describía: "Cuando Juan Navarra convirtió la última carambola que le faltaba, al unísono, con el triple choque de los marfiles, una indescriptible ovación, seguida de un interminable aplauso, premió su extraordinaria actuación".

Juan, que nació en Liniers el 14 de diciembre de 1914, fue el que más precozmente se destacó de sus hermanos en el billar. Apenas cumplía 7 años cuando ya llamaba la atención por la calidad de sus tacazos en el bar de su familia en la antigua calle Rivera 936 (actualmente Av., Córdoba).

Cuando cumplió 15, en una exhibición de carambola libre anotó una bolada de ¡1000 carambolas! A los 20, logró 552 conversiones seguidas al cuadro 47 / 2. A partir de ese momento se dedicó a sumar torneos y copas. "Ni me acuerdo cuántos campeonatos gané, perdía la cuenta", le decía en 1998 al periódico La Gran Aldea, de Villa Urquiza.

Fue dos veces Campeón Mundial a Tres Bandas (Misiones 1969, México 1972 ganándole la final al local Gabriel Fernández). El 31 de marzo de 1989 en unLuna Park repleto de gente dio una exhibición extraordinaria junto a sus hermanos y Osvaldo Berardi, otro campeón mundial argentino.

Hasta sus últimos días siguió ligado al billar. Dando clases en los clubes Italiano y Masters, o frecuentando el tradicional Bar Los 36 billares de la A. de Mayo, donde solía estar preocupado por un juego que iba perdiendo cada vez más adeptos, sobre todo entre la juventud. Como él mismo admitió unos años antes de su muerte: "Ahora el pool es el furor. Pero no se puede comparar, por favor. El billar es como el ajedrez, pura concentración".

Juan falleció el 28 de julio de 2000. El diario La Nación de Buenos Aires, tituló su despedida: “Fue un emblema de la fantasía”. Agregaba el editor en su texto de bajada: “Tenía 85 años y perteneció a una familia de virtuosos del billar; ganó el título argentino, sudamericano y mundial”. La gente lo conocía como “Navarrita”…

Una frase suya sigue estando a flor de labios de los billaristas de mayor destreza, cuando llega el momento de ejecutar una carambola cuya concepción se ha descripto previamente por razones de enseñanza a un amigo o de consulta con un parroquiano: “Si sale…”

EL RECUERDO DE CARRERA

Los hermanos Navarra, junto con Pedro Leopoldo Carrera, son los más grandes genios del billar que haya dado la Argentina. Baste recordar, dada la mención de Carrera, que en 1948 fue a Europa y regresó como triple Campeón Mundial libre, tres bandas y cuadro. Pues bien, los Navarra fueron tan grandes como Carrera y viceversa. Un modo de homenajear a estos artistas del taco.

Fuente: Libro “100 Ídolos Porteños” de Horacio del Prado y Víctor F. Lupo

Editorial Corregidor

Julio de 2018

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30 de julio de 1905: Nace un actorazo olímpico - PEDRO VICENTE ERNESTO QUARTUCCI

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Pedro Quartucci nació el 30 de julio de 1905 en el barrio de San Cristóbal, aunque vivió la mayor parte de su vida en Villa Mitre. Entrañable ídolo popular, fue tan deportista de raza como actor.

 Pedro Quartucci haciendo bolsa

Como representante olímpico en Boxeo, ganó la primera medalla en la historia para nuestro país en los primeros Juegos donde participábamos. Fue la de bronce (en peso pluma) en la ciudad de París en el año 1924 al ser derrotado por Joseph Salas. En esos Juegos Alfredo Porzio ganó una similar en peso pesado y Alfredo Copello y Héctor Méndez ganaron medallas de plata. El equipo de Polo (Juan Miles, Enrique Padilla, Juan Nelson, Arturo Kenny, Gillermo Brooks Naylor y Alfredo Peña) ganó el primer oro de nuestra historia deportiva y la medalla de plata de Luis Brunetto en atletismo cerró las seis conseguidas por Argentina en estos Juegos.

Su carrera deportiva duró entre 1923 y 1928.

Quartucci, hijo de una familia de actores, sus primeros pasos en el espectáculo los dio en circos y tablados móviles que existían en aquellas épocas. En 1916, siendo todavía un chico, ya participó como actor en la película muda “Hasta después de muerta”, que fue la primera como director y protagonista del gran Florencio Parravicini, pero ya había actuado interpretando a un adolescente en la comedia teatral “Melgarejo”.

En “Luces de Buenos Aires” (1931) actuó nada menos que junto con Carlos Gardel. Ya Pedrito era un ídolo popular como boxeador olímpico y actor, por eso el célebre autor Manuel Romero escribió en el guión, especialmente para Quartucci, el personaje de Pablo Soler, un ex boxeador ahora cantante, que se enamora del personaje de Gloria Guzmán. Es “Pablo”, o Pedrito Quartucci, quien rescata a Gardel a punta de pistola y luego, a solas en un bar y sentados a la misma mesa, escucha a Gardel cantando “Tomo y obligo”, como si le estuviese explicando algo mano a mano, de personaje a personaje. También hizo de boxeador en “Segundos afuera” (1937). Su participación en la cinematografía nacional se extiende casi a 80 filmes, hasta “El diablo metió la pata” (1980), su último film.

Además, Pedrito fue autor de tangos como "Hay que ver", "Qué tengo yo". “Saber vivir”, “Por favor no escorches más”, entre otros temas generalmente compuestos para obras teatrales y de corte humorístico o costumbrista. Pero en consonancia con su imagen de bonhomía y cordialidad, el personaje de mayor popularidad de su carrera fue Pedro Falcón, el padre de “La Familia Falcón”, que Hugo Moser (padre) escribió para Canal 13. Esa imagen de padre ideal no era simplemente exterior, provenía de una actitud ante la vida, porque creía profundamente que la TV es un elemento educador para la niñez.

Casado con Felisa Rosario Bonorino, Pedrito Quartucci fue también uno de los impulsores y fundadores de la Casa del Boxeador. Y cuando en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD) se bautizó a las distintas dependencias con los nombres de nuestras grandes leyendas deportivas, con Pedro Quartucci no hubo dudas. Así como la pista de atletismo debía llamarse “Delfo Cabrera y Osvaldo Suárez”, el laboratorio “Ramón Carrillo” o el gimnasio de pesas “Humberto Selvetti”, el hotel que alberga los sueños de tantos muchachos venidos de todos los rincones del país lleva por nombre “Pedro Quartucci”.

Pedro Vicente Ernesto Quartucci, era su nombre completo, Pedrito para los amigos, el ídolo, el actor, el campeonazo, el buen amigo falleció el 21 de abril de 1983 en la ciudad que lo vió nacer y transformarse en uno de los porteños mas queridos y conocidos.

Fuente: Libro “100 Ídolos Porteños” de Horacio del Prado y Víctor F. Lupo

Editorial Corregidor

julio de 2018

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ADIOS A UN AMIGO: José Solórzano, tucumano, "5" caudillo y ganador -- Por: José Luis Ponsico (*)

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20180705Pepe solorzano

Hace una década padeció una serie afección cardíaca pero sobrevivió con la entereza que siempre exhibió en los campos de juego. Con fuerte temperamento, de tipo "combativo" pero remitiendo a su inteligencia natural. Para ubicarse en la cancha    cuando surgió a fines de los 50 en su "glorioso" Atlético Tucumán. Para organizar su vida familiar. 

   Saltó a Vélez Sarsfield en tiempos de José Amalfitani que con ignorados "detectores de talento" buscaba para la V azulada futbolistas del Interior. En un lapso de cinco años llegaron siete u ocho juveniles del Interior recomendados por allegados al club que creció desde el rigor de don "Pepe". Presidente de Vélez desde los años 40.

   No había Internet, redes sociales, faltaba medio siglo para el avance informático pero el club de Liniers incorporó en un corto ciclo a Daniel Willington, llegado de Córdoba; a los tucumanos Solórzano y Eduardo Zóttola, sin olvidar a santiagueños Iselín Ovejero y Roque Nieva. Tampoco al entrerriano Alberto (Pulga) Ríos, de Paraná.

   Vélez Sarsfield con todos ellos sorprendió a los clubes "grandes" ganando en "bandera verde" el torneo Nacional del 68, la célebre final con "la mano de Gallo" el lateral derecho que voló "de palo a palo" contra River para evitar con su brazo izquierdo el cabezazo del bahiense Jorge Recio, el 5 de River, en el polémico empate uno a uno en el <Viejo Gasómetro<.

   "Pepe" Solórzano, 1. 80. de estatura, siempre con la cabeza levantada, en el medio campo del "Decano" en Tucumán y en la "V" que mantuvo la tradición del "5" enérgico desde los tiempos de Victorio Spinetto, fines de la década del 30, comienzo de los 40, pronto se convirtió en "caudillo".

 

20180705Gol Solorzano

 

  Vélez resultó campeón no sólo por la clase de Willington y los goles del "Turco" Omar Wehbe y "Pichino" Carone, en los desbordes del veloz José Luis Luna, Ellos, al cabo pudieron, porque desde atrás tenían el respaldo y el juego de los "llegados del Norte". Entre los citados, Solórzano -al menos en el rectángulo del juego- aparecía como "el capo".

  Algo parecido ocurrió cuando pasó a Newell´s en los 70. Donde se afirmó como defensor central. Siempre capitán y jefe. En los 90, ya retirado, participó de una cruzada solidaria con unas veinte figuras de su tiempo: la Red Solidaria que capitaneó Juan Carlos Guzmán junto a glorias como Juan José Pizzuti, Silvio Marzolini, Roberto Perfumo y otro tucumano célebre, José Rafael Albrecht

  Consultado por "Mundo Amateur" el propio Albrecht, notable 6 de Atlético Tucumán, Estudiantes de La Plata, San Lorenzo, la selección nacional desde 1961 hasta 1970, célebre por su coraje y pegada en los penales -récord de goles como defensor, cuatro a Gimnasia y Esgrima La Plata en el´70- dijo: "Pepe sobresalió como jugador y amigo, honró al fútbol de nuestra querida Tucumán. Tipo honesto y solidario, adentro y afuera de la cancha", el Rafa, casi lagrimeando, al tiempo que recordaba cuando Solórzano le comentó que volvía a la "Patria de ambos", el "Jardín de la República". Donde finalmente falleció el pasado 25 de junio a los 77 años, rodeado de sus afectos.

 

  (*) Columnista de La Señal Medios, Libre Expresión y Mundo Amateur

 

 

 

 

 

 
 
Basquetbol: Furlong, nos dejó una leyenda

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20180612furlong

Fue el mejor jugador argentino del Siglo XX, estrella de los campeones mundiales de 1950, campeón mundial universitario en 1953 y el hombre que cambió la historia de Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque, que nunca había ganado un título en el básquet porteño hasta que llegó él y comenzaron a llenarse las vitrinas. Hijo y sobrino de fundadores del club, Oscar Alberto Furlong lo salvó del descenso con edad de cadetes y lo llevó a lo más alto mucho antes de cumplir los 20 años. Pudo haber sido el primer basquetbolista del país en jugar en la NBA, pero rechazó el contrato que le ofrecieron, porque en esa época hacerse profesional significaba no jugar más en la selección. El premio fue gigante: campeón y mejor jugador del primer Mundial de la historia, jugado en Argentina, y con el tiempo el ingreso al Salón de la Fama de la FIBA. Sí fue a EEUU pero para estudiar administración de empresas y jugar en el torneo universitario. A su regreso, casi no pudo jugar, porque la Dictadura que derrocó a Perón lo suspendió de por vida en 1956 junto con el resto de sus compañeros. Siguió junto al deporte pero cambió de disciplina: se dedicó al tenis y llegó a ser capitán de Copa Davis, donde hizo debutar a Vilas y Clerc. Fue uno de los más grandes de nuestra historia y por eso el impacto de la noticia fue enorme hoy, cuando se dio a conocer la noticia de que murió a los 90 años, para pasar a ser lo que ya era hace rato: una leyenda del deporte.

 

20180612Oscar Furlong Grafico

 

 

Fuente: Nuestro Básquet (Foto prensa CABB)

11 junio de 2018

http://www.nuestrobasquet.com.ar/2018/06/furlong-nos-dejo-una-leyenda.html?m=1

 

 

 

 

 

 
 
JOSÉ RUBIOL ROCA - Pionero del Automovilismo tucumano

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20180606La Caracas

A partir de 1937 se oficializaron en nuestro país los Grandes Premios Nacionales de Turismo Carretera (TC), y se convirtieron en poco tiempo en una pasión del pueblo argentino. Verdaderas muchedumbres acudían a los costados de las rutas nacionales, a lo largo de los más de 6.000 o 7.000 kilómetros que recorrían normalmente las “cupecitas” del TC, a más de 120 Km. por hora de promedio, por el solo placer de verlos pasar a esas altas velocidades. Pruebas que desde tiempos atrás se realizaban en distintas poblaciones. A partir de ese año comienza a controlarlos el Automóvil Club Argentino (ACA). A Tucumán la pasión por los “fierros” había llegado a fines de los años ’20.

 

De esta categoría surgieron las grandes figuras de nuestro automovilismo como los hermanos Oscar Alfredo y Juan Gálvez, Juan Manuel Fangio, Eusebio Marcilla (“El Caballero del Camino”), Carlos Menditeguy, los hermanos Dante y Torcuato Emiliozzi, Tadeo Taddía, Ángel Lo Valvo, Ricardo Risatti, Pedro Yarza, Daniel Musso, Domingo “Toscanito” Marimón, Sáenz Valiente, Pablo Birger, Jorge Descotte y Ernesto Petrini, entre otros. Y entre esos grandes se mezclaba un tucumano por adopción. Su nombre José Rubiol Roca.

 

Nacido el 10 de octubre de 1911 en Lérida (Barcelona), España. Llegó a nuestra provincia a los 10 años de edad para vivir con su familia, en el Hotel Plaza, donde unos tíos eran los dueños, (el mejor de la provincia por aquellos tiempos) ubicado frente a la plaza Independencia sobre la calle San Martín, y llegó con el tiempo a ser su propietario.

Se convirtió rápidamente en un tucumano más que casi siempre vivió en el centro de la ciudad por lo cual fue un testigo presencial de la mayor parte de la historia de la provincia del siglo XX.

 

Con solo 26 años, al año siguiente de la oficialización del TC, Rubiol comienza a correr, “como un aficionado y sin saber nada de mecánica” según sus propias palabras. En ese momento trabajaba como cajero del hotel de su tío y como siempre soñaba con viajar se largó a la gran aventura de las carreras.

 

En el año 1939 ya participa en una de las pruebas más difíciles de la historia del TC, el “Gran Premio Argentino de Carretera” que el Automóvil Club (ACA) había programado como una competencia en ruta sobre 14 provincias, con una extensión de 7193 kilómetros, que luego de recorrer 1.379 Km. fue finalizado abruptamente el 20 de octubre, en la ciudad de Concordia (Entre Ríos) por las torrenciales lluvias y lo intransitable de los caminos que se habían convertido en un lodazal. Este Gran Premio, eludiendo las áreas afectadas por las lluvias, continúa pocos días después largando desde Córdoba, pero a partir de allí se llamará "Gran Premio Extraordinario". La prueba finalmente es ganada por Oscar Alfredo Gálvez con un auto Ford, empleando para recorrer los 4.429,800 Km. de las siete etapas, 44 hs. 44’ 46’’, a un promedio de 98,999 Km. por hora, dando comienzo así a los grandes duelos con el Chevrolet (“Chivo”) de Juan Manuel Fangio, que corría con una Coupe ’39 y quedó en el 5º lugar.

 

“Fue una carrera dificilísima y muy larga. Además para mí que no sabía nada de mecánica, los otros corredores casi todos eran mecánicos, pero me fue muy bien y allí me entusiasme para siempre”, relataba José Rubiol Roca, uno de los grandes pioneros del automovilismo tucumano.

En el año 1940 prepara su auto para correr en el “Gran Premio Internacional del Norte”, que se disputó en 13 etapas entre el 28 de septiembre y el 12 de octubre con 9.445,400 Kilómetros entre Buenos Aires – Lima (Perú) – Buenos Aires. “La primera etapa era Buenos Aires a Tucumán. Largamos a las 22 hs, desde el estadio de River Plate, 150 coches y hasta San Nicolás, casi a 200 kilómetros, solo veíamos adelante gente que se abría rápidamente del camino para dejarnos pasar. Fue algo difícil de olvidar, Juan Fangio ganó la etapa y yo llegué quinto con un Ford que no daba más de 150 Km. por hora. Lo exigí al máximo para entrar entre los primeros a mi provincia. Es difícil explicar lo que sentí al llegar a la meta con mis comprovincianos ovacionándome. Desgraciadamente, cometí el error de llevar como acompañante a un muchacho que sabía poco de mecánica. En la segunda etapa que era hasta La Quiaca por caminos de tierra, por un error de él me pase de largo en una curva. Fue un desastre, termine con el volante pegado al pecho, mi acompañante voló por el parabrisas. Allí con el abandono y con un golpe aprendí mi primera lección de corredor”, relata José para seguir recordando: “En aquellas épocas las carreras eran tremendas en las que era muy difícil que no se matara algún piloto. Y más lo que corríamos a fondo como yo. Uno se jugaba la vida, porque corríamos a ciegas, sin conocer los caminos, con tierra, con lluvias, con animales que se cruzaban o gente que no respetaba los lugares prohibidos, además había coches que ya andaban cerca de los 200 Km. por hora”.

Luego de algunas carreras más en vueltas de provincias o regionales viene el parate de unos años a causa de la Segunda Guerra Mundial, porque no se conseguían ni respuestos ni cubiertas, que eran todas importadas. Con la vuelta a las carreras en 1947 Rubiol nuevamente está en el puesto de largada ya como mecánico y acompañante, el señor Carlos Capozuco.

Por esos tiempos se había casado con Catalina Mata, hija de uno de los dueños de “Cerámicas Mata”, una de las empresas más grandes en nuestra ciudad, ubicada en la calle Italia al 3500. De aquel matrimonio nacieron 4 hijos: Yanette, José Antonio, Marta Elena y Fecilia Inés.


Su carrera inolvidable: “La Buenos Aires – Caracas”

Esta carrera ya había sido planeada por el Automóvil Club Argentino (ACA) allá por 1930, pero por diferentes problemas, económicos y políticos, no se podía realizar. En 1942, el tenaz y creador dirigente del automovilismo argentino, Francisco “Pancho” Borgonovo, había realizado un relevamiento de la ruta hasta Caracas por lo que, a comienzos de 1948, la carrera ya estaba en proceso de gestación. En un principio sería desde Caracas hasta Buenos Aires, pero el costo de traslado de vehículos, pilotos y mecánicos, sumado a la necesidad de tener los medios mecánicos listos dos meses antes, hizo que la cosa fuera al revés. El presidente Perón, con su idea americanista, fue quien hizo posible este sueño de los “tuercas argentinos”. Así había nacido la

 

20180606Rubiol Roca foto

 

Buenos Aires-Caracas.

 

En la carrera histórica del Turismo Carretera, Domingo “Toscanito” Marimón consigue su triunfo más rutilante, al consagrarse vencedor del “Gran Premio de América del Sur”, más conocida como la “Buenos Aires – Caracas”, sin ganar ninguna de las 14 etapas con que contaba la prueba.

Los pilotos inscriptos para la competencia fueron 141, entre los que se destacaban además de los argentinos, peruanos, chilenos, uruguayos, venezolanos, bolivianos, italianos, españoles y hasta un portugués. Entre estos había dos tucumanos, José Rubiol Roca (con su Ford Nº 84 acompañado por Capozuco)y Germán Rivera (un catamarqueño que vivía desde niño en Concepción) con un Chevrolet Nº 107 acompañado por Enzo “Loco” Ferro, quienes abandonaron.

“Yo corrí con una coupe Ford que le compré al señor Del Pero, que en aquel momento era el Presidente de la Caja Popular de Ahorros. La preparamos muy bien con Capozuco y andaba una barbaridad. Largué en la mitad, donde cada corredor largaba 10” después del otro, o sea que largué lejos de los punteros. Al final de la primera etapa en Salta llegué 14º, En la Quiaca ya estaba 10º, en La Paz 8º y Arequipa séptimo. La largada en Lima fue realmente ´una escapada´ porque se había producido una revolución y escuchábamos tiros. Así que ya no sabíamos como estábamos en la clasificación. Como íbamos bordeando el Pacifico por caminos de tierras o arena me quedé en una duna enganchado como una hora. Para salir debí forzar el motor al máximo y eso me embromó. De todos modos llegamos a Ecuador en el puesto 60º” cuenta Rubiol para seguir explicando: “Yo corría con una pasión extraordinaria, cada vez que me pasaban era como recibir una puñalada. Tenía un gran amor propio. Pero ocurría que había autos con una preparación especial que se destacaban sobre el resto”.

José Rubiol, el martes 2 de noviembre de 1948 no largó para la etapa desde Quito a Pasto produciéndose así su abandono de esta histórica carrera.

Luego de recorrer las incipientes rutas sudamericanas, Marimón emplea para ganar esta travesía de 9.575 Km. con 800 metros, 118 horas, 37 minutos, 18 segundos, aventajando en la Clasificación General por 12 minutos al juninense Eusebio Marcilla.

Oscar Alfredo Gálvez el gran protagonista de esta prueba que había ganado 7 etapas de esta tremenda carrera, fue descalificado en el final de la prueba, por llegar empujando su auto que se rompió al tratar de ayudar a su hermano Juan, que había ganado cinco etapas, una la ganó Fangio y la última el mendocino Víctor García.

“La repercusión que tuvo en el país “la Caracas” se vió en varias generaciones de argentinos. Inmediatamente la vivimos los chicos de aquella época porque un fabricante de juguetes sacó a la venta unos autitos de plástico que copiaban a las cupés de Turismo de Carretera con los guardabarros recortados, los que se vendían con una planchuela con números para ponerlos en las puertas y el baúl, a los que preparábamos rellenándolos con masilla para que no volcaran, se alargaban los agujeros por donde pasaban los ejes y con un elástico grueso sujeto con tachuelas en la trompa y en la cola se conseguía que tuvieran suspensión. Les pegábamos los números y algunos escribíamos las propagandas con tinta china para que quedaran lo más parecidos al que queríamos copiar” cuenta uno de los grandes periodistas argentinos, Julio Ricardo.

El tucumano Rubiol, quien siempre fue un gran promotor del Turismo de la provincia, porque siempre llevó en su auto la leyenda “Visite Tucumán”, siguió participando en varias pruebas más hasta que en el año 1951 en la “Vuelta de Santa Fe” sufre un accidente grave. “Venía a 180 kilómetros por hora y agarré una zanja en una curva. La velocidad me salvó, porque el coche se levantó y cayó parado. Mi acompañante estuvo casi dos días internado en un hospital de Rufino sin poder hablar. Yo me quebré una pierna, la clavícula y varias costillas. Allí mi familia dijo basta, pero antes de largar participé en una prueba Panamericana en México”, contó con picardía José para decir también “Para mí los más grandes del TC fueron Fangio, Oscar Gálvez y Marimón, un gran amigo que cultive en mi experiencia de las carreras. Durante mi vida personal tuve altibajos como cualquiera. Llegué a ser dueño del Hotel Plaza y tuve la concesión de la confitería del casino en Las Termas de Río Hondo, Santiago del Estero, pero sufrí la expropiación en la época del peronismo. Fueron momentos muy especiales”.

José Rubiol Roca, este catalán más tucumano que la caña de azúcar, falleció el 10 de junio del 2007, a los 95 años de edad. Fue la historia viva del automovilismo tucumano que quedó para siempre en grabada en la memoria de los “tuercas”, en distintas filmaciones de la época y en un reciente documental “LA CARACAS” realizado por el Director de cine neuquino, Andrés Cedrón, que se hizo acreedora de premios en distintas ciudades de Europa.

 

 

 

Fuente: Libro “100 Ídolos Tucumanos” de Víctor F. Lupo

Editorial Corregidor

Capítulo 4 – Página 33

Mayo de 2018

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