ARMANDO BELIVET PINO: Un gran maratonista argentino

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18052015PINOCHO Armando Pino Y EL GENERAL

“Ningún periódico argentino quiso recoger su necrológica pero este silencio que ha habido para su muerte, prueba simplemente que murió en su ley” escribía don Arturo Jauretche sobre la muerte de uno de los más grandes pensadores de nuestra Nación, el tucumano José Luis Torres. Este silencio sigue vigente como mecanismo del “ninguneo” sobre Torres y sobre su mejor alumno, otro tucumano como fue Alejandro Olmos.

Con el paso del tiempo, pasa con muchos de nuestros héroes populares,hay pocas cosas para encontrar sobres ellos porque se fueron perdiendo u olvidando. Y en nuestro deporte tucumano, puede ser esto lo que le pasó al comprovinciano, Armando B. Pino, quién fueuno de los grandes atletas de fondo de la década del ’50 en nuestro país, en simultaneidad de su apogeo con la presencia de dos "gigantes" en el rubro como Osvaldo Suárez y Walter Lemos.

Argentinacontó, en una prueba (Maratón), con dos campeones olímpicos como Juan Carlos Zabala (1932) y Delfo Cabrera (1948) yun subcampeón olímpico, Reinaldo Gorno (1952), estos dos últimos casi en la misma generación que Pino.

Nacido un 3 de mayo de 1927, en el poblado Los Guayacanes, ciudad Villa Alberdi (hoy Departamento Juan Bautista Alberdi), provincia de Tucumán. Hijo de una muy humilde familia, a los 14 años de edad, apenas terminada la escuela primaria, decidió emprender el largo periplopara vivir en la gran urbe de Buenos Aires, como muchos de sus comprovincianosen busca del bienestar que comenzaba a aparecer con la incipiente industrialización del país. Allí quedaron en su pueblito llorándolo su madre Fernanda Villagra y sus dos hermanas.

SUS COMIENZOS EN EL ATLETISMO

Como todo joven de la época se daba tiempo para practicar deporte pese a tener que trabajar (en dos lugares) para poder sobrevivir. Así comenzó a participar en las pruebas callejeras, (Para ser el sucesor natural de otro gran atleta, Humberto Delgado el “Suri Tucumano”.) que se organizaban en distintos clubes y barrios como atleta libre, hasta que con el tiempo fue invitado a federarse.

Seguramente su notoriedad deportiva, le permitió obtener un empleo en el Correo y Telecomunicaciones. Al menos en un tiempo fue cartero y muy orgulloso andaba en su bicicleta entregada por el trabajo, repartiendo las cartas a domicilio. Y va de suyo que fue ganador de la carrera que se disputaba entre ellos (los empleados del Correo Argentino) por las calles de Buenos Aires. Y durante un largo tiempo representó al club Comunicaciones en las carreras.

Pino se hizo muy amigo de Gumersindo González, el entrenador de fondo del Club Independiente de Avellaneda y que tenía entre sus discípulos a Osvaldo Suárez.

Para calibrar la trayectoria deportiva de Armando Pino, hay que enmarcarlo en la Argentina entre las décadas del ‘30 al sesenta. Sus corredores de larga distancia (los fondistas) dominaron durante esa época los escenarios sudamericanos, panamericanos e iberoamericanos, y aún los europeos. El momento culminante de esa etapa, fue el segundo lustro de la década del cincuenta. Y allí entre los grandes, “Pinocho”, como lo apodaban a Pino sus amigos, era el tercero en discordia con las dos figuras de nivel mundial, que tenía el país en ese momento: Osvaldo Suárez y Walter Lemos.

18052015Lemos Palmeiro 2 y Pino

SUS CARRERAS

El  9 de enero de 1955, en la  prueba de 32 kilómetros alrededor del Lago de Palermo, selección para los juegos Panamericanos de Méjico, primero fué Raúl Ibarra con 1 h 57’ 23”, 2º Pino 2 h. 00’ 24” y 3º Melchor Palmeiro. Nos contaba Don Ezequiel Bustamante, que por el calor reinante, esta fue una prueba durísima.

El  14 de agosto de 1955, en una Media Maratón (21 Kms.): 1º fué Palmeiro con 1 h. 09  07 “, 2º llegó  Pino 1 h. 11’ 12” y 3º Ibarra con 1 h. 11’ 13.

Ese año Armando Pino ganó la Maratón de los Barrios de la Revista “El Gráfico”, una de las pruebas más importantes de la Argentina. En esa época la prueba era para no ganadores.

Sobre esta carrera nos contó Walter Lemos lo siguiente: “Era la tarde previa de esa prueba y después del entrenamiento, algunos de los muchos atletas que se entrenaban en el Parque Dominico, se fueron a tomar algo fresco al bar que aún está en la Av. Mitre y Boulevard de los Italianos, de la ciudad de Avellaneda. Allí le preguntaron a Pino si iba a correr al otro día. Contestó que no. Y allí lo dejaron. A la mañana siguiente, los ya ganadores van a ver la prueba (Lemos entre ellos) y lo ven entrando en calor a “Pinocho”, que a la postre sería el gran ganador. Era una ardid más de este provinciano que con su picardía confundió a algunos de sus rivales en el plan de carrera”.

El  17 de Octubre de 1955, en el Maratón “Lacoste Luisi”, con sus tradicionales 42 kilómetros: Primero fue Pino con 2 h. 39’ 16”.

A fines de ese año, el tucumano Pino lograba el título nacional de los 10 mil metros en pista con 32m07s 1.

El  22 de abril de 1956, se corría una Media Maratón Chile: Allí los resultados, fueron los típicos de la época de esplendor del tucumano: 1º Suárez, con: 1 h. 08” 50 “, 2º Lemos con 1h. 08’ 59” y 3º Pino: 1 h. 10’ 56”.

El 9 de julio de 1956, Armando Pino con 46.15 para los 15 Km ganó la prueba “Antártida Argentina” en la cual fue segundo Víctor Fabregat y tercero el uruguayo Juan Gau quien posiblemente haya sido el primer atleta extranjero en competir en Mar del Plata. Este último había ganado en Buenos Aires el Maratón de los Barrios de 1950 venciendo a Delfo Cabrera. El 12 de agosto de 1956 en la Maratón “Luisi”,  42 kilómetros en Buenos Aires, vuelve a triunfar el tucumano Pino con un tiempo de  2 h. 31’ 37”.

Pino representó al país en distintos Campeonatos Sudamericanos. En Santiago de Chile (1956), quedó 5° en los 10 mil metros con 32m09s8 y  4° en el medio maratón, en ambas pruebas Suárez-Lemos hicieron el 1-2 para la Argentina.

El 8 de diciembre se corrió en Mar del Plata una selectiva para San Silvestre que también fue ganada por Pino.

En los Campeonatos Nacionales de 1956 en la pista del Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA) (disputados el 17de marzo de 1957) Pino fue subcampeón de los 10 mil metros con su mejor registro de 30m33s1. Esa carrera fue ganada por Lemos con el entonces récord sudamericano de 29m39s8. A la semana siguiente, el 24 de marzo de 1957, en los 10.000 metros en pista: 1º  Lemos: 29’ 54” y  2º Pino con: 31’ 29”.

El 19 de abril de 1957 en 10.000 metros en pista: 1º Lemos: con 30’ 44” y 2º Pino: 30’ 50”.

Y a fines de ese mismo año (sábado 14 y domingo 15 de diciembre de 1957 en GEBA, por los Campeonatos Nacionales de 1957), Pino alcanzó su mayor rendimiento en pista con dos carreras que están consideradas como las más grandes del historial de esos Campeonatos. En los 5.000 metros, se impuso Suárez con récord sudamericano de 14m16s6, seguido por Lemos y Pino, quien obtuvo su mejor marca personal de 14m38s7. Al día siguiente, en los 10 mil metros -en la "carrera de las carreras"- Suárez ganó con récord sudamericano de 29m39s6, aventajando por apenas dos décimas a Lemos. Pino fue tercero con 30m46s2. Y también participó ese día en los 3000 metros con obstáculos, donde fue segundo con su marca personal de 9m29s2 (ganó Gilberto Miori con 9m29s8).

El 24 de abril de 1958, en el Media Maratón del Campeonato Sudamericano de Montevideo (Uruguay): fue Suárez2º Pino 1h. 13’ 28” (con medalla plateada). Unos días antes en ese mismo Campeonato Sudamericano de Montevideo de 1958, en los 10.000 metros: el tucumano Armando Pino obtuvo el tercer puesto y por ende la medalla de Bronce con un tiempo de 31:23. 

El 12 de julio de 1959, en la Maratón de 42 kilómetros selectiva para los Juegos Panamericanos de Chicago ‘59, que se realizó por las calles de Buenos Aires, 1º fue Lemos, con un tiempo de 2 h. 32’ 53” y  2º Pino con: 2 h. 36‘ 38”. Por lo cual representó ese año a la Argentina en los Juegos Panamericanos, donde abandonó el Maratón, ganado por el legendario estadounidense John Kelly.

Pasado ese torneo, en el mes de marzo del año siguiente, cuenta Domingo “Mingo” Amaisón, que llegó al país Emilio Martínez, un declatonista argentino, que lo quiso llevar al tucumano  Pino a correr para una Universidad de EE.UU. junto a “Mingo”. Ninguno de los dos aceptó la oportunidad ofrecida.

El 27 de Junio de 1960, en la selección para los Juegos Olímpicos de Roma sobre 35 kilómetros fue Gumersindo Gómez con 1 h. 57’ 38” y 2º Pino 2 h. 03’ 38”.

En el Campeonato Sudamericano de 1961, celebrado en Lima (Perú), en la Maratón de 42 kilómetros, Armando Pino, con un tiempo de 2h. 42’ 21”, logra adjudicarse el tercer puesto por la cual obtuvo la medalla de Bronce, en una carrera donde dominaron los chilenos Silva y Vidal.

El 26 de agosto de 1962, en los 42 kilómetros, selección para los Juegos Iberoamericanos, celebrada en Buenos Aires: 1º Mario Díaz 2 h. 31 27” y 4º Pino, con un tiempo de 2 h. 38’.

Hasta aquí algunos de sus datos estadísticos. Estamos seguros que tan solo son una muestra de los valores de excelencia deportivo del tucumano Armando Pino en una época de oro del atletismo argentino.

Cuenta el periodista Luis Vinker: “Armando B. Pino fue uno de los fondistas argentinos que incursionó con mayor frecuencia en el clásico maratón (42,195 Km.). En 1955 ganó el maratón de Buenos Aires denominado Lacoste-Luisi con 2h39m16s y al año siguiente repitió la victoria con 2h31m28s. En 1957 obtuvo un maratón en Santiago de Chile con 2h39m39s y en 1959 quedó segundo del selectivo argentino para los Panamericanos -detrás de Lemos- con 2h36m38s. Completó esta seguidilla con la citada medalla de bronce en el Sudamericano del ‘61 y con el segundo lugar en el selectivo para los Iberoamericanos del ‘62 con 2h38m00s”.

Cuentan sus familiares que, Armando nunca pudo superar su pena de no haber podido estar presente en el Maratón olímpica en los Juegos de Australia 1956, porque las autoridades del COA decidieron no enviar a los atletas  por razones políticas. Ellos opinan que Pino estaba en condiciones de bajar el tiempo olímpico a 2 hs. 25’.

Uno de los más grandes fondistas de todos los tiempos de Argentina al que también le prohibieron ir a esos Juegos Olímpicos, Osvaldo Suárez, opina sobre Pino: “Era un grande de verdad. Para ir al Sudamericano del ´58 en Uruguay, antes se corrió como selectivo una Media Maratón en Buenos Aires y durante la prueba como al “Negro” le molestaba el calzado, se descalzó corriendo más de la mitad de la prueba de esa manera y clasificándose para el Sudamericano donde obtuvo medalla de plata”.

Casado con Ángela R. Buris tuvo 8 hijos, dos fallecidos ya. De los 6 vivos, 3 mujeres y 3 varones, le dieron 19 nietos y 3 bisnietos.

Armando Belivet Pino, oriundo de Alberdi, un tucumano idolatrado por varias generaciones de atletas, falleció el 19 de enero de 1980, en Villa Dominico, muy cerca de “su” pista del “Parque de los Derechos del Trabajador” como se llamaba en la década del ’50.

UN GRANDE DEL ATLETISMO LO RECUERDA ASÍ
Por Domingo Amaisón

Realmente me pone muy feliz ver que alguién se ha preocupado en rescatar la historia (y más en un libro) de este maravilloso ejemplo de persona que fue el “Negro” Armando Pino. El “negro” fue uno de mis mejores amigos y compañeros de andanzas en este  “trajín” del atletismo que nos toco vivir. Lo conocí en su Tucumán querido allá por el ‘52, cuando yo era un chiquilín cordobés que recién empezaba en el atletismo y me aventuré en llegarme al “Jardín de la República” para competir. En esa estadía también conocí a gente de bien del atletismo tucumano como la familia Balocco y un dirigente de apellido Cardozo. Estaba entrenando en el maravilloso Parque 9 de Julio y se me acercó a charlar Armando, justo él, que era un hombre de pocas palabras, y desde allí he tenido la fortuna de convivir con él, recorrer caminos, muchos de los cuales ya no existen, pero mi recuerdo por este querido “Negro” es enorme. Pino que ya vivía en Bs. As. había llegado a la provincia a representar sólo al Club de Comunicaciones, donde tenían un equipo que lo integraban Chacón, Ricardo Bralo, el “loco” Pereyra y Cazal.

Cuando muy joven yo llegué a vivir en la sede de Independiente de Avellaneda, me venía a buscar y salíamos a entrenar por las vías del ferrocarril o íbamos a Sarandi cerca de la casa de Delfo Cabrera. Él se dedicaba a las pruebas de calles, 10 mil metros o Maratón. Siempre iba a entrenar tarde y solo, sin entrenador. Se planificaba su propio entrenamiento y lo cumplía a rajatabla. “Habla poco, escuchaba mucho” justo a mí quehabló a borbotones, pobre. Corrimos juntos en Catamarca, una de las pruebas mas duras, con sus subidas y bajadas en el cerro.

Recuerdo que se consideraba a si mismo como un “cabecita negra” de lo que estaba muy orgulloso.

 “SUS SENTENCIAS CASI PROFÉTICAS”

Por Alfredo A. Aguirre *

Habíamos acudido a Junín, esa ciudad de la provincia de Buenos Aires, en una simbólica posta gigante desde la Capital Federal, organizada por el entusiasta periodista y promotor deportivo Adolfo Ortiz. Como parte del evento se montó un palco, donde el tucumano Armando Pino fue ubicado junto al campeón olímpico Juan Carlos Zabala, y al pintoresco Ezequiel  “Tapita e’Grafico” Bustamante. En un mismo plano se ubicaron dos grandes atletas locales Parchappe y Fuse.

Luego del acto y la cena en un caluroso enero de 1963, fuimos un bar y sentados en la vereda de una esquina, varios jóvenes escuchamos a “Pinocho” Pino, contarnos su historia deportiva con el hablar pausado y algo de tonada que aún le quedaba.

Nos quedó la imagen de sus entrenamientos por la actual Avenida Rocha de Bernal, por donde ya no pasa el tranvía. Sus disputadas pruebas de fondo con Suárez y Lemos.

Habiendo tenido yo la suerte de tener como maestro deportivo a Walter Lemos -persona dura si las hay a la hora de calificar- supimos mucho más de Pino, dado que Walter siempre habló bien de Armando y nos contaba, que el padre de Osvaldo Suárez, siempre les decía que si Armando se cuidase más, ellos dos le mirarían la espalda.

Como tucumanísimo que era (uno diría que era “un tucumano típico”) hablaba con decir pausado y cadencioso. Más de una vez escuchamos sus sentencias casi proféticas sobre el peligro de tomar vitamínicos para mejorar el rendimiento deportivo. Él sostenía que habrían el camino al dopaje: “Y lamentablemente su pronóstico se ha cumplido”.

En los últimos años, merced a nuestra común participación en la murga “Prisioneros del Delirio”, de la ciudad de Sarandí, en el conurbano bonaerense, hemos trabado amistad con su hija Liliana y sus nietos Cecilia y Gerardo, y a través de ellos con el resto de los descendientes de “Pinocho”. Este encuentro nos ha permitido intercambiar vivencias que cada uno desconocía de este singular figura del deporte argentino, tucumano por añadidura.

* Atleta, Lic. En Ciencias Políticas y uno de los máximos investigadores de la Cultura Nacional.

Fuente: Libro “100 Ídolos Tucumanos” de Víctor F. Lupo

Capítulo 17 – Página 91

Editorial Corregidor

Mayo de 2015

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