Qué aprender de Lima 2019: Las lecciones de los Juegos Panamericanos, más allá de lo que dice el medallero

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El deporte de alto rendimiento se mide por resultados, pero hay que prestar atención a otros factores clave para mejorar.

 

 

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Argentina, en la ceremonia inaugural de Lima 2019. Foto: Maxi Failla / Enviado especial

No hay física cuántica, teoría del caos, filosofía existencialista ni amor tántrico detrás del deporte de alto rendimiento. Mandan los resultados. Lo saben los atletas, que se entrenan durante meses para un objetivo: ser mejores que sus rivales, batir sus marcas personales o subirse a un podio. Lo saben los entrenadores, que con sus colaboradores diseñan el método para conducir a los deportistas hacia sus objetivos. Lo saben quienes deben distribuir los fondos para financiar esas planificaciones. Fondos públicos, porque los sponsors privados son prácticamente nulos, como si aún no comprendieran el valor de identificar su marca con un atleta ejemplar para sus potenciales consumidores.

Resultadismo puro. Guste o no. Así es el alto rendimiento. El fin justifica los medios, porque el cuerpo se exige al infinito y más allá, con la salud del deportista siempre caminando por la cornisa de una lesión que complique su futuro pos vida útil como atleta.Y los Juegos Panamericanos son, en ese sentido, la cita ineludible para que el deporte argentino compita y trate de ser mejor que el del resto del continente. Olímpicos son pocos; panamericanos, ya es otra historia.



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Todo muy lindo con subirse al autobomba de los resultados y pasearse con la sirena a fondo por el pueblo con las 101 medallas, los32 oros, la mejor actuación histórica de visitante y la mar en coche. ¿Cómo no celebrar objetivos cumplidos y superados si de eso vive el deportista de alto rendimiento?

Ahora bien, comparar este rendimiento argentino con los conseguidos en anteriores Panamericanos no es sólo un tema estadístico, porque en cada uno de los Juegos hubo distintos deportes, disciplinas, pruebas y cantidad de atletas, por lo que la calidad está en juego como variable indispensable para el análisis final. Entonces bien vale hablar de las lecciones que dejó Lima 2019, para que el deporte argentino aprenda y progrese gracias a ellas.

Es imposible no comenzar por una demostración más del corazón del atleta nacional, que se potencia cuando lleva la celeste y blanca en su pecho. No hay con qué darle. Nada de chauvinismo. Simple realidad. Escuchar el Himno antes de una competencia embarga el alma. Ver a sus familiares y amigos con las banderas celestes y blancas en las tribunas. Leer los comentarios en sus redes sociales. Puro contagio.
Acostumbrados a atar todo con alambre para organizar sus vidas como pueden para ser atletas mientras también trabajan, estudian o son padres o madres, el deportista argentino tiene ese plus que se ve en la canchaEl “biribiri” y las penas se acaban a la hora de competir. A rendir los han llamado. Y hacia 101 podios se subieron.

Fuente: Clarín

12 agosto de 2019

https://www.clarin.com/deportes/lecciones-juegos-panamericanos-alla-dice-medallero_0_KwK1PGb4T.amp.html?__twitter_impression=true.

 

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