15/05/1914: Nacía un campeón olímpico de Berlín, OSCAR CASANOVAS

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20190604Idolos Porteos

 

Oscar Casanovas nació en el barrio porteño de Parque Patricios el 15 de mayo de 1914. A los doce años, todavía chiquilín y rubión, empezó a aprender boxeo en el Boedo Boxing Club, que entonces estaba en Boedo y Las Casas. Nacido para la esgrima de los puños, pronto se advirtió que estaba dotado de una habilidad singular, lo que se corroboró, años después, cuando se coronó Campeón Olímpico en Berlín 1936.

Oscar jugó al fútbol en el Club Atlético Huracán, donde actuó en la 6º División, cuya delantera estaba integrada con Belfiore, Baldonedo (el gran Emilio), Casanovas, Correa  y Adolfo Pedernera.

Pero fue obviamente el boxeo el deporte que lo convocó para sus mayores logros. Su récord como amateur es sencillamente magnífico. En diez campeonatos, de los muchos en que participó, vio alzar su mano como el mejor. Cuatro de esos títulos son de categoría continental, siendo uno de sus mayores orgullos que nunca perdió fuera de la Ciudad de Buenos Aires.

Algunos mojones de su carrera:

1932: Campeón rioplatense en Montevideo, categoría mosca. En 1932 también ganó el Campeonato de la Ciudad de Buenos Aires, categoría mosca. Y se consagró Campeón Latinoamericano, en Río de Janeiro, peso gallo.

1934: Campeón Nacional pluma. Luego Campeón Sudamericano pluma, con participación de cinco naciones.

1935: Vuelve a clasificarse Campeón Nacional pluma y, en Córdoba, Campeón Latinoamericano, categoría pluma.

1936: Campeón nacional pluma. Y sobre todo, alcanza el mayor éxito de su carrera, cuando gana la medalla de oro de Boxeo peso pluma, en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. Oscar Casanovas ganó todas sus peleas y batió en la final al sudafricano Charles Catteral. Fue considerado por el periodismo alemán el boxeador más técnico de los Juegos Olímpicos.

Luego comenzó su récord profesional.

 

EL OSCAR DEL LUNA PARK

 

El flamante campeón olímpico debutó como profesional frente al italiano Mario Gualandri, a 12 rounds en el Luna Park. Había llegado la hora de una exposición pública demandada por la admiración social que su figura despertaba.

El cine argentino vio en Casanovas a un elemento que unido a su enorme popularidad, poseía espontánea simpatía y desenvoltura. De ahí entonces su actuación en la película "Mateo", sobre la obra teatral de Don Armando Discépolo, obviamente de producción nacional. Fue la primera película dirigida por Daniel Tinaire, en 1937. El elenco era encabezado por Luis Arata y Enrique Santos Discépolo, Discepolín. La produjo Baires y la distribuyó la Paramount.

Oscar se retiró en 1940 tras una reducida campaña profesional de 7 peleas, en la que venció al campeón argentino, Vital Coccio. El motivo de su apresurado retiro fue una lumbalgia que no pudo curarse.

El total de su campaña fue de 170 peleas, con 160 ganadas, 5 empatadas y 5 perdidas.

Durante varios años se desempeño como presidente de la Asociación Mutual Casa del Boxeador. Entre otras entidades se desempeñó como profesor en Huracán, el club de sus amores, del que llegó a ser orgulloso socio vitalicio. De su gimnasio surgieron valores como el peso pesado Pablo Zam y el olímpico pluma Francisco Núñez. Entre sus dirigidos más destacados estuvieron nada menos que Alfredo Prada, el gran Campeón argentino y Sudamericano, el inolvidable Luis Federico Thompson y el Campeón Mundial Víctor Galíndez.

Oscar Casanovas falleció en Buenos Aires a la edad de 74 años. Fue un luchador incansable por el bien del boxeo nacional.

 

“POR SUERTE, YO SEGUÍA SOÑANDO”

 

Esto escribió Oscar Casanovas, cuando se consagró Campeón olímpico en Berlín:

“Emoción... Alegría... y dos lágrimas de felicidad. ¡Qué día maravilloso tuve en mi vida! Jamás me olvidaré del 16 de agosto de 1936, que fue el día que sentí tantas cosas lindas en mi corazón. Cumpliendo mi máxima aspiración de deportista al conquistar para mi patria el título de CAMPEON MUNDIAL DE BOX EN

LAS OLIMPIADAS REALIZADAS EN BERLIN.

¡Pero antes de esa fecha había muchos soñadores! ¡Cada día se desvanecían esperanzas! ¡Y yo por suerte seguía soñando! Y yo que era un muchacho argentino, que cada día realizaba una pelea... y cada pelea una victoria.... y cada victoria un paso más hacia la dicha. Había vencido el 12, el 13, el 14 y el 15 de agosto a los representantes de Finlandia, Polonia, Hungría y Sudáfrica respectivamente. Al día siguiente de la final, o sea el 16 de agosto, me coronaron CAMPEÓN OLIMPICO. En el centro y en la parte más alta de la tarima estaba yo... Me habían entregado la medalla de oro, el simbólico roble y un libro. Segundos después oía el Himno Nacional Argentino... Mi bandera subía...subía lentamente.. Me parecía más blanca y más azul mi bandera... Y el himno nuestro más lindo que nunca... Mientras tanto no pude contener dos lágrimas... Dos perlas que volaron al Parque Patricios en busca de mis queridos padres, para darles las gracias por haberme dado la vida. ¡Ahora sí que era feliz! Había cumplido con mi patria, con mis padres, con mis amigos.  ¡Que más podía pretender!  Y si en ese momento me hubiera sorprendido la muerte la habría recibido con una sonrisa en los labios”.

Fuente: Libro “100 Ídolos Porteños” de Horacio del Prado y Víctor Lupo

Mayo de 2019

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