TUCUMÀN: La historia de "Los Salvajes", el equipo infantil de atletismo que busca transformar La Costanera

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A metros del río Salí, más de 60 chicos entrenan cada día en una calle de tierra del barrio Ampliación Soldado Tucumano.



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ENTRENAMIENTO. Cuellar conversa con los integrantes de "Los Salvajes".

Un pasaje sin nombre a 50 metros del margen este del río Salí se transforma cada día en una pista de atletismo. Cuatro pares de conos naranjas diseminados en una calle de tierra del barrio Ampliación Soldado Tucumano alertan a conductores de carros, motos y autos que el entrenamiento está en progreso. Las pisadas de 65 chicos desafían las irregularidades del terreno y levantan polvo durante los ejercicios de velocidad, coordinación, fuerza y elongación. En caminos donde antes se jugaba a la pelota, ahora hay carreritas. En sectores donde antes sólo la droga corría, ahora lo hacen niños de entre dos y 12 años que buscan escapar de la realidad adversa que les ofrece La Costanera. El grupo asume el lugar donde le toca crecer por eso, de manera irónica, se autodenominó "Los Salvajes".

El profesor de Educación Física Luis Cuellar vivió hasta los 28 años en una de las nueve casas que flanquean el pasaje anónimo. Desde 2015, el también maratonista vuelve cada semana a la cuadra donde creció para inculcar valores como el respeto, educación y disciplina a través del atletismo. Junto a su hermano Francisco, comenzaron a trabajar con cinco chicos. Otros niños se entusiasmaron y sumaron 15, que más tarde pasaron a ser 25. Pero el número creció velozmente cuando en la barriada se supo que después de cada sesión había mate cocido y tortillas, merienda que salía del bolsillo de los Cuellar hasta hace dos meses, cuando el municipio de Banda del Río Salí empezó a hacerse cargo.

"Con mi hermano veíamos que entrenábamos a los chicos y que al otro día no podíamos porque estaban débiles. Se veía eso. Entonces, un día, mi mamá nos dijo que tenía mate cocido y algunas tortillas. Y eso generó que en el barrio se corriera la bola de que había entrenamiento pero que también había merienda. Ahí comenzaron a llegar más y más chicos. El objetivo era el entrenamiento, pero no se olvidaban de la merienda. Hasta llegaban con sus tazas", recuerda el maratonista de 34 años.

Contención y esperanza

A pesar de su corta edad, los niños cargaban con la hostilidad de la calle. Esto trajo conflictos en el grupo, porque ya no asistían quienes simplemente deseaban entrenar, sino también aquellos que lo hacían impulsados principalmente por el hambre.

"Se mataban a piñas. Dije entonces que el lema de ‘Los Salvajes’ es entrenar, competir y respetar para ganar. Sobre todo les decía que íbamos a buscar amigos, no a pelear entre nosotros. Algunos no lo aceptaban y yo los suspendía, pero antes de mandarlos a la casa les ‘lavaba la cabeza’. Les decía había que respetar a los compañeros y al profesor para progresar en la vida. Y que si se disciplinaban acá, también lo iban a hacer en el estudio. Les decía que si yo he podido estudiar saliendo de acá ellos también pueden", confiesa este padre de dos hijas.

Para encaminar su estrategia, Cuellar ideó la "Primera División": una categoría a la que sólo accederían quienes entrenen, no peleen y tengan buenas notas en la escuela. A cambio, serían recompensados con traslados a distintas carreras y con remeras de competencias, entre otras cosas.

El plan funcionó a la perfección y repercutió en las prácticas, donde desaparecieron las peleas, y en la escuela, ya que las libretas comenzaron a llegar con buenas notas. Inclusive, dos chicas son abanderadas actualmente. "Un día tuve que llamar a policías para que separen a dos chicos que se estaban pegando. Y hoy esos dos son líderes del grupo", ejemplifica.

Cuellar sabe que tiene muchos casos de pobreza extrema en el grupo. "Te mata, te llega al alma", reconoce. "Uno de los chicos me invitó en época de frío a su casa y sólo había un colchón y una sabanita. Y yo le decía ‘¿aquí dormís vos? ¿No te hace frío?’. Y me respondía: ‘no, profe. Me pongo el bucito y la camperita y duermo’. No me acuerdo cómo hice pero les conseguí colchas. Ese chico de siete años, que era peleador y atrevido, hoy es un señorito. Parece que necesitaba contención, que alguien le dijera que puede ser alguien en la vida", confiesa el maratonista, que también es empleado en el Concejo Deliberante de Yerba Buena.

Revolución de alegría

A pesar de no contar con zapatillas e indumentaria adecuada -o en condiciones-, los chicos no faltan a las prácticas. Incluso entrenan todos los días porque dos de esas sesiones las ejecutan ellos mismos. Luis se involucró tanto con el proyecto que, además de su hermano, sumó a sus padres Lelia Juan Carlos; a su esposa Regina Villegas, que también les enseña a bailar a los chicos; a su suegro José, que es médico y hace un seguimiento del estado de salud de cada uno, y los voluntarios Karina Juárez y Matías Pérez, que colaboran durante las prácticas. Y aunque algunos transas del barrio intentaron intimidar al grupo por alejar a los niños de la droga, hoy llevan una convivencia en paz.

"A los chicos les digo: ‘está en ustedes, en su corazón, que puedan mejorar en sus vidas. Olvídense de los changos que están tomado en la esquina’. Los sábados y los domingos se tomaba mucho. Ahora como que está cambiando eso en el barrio. Hasta las madres que no se acercaban se acercaron a ayudar. Ven que hay un objetivo. Hubo madres que me abrazaban, lloraban y me agradecían. Les he dicho que a mí no me tienen que agradecer, que los chicos han tomado para bien el mensaje que les hemos dado. Para mí, hoy son un ejemplo", dice orgulloso.

"Es como que el barrio se ha comprometido con la causa. Para mí no es un trabajo. Con cada entrenamiento es como que regenerás tu alma. Vas y decís ‘pucha, los problemas que tengo no son nada en comparación a los de ellos’. Han encontrado contención, saben que hay esperanza y futuro. Que no es solamente drogarse, andar tomando o peleando con el vecino. Yo estaría feliz de que dos o tres lleguen al profesionalismo. Creo que sí van a llegar, yo tengo mucha fe que vayan a llegar. Quiero que sepan que sí pueden estudiar, que sí pueden ser profesores, arquitectos, ingenieros, periodistas o lo que ellos quieran en su vida", agrega.

Jesús Luis Juárez son padres de una nena de ocho años que entrena en "Los Salvajes". Reconocen que al principio todo parecía un juego para su hija, pero que ahora está muy emocionada con el grupo. "Ellos los llevan donde nosotros no podemos. La semana pasada los llevaron a participar a la Banda del Río Salí. Les hacen conocer cosas que a veces los papás no podemos", afirman. Agregan que en el barrio están más unidos y que los niños son más compañeros que antes. "Tienen otro pensamiento, como que no están en nada malo, sólo en correr".

Juegos Evita

El objetivo a corto plazo de Cuellar es clasificar a seis chicos de 12 años para los Juegos Evita, que se realizarán en Mar del Plata en el mes de septiembre. La intención es que puedan viajar todos, por eso los dos más veloces se entrenan en carrera y con los otros cuatro trabaja a tres metros del río Salí, en un espacio que acondicionó para que nadie saliera golpeado. Allí entre algunos cerdos y perros, se practican saltos, lanzamiento de bala y de jabalina -con un viejo palo de escoba-. "Si llegamos a pegar ese salto, de que vayan allá, creo que a la realidad del barrio la vamos a cambiar totalmente porque los chicos van a ver que hay otra posibilidad", remarca Luis, que no quiere pasar por alto que el corredor y actual concejal Lucas Cerúsico también fue importante para impulsar el proyecto.

A largo plazo, Cuellar confiesa le gustaría sacar la droga del barrio y que más niños hagan atletismo, como "Los Salvajes". "En el atletismo hay más oportunidades, porque el chico que no puede correr puede saltar, y el que no, puede lanzar. Y el que es bueno en todo hace el declatón".

"Ya no se juega a la pelota en el barrio. Nunca iba a imaginar que eso podía pasar ¿Quién no juega al fútbol? Es más, yo les regalé dos pelotas. Y ahí están, desinfladas. Los chicos sólo juegan a las carreras", remarca sorprendido.

El pecho del profesor de Educación Física se hincha de orgullo al punto que confiesa que quisiera poner un banner que dijera que en ese pasaje anónimo nacieron "Los Salvajes". Sabe que hoy no cuenta con el dinero para lograrlo, pero aprendió que con perseverancia y disciplina los objetivos llegan si se acompañan con mucha voluntad.

- Decís que el pasaje no tiene nombre, ¿y vos qué nombre le pondrías?

- Para mí es el pasaje de los sueños, porque sé que se van a cumplir. Para mí van a salir las mejores personas de este lugar.

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PRÁCTICA. Cuellar entrena a una de las atletas del equipo. LA GACETA / MARTÍN SOTO

Otros casos y cómo ayudar

Además de "Los Salvajes", Luis Cuellar entrena en atletismo a dos grupos más de chicos de bajos recursos: "Los Panteras" (en el barrio Nueva Esperanza, Yerba Buena) y "Los Lince" (en la zona sur de la capital). En total son unos 100 niños que necesitan zapatillas, ropa deportiva, abrigos y útiles escolares, entre otros elementos. Tampoco cuentan con posibilidades de una buena alimentación o para acceder a cortes de pelo. Por cualquier donación, se pueden comunicar con el profesor Luis Cuellar a través de Facebook.

Fuente: La Gaceta - Por Martín Soto

12 julio de 2017

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