Un tucumano de oro: EL SAMURAI SOLITARIO

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Pese a que le sacaron más de la mitad del apoyo en becas tras ser top ten en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro, el tucumano Emmanuel Lucenti no bajó los brazos y vive un 2017 soñado: el sábado ganó el Grand Prix IJF de Cancún y escaló al séptimo lugar del ranking mundial de 81 kilos, su mejor ubicación histórica.

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La emoción de Lucenti tras superar en la final al canadiense Briand.

Emmanuel Lucenti es un guerrero del tatami. A los 32 años, el tucumano ha defendido la bandera argentina en torneos internacionales por casi dos décadas desde juveniles y fue olímpicos en los últimos tres Juegos (Beijing 2008, Londres 2012 y Río de Janeiro 2016). De la capital inglesa se trajo un diploma, tras terminar séptimo en los 81 kilos, su categoría de siempre, y en Brasil esperaba –al menos- terminar entre los ocho mejores.

Una retención antirreglamentaria en el debut, ante el libanés de origen brasileño Elías Nacif le provocó una lesión en su brazo derecho que lo obligó a luchar en inferioridad en octavos de final contra el canadiende Antoine Valois-Fortier (bronce en Londres 2012). Pese a que dejó el alma, Lucenti perdió por infracciones y terminó el torneo noveno, apenas dos lugares detrás de de lo conseguido una olimpíada antes.

Pero el sistema meritocrático establecido por el Enard no respetó los laureles ni los antecedentes de Lucenti. Así, pese a ser top ten en su segunda cita olímpica consecutiva (y tener altas expectativas de estar en Tokio 2020), el Enard sólo comparó resultados y decidió bajarle un 55% la beca anual, por lo que pasó de recibir mensualmente $18.000 en 2016 a tener un apoyo de $ 8.000 en 2017. No sólo eso; la Secretaría de Deportes de la Nación, que está encabezada por el exfutbolista Carlos Javier Mac Allister, le redujo la beca nacional de $ 11.000 a $ 4.600 por lo que globalmente el judoca perdió el 56% de lo que recibía como sustento de su chance.

Lo que para otros deportistas podía significar un bajón o pensar en el retiro de la alta competencia, a Lucenti le templo el espíritu. Decidió dejar de vivir en el Cenard y concentrarse con el equipo nacional y regreso a su San Miguel de Tucumán natal. Lo que perdió en dinero lo ganó en fortaleza anímica ya que en 2017 viene sumando premios y escalando en el ranking mundial. Abrió la temporada con una medalla plateada en el Open Panamericano celebrado en Buenos Aires en marzo, un mes más tarde quedó quinto en el Grand Prix de Antalya (Turquía) y también en abril fue plata en el Panamericano de la especialidad en Panamá.

El sábado, en la ciudad mexicana de Cancún, el samurai solitario (viajó sin entrenador, durmió en un hostel y hasta tuvo problemas con el auto que alquiló ya que se le pinchó la goma cuando debía ir a competir) consiguió el primer oro de su carrera en un Grand Prix (tenía una plata en Miami 2013 y un bronce en Qingdao 2009) luego de imponerse en sus cuatro luchas ante calificadísimos rivales.

Quedó bye en la ronda inicial y en el debut venció por ippon al israelí Sagi Muki (campeón europeo 2015); en cuartos de final despachó al montenegrino Srđan Mrvaljević (plata en el Mundial 2011). En semifinales (en golden score igualar en los cuatro minutos reglamentarios) la víctima fue el brasileño Víctor Peñalber (cuarto del ranking de la Federación Internacional, quien venía de ganar el Grand Prix de Tbilisi y lo había vencido en las dos luchas previas entre sí). En la definición, quien cayó fue el canadiense Ettiene Briand (bronce en el Grand Slam de Ekaterinburg 2017 y 11º del escalafón IJF).

Con la emoción de haber subido cinco puestos y quedar séptimo en la tabla IJF mundial (su mejor ubicación histórica), Lucenti vive con alegría y humildad el gran momento. “Es increíble lo que pasa. Es la vez que menos me han apoyado y fue eso lo que más fuerzas me dio. Me pagué el pasaje con lo que gano en mi provincia, dormí en un hostel de 9 dólares y me acomodé a pulmón. Ahora me vuelvo a entrenar solo a Tucumán porque desde la Confederación me pidieron 900 euros para pagar la concentración que va a hacer el resto del equipo en Cataluña porque el Enard sólo paga los pasajes. No tengo esa plata y prefiero quedarme en casa, seguir trabajando y soñar con lo que pueda hacer en el Mundial de Budapest en agosto. Yo sé que puedo darle guerra a los mejores; siempre lo hice. Las autoridades parecen que se olvidaron”.

ERNESTO RODRÍGUEZ III
@EPHECTO

Fuente: Olímpicos Argentinos

19 junio de 2017

https://olimpicosargentinos.com.ar/2017/06/19/el-samurai-solitario/