Córdoba: Georgina Bardach - Cambio la medalla olímpica por estar en una banda de funk

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Distendida, Georgina se olvida de la sesión de fotos y ensaya algunas notas en su bajo. (Jairo Stepanoff)

Por Eugenia Mastri


La exnadadora dejó atrás una vida estructurada y metódica para transformarse en una mujer polifacética. Trabaja, estudia, toma clases de bajo y hace longboard. Confiesa que “el sueño” de su vida era “ser como Flea”.

La vida de Georgina Bardach es algo parecido a un parquecito de diversiones, y ella se sube a todos los juegos que le gustan. Admite que está “viviendo una adolescencia tardía” y, pasados los 30, sabe que tiene su costado positivo.

“Soy una adolescente pero con recursos, tiempos y una madurez diferente”, afirma.

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Desde hace cinco años, la medallista olímpica en Atenas 2004 está alejada de la natación y disfruta de todas las cosas que quiso hacer cuando era una nadadora de elite pero que su estructurada vida no le permitía. Y en ese “hacer” busca también qué la define, porque algo tiene claro. “No quiero ser siempre ‘la nadadora’ porque hay muchas más cosas que eso. De acá a unos años seré Licenciada en Comunicación, o seré música... no sé. Pero tengo la oportunidad y sería un desperdicio no aprovechar el tiempo, la salud y los recursos para hacer otra cosa y no quedarme en lo mismo”, remarca y sentencia: “Yo dejé todo por nadar. Lo disfruté y estuvo bueno, pero quiero hacer cosas más divertidas”.

Bardach es polifacética. A su trabajo como vocal en la Agencia Córdoba Deportes le suma sus estudios universitarios en Comunicación, las clases de bajo, su gusto por el longboard, la debilidad por compartir tiempo con su sobrino y, próximamente, su incursión en el canto.

Todo esto la ayuda en su definición de ser, más allá de una pileta. “Recién ahora, después de muchos años, me estoy amigando con que me reconozcan como la nadadora. Antes me enojaba que me identifiquen así”, cuenta y revela una conclusión a la que llegó haciendo terapia: “Me hizo ver que fui una chica siempre muy obediente. Hice todo lo que tenía que hacer. Y como soy exigente, lo hice bien. Ahora sí estoy eligiendo lo que me gusta a mí y no lo que me dicen”.

–¿Pero te gustaba nadar?

–La natación me gustaba. Y obviamente ayudó el hecho de que me vaya bien, de lo contrario capaz no hubiese aguantado tanto. Seguramente hubiera hecho un deporte, pero me dijeron que tenía que ir a nadar por una cuestión de seguridad, y fui. Me invitaron a ir al equipo, y fui. Sería muy injusto decir que la natación no me gustó. Todo lo que soy ahora me lo dio la natación.

–¿Qué relación tenés ahora con la natación?

–Casi nada. Es muy aburrido ese deporte para hacerlo de onda, sin objetivos. Te pasás tres horas por turno mirando azulejos. Aunque cuando estoy muy pasada de vuelta está bueno.

–Las otras actividades que estás eligiendo tienen más adrenalina.

–Mal... Es que extraño. De alguna manera tengo que volver a sentir la adrenalina de la competencia. Y lo siento en el bajo, en el longboard, los tatuajes, cuando voy a rendir los exámenes...

"Le tenía mucho miedo al retiro. Conocí a mucha gente que seguía extrañando la vida que tenía antes. Y creo que el hecho de buscar todas estas cosas es por eso. Me daba mucho miedo terminar viviendo del recuerdo. Yo soy mucho más que eso".

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El sueño de su vida

Una corona de laureles enmarcaba su cara de niña cuando a los 20 años Georgina se subió al tercer escalón del podio de los 400 metros combinados en los Juegos Olímpicos de Atenas. Y una inagotable sonrisa dejaba ver que en esa medalla de bronce la cordobesa había hecho un sueño realidad.

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En 2004, Bardach ganó la medalla de bronce en los 400 metros combinados de los Juegos Olímpicos de Atenas.


Pero hubo otro que mantuvo silenciado hasta que el año pasado se compró un bajo y comenzó a tomar clases. Fue cada semana a su lección hasta que por fin llegó el momento de aprender su primera canción: Give it away, de los Red Hot Chili Peppers.

“Fue lo primero que me enseñaron con el bajo y no lo podía creer. El sueño de mi vida era ser como Flea (el bajista de los Chili Peppers). Salir en bolas al escenario, todo”, revela.

–¿Desde cuándo tenés ese sueño?

–¡Desde siempre! A mí me costaba mucho cuando me preguntaban quién era mi ídolo en el deporte. Yo inventaba, los cambiaba... Los pósters en mi pieza eran de músicos.

–¿Y te veías arriba de un escenario como ellos?

–Soñaba con eso. No me veía, porque tenía que nadar. Aparte era consciente de que hay que tener talento para eso.

–¿Cómo te acercaste a la música?

–En mi casa no se escuchaba música, así que fue cuando empecé a viajar. Me prestaron una vez un discman con un CD de Jamiroquai o de los Beastie Boys, no recuerdo. Mi primer recital fue de los Red Hot en Buenos Aires a los 16 años. Desde ahí aluciné.

–¿Y por qué el bajo?

–No sé. Siempre me gustaron bandas que tenían bajistas muy fuertes. No tenía idea al principio de qué era un bajo, pero siempre me gustaba ese sonido. Me gusta mucho el funk: los Chili Peppers, Molotov, los Illya Kuryaki, Jamiroquai...

–¿Y ya tuviste la oportunidad de tocar con público?

–El año pasado tuve la audición de fin de año en la academia, pero no fui. “Me tenía que ir a Las Grutas”, pero en realidad era pánico escénico.

–¿Y la idea de ser como Flea?

–Bueno... Necesito tiempo. El pánico escénico venía por el lado de que soy muy exigente y hasta que no lo haga perfecto no lo voy a hacer.

Georgina está con su bajo en el estudio de fotos de La Voz. Por un momento se olvida de la cámara y disfruta de ese momento con su instrumento. Charla relajada, despreocupada, mientras acaricia las cuerdas.

Polifacética. Georgina asegura que le da culpa dormir y que, con pocas horas de sueño, su día le rinde para hacer tantas cosas.

En su cuerpo relucen los tatuajes. Ya no sabe cuántos tiene porque con el tiempo fue tapando unos con otros. Pero cada creación tiene un sentido para ella.

¿Si alguno tiene que ver con la música? Claro. En el brazo izquierdo de la medallista olímpica hay “una representación abstracta de todos los discos solistas de Cerati” que su tatuador diseñó para ella. Georgina cree que “hay una canción de Cerati para representar cada momento de la vida”.

Los libros y la música fueron los más fieles compañeros de la cordobesa a lo largo de sus viajes como deportista. Y está tan embelesada con el bajo que tira una frase que queda resonando.



“Cambio la medalla olímpica por estar en una banda de funk”, dice como al pasar. Pero hace una pausa, piensa, y completa: “Tampoco es que soy inconsciente. Sé lo que me llevó, el sacrificio que puse; lo que es tener esa medalla”.      

–¿Pero te lo representás? Si viene un músico que es fanático del deporte y te lo propone. ¿Lo hacés?

–Sí. Si la tengo guardada en un cajón. Yo sé lo que hice. Sé que pude cumplir un objetivo, que me pude parar arriba de un podio olímpico y que no muchos lo logran. Sé que fue un esfuerzo mío, de mi familia, del “Bochi” (Héctor Sosa, su entrenador), de la familia del “Bochi”... Pero lo material es simbólico. El hecho es que llegué y soy medallista olímpica, pero no por eso voy a andar por todos lados con la medalla colgada.

Fuente: La Voz del Interior

http://mundod.lavoz.com.ar/natacion/georgina-bardach-cambiola-medalla-olimpica-por-estar-en-una-banda-de-funk