26/09/1900: Vito Dumas, “El navegante solitario”, el espíritu aventurero argentino da la vuelta al mundo

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Nació el 26 de setiembre de 1900 en el barrio de Palermo de la ciudad de Buenos Aires, pero se crió en una estancia de Trenque Lauquen, provincia de Buenos Aires. A los 17 años, Vito Dumas comenzó a navegar en el Tigre Sailing Club; pero como era un buen nadador empezó a dictar las primeras lecciones para enseñar a nadar en la “moderna” pileta del Club Sportivo Barracas, inaugurada el 6 de diciembre de 1925. Ese mismo año, tiene un pequeño accidente al inaugurarse la primera pileta pública en el Parque Avellaneda, cuando al realizar una exhibición se zambulló desde una estatua, la pileta no tenía la cantidad de agua suficiente, y Dumas se partió la cabeza, donde le quedó una marca para siempre.

También fue profesor en el Colegio Militar (nombrado por el Gral. Agustín P. Justo) y en el Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires.

A partir de 1923 hizo cinco intentos por cruzar el Río de La Plata. Aunque no logró su objetivo, fortaleció y templó su espíritu.

Viaja a Francia para intentar cruzar a nado el Canal de la Mancha en 1931, pero tampoco lo consigue. Allá se compró una embarcación modelo 1918, que era bastante insegura. El 13 de diciembre de ese año, con damajuanas de agua, algunas conservas, azúcar, unas papas y galletas, Dumas parte desde el Puerto de Arcachón, un pequeño pueblito pesquero francés, en su primer viaje como “navegante solitario” para unir, en un bautizado yate “Legh”, Francia con Buenos Aires.

Dumas, que en su barquito no contaba con brújula ni elementos de navegación, después de sufrir varios contratiempos en unos bancos de arena de Brasil, le pidió ayuda a su hermano. Tras ser asistido, el 9 de abril llega a Montevideo y el 13 de abril de 1932, al cabo de 121 días, recala en el Yacht Club Argentino ante numerosas personas (enteradas de su travesía) que lo esperaban para ovacionarlo. Con muestras de cansancio, expresó al público presente que se despedía de la navegación. Pero evidentemente, ni él mismo lo creía.

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Dos años más tarde, comenzó la fabricación de su propia embarcación, el Legh II”  (Este se encuentra actualmente en exposición en el Museo Naval de la Nación) de 9,55 metros de eslora y 3,30 de manga. En esta embarcación partió el 27 de junio de 1942, solo con su pipa, a dar la Vuelta al Mundo.

Mientras el mundo vivía conmocionado por la Segunda Guerra Mundial y su vasta destrucción, un navegante argentino cumplía su sueño de coraje y emprendimiento, para demostrar que aún quedaban soñadores, románticos y visionarios de un mundo mejor y más justo.

Realizó su travesía en cuatro etapas, quedando consagrado como el más capaz y arrojado navegante solitario, pero además como un velerista, acaso el más grande de la historia nacional. La primera etapa fue hasta Ciudad del Cabo (Sudáfrica) con 55 días de navegación. De allí partió hacía Wellington (Nueva Zelanda) donde llegó luego de atravesar zonas de monzones, con olas de 18 metros de altura y navegar 104 días. Su próxima etapa abarcó hasta Valparaíso (Chile) donde llegó luego de cruzar en 72 días de navegación todo el Océano Pacífico. Su última etapa atravesó el Cabo de Hornos, en la unión de los dos océanos, yendo por la “ruta de la muerte” hasta Mar del Plata y desde allí costeando la provincia de Buenos Aires hasta llegar al puerto porteño el 7 de agosto de 1943, donde una multitud que había vivido su hazaña de 22.000 millas por el paralelo 40, lo recibió como un gran héroe, tras navegar 272 días para dar la “Vuelta al Mundo”.

Cuando Perón fue presidente de la Nación, le otorgó a Dumas el grado militar de teniente de navío auxiliar (pese a ser civil) y lo nombró Director de la recién creada Escuela Náutica, donde construyeron un buque escuela a cargo de Dumas, que tiempo después se hundió en aguas brasileñas.

En 1955 con un velero logró unir Buenos Aires con Nueva York.

Dumas publicó tres libros llamados: “Mis Viajes”, donde narraba sus peripecias en el mar; “Solo rumbo a la Cruz del Sur” y “Los cuarenta bramadores”.Falleció el 28 de marzo de 1965.

Tomás Abraham,en su libro “El amante”, escribió: “Vito Dumas. Trabaja la tierra. Es 1942. No es hombre de dinero. Los gastos para su travesía siempre constituyeron toda una epopeya. Duró unos años este intento de sedentarización. La gitanería náutica no lo deja descansar, es un navegante. A Colón, nos dice, lo acuciaba una incógnita, a mí el peligro. Estudia la ruta imposible. Cruzar el océano hasta Sudáfrica, y de ahí seguir hasta Chile y luego bordear hasta el Plata. Su despegue no es fácil. Había sembrado semillas de cereales altivos, se había hecho de amigos, de un perro llamado Aramis, de un árbol, de un caballo, de la buena compañía de sus peones, tenía familia. Pero se da una misión, se inscribe a sí mismo en una epopeya mostrativa. En plena guerra mundial se siente adjudicatario de mostrar que no todo está perdido, que aún quedan soñadores, románticos, visionarios, que la juventud de América lo necesita. Se despide y no mira para atrás. Carga nuevamente su arca de Noé con 6 latas de cacao, 20 kilos de harina de lentejas, arvejas, garbanzos, arroz..., 10 kilos de yerba, latas de aceite y 80 kilos de corned beef, 40 kilos de manteca salada, chocolate en barras y chocolatines, 15 latas de leche condensada, 70 kilos de papas, 5 kilos de azúcar, latas de frutas confitadas, 10 frascos de mermelada, cigarrillos, tabaco para pipa. Pocos días después de salir una tempestad lo deja casi sin víveres. La turbulencia y las masas de aire negro lo dejan sin resto físico, ya ni puede sostener el timón, tiene heridas infectadas y su brazo purulento tiene el grosor del mástil, alucina por la fiebre, desnudo. Y se deja llevar por lo que llama el destino.”

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” de Víctor F. Lupo

Capítulo XVIII – Página 172 – Ed. Corregidor

Agosto de 2016

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