18/06/1937 debuta ANGEL LABRUNA - El goleador eterno del Club Atlético River Plate

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Escrito por Administrator Lunes, 17 de Junio de 2019 18:26

 

 

 

Ángel Amadeo Labruna, símbolo máximo del jugador e hincha del Club Atlético River Plate, nació en Las Heras y Bustamante, el 28 de septiembre de 1918. Por esa razón y desde 2003, el 28 de septiembre se celebra el Día Internacional del Hincha de River…

La familia ocupaba una casona con un local al frente: la relojería de Don Ángel Labruna, quien soñaba que algún día la heredarían sus tres hijos, Nélida, Angelito y Eduardo, “el Cholo”.

 

Sin embargo, vivían demasiado cerca de la cancha de River, que por entonces se encontraba en avenida Alvear y Tagle. Y en una ciudad de adoquines y tránsito escaso, que permitía a los chicos jugar a la pelota sobre el empedrado, ya que los autos pasaban muy espaciadamente, el “Gordo”, como le decían a Angelito por entonces, era un apasionado del fútbol y soñaba con mecanismos de relojería distintos, como el que hacia 1941 haría funcionar la famosa Máquina de Muñoz, Moreno, Pedernera… ¡Labruna! y Loustau.

 

Cuando su padre lo descubría jugando un picado de vereda a vereda, lo obligaba a volver a la casa, en penitencia, ya que deseaba para él un destino seguro en la relojería. Y él aceptaba su reclusión… ¡para practicar remates entre las dos higueras del patio del fondo! La mamá de Angelito, doña Amalia Cavatorta, pateaba a favor del hijo futbolero. Hasta que, finalmente, Don Ángel cedió… en parte. No quería que el pibe jugase en la calle, pero no tenía nada contra el deporte. De modo que en 1928 lo hizo socio de su Club Atlético River Plate, del que don Ángel padre tenía el carné número 580, para que practicase, pero en un lugar seguro.

 

Allí Angelito, portando su propio carné número 1358, aprendió a jugar al básquetbol (fue muy destacado básquetbolista riverplatense en infantiles y cadetes) y al ping pong. Frecuentaba la pileta de natación, aunque nunca aprendió a nadar. No jugaba oficialmente al fútbol, simplemente porque no tenía edad para quinta y River no tenía sexta. De modo que jugaba en Barrio Parque Fútbol Club, los sábados por la tarde. El presidente de River, don Antonio Vespucio Liberti, fue alertado por Félix Roldán, el detector de talentos, que había un jovencito hincha de River que la rompía. Cuando Liberti comprobó que Roldán, una vez más, había acertado, quedó tan impresionado por la calidad de Labruna que decidió crear la sexta división del club, para no perderlo… ¿El resto de los jugadores? Todos los amigos de Ángel, que jugaban en el Barrio Parque F. C., fueron reclutados en masa para los “millonarios”, con el beneplácito de Don Ángel padre, que se había convertido en el delegado del Parque para estar cerca de su muchacho.

 

Curiosamente, cuando le llegó el momento de elegir entre el fútbol o el básquetbol, Labruna se decidió por este último, ya que no se tenía fe para triunfar “en el verde césped”. Fue Liberti quien lo impulsó a optar por el fútbol. El 9 de agosto de 1934 fue inscripto en la AFA oficialmente como jugador de River Plate.

 

En 1936 subió a la cuarta especial. Eso le significaba un sueldo de 80 pesos mensuales y 25 por partido. Una verdadera fortuna para la época, que sin embargo no tenía parangón con otro logro del “Gordo”: le faltaba poco para jugar junto a su ídolo, Bernabé Ferreyra, quien alguna vez le había autografiado una foto con dedicatoria. Se dio el gusto el 25 de mayo de 1937, en el pueblo santafesino de Bernabé (también de Amadeo Raúl Carrizo y de Ernesto Enrique Mastrángelo), cuando “El mortero de Rufino” se iba despidiendo de su gloriosa carrera… Jugaron contra Jorge Newbery. La delantera: Peucelle, Moreno, Bernabé Ferreyra, Labruna y Deambrosi.

 

El 18 de junio de 1937 Ángel Amadeo Labruna debutó oficialmente en primera. Fue ante Estudiantes de La Plata y River cayó por 1 a 0. El 5 de noviembre de 1939, en cancha de San Lorenzo, jugó su primer superclásico ante Boca Juniors. Ese día marcó el gol del triunfo por 2 a 1, el primero de 16 goles que lo convertirían, hasta la actualidad, en el máximo goleador del superclásico. En agosto de 1942 debutó para la Selección Nacional contra Uruguay (jugó 37 partidos y marcó 17 goles, entre el 42 y el 58). En 1945 fue goleador del campeonato por primera vez… Y ese año se casó con Ana Carraquedo, a quien conoció a sus 17 años bailando el tango “Nostalgias”.

Ángel y Ana tuvieron dos hijos, ambos jugadores de River: Ángel Daniel (fallecido a los 19 años, en 1969) y Omar Raúl (quien jugó en la primera de River, le marcó un gol del triunfo a Boca y actualmente es entrenador). Porteños de ley, los chicos se criaron ya en el barrio de Núñez, en el bulevar Lidoro Quinteros, que da directamente a las puertas del Estadio Monumental Antonio Vespucio Liberti…

 

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EL ETERNO ANGELITO

 

La trayectoria futbolística de Ángel Labruna fue impresionante. Hizo goles de todos los colores y ganó numerosos títulos como jugador y luego como entrenador.

 

Durante años se lo consideró el segundo gran goleador del fútbol argentino, con 292 tantos, uno menos que el mítico paraguayo de Independiente, don Arsenio Erico. En 2008, sin embargo, el Centro de Investigación para la Historia del Fútbol informó que había detectado un gol a Estudiantes de La Plata, que por error no se había incorporado a la base de datos estadístico. Se inició así una movida para considerar a Erico y Labruna empatados con 293.

 

Jugó 515 partidos en primera. Ganó 11 títulos como jugador: Primera División 1941, 42, 45, 47, 52, 53, 55, 56, 57, estos 9 con River Plate, más los Sudamericanos de 1946 y 1955 con la Selección Nacional. Ganó 7 títulos como Director Técnico: Nacional 1971, con Rosario Central; Metropolitano y Nacional de 1975, Metropolitano 1977, Metropolitano y Nacional 1979 y Metropolitano 1980, con River.

 

Fue tan extraordinario su nivel de juego, que su aparición obligó a correr de lugar al “Charro” Moreno. Si se considera que un observador agudo como el periodista Juan De Biase opinaba que José Manuel Moreno había sido el único jugador comparable a Pelé hasta la aparición de Diego Maradona, se tendrá una idea de la dimensión que había cobrado el juvenil Labruna, que se apropió de la entreala izquierda de River (había sido su técnico de la cuarta, Ángel Calocero, quien le encontró la posición) para que Moreno fuese el entreala derecho de La Máquina. El ala izquierda que Labruna y Loustau conformaron llevó a decir al humorista Calé que jugaban como “un solo cerebro con cuatro piernas”.

 

La crónica familiar registrará otra curiosidad: maravillado por la carrera de su hijo Angelito, don Ángel padre intentó impulsar a su otro hijo, “el Cholo” Eduardo, que también jugaba bien. Al menos, lo suficiente para pasar la prueba en Excursionistas. Pero a Eduardo le tiró más la relojería…

 

Como futbolista se retiró en 1961, a los 43 años, justificando plenamente su apodo de “El Eterno”. Había jugado 28 años consecutivos en primera división… Todavía intentó en Rampla Juniors de Uruguay (1960). También llegó a jugar dos partidos para Platense en primera B, haciendo a la vez de técnico y jugador. Pero en el segundo encuentro se perdió un gol imposible y decidió sacarse a sí mismo. Intentó sin mucha fe una última ficha en Rangers de Chile, pero ya las piernas y el ánimo no le daban. Habrá que resaltar que cuando jugó el decepcionante Mundial de 1958, en Suecia, Angelito tenía ya 40 años, pero el fútbol argentino depositó sobre sus espaldas la responsabilidad de golear a europeos veinteañeros y de fútbol más físico que técnico…

 

Después del fútbol, intentó diversos trabajos, abrió una gomería, una pizzería, un hotel en Mar del Plata, pero en ninguno le fue bien. River le tiró la changa generosa de ser espía del técnico Néstor “Pipo” Rossi, en 1962, pero como a muchos porteños a Angelito le tiraba el hipódromo. Se cuenta que armaba sus informes leyendo los diarios del lunes, porque los domingos en vez de ir a observar al próximo rival prefería ir a las carreras… Tal vez lo haya hecho sólo una o dos veces. Pero no se puede negar que la leyenda es linda. En 1963, cuando se fue Pepe Minella, tomó el equipo como técnico por primera vez en su vida. Pero una controversia con los dirigentes derivó en su salida. Y la vuelta al mundo “comercial”, intentando alejarse del fútbol.

 

Así fue que en 1966, cuando estaba a cargo del buffet de Defensores de Belgrano, le ofrecieron hacerse cargo del equipo, que andaba mal. Aceptó, mejoró la campaña y al año siguiente lo sacó campeón de la B. Con un agregado: al mismo tiempo dirigía la primera de Platense en la A, que perdió insólitamente la semifinal con Estudiantes de La Plata, por el torneo Metropolitano (Platense ganaba 3 a 1 con baile, cuando un error de su arquero permitió la recuperación de los Pinchas).

 

Los sábados con Defensores y los domingos con Platense, había iniciado una inesperada y sensacional carrera como entrenador, aunque siempre que firmaba contrato con otros clubes, incluía una cláusula que le permitiría rescindir lo acordado en caso de que fuese River quien lo convocase...

 

Le fue bien en casi todos los clubes en que estuvo, incluyendo a River, que le fue tan ingrato en esos años como los títulos esquivos, que relegaban reiteradamente a la Banda al subcampeonato, incluso en 1968, cuando un penal evidente del velezano Gallo en las finales no fue sancionado por el árbitro e impidió un paso decisivo hacia la consagración.

 

En 1971 sacó a Rosario Central campeón por primera vez en la historia. En Talleres de Córdoba armó un equipazo en 1974, lo mismo que haría años después en el Argentinos Juniors que en las finales del Nacional 1983 eliminó a Boca y a River...

 

En 1975 volvió a River y lo consagró campeón después de 18 años de sequía. No sólo eso: sumó 6 títulos para compensar lo sufrido.

Tras una polémica decisión del club y del poder político de la época, que por un capricho del almirantazgo fogoneó la llegada de Alfredo Di Stéfano como DT de River (otro grande Alfredo, dicho sea de paso), Labruna no aceptó seguir “como manager” y se fue en 1981. En septiembre de 1983 parecía todo dispuesto para su regreso, entre otras cosas porque a los 65 años todavía estaba en buena edad para aceptar desafíos. Sin embargo fue imprevistamente tomado por una dolencia que se lo llevó el 19 de septiembre de 1983, como cuenta la leyenda que impresionó a los hinchas, cuando lo visitaba el Pato Ubaldo Fillol, cayendo Angelito al desplomarse en los brazos de uno de sus dos grandes arqueros (el otro fue Amadeo Raúl Carrizo).

 

A la memoria de los riverplatenses más veteranos, cada vez que cruzan el “Puente Ángel Labruna”, de la Av. Udaondo vuelve su imagen marcando el “golcito de cábala” al entrar a la cancha, según le había aconsejado “el Tano” Renato Cesarini para cortar una racha negativa. Y sobre todo, su imagen campechana en la Bombonera de sus eternos rivales de Boca Juniors, tapándose la nariz con los dedos en un símbolo provocador, pero finalmente simpático, signo de una época que hasta los veteranos hinchas de Boca deben recordar con cierta calidez, como se añoran las más sanas picardías de algo que se llamó folclore.

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino” (1610-2002) de Víctor Lupo

Editorial Corregidor

Junio de 2019

 

 

 

 

 

 

 
El Pato: Nuestro Deporte Nacional

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Última actualización el Lunes, 17 de Junio de 2019 18:25 Escrito por Administrator Lunes, 17 de Junio de 2019 00:00

 

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Deporte viril, para gente de a caballo, audaz y valiente, el Pato se practica en nuestras tierras desde principios del siglo XVII, tal como lo muestra una crónica de Félix de Azara  en la que relata una “corrida” realizada en Buenos Aires en 1610 (30 años después de la Segunda Fundación de Buenos Aires, por Juan de Garay), con motivo de las fiestas de beatificación de San Ignacio de Loyola.

 Dice el naturista Azara: “Se juntan para ésto dos cuadrillas de hombres de a caballo y se señalan dos sitios apartados como de una legua (cinco kilómetros aproximadamente). Luego cosen un cuero en el que se ha introducido un pato vivo que deja la cabeza afuera, teniendo el referido cuero dos o más asas o manijas, de las que se toman los dos más fuertes de cada cuadrilla en la mitad de la distancia de los puntos asignados y metiendo espuelas tiran fuertemente hasta que el más poderoso se lleva el pato, cayendo su rival al suelo si no lo abandona. El vencedor echa a correr y los del bando contrario lo siguen y lo rodean hasta tomarlo de alguna de las manijas, tiran del mismo modo, quedando al fin vencedora la cuadrilla que llegó con el pato al punto señalado”.

 El jesuita Diego de Torres Bello escribía una primera misiva a sus Superiores, el 16 de junio de 1610 contando que en todas las ciudades del Río de la Plata se había celebrado con actos religiosos, sociales y culturales la beatificación del fundador de la Compañía de Jesús, San Ignacio de Loyola. Y que en Buenos Aires, “hizo su oficio la artillería y mosquetería, y salieron algunos con intenciones de regocijo a correr patos delante de nuestra iglesia (...). Dos grupos de jinetes corrieron patos delante de nuestra Iglesia (Fue en medio de lo que hoy es la Plaza de Mayo). A todos causó admiración verlos así a ellos, como a los caballos que parecían incansables corriendo con tanta incomodidad”.

La segunda misiva enviada, del 4 de Abril de 1611, llama mucho la atención, que los participantes fueron dos tribus indias, y por cierto que los españoles, con toda lógica, no les facilitaban caballos ni les permitían montar dado que el caballo era una de sus principales armas de conquista y guerra. Sin embargo, Torres Bello consigna que “padres procedentes de Córdoba estimularon con premios a indios del valle calchaquí para que tiraran flechas a la sortija y corrieran patos”. Los locales, indios Calchaquíes, vencieron a los visitantes, que eran Huachipas. No se refiere en nada en lo que hace al juego y su desarrollo. Su lectura hace suponer que perseguían patos vivos que andaban por las calles de Buenos Aires y por los valles. (Copias de las cartas en el Colegio del Salvador

  Ni los españoles introdujeron este bravío deporte, ni lo hallaron como práctica entre los indígenas. Lo primero es evidente, pues era un deporte desconocido entonces y aún ahora en España. Pero tampoco pudo provenir de los indios, pues éstos no tenían caballos, que fueron traídos por los españoles en la primera mitad del siglo XVI. Parecería que se trata de un juego criollo, elaborado y planeado por los conquistadores mismos, o por sus inmediatos descendientes.

Don Pedro de Mendoza fue el introductor del caballo por estas tierras en 1536, aunque su descendencia (las manadas) fueron producto de los pocos que abandonó en 1541, don Domingo Martínez de Irala al abandonar Buenos Aires. Se habló de cinco yeguas y siete padrillos que se acrecentaron casi hasta el infinito junto con los que trajo Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien incursionaba por estos pagos del Sur, en su marcha desde la costa brasileña hasta el Paraguay. Y en ese mismo año, 1542, por los que trajo Diego de Rojas y en 1550, por los que sumó Juan Núñez del Prado, ambos en sus incursiones por el norte de nuestro país. Juan de Garay, hacia 1581, estimaba en 80.000 los caballos que vagaban salvajes (cimarrones) en un perímetro de 30 leguas alrededor de Buenos Aires.

Catorce años después, en 1595, cuando el rey solicitó al gobernador del Río de la Plata, Diego Rodrigo Valdés de la Banda, un informe sobre la caballada que habitaba “la pampa”, éste contesta así: “Digo que D. Pedro Mendoza, que fue el primer poblador de esta ciudad y puerto, trajo aquí caballos y yeguas que se quedaron en la campaña de esta tierra que es muy ancha y larga y en más de 80 leguas no se halla una tan sola piedra, teniendo en más de 100 leguas a la redonda tanta cantidad de yeguas y caballos que parecen montes cuando se ven de lejos y son tantos en número que exceden a aquel gran número que dicen las historias que había en las dehesas de la provincia de Media que se servían los reyes de Persia...”. Bueno, algo exagerado, sin duda, pero éste es el origen de sus millones de descendientes y promotores de la gran revolución del modo de vivir de todos los habitantes autóctonos y de quienes les siguieron. Porque donde había y hay caballos existen estos juegos, estas destrezas, estos deportes hípicos.

Una descripción más detallada, es la de Amadeo Frezier (francés, 1682 – 1773), un militar ingeniero especializado en fortificaciones, que durante algo más de dos años navegó “los mares del Sur”. En 1712  escribió en su libro, editado en 1716: “Fui testigo de una fiesta que los encomenderos de dos españoles que se llamaban Pedro se dieron el día del santo de sus amos en una aldea de Talcahuano, cerca de la cual estábamos anclados. Después de oír misa montaron a caballo para correr la gallina, como se corre la oca en Francia, con unas diferencias: que todos se arrojaban sobre el que ha obtenido la cabeza para quitársela y llevársela ante aquel, en honor del cual hacen la fiesta; corriendo a todo galope se topaban para quitársela y a la carrera recogía del suelo todo lo que derribaban por tierra. Después de esta carrera se apearon para la comida“.

El ya citado novelista argentino Guillermo Enrique Hudson (1841 – 1922) en su libro “El Ombú” expresa que: “El pato era el entretenimiento más popular practicado al aire libre en la Argentina”.

Con el transcurso de los años, el Pato fue practicado y también prohibido por las autoridades religiosas y civiles, por el alto nivel de peligrosidad y las consecuencias fatales que traía aparejado el hecho de querer llegar a cualquier precio con el pato al punto señalado. La primera prohibición al juego de que se tiene noticia, es del 23 de febrero de 1739, cuando así se dispuso en Santiago del Estero con el siguiente texto: “Pues es demasía y atropello jugar pato en medio de la ciudad”.

El RP. Salbaire, que escribió la “Historia de Nuestra Señora de Luján”, consigna un documento de 1796, del sacristán mayor de la Parroquia, Gabriel José Maqueda, que amonesta y ordena a los feligreses que se abstengan del juego del pato, “conminándolos con la excomunión”. Pero su prohibición más concreta y efectiva fue por decreto del 21 de Junio de 1822 del gobernador de Buenos Aires, Martín Rodríguez, refrendado por su ministro secretario de relaciones Exteriores y Gobierno, Bernardino Rivadavia y que expresaba: “Todo el que se encuentre en este juego, por la primera vez será destinado por un mes a los trabajos públicos; por dos meses en la segunda, y por seis en la tercera”. Además, “quedarán sujetos a la indemnización de los daños que causaren”. La policía, los alcaldes y los jueces de campaña eran los encargados de hacer cumplir la prohibición. Dicen que Rosas ratificó este decreto, pero todo parece indicar que sólo se limitó a hacerlo cumplir a su estricta manera.

Pero ya en la época de Juan Manuel de Rosas, el Pato era casi inexistente. El Gral. Bartolomé Mitre escribió sus “Odas” durante el sitio de Montevideo, cuando tenía entre 18 y 20 años y recién las editó a los 33, en 1854. En su texto titulado “El Pato” aclara en una nota: “El juego del pato no existe ya en nuestras costumbres, es ya una reminiscencia lejana. Prohibido severamente por las desgracias personales a que daba motivo, el pueblo lo ha dejado poco a poco, sin olvidarlo del todo”.

Pese a la prohibición, algunos personajes de la época resaltaban sus cualidades por requerir ciertamente varones fuertes y vigorosos, capaces de tolerar los más terribles empujones y las más extremosas tensiones musculares. Mitre lo indicó en una de sus rimas: “¡El pato! ¡Juego fuerte del hombre de la pampa que marca las costumbres de un pueblo varonil! Para avispar los nervios para tender los músculos como el convulso joven en el dolor febril”. Sin duda el pato fue el entretenimiento más popular practicado al aire libre en la Argentina.

Refiriéndose a un relato del juego y a los “guasos” u hombres del campo, el escritor José de Espinoza, informa que para jugar una partida de Pato “se junta una cuadrilla de estos guasos, que todos son jinetes más allá de lo creíble; uno de ellos lleva un cuero con argollas, y el brazo levantado; parte como un rayo llevando 150 varas de ventaja, y a una seña, él y todos corren a mata-caballo, formando grita como los moros; todos persiguen al pato y pugnan por quitarle la presa; son diestrísimas las evoluciones que éste hace para que no lo logren, ya siguiendo una carrera recta, ya volviendo a la izquierda, ya rompiendo por medio de los que siguen, hasta que alguno, o más diestro o más feliz, lo despoja del pato, para lo que no es permitido que lo tomen del brazo. En este momento todos vitorean y le llevan entre los aplausos, alaridos y zamba al rancho suyo, al que frecuenta, o bien al de la dama que pretende.

 Reinan todavía entre estas gentes muchos restos de la antigua “gallardía española”. Roberto Torreiro ha escrito en “Pampa Argentina” que: “Cuando en pleno siglo XX ya nadie se acordaba de la antigua existencia del juego del pato, el 16 de abril de 1937, por iniciativa del entonces jefe de guardia de seguridad de la ciudad de La Plata, don Alberto del Castillo Posse, secundado en su acción por un calificado grupo de deportistas, se llevaba a cabo una exhibición del referido deporte, a cuyo término y debido al entusiasmo despertado entre los presentes, se decidió auspiciar la difusión de la práctica del pato, propendiendo a la formación de equipos dentro de las entidades afines a los deportes hípicos, e incitando a la constitución de instituciones que originariamente se dedicaran a la práctica del deporte. Ese paso inicial, se constituía en el primer éxito logrado por el más criollo de nuestro juegos”.

Alberto del Castillo Posse reglamentó el deporte (se utiliza una pelota de cuero con cuatro manijas) y su obra culminó oficialmente cuando el 31 de marzo de 1938 tras diversos ensayos producidos, se solicitó al ministro de Gobierno de la provincia de Buenos Aires, Roberto Noble, fundador del diario "Clarín",que se derogara el artículo 1043 del reglamento de Policía de la Provincia de Buenos Aires (escrito en 1889), que prohibía la práctica del juego. El entonces gobernador, Manuel Fresco accedió a ello y lo concretó mediante un decreto del 28 de abril de 1938 que dice entre sus considerandos: “En la actualidad los deportes están sujetos a las disciplinas que imponen sus reglamentaciones y dicho juego, en la forma en que se practica en la actualidad, es un deporte sano y vigoroso, similar al polo”.

 ¿Qué quiere decir eso de sujeto a disciplinas, reglamentaciones? Precisamente éso, expresado literalmente, como que antes de 1937 no había reglamentación alguna, aunque sí modalidades. Todo era válido, tan válido, bárbaro, desordenado, brutal y peligroso, que debió ser prohibido más de una vez. Hasta que ya antes de promediar el siglo XIX, pasó prácticamente al olvido, a ser sólo un recuerdo de tradiciones transmitidas de boca en boca en los fogones, entre los paisanos.

El 23 de agosto de 1938, el diario “La Nación” comentó la primera exhibición pública de Pato, efectuada el día anterior en la cancha de la Asociación Ameghino, en las proximidades del puente Cabildante Léxica, en la ciudad de Luján. Asistieron el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Manuel Fresco; el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Juan G. Káiser y el ministro de Obras Públicas de la provincia, José María Bustillo, además de muchos otros invitados especiales.

En 1941 se creó la Federación Argentina de Pato (FAP). Asociación integrada por los dueños de campos en que se practica este deporte y que tiene por finalidad fomentar, dirigir y difundir el juego, organizar los torneos y velar por la aplicación de los reglamentos, a la vez que orientar y promover la crianza del tipo de caballo más apto para este propósito.

En agosto de 1943, llegó, a General Las Heras, un comisario,  Sigfrido J. Imaz, a quien los “pateros” de ese entonces y de la actualidad le deben un profundo recuerdo. Cierta vez, Imaz apareció montando un caballo colorado y con una pelota de fútbol con manijas atada con tientos a su montura, de modo que la gente trataba de descifrar de qué se trataba. Imaz, haciendo una exhibición en la playa de la estación de tren, la tiró al suelo y levantándola empezó a interesar a la gente hasta lograr su cometido: entusiasmarlos por completo.

El 28 de noviembre de 1943 se funda en este partido bonaerense, con la presidencia del comisario Imaz, la institución denominada “Campo de Pato de General Las Heras”, cuyos fines fueron, son y serán los de fomentar el criollo juego del pato y cultivar los sentimientos tradicionalistas de nuestra Patria”.

En 1944, los directivos del “Campo de Pato de General Las Heras”, se afilió a la Federación Argentina de Pato, siendo los primeros equipos herenses: “General Las Heras A” y “General Las Heras B”.

En 1953, en mérito a sus tradiciones y arraigo, el Pato fue declarado “Deporte Nacional”, por el Decreto 17.468, del 16 de septiembre de ese año, firmado por el Presidente de la Nación, general Juan Domingo Perón. Y en 1988 se nombra a General Las Heras,“Capital Provincial del Pato”, por decreto del gobernador de la Provincia de Buenos Aires, doctor Antonio Cafiero.

Sobre el deporte actual, cabe sintetizar: Recio y veloz, este juego exige a quienes lo practican un alto grado de cultura deportiva y el cumplimiento estricto de sus reglas. Se desarrolla entre equipos compuestos por cuatro jugadores cada uno que, mediante pases y combinaciones con las que eluden la acción de sus adversarios, tratan de introducir “el pato” a través de un aro de un metro de diámetro ubicado, perpendicularmente sobre un poste de 2,40 metros de altura, enclavado en el centro de cada una de las dos cabeceras de la cancha, que mide entre 180 y 220 metros de largo por entre 80 y 90 metros de ancho.

“El pato” consiste en una pelota de cuero con cámara de goma circundada por tres lonjas de cuero crudo cruzadas transversalmente, en cada una de las cuales van cosidas dos manijas o asas colocadas simétricamente. Es obligatorio que el jugador que tiene “el pato” lo ofrezca a los adversarios con el brazo derecho extendido perpendicularmente a su cuerpo. Cualquier movimiento que el jugador haga para impedir que el adversario tome una de las manijas constituye una “negada”, acto que el reglamento prohíbe y sanciona, salvo que tenga por fin efectuar pase o tratar de convertir un tanto.

Si un adversario logra tomar el pato se origina una “cinchada”, que debe efectuarse sin que ninguno de los dos jinetes se apoye en la silla o en su cabalgadura, es decir, “a pura rienda”.

La Federación posee el “Campo Argentino de Pato”, en Campo de Mayo, a 30 Km. de la Capital Federal, sobre la ruta nacional 8, en el que se realizan importantes torneos de baja, media y alta ventaja que culminan con el Campeonato Argentino Abierto, máximo acontecimiento de este deporte que tiene lugar en el “Campo Argentino de Polo”, en Palermo, magnífico escenario reconocido como el mejor del mundo. El Campo Argentino de Pato cuenta con una superficie de 20 hectáreas y posee dos canchas reglamentarias (una de ellas con tribuna techada) provista de sistema de riego por aspersión y ubicadas en medio de una añosa arboleda. Tiene instalaciones complementarias suficientes tanto para albergar en forma simultánea 100 caballos aproximadamente, con sus correspondientes corrales, bañaderos, embarcaderos, palenques, etc., como para la atención de jugadores y público. Rubén Liborio Cosentino jugador de pato desde los 16 años, dice: “Debemos hacer olvidar el aspecto folklórico del pato. Nunca repudiar sus orígenes gauchos, camperos, totalmente argentinos. Pero no hace falta vestirse como tales para jugarlo. Hoy es un deporte como otros. Para jugar al polo no es necesario ponerse ropa de mandarín si es que se originó en China, ni de rajah indio, si es que nació allí. Para jugar pato no hace falta vestirse de gaucho”.

Fuente: Libro “Historia Política del Deporte Argentino (1610-2002)

Capítulo II – Página 57

junio de 2019

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15/05/1914: Nacía un campeón olímpico de Berlín, OSCAR CASANOVAS

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Escrito por Administrator Martes, 04 de Junio de 2019 13:32

 

20190604Idolos Porteos

 

Oscar Casanovas nació en el barrio porteño de Parque Patricios el 15 de mayo de 1914. A los doce años, todavía chiquilín y rubión, empezó a aprender boxeo en el Boedo Boxing Club, que entonces estaba en Boedo y Las Casas. Nacido para la esgrima de los puños, pronto se advirtió que estaba dotado de una habilidad singular, lo que se corroboró, años después, cuando se coronó Campeón Olímpico en Berlín 1936.

Oscar jugó al fútbol en el Club Atlético Huracán, donde actuó en la 6º División, cuya delantera estaba integrada con Belfiore, Baldonedo (el gran Emilio), Casanovas, Correa  y Adolfo Pedernera.

Pero fue obviamente el boxeo el deporte que lo convocó para sus mayores logros. Su récord como amateur es sencillamente magnífico. En diez campeonatos, de los muchos en que participó, vio alzar su mano como el mejor. Cuatro de esos títulos son de categoría continental, siendo uno de sus mayores orgullos que nunca perdió fuera de la Ciudad de Buenos Aires.

Algunos mojones de su carrera:

1932: Campeón rioplatense en Montevideo, categoría mosca. En 1932 también ganó el Campeonato de la Ciudad de Buenos Aires, categoría mosca. Y se consagró Campeón Latinoamericano, en Río de Janeiro, peso gallo.

1934: Campeón Nacional pluma. Luego Campeón Sudamericano pluma, con participación de cinco naciones.

1935: Vuelve a clasificarse Campeón Nacional pluma y, en Córdoba, Campeón Latinoamericano, categoría pluma.

1936: Campeón nacional pluma. Y sobre todo, alcanza el mayor éxito de su carrera, cuando gana la medalla de oro de Boxeo peso pluma, en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936. Oscar Casanovas ganó todas sus peleas y batió en la final al sudafricano Charles Catteral. Fue considerado por el periodismo alemán el boxeador más técnico de los Juegos Olímpicos.

Luego comenzó su récord profesional.

 

EL OSCAR DEL LUNA PARK

 

El flamante campeón olímpico debutó como profesional frente al italiano Mario Gualandri, a 12 rounds en el Luna Park. Había llegado la hora de una exposición pública demandada por la admiración social que su figura despertaba.

El cine argentino vio en Casanovas a un elemento que unido a su enorme popularidad, poseía espontánea simpatía y desenvoltura. De ahí entonces su actuación en la película "Mateo", sobre la obra teatral de Don Armando Discépolo, obviamente de producción nacional. Fue la primera película dirigida por Daniel Tinaire, en 1937. El elenco era encabezado por Luis Arata y Enrique Santos Discépolo, Discepolín. La produjo Baires y la distribuyó la Paramount.

Oscar se retiró en 1940 tras una reducida campaña profesional de 7 peleas, en la que venció al campeón argentino, Vital Coccio. El motivo de su apresurado retiro fue una lumbalgia que no pudo curarse.

El total de su campaña fue de 170 peleas, con 160 ganadas, 5 empatadas y 5 perdidas.

Durante varios años se desempeño como presidente de la Asociación Mutual Casa del Boxeador. Entre otras entidades se desempeñó como profesor en Huracán, el club de sus amores, del que llegó a ser orgulloso socio vitalicio. De su gimnasio surgieron valores como el peso pesado Pablo Zam y el olímpico pluma Francisco Núñez. Entre sus dirigidos más destacados estuvieron nada menos que Alfredo Prada, el gran Campeón argentino y Sudamericano, el inolvidable Luis Federico Thompson y el Campeón Mundial Víctor Galíndez.

Oscar Casanovas falleció en Buenos Aires a la edad de 74 años. Fue un luchador incansable por el bien del boxeo nacional.

 

“POR SUERTE, YO SEGUÍA SOÑANDO”

 

Esto escribió Oscar Casanovas, cuando se consagró Campeón olímpico en Berlín:

“Emoción... Alegría... y dos lágrimas de felicidad. ¡Qué día maravilloso tuve en mi vida! Jamás me olvidaré del 16 de agosto de 1936, que fue el día que sentí tantas cosas lindas en mi corazón. Cumpliendo mi máxima aspiración de deportista al conquistar para mi patria el título de CAMPEON MUNDIAL DE BOX EN

LAS OLIMPIADAS REALIZADAS EN BERLIN.

¡Pero antes de esa fecha había muchos soñadores! ¡Cada día se desvanecían esperanzas! ¡Y yo por suerte seguía soñando! Y yo que era un muchacho argentino, que cada día realizaba una pelea... y cada pelea una victoria.... y cada victoria un paso más hacia la dicha. Había vencido el 12, el 13, el 14 y el 15 de agosto a los representantes de Finlandia, Polonia, Hungría y Sudáfrica respectivamente. Al día siguiente de la final, o sea el 16 de agosto, me coronaron CAMPEÓN OLIMPICO. En el centro y en la parte más alta de la tarima estaba yo... Me habían entregado la medalla de oro, el simbólico roble y un libro. Segundos después oía el Himno Nacional Argentino... Mi bandera subía...subía lentamente.. Me parecía más blanca y más azul mi bandera... Y el himno nuestro más lindo que nunca... Mientras tanto no pude contener dos lágrimas... Dos perlas que volaron al Parque Patricios en busca de mis queridos padres, para darles las gracias por haberme dado la vida. ¡Ahora sí que era feliz! Había cumplido con mi patria, con mis padres, con mis amigos.  ¡Que más podía pretender!  Y si en ese momento me hubiera sorprendido la muerte la habría recibido con una sonrisa en los labios”.

Fuente: Libro “100 Ídolos Porteños” de Horacio del Prado y Víctor Lupo

Mayo de 2019

http://www.elmundoamateur.com.ar/. 

 
 
03/05/1927 - ARMANDO BELIVET PINO: Un gran maratonista argentino

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Escrito por Administrator Martes, 04 de Junio de 2019 13:17

 

20190604APINOtapa de El Grfico

“Ningún periódico argentino quiso recoger su necrológica pero este silencio que ha habido para su muerte, prueba simplemente que murió en su ley” escribía don Arturo Jauretche sobre la muerte de uno de los más grandes pensadores de nuestra Nación, el tucumano José Luis Torres. Este silencio sigue vigente como mecanismo del“ninguneo” sobre Torres y sobre su mejor alumno, otro tucumano como fue Alejandro Olmos.

Con el paso del tiempo, pasa con muchos de nuestros héroes populares,hay pocas cosas para encontrar sobres ellos porque se fueron perdiendo u olvidando. Y en nuestro deporte tucumano, puede ser esto lo que le pasó al comprovinciano, Armando B. Pino, quién fueuno de los grandes atletas de fondo de la década del ’50 en nuestro país, en simultaneidad de su apogeo con la presencia de dos "gigantes" en el rubro como Osvaldo Suárez y Walter Lemos.

Argentina contó, en una prueba (Maratón), con dos campeones olímpicos como Juan Carlos Zabala (1932) y Delfo Cabrera (1948) y un subcampeón olímpico, Reinaldo Gorno (1952), estos dos últimos casi en la misma generación que Pino.

Nacido un 3 de mayo de 1927, en el poblado Los Guayacanes, ciudad Villa Alberdi (hoy Departamento Juan Bautista Alberdi), provincia de Tucumán. Hijo de una muy humilde familia, a los 14 años de edad, apenas terminada la escuela primaria, decidió emprender el largo periplopara vivir en la gran urbe de Buenos Aires, como muchos de sus comprovincianosen busca del bienestar que comenzaba a aparecer con la incipiente industrialización del país. Allí quedaron en su pueblito llorándolo su madre Fernanda Villagra y sus dos hermanas.

SUS COMIENZOS EN EL ATLETISMO

Como todo joven de la época se daba tiempo para practicar deporte pese a tener que trabajar (en dos lugares) para poder sobrevivir. Así comenzó a participar en las pruebas callejeras, (Para ser el sucesor natural de otro gran atleta, Humberto Delgado el “Suri Tucumano”.) que se organizaban en distintos clubes y barrios como atleta libre, hasta que con el tiempo fue invitado a federarse.

Seguramente su notoriedad deportiva, le permitió obtener un empleo en el Correo y Telecomunicaciones. Al menos en un tiempo fue cartero y muy orgulloso andaba en su bicicleta entregada por el trabajo, repartiendo las cartas a domicilio. Y va de suyo que fue ganador de la carrera que se disputaba entre ellos (los empleados del Correo Argentino) por las calles de Buenos Aires. Y durante un largo tiempo representó al club Comunicaciones en las carreras.

Pino se hizo muy amigo de Gumersindo González, el entrenador de fondo del Club Independiente de Avellaneda y que tenía entre sus discípulos a Osvaldo Suárez.

Para calibrar la trayectoria deportiva de Armando Pino, hay que enmarcarlo en la Argentina entre las décadas del ‘30 al sesenta. Sus corredores de larga distancia (los fondistas) dominaron durante esa época los escenarios sudamericanos, panamericanos e iberoamericanos, y aún los europeos. El momento culminante de esa etapa, fue el segundo lustro de la década del cincuenta. Y allí entre los grandes, “Pinocho”, como lo apodaban a Pino sus amigos, era el tercero en discordia con las dos figuras de nivel mundial, que tenía el país en ese momento: Osvaldo Suárez y Walter Lemos.

 

20190604PINOCHO

 

SUS CARRERAS

El  9 de enero de 1955, en la  prueba de 32 kilómetros alrededor del Lago de Palermo, selección para los juegos Panamericanos de Méjico, primero fué Raúl Ibarra con 1 h 57’ 23”, 2º Pino 2 h. 00’ 24” y 3º Melchor Palmeiro. Nos contaba Don Ezequiel Bustamante, que por el calor reinante, esta fue una prueba durísima.

El  14 de agosto de 1955, en una Media Maratón (21 Kms.): 1º fué Palmeiro con 1 h. 09  07 “, 2º llegó  Pino 1 h. 11’ 12” y 3º Ibarra con 1 h. 11’ 13.

Ese año Armando Pino ganó la Maratón de los Barrios de la Revista “El Gráfico”, una de las pruebas más importantes de la Argentina. En esa época la prueba era para no ganadores.

Sobre esta carrera nos contó Walter Lemos lo siguiente: “Era la tarde previa de esa prueba y después del entrenamiento, algunos de los muchos atletas que se entrenaban en el Parque Dominico, se fueron a tomar algo fresco al bar que aún está en la Av. Mitre y Boulevard de los Italianos, de la ciudad de Avellaneda. Allí le preguntaron a Pino si iba a correr al otro día. Contestó que no. Y allí lo dejaron. A la mañana siguiente, los ya ganadores van a ver la prueba (Lemos entre ellos) y lo ven entrando en calor a “Pinocho”, que a la postre sería el gran ganador. Era una ardid más de este provinciano que con su picardía confundió a algunos de sus rivales en el plan de carrera”.

El  17 de Octubre de 1955, en el Maratón “Lacoste Luisi”, con sus tradicionales 42 kilómetros: Primero fue Pino con 2 h. 39’ 16”.

A fines de ese año, el tucumano Pino lograba el título nacional de los 10 mil metros en pista con 32m07s 1.

El  22 de abril de 1956, se corría una Media Maratón Chile: Allí los resultados, fueron los típicos de la época de esplendor del tucumano: 1º Suárez, con: 1 h. 08” 50 “, 2º Lemoscon 1h. 08’ 59” y 3º Pino: 1 h. 10’ 56”.

El 9 de julio de 1956, Armando Pino con 46.15 para los 15 Km ganó la prueba “Antártida Argentina” en la cual fue segundo Víctor Fabregat y tercero el uruguayo Juan Gau quien posiblemente haya sido el primer atleta extranjero en competir en Mar del Plata. Este último había ganado en Buenos Aires el Maratón de los Barrios de 1950 venciendo a Delfo Cabrera. El 12 de agosto de 1956 en la Maratón “Luisi”,  42 kilómetros en Buenos Aires, vuelve a triunfar el tucumano Pino con un tiempo de  2 h. 31’ 37”.

Pino representó al país en distintos Campeonatos Sudamericanos. En Santiago de Chile (1956), quedó 5° en los 10 mil metros con 32m09s8 y  4° en el medio maratón, en ambas pruebas Suárez-Lemos hicieron el 1-2 para la Argentina.

El 8 de diciembre se corrió en Mar del Plata una selectiva para San Silvestre que también fue ganada por Pino.

En los Campeonatos Nacionales de 1956 en la pista del Club Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires (GEBA) (disputados el 17de marzo de 1957) Pino fue subcampeón de los 10 mil metros con su mejor registro de 30m33s1. Esa carrera fue ganada por Lemos con el entonces récord sudamericano de 29m39s8. A la semana siguiente, el 24 de marzo de 1957, en los 10.000 metros en pista: 1º  Lemos: 29’ 54” y  2º Pino con: 31’ 29”.

El 19 de abril de 1957 en 10.000 metros en pista: 1º Lemos: con 30’ 44” y 2º Pino: 30’ 50”.

Y a fines de ese mismo año (sábado 14 y domingo 15 de diciembre de 1957 en GEBA, por los Campeonatos Nacionales de 1957), Pino alcanzó su mayor rendimiento en pista con dos carreras que están consideradas como las más grandes del historial de esos Campeonatos. En los 5.000 metros, se impuso Suárez con récord sudamericano de 14m16s6, seguido por Lemos y Pino, quien obtuvo su mejor marca personal de 14m38s7. Al día siguiente, en los 10 mil metros -en la "carrera de las carreras"- Suárez ganó con récord sudamericano de 29m39s6, aventajando por apenas dos décimas a Lemos. Pino fue tercero con 30m46s2. Y también participó ese día en los 3000 metros con obstáculos, donde fue segundo con su marca personal de 9m29s2 (ganó Gilberto Miori con 9m29s8).

El 24 de abril de 1958, en el Media Maratón del Campeonato Sudamericano de Montevideo (Uruguay): 1º fue Suárez y  2º Pino 1h. 13’ 28” (con medalla plateada). Unos días antes en ese mismo Campeonato Sudamericano de Montevideo de 1958, en los 10.000 metros: el tucumano Armando Pino obtuvo el tercer puesto y por ende la medalla de Bronce con un tiempo de 31:23. 

El 12 de julio de 1959, en la Maratón de 42 kilómetros selectiva para los Juegos Panamericanos de Chicago ‘59, que se realizó por las calles de Buenos Aires, 1º fue Lemos,con un tiempo de 2 h. 32’ 53” y  2º Pino con: 2 h. 36‘ 38”. Por lo cual representó ese año a la Argentina en los Juegos Panamericanos, donde abandonó el Maratón, ganado por el legendario estadounidense John Kelly.

Pasado ese torneo, en el mes de marzo del año siguiente, cuenta Domingo “Mingo” Amaisón, que llegó al país Emilio Martínez, un declatonista argentino, que lo quiso llevar al tucumano  Pino a correr para una Universidad de EE.UU. junto a “Mingo”. Ninguno de los dos aceptó la oportunidad ofrecida.

El 27 de Junio de 1960, en la selección para los Juegos Olímpicos de Roma sobre 35 kilómetros fue  Gumersindo Gómez con 1 h. 57’ 38” y 2º Pino 2 h. 03’ 38”.

En el Campeonato Sudamericano de 1961, celebrado en Lima (Perú), en la Maratón de 42 kilómetros, Armando Pino, con un tiempo de 2h. 42’ 21”, logra adjudicarse el tercer puesto por la cual obtuvo la medalla de Bronce, en una carrera donde dominaron los chilenos Silva y Vidal.

El 26 de agosto de 1962, en los 42 kilómetros, selección para los Juegos Iberoamericanos, celebrada en Buenos Aires: 1º Mario Díaz 2 h. 31 27” y 4º Pino, con un tiempo de 2 h. 38’.

Hasta aquí algunos de sus datos estadísticos. Estamos seguros que tan solo son una muestra de los valores de excelencia deportivo del tucumano Armando Pino en una época de oro del atletismo argentino.

Cuenta el periodista Luis Vinker: “Armando B. Pino fue uno de los fondistas argentinos que incursionó con mayor frecuencia en el clásico maratón (42,195 Km.). En 1955 ganó el maratón de Buenos Aires denominado Lacoste-Luisi con 2h39m16s y al año siguiente repitió la victoria con 2h31m28s. En 1957 obtuvo un maratón en Santiago de Chile con 2h39m39s y en 1959 quedó segundo del selectivo argentino para los Panamericanos -detrás de Lemos- con 2h36m38s. Completó esta seguidilla con la citada medalla de bronce en el Sudamericano del ‘61 y con el segundo lugar en el selectivo para los Iberoamericanos del ‘62 con 2h38m00s”.

Cuentan sus familiares que, Armando nunca pudo superar su pena de no haber podido estar presente en el Maratón olímpica en los Juegos de Australia 1956, porque las autoridades del COA decidieron no enviar a los atletas  por razones políticas. Ellos opinan que Pino estaba en condiciones de bajar el tiempo olímpico a 2 hs. 25’.

Uno de los más grandes fondistas de todos los tiempos de Argentina al que también le prohibieron ir a esos Juegos Olímpicos, Osvaldo Suárez, opina sobre Pino: “Era un grande de verdad. Para ir al Sudamericano del ´58 en Uruguay, antes se corrió como selectivo una Media Maratón en Buenos Aires y durante la prueba como al “Negro” le molestaba el calzado, se descalzó corriendo más de la mitad de la prueba de esa manera y clasificándose para el Sudamericano donde obtuvo medalla de plata”.

Casado con Ángela R. Buris tuvo 8 hijos, dos fallecidos ya. De los 6 vivos, 3 mujeres y 3 varones, le dieron 19 nietos y 3 bisnietos.

Armando Belivet Pino, oriundo de Alberdi, un tucumano idolatrado por varias generaciones de atletas, falleció el 19 de enero de 1980, en Villa Dominico, muy cerca de “su” pista del “Parque de los Derechos del Trabajador” como se llamaba en la década del ’50.

UN GRANDE DEL ATLETISMO LO RECUERDA ASÍ
Por Domingo Amaisón

Realmente me pone muy feliz ver que alguién se ha preocupado en rescatar la historia (y más en un libro) de este maravilloso ejemplo de persona que fue el “Negro” Armando Pino. El “negro” fue uno de mis mejores amigos y compañeros de andanzas en este  “trajín” del atletismo que nos toco vivir. Lo conocí en su Tucumán querido allá por el ‘52, cuando yo era un chiquilín cordobés que recién empezaba en el atletismo y me aventuré en llegarme al “Jardín de la República” para competir. En esa estadía también conocí a gente de bien del atletismo tucumano como la familia Balocco y un dirigente de apellido Cardozo. Estaba entrenando en el maravilloso Parque 9 de Julio y se me acercó a charlar Armando, justo él, que era un hombre de pocas palabras, y desde allí he tenido la fortuna de convivir con él, recorrer caminos, muchos de los cuales ya no existen, pero mi recuerdo por este querido “Negro”es enorme. Pino que ya vivía en Bs. As. había llegado a la provincia a representar sólo al Club de Comunicaciones, donde tenían un equipo que lo integraban Chacón, Ricardo Bralo, el “loco” Pereyra y Cazal.

Cuando muy joven yo llegué a vivir en la sede de Independiente de Avellaneda, me venía a buscar y salíamos a entrenar por las vías del ferrocarril o íbamos a Sarandí cerca de la casa de Delfo Cabrera. Él se dedicaba a las pruebas de calles, 10 mil metros o Maratón. Siempre iba a entrenar tarde y solo, sin entrenador. Se planificaba su propio entrenamiento y lo cumplía a rajatabla. “Habla poco, escuchaba mucho” justo a mí quehabló a borbotones, pobre. Corrimos juntos en Catamarca, una de las pruebas más duras, con sus subidas y bajadas en el cerro.

Recuerdo que se consideraba a sí mismo como un “cabecita negra” de lo que estaba muy orgulloso.

 “SUS SENTENCIAS CASI PROFÉTICAS”

Por Alfredo A. Aguirre *

Habíamos acudido a Junín, esa ciudad de la provincia de Buenos Aires, en una simbólica posta gigante desde la Capital Federal, organizada por el entusiasta periodista y promotor deportivo Adolfo Ortiz. Como parte del evento se montó un palco, donde el tucumano Armando Pino fue ubicado junto al campeón olímpico Juan Carlos Zabala, y al pintoresco Ezequiel  “Tapita e’Grafico” Bustamante. En un mismo plano se ubicaron dos grandes atletas locales Parchappe Fuse.

Luego del acto y la cena en un caluroso enero de 1963, fuimos un bar y sentados en la vereda de una esquina, varios jóvenes escuchamos a “Pinocho” Pino, contarnos su historia deportiva con el hablar pausado y algo de tonada que aún le quedaba.

Nos quedó la imagen de sus entrenamientos por la actual Avenida Rocha de Bernal, por donde ya no pasa el tranvía. Sus disputadas pruebas de fondo con Suárez y Lemos.

Habiendo tenido yo la suerte de tener como maestro deportivo a Walter Lemos -persona dura si las hay a la hora de calificar- supimos mucho más de Pino, dado que Walter siempre habló bien de Armando y nos contaba, que el padre de Osvaldo Suárez, siempre les decía que si Armando se cuidase más, ellos dos le mirarían la espalda.

Como tucumanísimo que era (uno diría que era “un tucumano típico”) hablaba con decir pausado y cadencioso. Más de una vez escuchamos sus sentencias casi proféticas sobre el peligro de tomar vitamínicos para mejorar el rendimiento deportivo. Él sostenía que habrían el camino al dopaje: “Y lamentablemente su pronóstico se ha cumplido”.

En los últimos años, merced a nuestra común participación en la murga “Prisioneros del Delirio”, de la ciudad de Sarandí, en el conurbano bonaerense, hemos trabado amistad con su hija Liliana y sus nietos Cecilia y Gerardo, y a través de ellos con el resto de los descendientes de “Pinocho”. Este encuentro nos ha permitido intercambiar vivencias que cada uno desconocía de este singular figura del deporte argentino, tucumano por añadidura.

* Atleta, Lic. En Ciencias Políticas y uno de los máximos investigadores de la Cultura Nacional.

Fuente: Libro “100 Ídolos Tucumanos” de Víctor F. Lupo

Capítulo 17 – Página 91

Editorial Corregidor

Mayo de 2019

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HACE 100 AÑOS: Un 2 de abril de 1919, nacía un chiquilín en el pueblo de Armstrong…

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Escrito por Administrator Viernes, 19 de Abril de 2019 23:04

 

 

20190419Zabala y Delfo Cabrera

DELFO CABRERA

Medalla de Oro en la Maratón de Londres ´48

Medalla de Oro en la Vida

 

El 7 de agosto de 1948, el argentino Delfo Cabrera, con la casaca número 233, gana brillantemente la Maratón Olímpica en los Juegos de Londres (Inglaterra), siendo el segundo argentino en lograrla, ya que Juan Carlos Zabala la había ganado el 7 de agosto de 1932 en Los Ángeles (Estados Unidos).

Al día siguiente del triunfo de Cabrera, “The Times”, uno de los diarios ingleses más importantes, describía el acontecimiento de la siguiente manera: “Es el belga Gailly, con los pies doloridos, pesados y el espíritu cansado, que parecía ya no poder moverse y entra al estadio para las dos vueltas finales. De pronto aparece detrás, muy próximo, otro personaje erguido, lo que destaca la bien proporcionada personalidad del argentino Cabrera, quien seguramente también mostraba signos de cansancio, pero que aparece como un fresco y alegre participante, para ganar la Maratón”.

La película de esta llegada, que aún sigue emocionando a los compatriotas cuando la repiten por algún canal televisivo, era relatada en ese momento por el periodista Washington Rivera, para la Cabalgata Deportiva Gillette de Radio Rivadavia.

Cabrera había llegado a la meta del histórico estadio de Wimbledon en los Juegos Olímpicos de 1948 y también a su consagración tras una vida de esfuerzo. Era la historia de un hombre de origen humilde que supo encontrar en el deporte el camino a la grandeza, dignificando a su vez la actividad.

Un 2 de abril de 1919, nació un chiquilín en el pueblo de Armstrong, provincia de Santa Fe, siendo el cuarto hijo del matrimonio conformado por Claro Cabrera y Juana Gómez. El lugar donde vivió en el pueblo era llamado la “Casa de los Naranjos”, porque cada vez que nacía un hijo, don Claro, en agradecimiento a Dios, plantaba un naranjo.

Delfo se inició en el trabajo a una muy corta edad, recogiendo maíz a mano en una tarea agotadora que no le impidió, ni ir a la escuela, ni divertirse jugando al fútbol en el Club Gimnasia y Esgrima de Armstrong, o corriendo carreras con sus amigos por las calles de tierra de su pueblo natal.

En 1932 Juan Carlos Zabala ganaba la maratón olímpica de Los Ángeles, episodio que marcará a Cabrera y, poco tiempo después moría don Claro, su padre. El primer hecho lo impresionó y motivó definitivamente para dedicarse al atletismo; el otro lo obligó a alejarse del deporte por un tiempo, pues en plena adolescencia ya debía contribuir al mantenimiento de su hogar, que se había quedado sin su principal sostén.

Tiempo después, Cabrera apareció en el atletismo nacional, el 23 de enero de 1933, corriendo en la “Vuelta de Armstrong”: llegó en segundo lugar para sorpresa y alegría de sus vecinos. Se entusiasmó tanto con este resultado que salía a correr sólodetrás de los sulkys, por los caminos de tierra de los campos, mientras que su vecina, Doña Isordi, le tomaba los tiempos y los registraba. Cabrera también empezó a entrenarse regularmente, a pesar de desarrollar agotadoras jornadas de trabajo.

Se trasladó a Buenos Aires y comenzó a trabajar como obrero textil para luego ingresar al Cuerpo de Bomberos. Siendo ya uno de los mejores fondistas del país, se casó con Rosa Lento (23/8/1945). De este matrimonio nacieron tres hijos, un varón (Delfo) y dos mujeres (María Eva e Hilda Noemí).

 

20190419Delfo Cabrera

 

En 1938, Delfo Cabrera ganó el Campeonato Nacional de Interclubes en las variables de 5.000 y 10.000 metros, mientras que se adueñó de los Campeonatos Nacionales en 5.000 metros (1941/42) y los 10.000 metros (1946).

La Maratón de los Juegos Olímpicos de Londres 1948, donde triunfa con una espectacular llegada al Estadio de Wembley, en un tiempo de 2h. 34’ 51”, es su máximo triunfo. En esta misma prueba, otros dos argentinos se ubicaron entre los diez primeros en llegar a la meta. Eusebio Guiñez (con 42 años) consiguió el 5to. puesto con un tiempo de 2h. 36m. 6s y Armando Sensini el 9no con 2h. 39m. 30s., concretando la delegación argentina un hecho original e irrepetible hasta la fecha.

Al subir, al podio para recibir su medalla con una bandera argentina sobre sus hombros, Delfo apareció descalzo. Tiempo después él mismo contaría que “un hincha (compañero de delegación) a metros de haber cruzado la meta victorioso, se me abalanzó para abrazarme y me pisó. Por el esfuerzo que había realizado a lo largo de los 42 Km. más el pisotón, se me hinchó el pie de tal forma que no podía calzarme nada”.

Cabrera consiguió una de las tres medallas de oro de Argentina en estos Juegos Olímpicos, junto a los boxeadores, Pascual Pérez (Mosca) y Rafael Iglesias (Pesado), quienes fueron recibidos en Buenos Aires con todos los honores. Otra atleta, Noemí Simonetto, logró la medalla de plata en Salto en Largo, redondeando la mejor actuación olímpica de nuestro país.

Los tres medallistas de oro recibieron, por su gran actuación, el regalo de una casa de parte del Presidente de la Nación, Juan Domingo Perón, quien, al entregársela,  expresó: “Los deportistas son los mejores embajadores que puede tener un país”. Delfo fue reconocido el 17 de octubre de 1949 en la Plaza de Mayo con la medalla de “Lealtad Peronista”.

Perón es muy simpático con los deportistas; nos ayuda y yo soy un producto típico de su apoyo al deporte”, comentaba años después, el brillante ganador de la Maratón de Londres, para la revista “Primera Plana” (1966).

En 1951 Delfo fue el abanderado de la delegación argentina y además el ganador de la Maratón (corrida sobre la avenida General Paz) en los Primeros Juegos Deportivos Panamericanos, disputados en Buenos Aires, venciendo a otro argentino, Reynaldo Gorno. Ese mismo año gana la media maratón sudamericana y en 1952 consigue el récord continental de esta prueba.

En los Juegos Olímpicos de Helsinki 1952, Tranquilo Capozzo y Eduardo Guerrero, en remo, obtuvieron la última medalla de oro olímpica para la Argentina y el atleta correntino (nacido en Yapeyú) Reynaldo Berto Gorno (detrás de Emil Zatopek, “la locomotora humana checa”) ganó la medalla de plata en la Maratón, donde el santafesino Delfo Cabrera, con 34 años, fue sexto con 2 horas 26 minutos, es decir 8 minutos menos de la marca con que había ganado 4 años atrás.

Posteriormente, Cabrera siguió compitiendo a nivel nacional e internacional acumulando en su carrera deportiva 210 carreras oficiales, 106 primeros puestos, 63 segundos y 22 terceros lugares.

 

20190419Deportistas en Chile

 

En 1955 la “Revolución Libertadora”, con su ánimo revanchista se tomó el “desquite” con Cabrera, que había sido un prototipo del peronismo, lo echó del Cuerpo de Bomberos donde trabajaba, por el “delito” de haber adherido al “régimen depuesto”. Pero Cabrera, siguiendo el ejemplo de Epaminondas de Tebas, anécdota que siempre repetía Perón para relacionar el trabajo con la dignidad, fue el mejor, tiempo después, en su nuevo trabajo de pisapapeles en el Jardín Botánico.

En 1957, Delfo Cabrera concluyó su brillante actividad pedestre dedicándose a transmitir su experiencia y conocimientos (se había recibido ya de maestro de Educación Física en la Escuela Municipal de la Ciudad de Buenos Aires) en distintas escuelas y centros deportivos.

En la década de 1970 a un polideportivo municipal donde él enseñaba a pequeños atletas, se le puso su nombre.

Hasta su muerte fue un fiel militante de las ideas por las que combatió durante toda su vida. Delfo Cabrera nació en un humilde hogar, y fue humilde toda su vida, no con la humildad que proviene de la falta de dinero, sino con la humildad verdadera, la de adentro, la del Grande. Fue un ejemplo de vida, de afán de superación, de hacerse a sí mismo. Un ejemplo para todas las generaciones que vienen. El deporte fue para él, su vida.

Falleció trágicamente, un domingo 2 de agosto de 1981, en un accidente automovilístico ocurrido en el kilómetro 187 de la ruta 5 en la localidad de Alberti, provincia de Buenos Aires, cuando regresaba a su hogar luego de un homenaje que le habían realizado en la localidad de Lincoln. En 1998, las autoridades municipales de su pueblo natal le erigieron un monumento alegórico en el paseo de ingreso a la ciudad.

El 8 de diciembre de 1992 en un justo homenaje, se le pusó su nombre a la principal pista de atletismo del país, ubicada en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CeNARD) de la ciudad de Buenos Aires.

Desde 1999, el Senado de la Nación por iniciativa del senador nacional chaqueño, Hugo Abel Sager, entrega anualmente el premio “Delfo Cabrera” a los deportistas argentinos destacados.

Un autor desconocido escribió una poesía dedicada a Delfo Cabrera, que es muy conocida en los ambientes deportivos y dice:

 

Gloria hoy para ti
héroe y triunfador
que en justa deportiva
tu demostraste ser un campeón.

Hijo del pueblo de Armstrong
humilde y servidor
hoy tu estampa bizarra
es su contento y su pasión.

Delfo Cabrera
gran vencedor
que sin victorearte
ya sos dos veces
un galardón.

Te protegió en la senda
de olímpico campeón
la imagen que es patrona
y fe ardiente en tu corazón.

Virgen de las Mercedes
templo de amor y paz
bendice aquí a tu hijo
que se arrodilla ante tu faz.

 

 

 

 

Fuente: Libro “Histórica Política del Deporte Argentino” de Víctor Lupo

Capítulo XXIII

2 abril 2019.

Verhttp://cablearmstrong.com.ar/2019/04/04/delfo100anos-se-celebro-en-armstrong-el-natalicio-de-delfo-cabrera/?fbclid=IwAR1oALfnnclarYqxl86Sd8R3QL39H-2Ce-4fHdOoOO8MRY5JBoefxMMfpwI. 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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