Consideraciones acerca de la muerte súbita en el deporte -- Por Dr. Cayetano Bellomio *

PDFImprimirE-mail

 

 

media maraton

 

He leído una desafortunada frase que encontré en una de las manifestaciones periodísticas, referida a la muerte súbita de un muchacho de 27 años, en Córdoba: “Una media maratón, en esta ocasión en Argentina, se ha cobrado una nueva víctima” (21.04.14 | 17:40 hs. Noticias Cuatro)

Por supuesto que mi intención va más allá de polemizar al respecto. Solo quiero efectuar algunas consideraciones positivas, extraídas a propósito de esa desafortunada realidad que es la muerte súbita, que en las últimas hora sumó a un escolar.

Es demasiado obvio que nadie es víctima de una maratón, media maratón, trote de calle o gimnasia en las escuelas. Como tampoco nadie es víctima de la cama donde fallece. Somos víctimas de enfermedades, el mayor número de ellas desencadenadas por el sedentarismo, y detectables previamente.

Hace un mes, un destacado modisto fallecía también en forma súbita, al pie de su cama, con la ropa deportiva puesta, preparado para su habitual correcaminata. La muerte podría haber ocurrido un rato antes, mientras dormía o un rato después, mientras trotaba. Ni la cama ni el trote hubieran sido la causa de esta muerte, sino el problema congénito (ya confirmado: miocardiopatía hipertrófica). Pero si el deceso  hubiera ocurrido trotando en la vereda, irremediablemente se hubiera expresado: “El trote matinal, en esta ocasión en Argentina, se ha cobrado una nueva víctima”

Los estudios sobre la posibilidad de que se produzca una muerte súbita durante la actividad física arroja porcentajes coincidentes: alrededor de 13 casos por cada 2.700.000 personas, en un año, dice el Dr. Kunik, nuestro referente en el tema. Si bien la cifra es baja, es una tragedia, que además se magnifica por la trascendencia del deporte y la fama de las víctimas. Sin embargo: el 12 % de la población general fallece igualmente de manera repentina. Estamos diciendo: 1 de cada 10 defunciones cotidianas. Pero como son seres comunes, no tienen el mismo impacto. Las causas están sintetizadas muy bien por el Dr. Norberto Debbag, en el artículo publicado por Mundo Amateur.

Otro aspecto que quiero destacar, es que siempre apuntamos a: si había ambulancia o cardio desfibrilador cerca, o si el médico actuó bien o mal. Por supuesto que esto es muy importante y puede determinar la posibilidad de sobrevida o no del afectado. Todo eso es importante.  Pero ¿no es más lógico actuar durante todo el tiempo previo al evento, que en los escasos 6 minutos que se disponen para actuar en caso de una muerte súbita? En el caso del chico cordobés, el tiempo previo fue de 27 años. ¿Cuantos “6 segundos” tenemos en 27 años? Y surge, entonces, la pregunta: ¿por qué nos cuesta tanto entender la prevención?

El diagnóstico previo de una cardiopatía puede no concretarse o errarse, pero solo en un 5 % de los casos… ¿Cuántos lectores de esta nota pensarán en hacerse el examen anual, tal como revisan el aceite del coche? Entonces: a proceder. Pero sin susto: no nos tiene que asustar la muerte súbita. Hay que temer a la obesidad, al sedentarismo, al tabaquismo, que a su vez están asociados con la hipertensión y la diabetes. Hay que temer el carecer de un examen médico anual (a pesar de sentirnos bien)  máxime si existe el antecedente de un familiar directo diabético o hipertenso, o que tuvo una muerte súbita, sea o no deportista. Una buena historia clínica, un simple ECG efectuado en reposo o bajo esfuerzo (lo que se llama también ergometría) y un eco cardiograma en algunos casos, descartarán las patologías que tanto tememos.

Les dejo otras cifras, menos trágicas, no tan urgente como los 6  segundos que separan un paro cardíaco de la muerte, y  que debemos conservar en nuestra memoria: cada hora mueren 10 argentinos por enfermedades cardio vasculares. Son cifras presentadas en el último Congreso Argentino de Cardiología que se llevó a cabo junto con el Congreso Internacional de la especialidad. Este número se reduce notablemente con la actividad física,  la alimentación adecuada y dejando el cigarrillo.

En suma: la muerte súbita es simplemente una de las formas que tenemos de morirnos. Ocurre en la calle y en la cama. En los hoteles y en los hospitales. En la tribuna y en la cancha. Practicando deportes y mucho más en el sedentarismo. Pero no podemos vivir pensando en la muerte. Vivamos y cuidemos la vida. Tal como hacemos con el auto: le pongamos el combustible adecuado y en la cantidad justa, usemos el mejor aceite, controlemos el agua. Son medidas sencillas, que en nosotros se traducen en buenos hábitos, actividad física regular y moderada, y una visita a nuestro médico de cabecera. Disponemos de todo este tiempo previo que Dios nos regala.

¿Empezamos ya?

*Presidente de la Federación Argentina de Medicina del Deporte – Integrante del Movimiento Social del Deporte (MSD) de Tucumán

 

Fuente: Mundo Amateur Tucumán

29 abril de 2014

www.elmundoamateur.com.ar

 

 

 

Banner