Corrupción en el Deporte-Negocio: El reino del escándalo -- Por Ezequiel Fernández Moores

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Sam Allardyce

Era extraño. Sucedió hace menos de tres meses, pero casi nadie dijo nada. La Federación inglesa (FA), la del fútbol más rico del mundo, venía de un segundo gran fracaso. Su selección había caído en primera rueda del Mundial de Brasil eliminada por Costa Rica. Y, dos años después, fue eliminada de la Eurocopa por Islandia. Tras la nueva humillación contrató sin embargo a un DT de 61 años sin ningún título, que había ganado apenas el 34% de sus casi 500 partidos en la Premier League y que, además, tampoco brillaba por su juego, muy directo y algo esquemático, con mucho pelotazo, poca elaboración y muy dependiente de la pelota parada. Casi una herejía para el país que tiene a una buena mayoría de los técnicos más reputados del fútbol actual, desde Pep Guardiola a José Mourinho, pasando por Jurgen Klopp y Arsene Wenger. El elegido, sorpresivamente, fue Sam Allardyce, “Big Sam”, un grandote de 1,90 m que dirigía al modesto Sunderland.

Hubo otro dato que llamó aún más la atención. En 2010, cuando dirigía al Bolton, Allardyce había sido acusado de recibir comisiones ilegales a cambio de fichar a determinados jugadores. Es cierto, luego fue exonerado. Pero la FA es la Federación que más se jacta en el mundo de su estatura ética y ha dictado inclusive clases de moral a la FIFA y a Sudamérica. Contrató a Allardyce por dos años. Cinco millones de euros por temporada. Duró 67 días.

A los periodistas del Daily Telegraph (que sí estaban al tanto de los rumores que persistían sobre Allardyce en todo el mundillo del fútbol británico, menos en la FA) no les resultó difícil hacer que el DT cayera en la trampa. La prensa inglesa, sabemos, suele apelar a métodos dudosos. A un DT anterior de la selección, el sueco Sven Goran Eriksson, hasta lo engañaron haciéndolo subir a un yate para que creyera que conversaba con jeques árabes. Medios del magnate Rupert Murdoch, ya no es secreto, hackeaban conversaciones privadas para obtener “primicias”. A “Big Sam” Allardyce, los periodistas del Telegraph lo engañaron haciéndose pasar por representantes de inversores asiáticos y le ofrecieron una comisión de casi medio millón de euros, que aceptó, para que los ayudara a fichar jugadores para el fútbol inglés de modo ilegal.

“No es un problema esquivar las ridículas reglas”, dice Allardyce en la grabación clandestina que el Telegraph publicó primero y entregó luego a la policía y a la FA. Se jacta, por ejemplo, sobre cómo fichó años atrás para el West Ham al ecuatoriano Enner Valencia, hoy en Manchester United.

Estallado el escándalo, la prensa sí recordó entonces con detalles la vieja acusación de 2010, cuando una investigación de la BBC también había desnudado los hábitos de Allardyce. El DT jugó apenas un partido oficial con la selección. Lo ganó. “Cien por ciento de eficacia”. Por los 67 días que duró su trabajo se llevó 580.600 euros.

La FA ya tiene la investigación del Telegraph que, sin la misma contundencia de pruebas, acusa también a otros ocho técnicos del fútbol inglés de cobrar comisiones ilegales en la compra y venta de jugadores. Uno de ellos, el ex jugador Jimmy Floyd Hasselbaink, admitió que negoció con una firma asiática, pero que fue una “ingenuidad”.

Uno de los agentes implicados, el italiano Giuseppe Pagliara, que ya en 2005 había sido sancionado por arreglo de partidos, habla en una grabación sobre un entrenador con larga trayectoria que consiguió una mejora salarial de 8.000 libras mensuales para tres jugadores. A cambio, debieron cederle la mitad. Tommy Wright, asistente técnico de Barnsley, de Segunda división, ya fue echado porque fue filmado aceptando 5.000 libras para un negocio. La prensa menciona también al asistente técnico de Southampton, Erick Black. La Asociación de técnicos ingleses pidió al Telegraph copia de la investigación, “sin imágenes editadas”. Y también el gobierno anunció que intervendrá en el tema. “Humillación de Inglaterra”, tituló The Times.

Pocos lo recuerdan hoy, pero el DT acaso más famoso de la Premier, ya retirado y con título de Sir, también fue acusado años atrás. Hablo de Alex Ferguson. Cuando Sir Alex sugirió críticas al proceso de venta del club al magnate estadounidense Malcolm Glazer, los viejos propietarios escoceses del equipo, casualmente, filtraron documentos sobre la participación de Jason Ferguson, hijo del DT, como agente de varios fichajes que había pedido su padre. Ferguson ya había roto relaciones con la BBC cuando la cadena inglesa investigó ese mismo tema.

“El problema es viejo”, admitió Jonathan Booker, agente oficial FIFA, en una nota que firmó el viernes para el diario The Guardian. Parecía estar hablando del fútbol argentino. Booker denunció “zonas grises”, como, por ejemplo, el doble rol de agentes que representan jugadores y a su vez son intermediarios de la operación y que cobran comisión por los dos trabajos. ¿Y cuando además representan al técnico que pide a esos jugadores? ¿No fue ese acaso el rol de Jorge Mendes, representante de Mourinho cuando el DT portugués le pedía jugadores de su escudería primero para Chelsea y luego para Real Madrid? ¿Cómo llegó a convertirse Mendes en el agente más poderoso del fútbol mundial?

Igual que Ferguson, también Guardiola recibió alguna vez reproches porque su hermano Pere representa jugadores, lo mismo que Carlos Bianchi con su hijo. Entre nosotros, al menos dos jugadores acusaron en su momento a Ricardo Caruso Lombardi, flamante DT de Huracán, de cobrar dineros extras. Uno fue el colombiano Juan Angulo Villegas cuando Caruso dirigía a Tigre. Y otro fue el uruguayo Carlos Bueno cuando el DT dirigía a San Lorenzo. El técnico desmintió las acusaciones y jamás fue denunciado de modo formal. Todavía recuerdo lo que me dijo un ex representante de Carlos Tevez cuando estalló en Inglaterra el escándalo porque el “Apache” había llegado a la Premier violando los reglamentos que prohiben que los jugadores sean propiedad de terceras partes. El pase de Tevez pertenecía al iraní Kia Joorabchian y West Ham, su primer club inglés, recibió una dura sanción porque había omitido esa información. “Ay estos ingleses -me dijo el representante-, tanto despelote por ver quién es el dueño del jugador y no por saber quiénes son los dueños de los clubes”. Eran tiempos, hoy algo más prolijo, en los que la Premier preguntaba a los magnates extranjeros cuánto (dinero) tenías y no quién eras.

Cerca de medio siglo atrás, el diario porteño La Razón, que salía por las tardes, publicaba una sección que se llamaba “Dialoguitos en el asfalto”. Allí, un “dirigente de club” (jamás se mencionaba el nombre) hablaba maravillas de un nuevo jugador. El “dirigente dos” decía, por ejemplo, que ese nuevo gran jugador ya había elevado su cotización a tres millones de dólares. “No, vale cinco por lo menos”, subía la apuesta el dirigente uno. Era el inicio del negocio.

En 1982, el ex goleador histórico de nuestras canchas, Luis Artime padre, nos dijo en una investigación para la agencia DyN que, cuando era DT, periodistas de esa sección le acercaron un negocio de compra y venta de jugadores y que, como los sacó corriendo, a partir de allí fue atacado una y otra vez en la sección “Dialoguitos”. El problema, como se ve, es viejo.

Muchas trasferencias en el fútbol moderno se hacen hoy a través de los llamados Fondos de Inversión. El anonimato da tranquilidad. Dirigentes, técnicos, agentes, representantes, jugadores y hasta periodistas pueden compartir una comisión. Allardyce pagará por todos.

Fuente: La Gaceta

2 de octubre 2016.

http://lgdeportiva.lagaceta.com.ar/nota/701636/deportes/gonzalo-bonadeo-no-hay-politica-deportiva-argentina.html

 

 

 

 

 

 

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